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El avispero de la COPE

El Diurnal de JAI
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Al conflicto existente entre trabajadores de la COPE, especialmente Federico Jiménez Losantos, y el gobierno y el partido que le sustenta, el PSOE en España y el PSC en Cataluña, plagado de insultos y amenazas, se ha añadido un elemento nuevo, una parte de la iglesia catalana y algún obispo de la misma que se posicionan frente al presentador de “La Mañana de COPE”. El conflicto, con ello, se agrava. No es lo mismo entrar en una batalla radiofónica con un ministro que se excede en sus atribuciones siendo el responsable del ramo de la radiodifusión y al que, sea cierto o no, se le descubre en su partido una dudosa resolución de créditos con la Caixa, que entrar a responder a grupos de la iglesia catalana e incluso algún obispo que, como es sabido, forma parte del accionariado mayoritario de la cadena.
Para algunos, tras la respuesta ayer de Jiménez Losantos a Monseñor Soler, obispo de Gerona, que junto a su Consejo Presbiteral critico a la COPE y su línea editorial, la salida que le queda al presentador no es otra que marcharse cosa que, de llevarse a efecto, casi con toda seguridad supondría el hundimiento económico y mediático de la cadena.
Si Jiménez Losantos por presiones internas de algunos obispos tiene que abandonar la COPE, dicen los que saben de esto, que no se va solo sino que el mismo Cesar Vidal se va con él. Y no serían los únicos. Con ellos, casi sin lugar a dudas, se irían una buena parte de los oyentes tanto de “La mañana” como de “La linterna”. ¿Puede permitirse hoy la COPE prescindir de dos líderes de audiencias como estos?. ¿Podría hacer frente al desembolso económico que ello supondría?. Probablemente no, cosa que a muchos de los críticos de la línea editorial de la COPE que cuestionan que la Iglesia tenga una cadena de radio, no sólo no les preocuparía sino que daría pie a lo que realmente desean, la desaparición de la COPE.
Ante este conflicto, tanto interno como público, cabe señalar que Federico Jiménez Losantos no es ningún modelo de dulzura y moderación en sus comentarios, en su crítica y en la coordinación de sus tertulias pero, a la vista está, tampoco lo es ni el todavía ministro Montilla, ni el PSC ni, incluso, el propio Obispo Soler.
Mas allá del debate sobre el quehacer de los trabajadores de la COPE en sus programas lo que hoy, con una leve intuición evangelizadora parece claro, es que la Iglesia no puede prescindir para su misión de los medios de comunicación y, además, no de unos medios en los que tan solo se rece el rosario, sino de unos medios que sean capaces de relacionarse de igual a igual con el resto de cadenas, televisiones y periódicos que existen. Prescindir hoy de unos medios de comunicación propios, como algunos parecen ansiar, es un error de tal envergadura que afecta de lleno a la tarea evangelizadora de la Iglesia.
El debate sobre los profesionales de la COPE y su estilo es una cosa donde habrá opiniones para todos los gustos pero renunciar a un medio de comunicación propio sería algo que, para la Iglesia, solo supondría alejarse de aquella realidad que está llamada a transformar mediante el anuncio de Jesucristo.

“Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen. No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, al ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo”. (Ef 4, 29-32)

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