“Por la gracia de Dios”
JAI Confidencial
Treinta años después de la muerte del que fuera llamado “caudillo por la gracia de Dios”, y sin querer hacer con ello ningún tipo de comparación, el diario La Nueva España al relatarnos algunos aconteceres del último Consejo del Presbiterio, ya contados por JAI en su día (Jueves 17 de Noviembre JAI nº 512), recoge la mención que el propio Arzobispo hizo a su autoridad episcopal “recibida de Dios”. Esto, que es pura teología elemental y praxis de la Iglesia desde sus primeros tiempos, si no se añade que dicha autoridad recibida de Dios es para el servicio a los hermanos, puede llegar a sonar mal.
No es una autoridad para que cada obispo haga su santa voluntad y, a falta de consenso, la imponga a sus sacerdotes y a su feligresía. Es una autoridad para indicar el camino, para señalar la ruta y dar las pistas para el anuncio de Jesucristo que si no es ejercida desde la humildad, en comunión con la Iglesia y en clave de servicio se convierte en otro tipo de autoridad mas parecida a la que se aplicaba al caudillo fallecido que a la que, sin lugar a dudas la Iglesia se refiere. Y, además, es una autoridad que si uno es sabio se ejerce en aquellas cuestiones que afectan al magisterio eclesial y no a cuestiones sociales, políticas o culturales a las que ese magisterio, fuera de cuestiones eclesiales, dudosamente alcanza.
Desde la honradez, y en aras de la veracidad, también es cierto que la literalidad de las expresiones puede no ser fiel reflejo de lo que, en realidad, se quiere decir y de lo que se interpreta. El Arzobispo es el sucesor de los apóstoles en la Iglesia que peregrina en Asturias, y esa es su autoridad, pero la diócesis es más que el obispo como la Iglesia, en su tiempo, fue mucho mas que Pedro, Pablo y el resto de los apóstoles.