OBISPOS GAYS, Por Julio Asterio Fernández López
Con toda la crispación que ha generado entre los movimientos de gays y lesbianas el apoyo de la Iglesia a la manifestación que el próximo sábado organiza en Madrid el foro de la familia, no era de extrañar que saltase a los medios la consabida amenaza que estos grupos suelen esgrimir ante los obispos cuando no se opina como ellos desean que se haga: comenzar a dar nombres de, en este caso, obispos gays. En otros casos de políticos, profesores, músicos, artistas...
Pero, sorprendentemente, nunca dan ningún nombre ni acusan a un obispo determinado. ¿por qué será?.
Ante la legitima convocatoria a manifestarse en defensa de la familia y la libertad de los obispos para apoyar e invitar a los fieles a esa manifestación, es muy fácil responder que “hay obispos que son gays”. ¿Y qué si los hay?. Lo eclesialmente llamativo, al igual que en los heterosexuales, sería que ejerciesen sexualmente como tales incumpliendo con ello el celibato sacerdotal que prometieron.
Pero decir que hay gays en todas las profesiones y oficios es ya como no decir nada.
A estos colectivos que pretenden presionar a los obispos con amenazas de poder dar nombres de sacerdotes y obispos gays lo que hay que decirles, con toda educación, es que comiencen a dar nombres ya publicar las listas que dicen que tienen. Y además hacerlo incumpliendo el sagrado derecho de la intimidad que bien que bien que suelen esgrimir cuando a ellos, incluso siendo reconocidos, les señalan con el dedo.
Si ese es el juego y la amenaza pues nada, que comiencen a decir nombres y, por supuesto, a probar lo que dicen.
Como no busquen un argumento mejor para minimizar el impacto mediático y social de la manifestación del próximo sábado, me parece que no tienen nada que hacer.
Pero, sorprendentemente, nunca dan ningún nombre ni acusan a un obispo determinado. ¿por qué será?.
Ante la legitima convocatoria a manifestarse en defensa de la familia y la libertad de los obispos para apoyar e invitar a los fieles a esa manifestación, es muy fácil responder que “hay obispos que son gays”. ¿Y qué si los hay?. Lo eclesialmente llamativo, al igual que en los heterosexuales, sería que ejerciesen sexualmente como tales incumpliendo con ello el celibato sacerdotal que prometieron.
Pero decir que hay gays en todas las profesiones y oficios es ya como no decir nada.
A estos colectivos que pretenden presionar a los obispos con amenazas de poder dar nombres de sacerdotes y obispos gays lo que hay que decirles, con toda educación, es que comiencen a dar nombres ya publicar las listas que dicen que tienen. Y además hacerlo incumpliendo el sagrado derecho de la intimidad que bien que bien que suelen esgrimir cuando a ellos, incluso siendo reconocidos, les señalan con el dedo.
Si ese es el juego y la amenaza pues nada, que comiencen a decir nombres y, por supuesto, a probar lo que dicen.
Como no busquen un argumento mejor para minimizar el impacto mediático y social de la manifestación del próximo sábado, me parece que no tienen nada que hacer.