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La invasión de Papa Noel

El Diurnal de JAI
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Comenzó entrando en nuestros hogares poco a poco, se hizo famoso por sus apariciones en las películas norteamericanas, fue la disculpa para adelantar la recepción de obsequios navideños y poder aprovecharlos un poco en las vacaciones y este año ha terminado por invadir, decorativamente, multitud de balcones de nuestras ciudades como si de un “caco" se tratara.
Hoy los niños ya no esperan con igual ilusión que antes la noche de Reyes porque Santa Claus, o Papa Noel como le queramos llamar, se les ha adelantado.
Para los hipercríticos con todo lo que lleve el sello USA es un reflejo del imperio comercial que nos ha colado en nuestra tradición un elemento cultural que le es ajeno.
Para los laicistas beligerantes es el símbolo de una Navidad en la que lo menos importante es celebrar el nacimiento de Jesucristo y hacer memoria de los Magos de Oriente que acudieron a adorarle.
Pero, casi con total seguridad, el fenómeno Papa Noel es algo mucho más sencillo que todo eso. Simplemente necesitamos más ocasiones, más pretextos, más medios para poder sentirnos un poco más felices. Que la gran expansión de todo lo norteamericano ha ayudado a la difusión de Papa Noel, por supuesto. Que es una formula utilizada por algunos para olvidar la Epifanía, pues también. Pero si no fuese por la gran necesidad que tenemos de dar y recibir afecto todo lo demás no alcanzaría nunca las dimensiones en las que el fenómeno navideño se mueve.
Y no es sólo un problema comercial. Resulta muy progre y cristianamente comprometido el criticar el consumo navideño, la proliferación de regalos y el recuerdo hacia quien no tiene lo necesario para vivir pero luego vamos y somos los primeros en gastar más de lo que podemos, en no regatear ningún capricho y en tirar la casa por la ventana a la hora de organizar fiestas, cenas y demás celebraciones navideñas. El problema está también en la propia insatisfacción del ser humano, en su ansiada búsqueda de bienestar y en recibir con los brazos abiertos todo aquello que suene a evasión de la cruda realidad.
No me gusta ver como cada año hay más Papa Noel escalando balcones mientras los Reyes Magos casi pasan desapercibidos. En mi lejana niñez, como en la de tantos otros, no era así y por ello puede costarnos un poco más entender la proliferación de ancianos de barba blanca vestidos de rojo intentando entrar en las casas. Pero tampoco creo que sea para rasgarse las vestiduras cuando durante todos los días del año no sólo no nos preocupan los letreros de cualquier “Burguer” sino que hacemos nuestras palabras y expresiones ajenas al castellano o español.
Puede que Papa Noel sea una invasión más de la cultura anglosajona que tendríamos que racionalizar para que no arrinconase la nuestra pero mientras nos sea útil para poder ser un poco más felices tampoco molesta mucho. ¿O sí?

“Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.” (Is 2,3)
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