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El Sínodo que viene

El Diurnal de JAI
http://blogs.periodistadigital.com/eldiurnaldejai.php

Aunque ya lo había anunciado La Nueva España meses antes, el diario El Comercio retomaba ayer la noticia de los primeros pasos para la celebración de un Sínodo Diocesano en la diócesis de Oviedo. Un camino que, según apuntaba el periódico, se iniciaría tras una Carta Pastoral del Arzobispo con motivo de la Cuaresma, haya por el mes de Abril, y una consulta a sacerdotes y laicos sobre su oportunidad.
Aunque la celebración de un Sínodo conlleva mucho trabajo, debates e incluso puede avanzar por caminos que se escapen del control de quien lo convoca no deja de ser una buena noticia ya que su celebración suele venir acompañada de un tiempo de gracia que cualquier diócesis necesita.
Lo más llamativo de un Sínodo suelen ser las ceremonias de apertura y clausura y las sesiones plenarias de su celebración pero el verdadero núcleo del proceso sinodal se encuentra, sin duda, en los trabajos previos que los diferentes grupos de sacerdotes y laicos, de movimientos y de diferentes sectores pastorales desarrollan antes de llegar a las propuestas que se debaten en las últimas sesiones.
El Sínodo abre un tiempo de encuentro, de diálogo, de debate pero, sobre todo, de reflexión y de confrontación con el evangelio.
También es cierto, y la experiencia de otras diócesis así lo indica, que no es ninguna receta mágica que de forma cuasi milagrosa solucione los problemas que puedan existir en una Iglesia Diocesana pero es innegable que, al menos, ayuda a superarlos y a mejorar la vida pastoral de la misma.
Lo que sí me parece importante, y yo diría incluso que más importante que la buena organización y planificación de los trabajos a realizar, es el espíritu con el que nos acerquemos al mismo. Y eso es, probablemente, lo que primero habría que trabajar ya que el éxito de su resultado final va a depender, en buena medida, de la actitud que tomemos frente a él ya desde sus inicios.
No creo, a riesgo de equivocarme, que sea bueno iniciar el camino sinodal cargados de prejuicios sobre el mismo. No es bueno, por un lado, pensar que va a ser una pérdida de tiempo porque, al final, el Obispo siempre puede hacer caso o no de las conclusiones y tampoco es nada bueno, por otro lado, querer utilizar el sínodo para “meter en vereda” a los más críticos. Ya sea en un sentido o en otro acudir al Sínodo con esas intenciones es abocar el mismo a una frustración porque su resultado va a ser, sin duda, mucho más positivo que un mero cubrir expediente o un establecer pautas de dura rigidez pastoral.
Los responsables de su convocatoria son quienes, en definitiva, deben de valorar si es un tiempo apropiado para ello o si realmente la necesidad pastoral lo reclama pero lo que sin duda se deben de buscar son las claves necesarias para motivar a la diócesis a una participación entusiasta en todo lo que un Sínodo significa ya que sus resultados, sean los que sean, marcarán la vida de la diócesis en los próximos años y es muy probable que sea un fuerte elemento aglutinador que hoy la diócesis necesita.
Como siempre habrá defensores y detractores ante su posible convocatoria. Yo, en mi modesta opinión, creo que a la diócesis no le vendría nada mal y le produciría muchos más bienes que males. Pero es solo una opinión, quien tiene la responsabilidad de convocarlo y dirigirlo a buen puerto es quien deberá tomar la decisión que crea más oportuna.

“Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.”
(Salmo 56)


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