En recuerdo de todo un cardenal

El Diurnal de JAI
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D. Marcelo Spínola, hijo de un militar, nació en San Fernando (Cádiz) el 14 de Enero de 1835. Curso estudios de abogacía en Sevilla y ejerció como tal en Huelva, donde adquirió fama por defender gratis los pleitos de la gente trabajadora. Profundamente religioso, comenzó los estudios de teología en 1858 y fue ordenado presbítero en 1864. El arzobispo de Sevilla lo nombra capellán de la iglesia de la Merced, en San Lúcar de Barrameda (Cádiz). Luego fue nombrado por el cardenal Lastra párroco de San Lorenzo (Sevilla) hasta que, ocho años después es nombrado canónico de la catedral de Sevilla donde sería consagrado obispo dos años después, el 6 de Febrero de 1881. Tras cuatro años como auxiliar en Sevilla fue destinado como obispo a Coria (Cáceres) por León XVIII y posteriormente como Obispo de Málaga (1886) y Arzobispo de Sevilla (1896).
Fue creado cardenal por Pío X el 11 de Diciembre de 1905 y el rey Alfonso XIII le impuso la birreta cardenalicia el 31 de Diciembre muriendo poco después, el 19 de enero de 1906 en Sevilla.
Entre sus obras, que fueron muchas, destaca su participación en la acción social cristiana siguiendo el espíritu de la “Rerum Novarum”. En su deseo de defender la verdad y la justicia fundó un periódico, creó la facultad de teología de Sevilla y fundó la Congregación de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón. Y todo ello sin olvidar que desde 1891 hasta su muerte (1906) fue senador y tuvo la oportunidad de defender la libertad de enseñanza frente a la llamada ley Romanones con argumentos que en cuestiones educativas de actualidad siguen teniendo plena vigencia.
Pero la nota más característica, según resaltan los biógrafos, de Monseñor Spínola fue su propio carácter, modelo de santidad para su contemporánea Santa Ángela de la Cruz, marcado por la humildad que hizo que en más de una ocasión se planteara renunciar al episcopado por considerarse indigno e incapaz. Cuentan que la persistencia en su cargo fue debida a la intervención y al consejo de Giacomo della Chiesa, futuro Benedicto XV.
Juan Pablo II en su visita a Sevilla el 5 de Noviembre de 1982 oró ante su sepulcro y cinco años después, el 29 de Marzo de 1987 lo proclamó Beato.
Tal y como escribe en Alfa y Omega Sor Concepción Montoro, religiosa Esclava del Divino Corazón, “Fue avanzadilla en el quehacer apostólico; probó todo campo que supusiese una urgencia, inventó, abrió caminos nuevos. No se contentó con hacer bien lo que ya se hacía; fue creador de pastoral eficaz para estreno de siglo. Fue un hombre inquebrantable en su lealtad; no tuvo flexiones de acomodo, ni contemporizaciones baratas de circunstancias. Fue línea recta en los principios. Precisamente por eso, fue también un hombre comprensivo y humilde. Acaso nuestros tiempos precisen de un examen en estas tres lecciones. Tienen la urgencia del ambiente. Tienen también vigencia para el mundo de hoy”.
“Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia“. (Ha 3,2)