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¿Qué les hemos hecho?

El Diurnal de JAI
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Cada dos por tres sale algún gracioso que sintiéndose humorista pretende hacer reír burlándose de los sentimientos o de las creencias de los demás. No hay fiesta de carnaval que se precie en la que no se haga mofa del papa, de obispos y de sacerdotes o incluso del propio Jesucristo. Y lo que es más doloroso, usando para ello ropas talares e incluso litúrgicas que de algún lado tuvieron que salir. En la memoria, y por la trascendencia que tuvieron, están los casos de la obra blasfema “Me cago en...” de Ramírez de Haro o el video de Krahe sobre “cómo cocinar a un Cristo”. A ellos, y según se desprende de lo leído ayer en el semanario ALBA se suma el “humorista” italiano Leo Bassi que desde el teatro Alfil de Madrid ofende, un día tras otro, a muchos cristianos que, sinceramente, no creemos haberle hecho nada para que nos trate de esa forma.
Y no es sólo que aparezca ante el público vestido como Benedicto XVI pidiendo perdón por la Inquisición, las misiones o la postura de la Iglesia sobre el SIDA sino que desde el escenario con un “copón” repleto de preservativos simula consagrarlos para luego repartirlos entre los espectadores. Patético, de mal gusto y, al menos para mí, de muy poca gracia que es lo que, en definitiva, se espera de un humorista. Aunque bien mirado poca cosa se puede esperar de quien en sus primeras apariciones televisivas gozaba lanzando excrementos a un público que no paraba de reírle la supuesta broma.
Pero aunque lo anterior ofende las creencias de cualquiera, aunque uno tenga ya el estómago hecho a estas cosas, la más elemental educación y el respeto a los que ya han muerto debería de bastar para no ofender la memoria de Juan Pablo II imitando como desde su ancianidad, casi moribundo, pudo escribir el libro “Memoria e Identidad”.
Cierto es que los ataques o las burlas de este, a quien en el semanario llaman “bufón”, no sólo atañen a la Iglesia católica. Los testigos de Jehová, los protestantes, el Islam, también se llevan lo suyo y de una forma especial arremete contra pasajes de la Biblia a quien no duda en calificar como “el puto libro”.
El espectáculo finaliza invitando a cubrir formularios de apostasía para abandonar la Iglesia.
Desconozco muchas de las cosas referidas a las leyes pero si estás cosas no son un delito de ofensa a las creencias religiosas de muchas personas andan muy cerca. Y más tarde o más temprano alguien pone las cosas en su lugar llevando burlas gratuitas como estas ante los tribunales.
Lo que sí que me da que pensar es lo que desde la Iglesia hemos podido hacer a Leo Bassi y a tantos otros para que, con la frivolidad que lo hacen y haciendo gala de su derecho a la libertad de expresión, no duden en atacar los sentimientos religiosos de personas que en nada creemos haberles ofendido.
Aunque lo todavía más preocupante es que este tipo de ofensas tengan su público, sus espectadores, porque sabido es que si Leo Bassi, y otros, no tuvieran público no se dedicarían a ofender de la forma en que lo hacen.

“Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida pro sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él” (Sto. Tomás de Aquino, Conferencia 6 sobre el Credo)
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