Ante las víctimas no se puede ser imparcial

El Diurnal de JAI
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Era ya algo sabido que cualquier avance en la pacificación del País Vasco que apuntara a un final de los actos terroristas de ETA no iba a ser un camino de rosas. Hay demasiados sentimientos encontrados, demasiada sangre, demasiadas víctimas para que, de una forma sencilla, ETA deje de matar y comience el diálogo con el gobierno sobre cómo afrontar el futuro en paz. Pero lo que nunca se debería de perder de vista es que en todo proceso que pueda llevar al fin de ETA siempre habrá, por un lado, una organización que durante muchos años sembró el terror y que tiene miles de asesinatos sobre sus espaldas y, por otro lado, los familiares, amigos y compañeros de quienes perdieron la vida.
Es cierto que si ETA y sus grupos afines dan pasos encaminados al final del ejercicio de su violencia terrorista el gobierno y toda la sociedad debe, a su vez, realizar algún gesto que lleve al encuentro y a un diálogo que consolide ese proceso de paz. Pero ese camino, que no es fácil, no puede realizarse sin tener claro que se está del lado de las victimas y que se actúa incluso en su nombre. Ante el problema de la violencia terrorista, de cualquier terrorismo, uno no puede considerarse neutral o un mero espectador de lo que ocurre porque o se está con los terroristas o con las víctimas. Y eso es lo primero que cuando uno quiere dialogar, pactar o simplemente negociar un proceso de paz tiene que tener claro: que se está del lado de las victimas.
Y eso no quiere decir que haya que entrar en el juego de la política de partidos en el que cualquier asociación de víctimas del terrorismo es propensa a caer si no que se ha de tener claro que, sean del color que sean, las victimas son quienes claman justicia contra sus asesinos. Y ya es sabido que una paz que no se asiente sobre la justicia será siempre una paz falsa.
En algún momento habrá que pasar la página, cuando las armas ya no sean una amenaza para la convivencia pacífica, pero eso nunca puede significar tener que olvidar a quienes perdieron su vida por el simple hecho de ser objetivos fáciles para el terror.
Por más que el final parezca que se acerca, según dice el gobierno en un arranque de optimismo, entrar en confrontación con las asociaciones de victimas y alejarse cada vez más de ellas no es una buena política. Aunque se quiera trabajar para la paz desde el diálogo y se tienda la mano, incluso a los asesinos para que dejen de matar y se pueda abrir un tiempo nuevo, ante los herederos de las victimas del terrorismo, nos gusten más o nos gusten menos, no se puede ser imparcial.
“En estas tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría o de prudencia: si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza y si de ella salen también palabras de edificación” . (Sermón 15 de San Bernardo Abad)