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Ser como niños

El Diurnal de JAI
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“Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: Os aseguro que si no cambiáis y os volvéis como niños, no entraréis en el Reino de Dios” (Mt 18, 2-3)

Quienes se quedan solo en la literalidad del texto o leen el mismo con afán ofensivo no dudarían en afirmar que Jesucristo nos quiere infantiles asumiendo esta expresión como inmaduros, manipulables, incapaces de pensar y reaccionar... Pero con poco que pensemos o seamos capaces de observar detenidamente a un niño sabremos que lo que Jesús nos está diciendo está muy lejos de esa interpretación que resulta absurda.
Quienes son padres de familia tienen la suerte de poder descubrir cada día lo que los hijos van enseñando, las puertas que van abriendo y como desde sus mas tiernas expresiones formulan las grandes verdades de la existencia humana.
Quienes, por otra parte, no tenemos hijos hay momentos y oportunidades en la vida en las que Dios nos concede el regalo de poder recibir de los niños lo que los padres tienen a su alcance cada día.
El pasado Domingo, y de una forma totalmente inesperada, la responsable de la catequesis de los más pequeños de mi parroquia (seis y siete años) me llevó al hospital lo que ese día por la mañana habían trabajado en la catequesis.
Si los mas pequeños hicieron un mural en el que recordaban a su párroco, le pedían que se recuperara pronto y le decían todo lo que le querían, algo que difícilmente resiste la emoción en el corazón mas endurecido, lo de los compañeros de segundo curso ya no tuvo desperdicio. Cada uno de los niños en un folio realizó un dibujo alusivo al recuerdo hacia su cura y con frases cariñosas y deseos de recuperación pero, a parte del significado humano de las frases que escribían y pintaban, reflejaban todo un mundo que muchas veces nos queda muy lejos de los adultos.
No faltaban campos de fútbol, tanques, algún que otro cohete e incluso uno de ellos, con una perfección artística notable para su edad dibujo a una enfermera diciéndole al paciente encamado “Usted está muy bien ya puede volver a la Iglesia” a lo que el paciente, que se supone que era yo, respondía desde la cama: “Qué bien, que contento estoy”.
Hay experiencias en la vida que uno va guardando en lo profundo de su corazón pero la gran cantidad de cosas y evocaciones que los niños de mi parroquia me hicieron llegar el domingo son y serán algo muy especial.
Detrás de cada dibujo, por mas raro y poco apropiado que fuese, se encontraba el recuerdo de un niño hacia su párroco. Y un recuerdo sincero, noble, sin adornos ni falsedades cubiertas de cortesía.
Ojalá, y ahora lo entiendo mucho mejor, que durante esta cuaresma pudiésemos, de verdad, cambiar y hacernos como niños. Es seguro que estaríamos mucho mas cerca del Reino de Dios y, además, seríamos más felices.

“El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación”.
(Salmo 23)


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