A g e n c i a J A I
Pagina de información y opinión religiosa
Acerca de
Espacio de información y opinión donde la Iglesia Católica tiene un especial interés
Sindicación
 
La sociedad y el índice de audiencias de la tele

El Diurnal de JAI
http://blogs.periodistadigital.com/eldiurnaldejai.php

El tener que hacer un alto forzoso en la rutina de cada día siempre deja paso a tener tiempo para poder hacer aquello para lo que uno, normalmente, no lo tiene. Pero cuando el tiempo fuera de la normalidad se extiende uno acaba cayendo también en el aburrimiento que te lleva a dejarte envolver en las redes de la distracción fácil y cómoda de la televisión. Y digo de antemano que en la televisión hay cosas, series, programas que me gustan y que veo con agrado, aunque sean una minoría. Pero eso es también normal, para gustos se hicieron colores y la gran variedad de cadenas da para elegir aquello que uno, en un determinado momento, quiera ver. Aunque es cierto también que habrá ocasiones, y más de una, en la que entre más de veinte canales no se encuentre nada a gusto de uno.
Pero lo que, quizás por lo poco que antes los había visitado, realmente me ha llamado la atención son los programas o magazines, o como se suelan llamar, en lo que los temas, apodados del corazón, ocupan un amplio espacio.
Desde tiempo inmemorial existen las revistas del corazón muchas veces relegadas a un público femenino pero que también, aunque con discreción, solían ser vistas de reojo por los hombres, aunque ya digo, con mucho disimulo. Siempre interesó saber las andanzas del artista famoso de turno, del cantante que envolvía con su voz o del torero que se jugaba la vida en la plaza. La sociedad se interesaba por sus amoríos, por sus finanzas, por las fiestas a las que solía concurrir y junto con los grandes de España o las familias reales ocupaban las páginas de revistas que hoy ya son parte de la historia periodística de España.
Pero a ese legítimo interés por el mundillo del corazón ha ido sucediendo en los últimos años un interés morboso, zafio e incoherente no por aquellos que son famosos por su arte, sus proezas o su alcurnia, bien o mal llevada, sino por personas que de la noche a la mañana participan en algún concurso, comienzan a vender su vida ante las cámaras y desde ahí van tejiendo historias de amores y desamores que, al parecer, vende, eleva audiencias y se convierte en el punto central de todos esos programas del corazón.
Pero lo más llamativo, y a la vez lo más preocupante, es que esos programas y esos “personajes” existen, tienen éxito, ganan dinero y se hacen “famosos” (como hoy se es famoso) porque a la gente que, como yo, ve la tele, le interesa, sube las audiencias y genera beneficios a las cadenas de televisión.
Uno no puede menos de conclui entonces que, sí eso es así tenemos, por mala que sea, la televisión que nos merecemos, que queremos y que, además, consumimos. Aunque no es menos cierto que muchas veces se consume y se traga aquello en lo que nos educan, aquello que nos proponen y que con poco criterio acabamos haciendo nuestro.
No me gusta muchas de las cosas que hoy nos ofrece la televisión actual. Salvando alguna serie, algún concurso, algún informativo, algún programa documental, divulgativo o de investigación y debate... ¿qué más hay interesante?. Poca cosa. ¿Hay algo que realmente sea educativo y constructivo para la edificación de la persona?
Se que en algunas cosas soy un nostálgico pero, por poner un ejemplo, soy un amante del teatro. A nivel aficionado actué, dirigí e incluso llegue a escribir algunas obrillas y en esa nostalgia no puedo menos de acordarme de que, ya desde muy niño, crecí con aquellas famosas obras y novelas de un programa que se llamaba Estudio-1. Tan solo, por aquel entonces, había dos cadenas pero ¡cuánto disfrute con ellas!.

“Ya habéis visto cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19, 4-6)

No