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Botellón

El Diurnal de JAI
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Este fin de semana en más de veinte ciudades españolas hay convocados otros tantos macro botellones donde se aspira a reunir a miles de jóvenes en una competición que parece haber surgido de una forma imprevista y desde convocatorias aleatorias desde SMS e internet sin que exista, al menos de forma reconocida, ninguna organización que haya movido los hilos de esas concentraciones.
Que los jóvenes se reúnan y que, además, lo tengan que hacer en la calle por el excesivo precio de las discotecas y los locales de copas no es algo nuevo. El problema es el cómo suele desarrollarse esa diversión y, lo más lamentable, cómo suele terminar.
Si tan sólo fuera afán de reunirse la cosa carecería casi de trascendencia pero el objetivo para muchos de los jóvenes que acuden al “botellón” es beber lo más barato y “emborracharse” lo primero posible porque, aunque a algunos nos resulte paradójico, esa es su forma de pasarlo bien, de estar a tono con lo que se espera.
Y a partir de ahí viene todo el desastre posterior: deterioro de mobiliario urbano, comas etílicos, peleas, accidentes... todo un panorama patético.
La solución a esta nueva moda juvenil no parece fácil, al menos no desde los métodos más tradicionales. La gran mayoría de las veces los propios padres desconocen que sus hijos están en el “botellón”, cosa que ya es significativa pero en otros muchos casos, aunque lo sepan, da lo mismo porque ni es fácil ser padre ni tampoco lo es en estos tiempos que te hagan caso.
Queda el recurso, casi siempre necesario, a las fuerzas de seguridad que miren por la integridad y la seguridad de las personas y de los entornos, pero ahí el problema es otro. ¿Represión?. Probablemente no haga más que generar más enfrentamientos y dar alas al espíritu contestatario que, según algunos, se esconde detrás de cada “botellón”. Aunque esto último, respetando todas las opiniones, yo no me lo creo. Se contesta, se protesta, se lucha de otra manera no pillando la gran cogorza y arremetiendo contra los bancos y las estatuas del parque. Al menos lo que yo entiendo por contestación o protesta es otra cosa.
Sólo parece que nos queda el recurso a lo de siempre, a la educación, a los valores, a la propia responsabilidad de los jóvenes que nadie puede dudar que cuando la tienen educada y bien formada suele ser algo ejemplar.
Hay quienes creemos, aunque también con nuestras dudas, que desde las diversas instituciones implicadas en la formación de los jóvenes deberíamos de invertir en diferentes ofertas alternativas de ocio. Y de hecho hay muchas cosas en este aspecto realizadas a lo largo de los últimos años pero no es un camino fácil y no suele ser muy agradecido.
De todo ello lo más preocupante en encontrarte con jóvenes, muchos de ellos todavía adolescentes, que no entienden que pueda haber diversión sin beber hasta caer rendido.

“Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!.
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta"
(Salmo 91)

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