La Semana santa

El Diurnal de JAI
http://blogs.periodistadigital.com/eldiurnaldejai.php
Estamos a las puertas de la Semana Santa y por ello me permito traer hoy a este blog el texto de un compañero sacerdote, ya jubilado, que hoy publica el diario La Nueva España. Un texto que puede ayudarnos a la reflexión que me parece una buena introducción a lo que como Iglesia vamos a vivir en estos próximos días tan importantes.
RAMOS
Hoy leemos, sin duda, la página más dramática del evangelio de Marcos: «Todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron. Llevaron a Jesús a un lugar llamado Gólgota. Entonces lo crucificaron».
Desde la emocionante cena de despedida hasta la soledad de la cruz y su muerte infamante, pasando por el abandono de los suyos, por la traición de Judas, por la cobardía de las autoridades, por la injusta condena y por el grito angustioso en la cruz, en esta semana reviviremos los más importantes misterios de nuestra fe cristiana.
Lo que ha sucedido hace más de dos mil años sigue sucediendo a lo largo de una historia repetida y cruel. El Señor sigue padeciendo y sufriendo, cosido a la cruz, en la que están crucificados con Él los de siempre: los excluidos, los ancianos solos, las mujeres maltratadas, los enfermos mentales desatendidos, los enfermos de sida que sufren la doble marginación de su enfermedad y del rechazo social; las mujeres de la calle, atrapadas en una situación casi irreversible, sin posible retorno; los drogodependientes, víctimas de quienes no se atreven a desmontar el negocio de los narcotraficantes; los inmigrantes, los sin papeles, sin empleo, sin vivienda, sin familiaÉ Larga procesión de hombres y de mujeres, que recorren el camino del calvario sin músicas, sin cofradías, sin acompañantes.
Hoy empezamos una semana en la que vamos a ver a un hombre justo encaminarse, coherente con sus ideas, hacia la muerte, consecuencia de haber hecho el bien. En Jesús de Nazaret, en ese hombre ultrajado, abofeteado, coronado de espinas, clavado en la cruz, reconocemos al Hijo de Dios. Ése es el misterio de la cruz, no la glorificación del dolor por el dolor, sino la revelación suprema del amor.
La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es una fiesta que no todos vieron de la misma manera. Los que esperaban un Mesías triunfador creyeron que éste era el momento. Para las autoridades religiosas, esta entrada triunfal era la última gota que iba a colmar el vaso.
Para Jesús era el comienzo de su hora.
En la celebración de hoy, los cristianos tenemos ante los ojos esa postura firme y valiente de Jesús, que entra en Jerusalén decidido a afrontar las consecuencias de este viaje y escuchamos a una multitud enardecida, que alfombra la calle con ramas y palmas de olivo, gritando alabanzas: «Bendito el que viene en el nombre del Señor».
Y Jesús de Nazaret irá a la cruz, solidario con todos los hombres que llevamos a cuestas la cruz de la vida. Y le clavarán para que no se mueva. No saben los que le crucifican que no hay clavos que sujeten las ideas.
José Luis Martínez, sacerdote jubilado.
“Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos”. (Salmo 33)