Toda una declaración de guerra

El Diurnal de JAI
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Tras la publicación del último documento de los obispos “Teología y secularización en España” se han levantado muchas voces críticas con el mismo pero, de todo lo leído, ninguna de la envergadura de la que ha hecho pública Esglesia Plural mediante un documento en el que se hacen afirmaciones como: “Es un documento muy duro, cargado de violencia y rencor, que intenta estigmatizar a todas las personas y grupos que no se pliegan al dictado de la jerarquía” ; “Es un documento hecho con mala fe...”; “La Buena Nueva de Jesús, en su boca, se convierte en un mensaje estéril”. Y esto, simplemente, a modo de ejemplo. En el blog de Rumores de Ángeles puede leerse en su totalidad.
Lejos de entrar en un análisis polémico del contenido de lo que dice Esglesia Plural, cuyos argumentos pueden servir para un extenso debate, lo que si parece es que reflejan una situación que es, en definitiva, la que los propios obispos reflejaban en el documento: la alineación de sectores eclesiales que en nombre del progresismo parece que desarrollan una Iglesia paralela a la que representa la jerarquía a la que sitúan, casi sin excepción, dentro del conservadurismo mas rancio y enemigo de cualquier tipo de evolución social y religiosa.
Así como creo que todas las generalizaciones son malas y no se puede meter a todos los teólogos llamados progresistas e incluso denominados por algunos “disidentes” en el mismo saco, tampoco creo que el colectivo episcopal actúe “de mala fe” o con “violencia y rencor”, tal y como se les acusa.
No habría que olvidar que aunque en esta vida todo es discutible y opinable dentro de la Iglesia quienes tienen la responsabilidad de cuidar del Magisterio de la Iglesia son los Obispos, herederos de los apóstoles. Podremos criticar sus actuaciones, sus palabras o muchas de sus decisiones, sobre todo aquellas en las que no se pone en juego la doctrina o el propio Magisterio, pero siempre teniendo en cuenta quienes son y lo que representan. Si esto lo perdemos de vista podemos, con mucha facilidad, perder también el sentido eclesial ya que conviene recordar que no se podría entender una Iglesia sin obispos.
La instrucción episcopal puede tener muchos aspectos que se pueden debatir y criticar, partiendo de la misma aplicación que puede tener y de las acciones episcopales que del mismo documento se derivarían, pero llevar esa crítica al enfrentamiento personal con los obispos acusándoles de mala fe y de rencor no es más que buscar una guerra con los sectores mas “progresistas” que a nada parece que va a conducir salvo a provocar una situación en la que se tengan que tomar decisiones que a nadie gustarían.
La crítica y una cierta disensión en torno a los documentos y decisiones episcopales siempre ha existido y existirá en la Iglesia pero cuando se pierde de vista quien es cada cual y lo que representa o cuando la misma se hace perdiendo los límites del respeto, la misma crítica más que argumentada queda totalmente deslegitimada.
Dentro de la Iglesia las declaraciones de guerra, sobre todo contra la jerarquía, nunca han traído nada bueno ni han beneficiado a quien, muchas veces estupefacto, contempla las mismas, el Pueblo de Dios.
“Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación”. (Rm 10, 10)