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Hijo predilecto

El Diurnal de JAI
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Mañana Jueves Don Gabino Díaz Merchán, Arzobispo emérito de Oviedo, será nombrado hijo predilecto de Toledo. Desde este modesto espacio quiero sumarme a tal acto y darle la enhorabuena ya que creo que se lo merece porque aunque se haya pasado media vida en Asturias nunca ha renegado de su condición de Manchego, al contrario, era algo que con frecuencia solía esgrimir para que comprendiésemos su forma de reaccionar y algunas de sus actitudes ante las problemáticas que se le presentaban.
Tras más de treinta años al frente del Arzobispado de Oviedo es lógico que, en cuestión de opiniones sobre su labor pastoral, haya para todos los gustos como es casi seguro que la habrá sobre la mía o sobre la de cualquier sacerdote al frente de su parroquia. Es imposible llegar a gustar a todos y en todo momento. Pero lo que si es innegable es que, acertadamente o no, Don Gabino siempre quiso desarrollar su labor de la mejor manera posible, siendo fiel a la Iglesia y respetuoso al máximo con las personas.

Su forma de ser y de desarrollar su labor pastoral, ya digo que criticada por unos y alabada por otros, le granjeo que muchos progresistas le criticasen por no secundar sus avanzadas propuestas e iniciativas y que otros tantos, más conservadores, hiciesen lo propio por considerar que arropaba demasiado a determinado sector del clero que en su progresismo iba mas allá de lo permitido en la disciplina y el Magisterio de la Iglesia. Yo creo que ambas críticas se equivocaban o al menos no eran del todo justas sobre todo partiendo de un clero que ya fuera conservador o progresista siempre contó con la protección y el amparo de su obispo al que, en más de una ocasión, ponían entre la espada y la pared con sus actuaciones, sus escritos o sus iniciativas. Y yo el primero, para que nadie se pueda sentir molesto.
Esa protección o amparo al clero llevaba a Don Gabino a no admitir, ni en público ni en privado, que se le hablara mal de un sacerdote o que se acudiera a él con el fin de criticar la labor desarrollada por el mismo. Esto, aunque a veces puede parecer excesivo y en algunas ocasiones los comentarios podrían ser justificados, dice mucho sobre esa función de “padre” que un obispo debe desarrollar con su clero sin que por ello, claro, quede oscurecida la otra faceta, la de “pastor”.
Su etapa al frente de la Conferencia Episcopal como presidente de la misma es harina de otro costal pero baste recordar que Don Gabino sale elegido presidente por vez primera en la tarde del 23 de Febrero de 1981, tarde memorable en la reciente historia contemporánea de España y que durante su mandato, tan solo un año después, llega al poder el primer gobierno socialista y la visita de Juan Pablo II a España. Casi nada.
Desde el respeto más profundo a quien piense y crea lo contrario creo que Don Gabino, a parte de ser un gran sacerdote y una excelente persona, fue un Arzobispo que se esforzó por hacer las cosas lo mejor posible. Si los resultados en ocasiones no le acompañaron habría que analizar detenidamente las causas y, a lo mejor, reconocer la parte de responsabilidad que algunos de los sacerdotes pudimos tener en ello.
Don Gabino, enhorabuena y que siga disfrutando de sus ochenta años.

“Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida.” (Sb 2, 4)
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