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El problema de las vocaciones

El Diurnal de JAI
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Leo hoy en una entrevista realizada a Isabel Gómez-Acebo, Profesora de teología en la Universidad Pontificia de Comillas, Presidenta de la Fundación Sagrada Familia y fundadora de la Asociación de Teólogas Españolas, la afirmación siguiente a una pregunta realizada por el entrevistador:
“--En Europa, y en España especialmente, se vive una fuerte crisis de vocaciones, qué le parece?
--Pues eso es enormemente positivo, porque es devolverle al laicado el protagonismo que tuvo en los orígenes del cristianismo. Esa es la novedad que aportó el cristianismo, que era un pueblo sin sacerdotes en el que no hacían falta templos y por eso los romanos lo consideraban una religión atea. Quizá esto sea una respuesta del Espíritu Santo para volver al cristianismo primitivo, es una buena nueva para la Iglesia, yo soy optimista”.
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Me he quedado sin palabras.
No voy a ser yo, sencillo sacerdote, quien enmiende la plana a toda una especialista en teología, mérito que no se me ocurre poner en duda, pero en el plano de las opiniones me parece muy grave considerar que la escasez de vocaciones pueda ser “un bien” para que así crezca el protagonismo de los laicos. No sólo me parece muy grave sino que me parece que hay algún concepto que no está del todo claro. ¿No tiene cada uno su papel en la Iglesia?. ¿Es que el sacerdocio resta protagonismo o usurpa funciones de los laicos dentro de la comunidad eclesial?. Si las cosas se hacen como deben hacerse, que siempre hay errores, esa contraposición laico-sacerdote me parece del todo fuera de lugar.
La misión del sacerdote es actualizar la presencia de Cristo en medio de la Iglesia y del mundo mediante, especialmente, la celebración de los sacramentos y dentro de estos, con una especial importancia, la Eucaristía. Esa no es tarea de los laicos ni porque haya escasez de vocaciones llegará a serla a no ser, claro, que cambiemos la Iglesia, su Magisterio y toda su tradición y nos inventemos algo nuevo. Si a doña Isabel Gómez-Acebo no le preocupa que haya pocos sacerdotes que hagan presente real y sacramentalmente a Jesucristo a mí sí que me preocupa, y mucho.
Todos sabemos que la evangelización, la gran mayoría de las labores pastorales, la propia formación del Pueblo de Dios no es algo exclusivo de los sacerdotes. Incluso en muchas ocasiones la labor catequética y pastoral está mucho mejor desarrollada por los propios laicos que por los sacerdotes. Pero todo ello, también deberíamos saber, que sin la celebración, sin la Eucaristía, sin los sacramentos, se queda en nada, en puro adoctrinamiento intelectual o en una mera sensibilización social, muy importante, pero carente de la vivencia espiritual de la salvación y de la gracia. Y sin sacerdotes no hay Eucaristía.
No se por dónde encuentra “optimismo” la teóloga en la situación de crisis vocacional existente. Yo más bien siento preocupación y una necesidad imperiosa de rogar al Señor que no deje de enviar obreros y sacerdotes a su mies. Aunque el trabajo de los laicos es imprescindible el de los sacerdotes , y que haya cuantos más y más santos, mucho mejor, no deja de ser tan fundamental y necesario.

“Sostenme en tu promesa y viviré,
que no quede frustrada mi esperanza;
dame apoyo, estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son engaño”
(Salmo 118)

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