CATECISMO DE BOLSILLO
Si uno da un repaso a la prensa se encontrará con titulares que destacan distintos aspectos del nuevo compendio del catecismo de la Iglesia Católica presentado ayer. Si unos destacan como se describe el matrimonio otros, en cambio, se fijan mas en el tema de la objeción de conciencia, en la cuestión de la pena de muerte o la llamada “guerra justa”. Cada uno parece que va a buscar en el catecismo la respuesta de la Iglesia hacia el tema que en ese momento y en sus propias circunstancias le afecte, tanto a nivel personal como social. Y si eso fuese así, ciertamente el catecismo habría cumplido la primer parte de su función: exponer con claridad cual es la doctrina de la Iglesia.Pero con el catecismo puede ocurrir igual que con los evangelios cuando uno toma de ellos tan solo lo que convence y justifica sus ideas pero cierra los ojos y los oídos a todo lo que cuestione la propia forma de vivir y de actuar. Y esto no deja de ser una manipulación de los textos bíblicos.
Lo mismo puede ocurrir con el catecismo si tan solo nos fijamos o tomamos de él lo que justifique las ideas que queremos trasmitir o lo que de la propia Iglesia queremos criticar.
Si el catecismo ayuda a una mejor y mas clara lectura de la doctrina de la Iglesia redundará en beneficio de quienes, en muchas ocasiones, la juzgan sin llegar a conocerla en su integridad.
Y no deja de ser también sintomático que esta presentación del catecismo aparezca muy ligada al inicio de todo el proceso que, casi sin lugar a dudas, desembocará en la beatificación primero y la posterior canonización de Juan Pablo II. El rito con el que ayer se iniciaba dicho proceso desplaza a un segundo lugar a la noticia de la presentación del catecismo. Y es que Juan Pablo II es y seguirá siendo un referente indiscutible para los cristianos.