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COVADONGA RACIONADA
Publicado en JAI nº 438

Desde ayer Martes, y desde las diez de la mañana, no se puede acceder a Los Lagos de Covadonga en vehículo particular. Hay que dejarlo aparcado, siempre que se pueda, y hacer uso del transporte público habilitado para el caso. Sobre este nueva normativa tenemos opiniones para todos los gustos. La gran incógnita que con el paso de los días se irá despejando, es si estas restricciones afectarán también a los visitantes del Santuario.

Se había hablado de ello en muchas ocasiones pero desde ayer es una realidad. Para subir a Los Lagos de Covadonga en verano, después de las diez de la mañana, hay que dejar el coche aparcado en alguno de los aparcamientos existentes entre Cangas de Onis y Covadonga, pagar el estacionamientos y subirse, previo pago también, a uno de los autobuses, que cada 15 minutos y con varias paradas, hacen el recorrido hasta el paraje de ensueño de los Lagos.
El precio de los autobuses (6 euros) no parece demasiado caro para una sola persona pero cuando quienes viajan es toda una familia la diferencia con poder acceder con el vehículo propio es bastante notoria para los bolsillos. La experiencia iniciada ayer parece que se ha saldado, al menos en su inauguración, de forma satisfactoria pero habrá que esperar a que el número de visitantes diarios supere los que la capacidad de los autobuses puede transportar. Entonces será el problema.
Lo que parece que está poco estudiado o valorado es el impacto que tal medida va a tener en las visitas al Santuario de Covadonga, visitas que en tiempos turísticos está siempre muy ligada a Los Lagos. O bien se visitaba el Santuario y luego se subía a Los Lagos o se hacía el recorrido inverso. Este circuito parece ahora mas complicado de realizar y habrá que observar si el número de visitantes a la Santina desciende.
Lo que si está mas que asegurado es que estas medidas de restricción y racionamiento de Covadonga no va a paliar el atasco de coches en el Santuario porque, no nos engañemos, 300 plazas de aparcamiento se llenan en una hora. ¿Dónde se van a meter los vehículos restantes?.
El problema ya es viejo y de soluciones se ha hablado muchas veces sin que, por unos u otros, se hayan podido hacer realidad. Y no solo recae esa responsabilidad sobre el Principado o la Iglesia sino también, sobre algunos de los hosteleros de la zona mucho mas preocupados en que los turistas pasen por delante de su establecimiento que por las mejoras objetivas para el real sitio.
Puede ser el momento, ahora que se habla de ascensores, de recordar los remontes de los que en su día hablaba Tielve siendo consejero del gobierno de Marqués o del famoso aparcamiento subterráneo antes desechado y que, a lo mejor, habría que volver a tomar en consideración.
Lo que, aunque sea inevitable, resulta penoso es que algo que es patrimonio natural y religioso de todos tenga que verse sometido a un racionamiento que, cuando menos, resulta fastidioso y, en no pocas ocasiones, quita las ganas de acudir a Covadonga en los meses de verano.
No