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Después de Colonia

JAI Confidencial
Julio Asterio Fernández López

No es lo mismo hablar de Colonia, de la Jornada Mundial de la Juventud, desde Asturias, por muy informado que uno esté y por mucho que siga todos los actos en los medios de comunicación, que vivir esos días en directo, pasando frio, comiendo lo justo y sumido en la multitudinaria juventud que ora, se divierte y, sobre todo, comparte su ser Iglesia con otros muchísimos jóvenes del mundo entero.
Quienes este año han tenido la suerte de poder estar en Colonia la semana pasada ya han dado su testimonio de lo vivido esos días y hoy, como una especie de colofón, las agencias dan la noticia de que unos 12.000 jóvenes de las comunidades neocatecumenales se han manifestado dispuestos a consagrarse (ellos y ellas) a Cristo.
Para quien no sepa cómo se producen estos eventos de los llamados “Kikos” (uno de sus fundadores es Kiko Argüello), y con cierto temor a equivocarnos en algo en lo que tampoco suele ser muy conocido, coincidiendo con la Jornada Mundial de la Juventud y a modo de conclusión de la misma, tras la clausura oficial, los neocatecumenales suelen juntarse con sus fundadores y en medio de su celebración, a la que suelen acudir diversos obispos, Kiko Argüello invita a los jóvenes que quieran consagrarse a Cristo, siguiendo los muchos carismas que tiene la Iglesia, a que se levantes y den fe de ello. Según lo que hoy nos dice la prensa han sido doce mil. Si los números no nos fallan parece que, al menos, el 1,2% de los jóvenes presentes en Colonia ha dado una respuesta a la entrega a Cristo pedida por Benedicto XVI. Y no es mal número contando con que ese 1,2% es solo aportado por parte de los “kikos”.
Una de las frecuentes críticas que suele hacerse a este tipo de eventos masivos es su efecto mediático y su escasa repercusión en la vida normal y sistemática de las parroquias y los movimientos una vez finalizado el evento.
La respuesta de los neocatecumenales, si tiene una continuidad y llega a buen puerto, es prueba justamente de lo contrario.
En nuestra Diócesis asturiana vamos muy pronto a tener oportunidad de conocer si los más de 300 jóvenes que estuvieron presentes en Colonia vuelven con ganas de ser y sentirse Iglesia.
Y campo para ello no les falta: Un plan de pastoral juvenil propio siguiendo las directrices del actualizado Proyecto Marco de Pastoral Juvenil de la Iglesia española; unos equipos arciprestales que necesitan un nuevo impulso; unos encuentros de oración que cuenten con la presencia de más jóvenes; nuevas vocaciones; un relanzamiento de los movimientos apostólicos con cifras mínimas de militantes; una presencia en la comunidades que rejuvenezca la pastoral parroquial...
Las tareas y los campos son muchos y es ahora cuando, de verdad, vamos a comprobar que los días de Colonia pueden suponer una gracia para la pastoral juvenil diocesana. Ojalá que sea así aunque, en caso contrario, tampoco estos jóvenes habrían perdido el tiempo. Lo vivido en Colonia vivirá con ellos el resto de su existencia y de lo que uno lleva dentro siempre hablan nuestros actos, nuestras inquietudes y todo aquello que en un futuro construyamos.
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