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EL VATICANO Y SU COMUNICACIÓN: EL VOCERO PAPAL

Joaquín Navarro Valls

Fuente: Artículo publicado en el Diario Sur de España

Navarro Valls, que ha estado muy cerca del Pontífice en su agonía, ha sido fiel testigo de sus últimas palabras

«CREO que mis sentimientos no tienen ningún interés... Ciertamente, es una imagen que no había visto antes». Joaquín Navarro Valls, cartagenero, supernumerario del Opus Dei, médico, periodista y jefe de la Sala Stampa del Vaticano desde hace 21 años hablaba con el ánimo encogido de su amigo el Papa. Con la cara desencajada y el ánimo demudado, perdido en su doméstico traje gris, Navarro Valls no quiso ocultar su abatimiento. Había estado muy cerca del Papa. Lo suficiente como para «reconstruir» las que pueden haber sido las últimas palabras del Pontífice. «Os he ido buscando y ahora vosotros habéis venido a mí y os lo agradezco» dijo tras ser informado de la presencia de miles de jóvenes que rezaban por él en San Pedro.

El dolor llega al pétreo rostro del hidalgo castellano, han escrito los medios romanos de Navarro Valls. Nada más cercano a la realidad. Pero la prensa vaticana no ha sido nada misecoricordiosa con el hombre que ha 'domesticado' y dirigido la información del estado que pasa por tener el mayor número de intrigantes por metro cuadrado del mundo y que ha hecho de la diplomacia de salón un misterio admirable. «¿Estos cardenales...!», se quejaba Navarro en una entrevista. «Vienen sin pedir cita y no les puedes decir que no. Sólo 'Sí Su Eminencia, tome asiento'». El jefe de prensa del Papa se molesta si se compara el secretismo vaticano con el del Kremlim y presume de que el 80% de las informaciones publicadas sobre la Santa Sede provengan de su departamento o se ofrezcan en la Sala de Prensa vaticana un lugar que, por cierto, Joaquín Navarro Valls presume de no haber pisado nunca en sus tiempos de corresponsal en Italia del diario 'ABC'. Era el año 1977.

Para entonces, Joaquín Navarro Valls ya había asistido a algunos seminarios en Harvard (incluidos varios de corte político dictados por Henry Kissinger), se había convertido en peregrino de la casa londinense donde vivió Sigmund Freud y había escrito su primer libro 'Manipulación publicitaria'. Confiesa que se matriculó en Periodismo en Pamplona para tratar de responder a una pregunta surgida en sus tiempos de estudiante.«¿En qué modo influyen los mensajes de la comunicación masiva (prensa, televisión, publicidad) en la configuración de las actitudes básicas de la persona?» Desde su despacho junto a San Pedro dispone de un observatorio privilegiado para responder (o dirigir) la cuestión.

El hombre que en estas últimas semanas ha puesto la voz al Papa es el segundo de los cinco hijos de un abogado de Cartagena, de quien heredó el sentido del humor y la afición por la mar y la pesca. En su despacho vaticano, la maqueta de un navío de línea español le guarda las espaldas. Navarro Valls estudió en la Escuela Alemana y, luego, en las facultades de Medicina de Granada y Barcelona. Como el joven Karol Wojtyla, el periodista vaticano formó parte de un grupo de teatro universitario. «No se trata de engañar a la gente, porque el actor, si es bueno es auténtico y transmite situaciones de ánimo que son reales», ha dicho el actual portavoz de la Santa Sede que ejerció 14 años como médico, especializado en Medicina Interna y, luego, en Psiquiatría.

Un laico con poder

Su temprano contacto con el Opus Dei (es miembro desde que tenía 20 años) ha determinado su biografía hasta convertirle en el primer laico que dirige la Santa Stampa, una decisión que debió tomar en apenas 24 horas, urgido por el propio Papa difunto. Desde entonces, sus vidas han caminado juntas: ha sido su portavoz en cuantos viajes y actos oficiales ha realizado. Navarro Valls se muestra conmovido por el modo en que el Papa ha asumido sus limitaciones. «Esos achaques se han convertido en un instrumento más que en una limitación». Y de sus años junto al papa Wojtyla, recuerda como especialmente emocionante un reciente viaje a Eslovaquia. El Papa, al ver a un grupo de personas en sillas de ruedas, pidió que se alterara el recorrido para acercarse a ellos. La mano del Papa, también en silla de ruedas, acarició las caras y las manos. Ellos, a su vez, alargaron las suyas para pasarlas por el rostro y la cara de Juan Pablo II. Nadie dijo nada. El dolor llega al pétreo rostro del hidalgo castellano, han escrito los medios romanos de Navarro Valls. Nada más cercano a la realidad. Pero la prensa vaticana no ha sido nada misecoricordiosa con el hombre que ha 'domesticado' y dirigido la información del estado que pasa por tener el mayor número de intrigantes por metro cuadrado del mundo y que ha hecho de la diplomacia de salón un misterio admirable. «¿Estos cardenales...!», se quejaba Navarro en una entrevista. «Vienen sin pedir cita y no les puedes decir que no. Sólo 'Sí Su Eminencia, tome asiento'». El jefe de prensa del Papa se molesta si se compara el secretismo vaticano con el del Kremlim y presume de que el 80% de las informaciones publicadas sobre la Santa Sede provengan de su departamento o se ofrezcan en la Sala de Prensa vaticana un lugar que, por cierto, Joaquín Navarro Valls presume de no haber pisado nunca en sus tiempos de corresponsal en Italia del diario 'ABC'. Era el año 1977.

Para entonces, Joaquín Navarro Valls ya había asistido a algunos seminarios en Harvard (incluidos varios de corte político dictados por Henry Kissinger), se había convertido en peregrino de la casa londinense donde vivió Sigmund Freud y había escrito su primer libro 'Manipulación publicitaria'. Confiesa que se matriculó en Periodismo en Pamplona para tratar de responder a una pregunta surgida en sus tiempos de estudiante.«¿En qué modo influyen los mensajes de la comunicación masiva (prensa, televisión, publicidad) en la configuración de las actitudes básicas de la persona?» Desde su despacho junto a San Pedro dispone de un observatorio privilegiado para responder (o dirigir) la cuestión.

El hombre que en estas últimas semanas ha puesto la voz al Papa es el segundo de los cinco hijos de un abogado de Cartagena, de quien heredó el sentido del humor y la afición por la mar y la pesca. En su despacho vaticano, la maqueta de un navío de línea español le guarda las espaldas. Navarro Valls estudió en la Escuela Alemana y, luego, en las facultades de Medicina de Granada y Barcelona. Como el joven Karol Wojtyla, el periodista vaticano formó parte de un grupo de teatro universitario. Ejerció 14 años como médico, especializado en Medicina Interna y, luego, en Psiquiatría.

 
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