“Allí donde queman libros, acaban quemando hombres” Heinrich HEINE

Reconstrucción de la Biblioteca de Alejandría de cuya importancia se decía en la Antigüedad
“Y en lo que respecta al número de libros, los anaqueles, y la colección en el Salón de las Musas, no necesito decir nada, porque ellos están en la memoria de todos los hombres.”
Ateneo
Nunca se volvió a reconstruir la segunda Biblioteca de Alejandría tras aquel desastre que sepultó en el interior del templo de Serapis a cientos de paganos, mezclados con las columnas quebradas.
Cuando volvía a su Iberia natal, Orosio vio entristecido en el 416, a su paso por Alejandría, las ruinas de los templos con "sus armarios vacíos de libros", añadiendo en su Historia que "fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo". (Léase cristianos) "Hay templos hoy día, que nosotros hemos visto, cuyos estantes para libros han sido vaciados por nuestros hombres. Y ésta es una cuestión que no admite ninguna duda.” (Orosius 6.15.32)
Sobre ese montón de cadáveres el emperador bizantino Arcadio mandó erigir la Columna Theodosiana o Arcadia, para conmemorar el "Triunfo del Cristianismo". Esta columna monolítica, de treinta metros, provenía de algún templo alejandrino cercano al Serapeum.


No recuerda esto un poco la afrenta de la cruz erigida frente al Museo de Ciencias de Valencia con motivo de la visita del Papa Ratzinger?????
La voz biblioteca (del griego βιβλιοθήκη biblion = libro y thekes = caja). Literalmente sería "caja de libros", o de guardar libros, pero por extensión se sustituye "caja" por edificio, departamento, o habitación.
En Grecia los primeros coleccionistas de libros fueron Pisístrato, Polícrates de Samos, Platón, Eurípides, Jenofonte, Eutidemo, Euclides, Isócrates y Aristóteles. En el 330 a.C., se creó la primera biblioteca pública en Atenas con el fin de que fueran aprovechados los originales cuidadosamente confeccionados de las obras de los trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides.
La Biblioteca de Pérgamo fue fundada un siglo después de la de Alejandría y para competir con ella. LLegó a tener más de 200.000 obras escritas. Los Ptolomeos, reyes de Alejandría, prohiben la venta de papiro a Pérgamo y para compensar su falta, en Pérgamo inventan un nuevo soporte de la escritura: el pergamino, hecho de pieles de animales.Este tejido, en vez de enrollarse como los papiros, se cortaba en hojas que se cosían igual que los libros actuales.
Las primeras grandes colecciones públicas se atribuyen a Polícrates, tirano de Samos, y a Pisístrato, tirano de Atenas.
Éste , entre otras obras benéficas, mandó por primera vez recoger y copiar metódicamente la obra de Homero, de que se encargaron Onomácrito de Atenas, Orfeo de Crotona, Zopiro de Heraclea
Se nos habla de las colecciones privadas que poseía cierto ateniense llamado Euclides -acaso arconte epónimo el año 403 a. c.-; Eurípides, de cuya grande afición a los libros suele burlarse Aristófanes y que usaba como copista a su esclavo Cefisofón; aquel hermoso y rico Nicócrates que paró en discípulo de Sócrates; Platón, que pagó 100 minas por tres libros del pitagórico Filolao de Crotona y cuya biblioteca parece proceder sobre todo de los fondos que adquirió en Tarento y en Siracusa; Clearco, discípulo de Platón y de Isócrates, tirano de Heraclea Póntica, que abrió bibliotecas en su capital bitinia por 364 a. c.
Aristóteles era también gran coleccionista de libros. Tal vez, por donativo de su discípulo Alejandro, poseyó algunos manuscritos orientales. Se dice que llegó a pagar 3 talentos áticos (£ 340 oro) por alguna obra que dejó el filósofo Espeusipo. La blioteca de Aristóteles no sólo era abundante sino que fue la primer biblioteca organizada metódicamente. Su plan serviría de base a la futura Biblioteca de Alejandría
Famoso aficionado a los libros fue también el orador Demóstenes que, según Luciano, los copiaba de su puño y letra, como lo hizo con mucho primor para la obra de Tucidides, y sin duda para sus propios discursos, lo que explicaría que sea uno de los cuatro prosistas griegos cuyas obras nos han legado en buenas condiciones.
Estratón de Lámpsaco, sucesor de Teofrasto a la cabeza del Liceo aristotélico, se las arregló para rehacer la biblioteca de esta casa de estudios, que Neleo -al llevarse a Esquepsis los libros- había dejado prácticamente despojada, con excepción de unas cuantas obras de la serie esotérica.
En Atenas existió el Tolomeón o gimnasio de Tolomeo, que contaba con buenos libros según Pausanias.
Rodas era, después de Atenas, un centro librero de importancia, y de allí parece proceder cierto catálogo recién descubierto, donde -como corresponde a la tradición de la ciudad- abundan las obras de política y de retórica. Éfeso parece haber contado también con algunos recursos de librería y biblioteca. En la Esmirna reconstruida por Antígono y Lisímaco hubo biblioteca. Soli, en la costa de Cilicia; Milasa, en las llanuras de Caria, y la célebre Halicarnaso poseyeron colecciones públicas. Plinio el Mozo da cuenta al emperador Trajano de la biblioteca de Prusa (Bitinia),
La misma Corinto, ciudad de placer, contó con buena biblioteca, y Dionisio de Halicarnaso se tuvo por muy honrado cuando allí se descubrió su efigie. Algunos libros se custodiaban en el sagrario oracular de Delfos, en la plaza comercial de Dirraquio (Ilira), o en Patras, donde Aulo Gelio encontró un ejemplar de una Odisea de Lívio Andrónico.
Las bibliotecas griegas, que tuvieron un gran desarrollo en el siglo III a.C., pasaron a manos de los romanos. Asinio Polión instaló la primera biblioteca pública en el Atrium Libertatis del Monte Aventino, y el emperador Augusto construyó dos bibliotecas: la Octaviana y la Palatina.
El emperador Adriano, fundó una en Atenas. Ésta llegó a ser famosa en la Antigüedad. Pausanias se maravillaba ante su desusado esplendor, característico del gusto pesado de aquel soberano que tenía sus visos de arquitecto. El oro y el alabastro lucían por todas partes. Ostentaba 100 columnas de mármol frigio. Los muros estaban decorados con frescos. Había estatuas que representaban a los escritores y a poetas más célebres. Esta biblioteca mereció elogios de San Jerónimo. Todavía quedan impresionantes vestigios de este momento en Atenas, calle de Éolo.
La mayor biblioteca de la antigüedad romana fue la Ulpiana, fundada por el emperador Trajano, ya que se aproximó en su importancia y categoría a las de Alejandría y Pérgamo. La biblioteca Ulpiana, que estaba dirigida fundamentalmente a los estudiantes, constaba de dos edificios, uno para las obras griegas y otro para las romanas.





