Annie Mae
Esta mañana he vivido mi ración de gloria diaria. Es tan fácil, cualquier cosa es susceptible de ser disfrutada (y/o flipada) hasta… su justa medida. Bien, salía yo del intercambiador de Avenida América, a eso de las 10 (taaaarde, como siempre), después de haberme pasado un ratillo leyendo el “Libro de Manuel,” parte de un capítulo allá por la página 127 creo recordar, aquel en que Andrés refugiado una vez más en su mundo de música y paseos por París piensa que la historia Ludmilla va a acabar y aprovechando la coyuntura se da una vuelta con Francine por la tienda de muñecas, y venga a discutir sobre lo que uno admite que quiere imaginar que es vs. lo que el otro cree que es, que ya me puso en un estado de ánimo propicio para lo que tenía que acontecer. Por cierto, también llevaba el chisme de los mp3 con el primer disco de los Twilight Singers, que para que os hagáis una idea, va de melodías soul de piano y voz que a mí al menos me produce sensaciones como de dolor pero de ese que se saborea casi físicas, en el corazoncito.
Bueno, Avenida América por las mañanas, sobre todo cuando hace sol invernal, y por las tardes noches, sobre todo cuando no hay demasiada gente y se forma el embudo de nubes encima, un poco a la derecha del edificio de Danone, es genial. A mí me gusta pensar que es un lugar mágico. Supongo que el hecho de que esas imágenes coincidan con mi entrada y salida del trabajo tiene mucho que ver.
En fin, que hoy hacía una mañana espléndida.
Pues que con la canción “Annie Mae” de fondo, que va de estar perdido y que dónde estás y que me encuentres te lo suplico Annie Mae más o menos, y encima el sol también estaba alto hoy, mientras siento que voy pisando el mundo con decisión y propiedad sin importarme una mierda el hecho de que llego más de una hora tarde, estaba pensando así de pasada en algunas chicas y en dónde se han ido quedando, tomándome como punto de referencia. Hasta que llegué a la que me volvió loco de remate y a la que no me atrevía a besar y por eso tuvo que hacerlo ella, con mi excusa de un abrazo que le di la primera vez para estar más cerca de ella, con mi excusa de una charla monólogo la segunda vez, y entonces hasta me acarició y ya sí me atreví a besarla y a acariciarla un poquitín.
Y entonces la convertí en mi Annie Mae.
Y gracias a ella empecé a darme cuenta de dos cosas muy importantes: que no siempre es útil ni justo declarar lo que sientes, y que los actos es mejor no justificarlos hasta que no se cometen, y que luego tampoco importan demasiado.
Y desde entonces sé que estoy solo y no he vuelto a enamorarme de nadie tan burramente como de ella.
Y la cosa es que me sentía muy bien dejando que esta historia que cuento fuese revoloteando como una mariposa dentro de mi cabeza, y que el tiempo vivido entre aquello y el ahora se tornase sólido (lo que significa más o menos que las cosas, o más bien el vistazo que les dedicas durante unos 2 minutos, que te han y has acontecido entre esos dos momentos de tiempo te dejan saciado, que no es lo mismo que satisfecho), lo que hizo que siguiese hacia el trabajo tan contento.
Bueno, Avenida América por las mañanas, sobre todo cuando hace sol invernal, y por las tardes noches, sobre todo cuando no hay demasiada gente y se forma el embudo de nubes encima, un poco a la derecha del edificio de Danone, es genial. A mí me gusta pensar que es un lugar mágico. Supongo que el hecho de que esas imágenes coincidan con mi entrada y salida del trabajo tiene mucho que ver.
En fin, que hoy hacía una mañana espléndida.
Pues que con la canción “Annie Mae” de fondo, que va de estar perdido y que dónde estás y que me encuentres te lo suplico Annie Mae más o menos, y encima el sol también estaba alto hoy, mientras siento que voy pisando el mundo con decisión y propiedad sin importarme una mierda el hecho de que llego más de una hora tarde, estaba pensando así de pasada en algunas chicas y en dónde se han ido quedando, tomándome como punto de referencia. Hasta que llegué a la que me volvió loco de remate y a la que no me atrevía a besar y por eso tuvo que hacerlo ella, con mi excusa de un abrazo que le di la primera vez para estar más cerca de ella, con mi excusa de una charla monólogo la segunda vez, y entonces hasta me acarició y ya sí me atreví a besarla y a acariciarla un poquitín.
Y entonces la convertí en mi Annie Mae.
Y gracias a ella empecé a darme cuenta de dos cosas muy importantes: que no siempre es útil ni justo declarar lo que sientes, y que los actos es mejor no justificarlos hasta que no se cometen, y que luego tampoco importan demasiado.
Y desde entonces sé que estoy solo y no he vuelto a enamorarme de nadie tan burramente como de ella.
Y la cosa es que me sentía muy bien dejando que esta historia que cuento fuese revoloteando como una mariposa dentro de mi cabeza, y que el tiempo vivido entre aquello y el ahora se tornase sólido (lo que significa más o menos que las cosas, o más bien el vistazo que les dedicas durante unos 2 minutos, que te han y has acontecido entre esos dos momentos de tiempo te dejan saciado, que no es lo mismo que satisfecho), lo que hizo que siguiese hacia el trabajo tan contento.
El tiempo pasa despacico
Aaaaaaaaaaaaaaaah como hemos cambiado... dice una canción con ningún sentido de la realidad además de cansina y estomagante (y además con esa voz, estoy seguro que si pones el disco al revés oyes a Cupido blasfemando en turco). Me zumba las pelotas, cada vez que la oigo, pensar en lo poco que hemos cambiado o, mejor dicho, he cambiado (allá cada uno)... en lo personal y no en lo universal (es decir, si tu has cambiado me alegro por ti y por tus familiares más cercanos) no noto ningún cambio por lo menos desde hace 10 años (quizás más, pero me puede el pudor), cambios importantes claro... a parte de una degeneración física mas que evidente y adaptar a mi día a día unas aficiones más que perjudiciales para la salud (cosa que, por otra parte, me calienta l’horcat).
En definitiva que no tengo ni puta idea de si la gente evoluciona o no, tampoco me preocupa (¿o si? ni puta idea), pero de lo que estoy seguro es que mi evolución paró en mi último estirón (vamos que hace mas de 10 años seguro).
Sigo tropezando con la ilusión del primer día, una y otra vez en la misma piedra angular y filosofal (cantidad de gilipolleces por palabra cuadrada), sin resquemor y sin remordimiento.
Me importa un huevo y medio el hecho de que a mi edad debería haber cambiado a mejor, ser más responsable, tener una vida más “NORMAL” (¿que coño es eso de “normal”?, me lo expliquen), y no andar a trancas y barrancas, a cervezazos por la vida. Dando tumbos subjetivos y objetivos. No dejar temblando las existencias de Phillip Morris a diario. Relajarme un día en casa por el único motivo de la contemplación cósmica y no por estar dividido mi ser entre animal y cosa por permanecer expuesto a las fuerzas hostiles de la resaca.
De hecho cada día que pasa soy un poco menos responsable, tanto conmigo como con los demás, voy más a lo mío, aunque no tanto como querría (pero es cuestión de tiempo, lo prometo, I promise myself, grande Nick Kamen, gran momento del “Un, dos, tres”, madre mía los que han pasado por el “Un, dos, tres”, los más grandes, que si Europe, que si Sabrina, toma Samantha Fox, y un largo etcétera de artistas buenísimos, ostias, Hombres G, Héroes del Silencio..., míratelo tú si eso, http://www.angelfire.com/emo/concurso123/artistas.html
, bueno al grain), hago más gilipolleces, la cago sin remedio y sin parar.
Quizá se aprenda a ver algunos golpes, pero los que vienen despacico, los otros te los comes igual, y los que viene despacico a lo único que te da tiempo es a apretar fuerte los ojos con la esperanza de que ese gesto universal de defensa pare el golpe. Los demás te los comes como cuando te ostias con una farola, así, a pelo, sin protección de ninguna clase, sin escudo, con el susto de lo inesperado y el dolor intrínseco del golpe.
Me río de mi mismo con mayor facilidad cada día, y de los demás ya ni te cuento... bueno yo no, la víbora que llevamos dentro, en cualquier caso seguro que, en esto concretamente, el sentimiento con mis semejantes es completamente reciproco. En cualquier caso es más divertido... la adoración por la adoración a día de hoy es menos creíble que la multiplicación de los panes y los peces y de la extrema palidez de la tez de Cristo en iconos ancestrales.
Ya se sabe que en general las relaciones interpersonales se convierten tarde o temprano en una puta mierda difícil de digerir... difícil de masticar... difícil hasta de acercártelas a la boca... es decir en una puta mierda en si mismas que todos conocemos y vemos cada día, que es parte de nosotros, pero que tratamos de que permanezca en nuestras vidas lo menos posible tirando de la cadena sin ninguna compasión.
Vamos que tengo exactamente las mismas dudas de hace 10 años... afronto la vida de la misma manera que hace 10 años... mi nula evolución deja más que por evidente el fracaso de la teoría evolutiva de las especies, o en el caso de que la teoría este en lo cierto y yo me equivoque mi espécimen esta retrasando la evolución del ser humano miles y miles (sino millones y millones) de años... lo siento muchachada pero ni puedo ni quiero hacer nada... que os den por el culo a todos.
Merece la pena contar algo así? Pues no. Ni siquiera como exorcismo vital personal. Es por hacerme el listo. Como de costumbre. Escribiendo gilipolleces que se le ocurren a cualquiera pero creyéndome original y ocurrente.
Ah! Y sobre la canción... que decir sobre la canción... pues que morir es menos duro que bajar a comprar el pan con la cancioncita como único emepetrés de tu ipod (o cacharo similar o como cojones se llame).
Ale, que os den, pero bien.
En definitiva que no tengo ni puta idea de si la gente evoluciona o no, tampoco me preocupa (¿o si? ni puta idea), pero de lo que estoy seguro es que mi evolución paró en mi último estirón (vamos que hace mas de 10 años seguro).
Sigo tropezando con la ilusión del primer día, una y otra vez en la misma piedra angular y filosofal (cantidad de gilipolleces por palabra cuadrada), sin resquemor y sin remordimiento.
Me importa un huevo y medio el hecho de que a mi edad debería haber cambiado a mejor, ser más responsable, tener una vida más “NORMAL” (¿que coño es eso de “normal”?, me lo expliquen), y no andar a trancas y barrancas, a cervezazos por la vida. Dando tumbos subjetivos y objetivos. No dejar temblando las existencias de Phillip Morris a diario. Relajarme un día en casa por el único motivo de la contemplación cósmica y no por estar dividido mi ser entre animal y cosa por permanecer expuesto a las fuerzas hostiles de la resaca.
De hecho cada día que pasa soy un poco menos responsable, tanto conmigo como con los demás, voy más a lo mío, aunque no tanto como querría (pero es cuestión de tiempo, lo prometo, I promise myself, grande Nick Kamen, gran momento del “Un, dos, tres”, madre mía los que han pasado por el “Un, dos, tres”, los más grandes, que si Europe, que si Sabrina, toma Samantha Fox, y un largo etcétera de artistas buenísimos, ostias, Hombres G, Héroes del Silencio..., míratelo tú si eso, http://www.angelfire.com/emo/concurso123/artistas.html
, bueno al grain), hago más gilipolleces, la cago sin remedio y sin parar.
Quizá se aprenda a ver algunos golpes, pero los que vienen despacico, los otros te los comes igual, y los que viene despacico a lo único que te da tiempo es a apretar fuerte los ojos con la esperanza de que ese gesto universal de defensa pare el golpe. Los demás te los comes como cuando te ostias con una farola, así, a pelo, sin protección de ninguna clase, sin escudo, con el susto de lo inesperado y el dolor intrínseco del golpe.
Me río de mi mismo con mayor facilidad cada día, y de los demás ya ni te cuento... bueno yo no, la víbora que llevamos dentro, en cualquier caso seguro que, en esto concretamente, el sentimiento con mis semejantes es completamente reciproco. En cualquier caso es más divertido... la adoración por la adoración a día de hoy es menos creíble que la multiplicación de los panes y los peces y de la extrema palidez de la tez de Cristo en iconos ancestrales.
Ya se sabe que en general las relaciones interpersonales se convierten tarde o temprano en una puta mierda difícil de digerir... difícil de masticar... difícil hasta de acercártelas a la boca... es decir en una puta mierda en si mismas que todos conocemos y vemos cada día, que es parte de nosotros, pero que tratamos de que permanezca en nuestras vidas lo menos posible tirando de la cadena sin ninguna compasión.
Vamos que tengo exactamente las mismas dudas de hace 10 años... afronto la vida de la misma manera que hace 10 años... mi nula evolución deja más que por evidente el fracaso de la teoría evolutiva de las especies, o en el caso de que la teoría este en lo cierto y yo me equivoque mi espécimen esta retrasando la evolución del ser humano miles y miles (sino millones y millones) de años... lo siento muchachada pero ni puedo ni quiero hacer nada... que os den por el culo a todos.
Merece la pena contar algo así? Pues no. Ni siquiera como exorcismo vital personal. Es por hacerme el listo. Como de costumbre. Escribiendo gilipolleces que se le ocurren a cualquiera pero creyéndome original y ocurrente.
Ah! Y sobre la canción... que decir sobre la canción... pues que morir es menos duro que bajar a comprar el pan con la cancioncita como único emepetrés de tu ipod (o cacharo similar o como cojones se llame).
Ale, que os den, pero bien.
¿Samahaim?
Acabo de darme cuenta por enésima vez de algo que según me pongo a describírmelo, se me escapa. Yo suelo referirme a ello como “lo tengo”, o más bien “lo tenía”, una expresión robada de Jack Kerouak. A lo mejor me engaño, se suele dar en las mañanas de días festivos. (Ostiaputa, me acabo de acordar que tal día como hoy, hace mmmmm… ¿10 años ya? empecé a venirme abajo a base de bien –después de haber estado dando algún que otro tumbo– y eso sirvió de percutor para que empezase a ser consciente de “tenerlo” de veras, y así, encadenando encadenando, ayer mi amigo L me envió un correo adjuntando una explicación sobre Samahaim, que es una de las cuatro fiestas más importantes para los celtas. A principios de noviembre los vivos entran en el reino de los muertos, y todo el asunto terminaba en una borrachera de puta madre, me figuro que para los que volvían. Me está gustando la idea: yo entré en el mundo de los muertos tal día como hoy, sin saber ni dónde me metía, y debió de gustarme porque me quedé por allí una buena temporadita, y lo que me traje, o lo que dejé, o lo que cambié, me ha servido para 10 años, lo que no está nada mal, ni bien, osea, no está nada.) Hoy el sol lucía de una manera especial y le daba al mundo un aspecto, mmmmmm… enfermo, pero en el sentido de ebullición de la sangre y conflicto microscópico a nivel macroscópico (¡tooooma ya!), sucio como un charco en el barro, loco, y sin embargo todo encajaba, “lo tenía” y por unos instantes todo estaba en su sitio. La cuestión es que así brilla para mí la bombilla que hay encima de la puerta que lleva al inframundo, creo que la he visto alguna vez más y creo que sé lo que me digo, y me pregunto si no debería aprovechar la ocasión y abrirla y empezar a bajar otra vez las escaleras. Me atrae mucho pero para qué negarlo, me acojona por lo que pueda perder, que sería una suerte de comodidad, la red de los trapecistas… ya lo sé, es triste pero es así. Ya llevo algún tiempo sintiendo que voy hacia el final de una calle que no tiene salida, y que la tapia que la cierra está muy cerca ya, como soy así de cabezón no pienso dar la vuelta y desandar nada (aunque, nota mental: qué implicaría, a dónde volvería, merecería la pena, qué podría encontrar, ¡ay joder, qué interesante! A esto hay que darlo alguna vuelta). Entonces, a un lado de la calle me doy cuenta de que está la dichosa luz, y antes de darme de bruces contra la tapia, ¿por qué no entrar? Quizá salí de aquí mismo y no he hecho otra cosa que andar a ciegas por el callejón de una realidad que roza la mediocridad más deprimente con la ilusión de que estar fuera, sea donde sea, es mejor que respirar azufre. ¿Por qué no entrar? Seguramente haya otro agujero por el que escapar, y al fin y al cabo siempre me sentí orgulloso de negar aquello que decía mi madre de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, es que es más interesante hasta lo malo por conocer que lo bueno conocido, y ya mamá, “la curiosidad mató al gato”, ¿y qué? Puede ser temerario pero es que si no me muero de aburrimiento. Y yo que iba a tratar de explicarme qué es esa luz tan rara que se me mete por dentro algunos días en que por unas cosas u otras me importa todo bastante poco y que hace que una deliciosa (y a veces, como hoy, podrida) calma se me coma… ahora ya no sé si seguir hasta tocar la tapia, porque es lo que he elegido, porque tengo la impresión de que funciono de tal manera que hasta que no deje una buena mancha de sangre allí no me voy a quedar a gusto, y porque quizá me esté engañando con todo este cuento chino, o sacar pecho y abrir la puerta bruscamente y entrar rugiendo ¡¡allá voy, perros del infierno!! (para darme fuerzas), o quién sabe si con cuidado y tratando de pasar inadvertido.
I believe in miracles
No sé cómo empezar esto, al fin y al cabo no veo a quién le podría interesar lo que yo haya podido sentir en un concierto de Pearl Jam. Además imagino que no fue algo particular, en Vitoria el pasado sábado éramos miles, y creo que yo no soy fan número uno de nada, como no sea de algunos amigos, y un par de canciones, algún libro y alguna película que son parte de lo que considero mis experiencias vitales más enriquecedoras. En todo caso es lo bueno que tienen los blogs estos, que puedes escribir lo que te de la gana, igual que en las paredes de los bancos, y a mí me apetece hablar de música y contar lo de Pearl Jam.
Hace unos meses que me encuentro revisitando el grunge, sobre todo los discos de Alice In Chains y Pearl Jam. Porque son parte de la música de lo que yo llamo mi juventud, y ahora me siento rabioso, destrozado, fuerte y vital, viviendo al día con los dientes bien prietos, como entonces, qué coño, más!
Casi todas las canciones de Alice In Chains son para mí expresiones de miseria abrasiva, desnuda y frágil, pero rotunda como un puñetazo en la cara, de puro incontestable. Y como el hecho es que a veces me encuentro muy a gusto paladeando ese tipo de decadencia nihilista y descarada, la pesadez de la música, y la ominosidad que imprimen Layne Staley y Jerry Cantrell cantando esas letras desesperadas me hacen temblar. Dirt, llegando al final, puede convertir un día para suicidarse en una experiencia mística. Facelift es un descenso a los abismos de la autodestrucción con premeditación y alevosía. Mi favorito es el último, que nunca llega a explotar salvo en God Am, porque muchas veces me siento desesperado a la vez que sereno. Los EPs son otra cosa, aunque el principio de Jar Of Flies duele, y ese dolor me hace sentir vivo, y Sap es más desquiciado, y como es corto casi no me da tiempo a entrar en resonancia con él (nota mental: a ver cómo sería escucharlo con una buena fumada). Supongo que lo que acabo de contar puede sonar a delirio de crítico musical de tercera, sobre todo para quien estos discos no signifiquen mucho, pero para mí y para mucha otra gente son más grandes que la vida, así que siento un placer inmenso al pensar en un “a tomar por culo, gilipollas” dedicado a todos aquellos a los que les suene estúpido todo esto.
Hace poco pude verlos por fin, o más bien a lo que queda de ellos, porque a pesar del subidón de escuchar Man In A Box, Rooster, Would?, No Excuses, Down In A Hole y tantas otras maravillas, del placer que supuso ver a unos orgullosos y agradecidos Jerry Cantrell y Sean Kinney, a un sonriente Mike Inez disfrutar, y de ver que para nada son una sombra de sí mismos gracias al papelón que salva más que dignamente el tipo que llevan como cantante, lo cierto es que Layne es insustituible y esos AIC no son capaces de transmitir tanta buena mierda.
Pearl Jam son otra cosa. Tardé mucho en engancharme bien a ellos, porque son más positivos y porque soy un poco idiota y tiendo a juzgar las actitudes aún cuando considero que lo único que importa es lo que se hace, en este caso lo que se oye y lo que me puede hacer por dentro si le doy oportunidad. Para cuando me tomé un respiro de la música 90’s lo único que puedo decir sobre Pearl Jam es que me gustaban muchísimo el Ten y el Vs. y que me refería a Eddie Vedder como “el figurón” por su actuación en el unplugged y su pose de rechazador público de discos de oro. El Vitalogy lo despreciaba porque no lo tenía casi escuchado, y para mí sólo era Spin The Black Circle, al que no veía la gracia (sí joder, soy un poco idiota, y antes más), e insulseces de un minuto (o de diez) que siguen sin decirme nada. De No Code jamás me he cansado de escuchar Lukin al once, y me gustaba bastante la calma que respira una parte del resto… así que Pearl Jam no consiguieron dejar de importarme bastante poco, y sólo quedaron dos entes monumentales pero desconectados de cualquier autoría y un pedazo de furia intenso y fugaz. Luego con los años Vs. y el espíritu más sereno de No Code se fueron haciendo con un hueco un poco más grande dentro de mi corazoncito.
Por circunstancias de la vida he vuelto a cumplir los 19 y me ha dado por volver a escuchar grunge, a los viejos Red Hot, el Heavy Metal… Esto de tener sin comerlo ni beberlo 19 entre los 29 y los 30 es algo muy curioso, para mí ha sido todo un revulsivo, y cosas por las que pasé más superficialmente de lo que ahora me gustaría me están dando una segunda oportunidad. Entre ellas está Pearl Jam. Las canciones de Pearl Jam son para mí una mezcla de rabia juvenil, positivismo inconformista y un mirar a la cara de la realidad que vives con humildad y valentía. Para lo que ha sido mi vida lo que va de año, el recordatorio que alguna gente suele poner en la pared de su cuarto, o llevar dentro de sí, de lo que uno siente que quiere en lo más recóndito de su pecho y tripas y no debe dejar de perseguir aunque se parta el alma en el intento.
El caso es que mira qué suerte, en pleno 2006, gracias a unas buenas charlas con mi amigo Miguel que es el tipo más open minded y curioso del mundo mundial para esto de la música popular y un par de cosillas más que tienen que ver con la subcultura, Pearl Jam publica otra vez para mi mundo particular el Vitalogy y se meten en mi ritual de lo habitual a saco. Vaya disco señoras y señores, y aquí sí que voy a ejercer de crítico musical chusquero: el final de la etapa gloriosa de Peral Jam gracias a que el puto Eddie Vedder decide que Dave Abruzesse se tiene que largar, que en mi humilde opinión es quien con sus ritmos que suenan a fácil y una mala ostia que te cagas pegándole a la batería hace que Vs. y Vitalogy sean tan inmediatos. Lo que vino después casi cualquiera que alucine con ellos sabe que no llega ni a la suela del zapato a lo que hubo hasta el 94, pero cuando parecía que la edad los había podido, Miguel el cabrón los ve y me advierte de que algo inexplicable les pasa, y sacan otro disco que suena a declaración de principios porque vuelve a ser furioso.
Y yo el sábado pasado pude ver lo que les pasa. Cuando un concierto empieza con Go, la gente se vuelve loca y Eddie Vedder se deja la vida cantándola algo bueno va a suceder en las dos horas siguientes. Sólo con eso a mí ya me tuvieron en sus manos. Me da igual que Mike McReady fuese un témpano de hielo con ínfulas de rock star intentando acaparar protagonismo, Jeff Ament parecía un padre de vacaciones pero estuvo correcto, Matt Cameron se cascó un solo de batería muy chulo (y de agradecer, todo lo corto que puede ser un solo de batería para alguien como él), y Stone Gossard casi es el mismo de hace 15 años. No sé lo que le pasaría al resto de la gente, pero imagino que a muchos les sucedería lo que a mí, ver a Eddie Vedder sonreír y temblar, oírle cantar poniendo toda el alma, o soltar cosas como eso de “preciosa noche, preciosa luna, perfecto para música” que a mí tal como lo dijo me pareció el mejor de los presagios y me hizo sentir una comunión con todos los que estábamos allí (individuo sumamente hermético e impermeable que soy con desconocidos anónimos, más cuando se trata de eventos de masas) que no había experimentado en la vida, o el recuerdo para Joey Ramone y la versión de I Believe In Miracles, que para mí fue algo trascendente y me hizo creer que efectivamente los milagros pueden existir entre la gente, porque yo lo estaba sintiendo y se me cayeron las lágrimas cantándolo, o el Rockin’ In The Free World que siempre me ha gustado imaginar que presenciaba, o Black, o Rearviewmirror… Sólo puedo decir que muy pocas veces en mi vida he sentido tanta emoción, y que aunque yo no sea nadie puedo decir que la magia existe, y que la música tiene poder, y que gracias Eddie Vedder, por hacerme pasar dos horas inolvidables, ser joven sienta bien, eh capullo?
Hace unos meses que me encuentro revisitando el grunge, sobre todo los discos de Alice In Chains y Pearl Jam. Porque son parte de la música de lo que yo llamo mi juventud, y ahora me siento rabioso, destrozado, fuerte y vital, viviendo al día con los dientes bien prietos, como entonces, qué coño, más!
Casi todas las canciones de Alice In Chains son para mí expresiones de miseria abrasiva, desnuda y frágil, pero rotunda como un puñetazo en la cara, de puro incontestable. Y como el hecho es que a veces me encuentro muy a gusto paladeando ese tipo de decadencia nihilista y descarada, la pesadez de la música, y la ominosidad que imprimen Layne Staley y Jerry Cantrell cantando esas letras desesperadas me hacen temblar. Dirt, llegando al final, puede convertir un día para suicidarse en una experiencia mística. Facelift es un descenso a los abismos de la autodestrucción con premeditación y alevosía. Mi favorito es el último, que nunca llega a explotar salvo en God Am, porque muchas veces me siento desesperado a la vez que sereno. Los EPs son otra cosa, aunque el principio de Jar Of Flies duele, y ese dolor me hace sentir vivo, y Sap es más desquiciado, y como es corto casi no me da tiempo a entrar en resonancia con él (nota mental: a ver cómo sería escucharlo con una buena fumada). Supongo que lo que acabo de contar puede sonar a delirio de crítico musical de tercera, sobre todo para quien estos discos no signifiquen mucho, pero para mí y para mucha otra gente son más grandes que la vida, así que siento un placer inmenso al pensar en un “a tomar por culo, gilipollas” dedicado a todos aquellos a los que les suene estúpido todo esto.
Hace poco pude verlos por fin, o más bien a lo que queda de ellos, porque a pesar del subidón de escuchar Man In A Box, Rooster, Would?, No Excuses, Down In A Hole y tantas otras maravillas, del placer que supuso ver a unos orgullosos y agradecidos Jerry Cantrell y Sean Kinney, a un sonriente Mike Inez disfrutar, y de ver que para nada son una sombra de sí mismos gracias al papelón que salva más que dignamente el tipo que llevan como cantante, lo cierto es que Layne es insustituible y esos AIC no son capaces de transmitir tanta buena mierda.
Pearl Jam son otra cosa. Tardé mucho en engancharme bien a ellos, porque son más positivos y porque soy un poco idiota y tiendo a juzgar las actitudes aún cuando considero que lo único que importa es lo que se hace, en este caso lo que se oye y lo que me puede hacer por dentro si le doy oportunidad. Para cuando me tomé un respiro de la música 90’s lo único que puedo decir sobre Pearl Jam es que me gustaban muchísimo el Ten y el Vs. y que me refería a Eddie Vedder como “el figurón” por su actuación en el unplugged y su pose de rechazador público de discos de oro. El Vitalogy lo despreciaba porque no lo tenía casi escuchado, y para mí sólo era Spin The Black Circle, al que no veía la gracia (sí joder, soy un poco idiota, y antes más), e insulseces de un minuto (o de diez) que siguen sin decirme nada. De No Code jamás me he cansado de escuchar Lukin al once, y me gustaba bastante la calma que respira una parte del resto… así que Pearl Jam no consiguieron dejar de importarme bastante poco, y sólo quedaron dos entes monumentales pero desconectados de cualquier autoría y un pedazo de furia intenso y fugaz. Luego con los años Vs. y el espíritu más sereno de No Code se fueron haciendo con un hueco un poco más grande dentro de mi corazoncito.
Por circunstancias de la vida he vuelto a cumplir los 19 y me ha dado por volver a escuchar grunge, a los viejos Red Hot, el Heavy Metal… Esto de tener sin comerlo ni beberlo 19 entre los 29 y los 30 es algo muy curioso, para mí ha sido todo un revulsivo, y cosas por las que pasé más superficialmente de lo que ahora me gustaría me están dando una segunda oportunidad. Entre ellas está Pearl Jam. Las canciones de Pearl Jam son para mí una mezcla de rabia juvenil, positivismo inconformista y un mirar a la cara de la realidad que vives con humildad y valentía. Para lo que ha sido mi vida lo que va de año, el recordatorio que alguna gente suele poner en la pared de su cuarto, o llevar dentro de sí, de lo que uno siente que quiere en lo más recóndito de su pecho y tripas y no debe dejar de perseguir aunque se parta el alma en el intento.
El caso es que mira qué suerte, en pleno 2006, gracias a unas buenas charlas con mi amigo Miguel que es el tipo más open minded y curioso del mundo mundial para esto de la música popular y un par de cosillas más que tienen que ver con la subcultura, Pearl Jam publica otra vez para mi mundo particular el Vitalogy y se meten en mi ritual de lo habitual a saco. Vaya disco señoras y señores, y aquí sí que voy a ejercer de crítico musical chusquero: el final de la etapa gloriosa de Peral Jam gracias a que el puto Eddie Vedder decide que Dave Abruzesse se tiene que largar, que en mi humilde opinión es quien con sus ritmos que suenan a fácil y una mala ostia que te cagas pegándole a la batería hace que Vs. y Vitalogy sean tan inmediatos. Lo que vino después casi cualquiera que alucine con ellos sabe que no llega ni a la suela del zapato a lo que hubo hasta el 94, pero cuando parecía que la edad los había podido, Miguel el cabrón los ve y me advierte de que algo inexplicable les pasa, y sacan otro disco que suena a declaración de principios porque vuelve a ser furioso.
Y yo el sábado pasado pude ver lo que les pasa. Cuando un concierto empieza con Go, la gente se vuelve loca y Eddie Vedder se deja la vida cantándola algo bueno va a suceder en las dos horas siguientes. Sólo con eso a mí ya me tuvieron en sus manos. Me da igual que Mike McReady fuese un témpano de hielo con ínfulas de rock star intentando acaparar protagonismo, Jeff Ament parecía un padre de vacaciones pero estuvo correcto, Matt Cameron se cascó un solo de batería muy chulo (y de agradecer, todo lo corto que puede ser un solo de batería para alguien como él), y Stone Gossard casi es el mismo de hace 15 años. No sé lo que le pasaría al resto de la gente, pero imagino que a muchos les sucedería lo que a mí, ver a Eddie Vedder sonreír y temblar, oírle cantar poniendo toda el alma, o soltar cosas como eso de “preciosa noche, preciosa luna, perfecto para música” que a mí tal como lo dijo me pareció el mejor de los presagios y me hizo sentir una comunión con todos los que estábamos allí (individuo sumamente hermético e impermeable que soy con desconocidos anónimos, más cuando se trata de eventos de masas) que no había experimentado en la vida, o el recuerdo para Joey Ramone y la versión de I Believe In Miracles, que para mí fue algo trascendente y me hizo creer que efectivamente los milagros pueden existir entre la gente, porque yo lo estaba sintiendo y se me cayeron las lágrimas cantándolo, o el Rockin’ In The Free World que siempre me ha gustado imaginar que presenciaba, o Black, o Rearviewmirror… Sólo puedo decir que muy pocas veces en mi vida he sentido tanta emoción, y que aunque yo no sea nadie puedo decir que la magia existe, y que la música tiene poder, y que gracias Eddie Vedder, por hacerme pasar dos horas inolvidables, ser joven sienta bien, eh capullo?
Natalio
Me he quedado solo en el trabajo porque todo cristo se ha ido a comer... so it's touching balls time. Hoy me he acordado de Natalio. De lo grande que era este muchacho de nombre ridículo, antisocial a la manera que a mí me gusta (sólo despreciaba a aquellos que no eran capaces de sentir nada no comunmente admitido como serio con la misma intensidad que él era capaz de disfrutar de una cerveza, un disco de los "Meiden" o un polvo alegre), saco de chascarrillos pueblerinos y máximas entre desternillantes y sentidas ("ya he jodido, ya he visto a los "Meiden", ya me puedo morir a gusto") que en él resultaban tan naturales como un perro holgando al sol, guarro irreparable, que sin embargo -y ahí radicaba el principal de sus múltiples encantos- sabía vivir la vida sin pesares ni tormentos, siempre sonriente o cabreado, radiante pero nunca triste.
Nuestro amigo el chino y yo andábamos siempre haciéndonos unas pajas mentales terribles a vueltas con la literatura, la forma y el fondo, todo eso... y él, que no entendía un pimiento de nuestras preocupaciones despachaba el asunto con un "eso es to política, ostia..." y una sonrisa como no he visto en mi vida. Pero el tío debía tener envidia, o como mínimo curiosidad, así que un buen día, después de escuchar el Powerslave por enésima vez no se le ocurrió otra cosa que probar con una antología de premios nóvel, empezando por Hermann Hesse, supongo que porque yo por aquellos tiempos tenía al perdedor romántico con vocación de llorica bastante endiosado y no me cansaba de hablar de él. No pudo con ello: "se me pela el bolo", y sonrisa como para iluminar mil mundos.
La verdad es que nunca hablamos mucho, aunque fuimos compañeros de prácticas, piradas y cervezas en muchas ocasiones. Nunca conseguí acercarme a su interior de la manera que a mí me hubiese gustado, íntima y sofisticadamente. Quizá porque no había nada sofisticado ni demasiado íntimo digno de compartir allí dentro para un pajero mental como yo, quizá porque me falta aquella luz que él tenía, o la opacaba con mis sombras. El caso es que me gusta pensar que de alguna manera existía química entre nosotros, y qué coño, yo me encontraba la mar de a gusto estando símplemente a su lado con unas latas de cerveza y unas patatas fritas, y creo que él también.
Hace unos años, cuando vine a Madrid, hacía ya un par de años que no nos veíamos (yo estaba ennoviado de mala manera y él estudiaba las últimas asignaturas en su pueblo, para no hacer gasto). Me enteré de que él ya estaba por aquí ganándose buenamente la vida. Hicimos una fiesta en el piso y le avisé, porque tenía unas ganas terribles de volver a verle... a ver cómo sería. Para mí fue una gran desilusión comprobar que esa química había desaparecido, yo estaba completa e inconscientemente absorbido por el nuevo trabajo y las preocupaciones de una relación que empezaba a ser insana, y él... supongo que la responsabilidad de ganarse la vida le había cambiado, y vete a saber qué más. Ni siquiera hemos vuelto a hablar después de aquello.
Natalio fue uno de mis ídolos, y sigo teniendo un cariño enorme no sé si a él o a lo que yo fui capaz de recibir de él los años que fuimos amigos. Aprendí a tomarme esas cosas tan "serias" menos en serio gracias a él, o al menos que se puede hacer y que el resultado es espectacular; aprendí a disfrutar más de las cosas sencillas y de todo en general gracias a él. En fin, por pura observación y simpatía aprendí una manera de vivir mejor, a la que años y años de diálogo interior y angustia existencial nunca me acercaron tanto. No sé qué sacó en claro él de mí, a lo mejor no tenía necesidad de mí para nada, si no fuera para matar el tiempo entre risas, heavy metal, partidas de Magik en el ordenador, cervezas baratas y alegría.
Nuestro amigo el chino y yo andábamos siempre haciéndonos unas pajas mentales terribles a vueltas con la literatura, la forma y el fondo, todo eso... y él, que no entendía un pimiento de nuestras preocupaciones despachaba el asunto con un "eso es to política, ostia..." y una sonrisa como no he visto en mi vida. Pero el tío debía tener envidia, o como mínimo curiosidad, así que un buen día, después de escuchar el Powerslave por enésima vez no se le ocurrió otra cosa que probar con una antología de premios nóvel, empezando por Hermann Hesse, supongo que porque yo por aquellos tiempos tenía al perdedor romántico con vocación de llorica bastante endiosado y no me cansaba de hablar de él. No pudo con ello: "se me pela el bolo", y sonrisa como para iluminar mil mundos.
La verdad es que nunca hablamos mucho, aunque fuimos compañeros de prácticas, piradas y cervezas en muchas ocasiones. Nunca conseguí acercarme a su interior de la manera que a mí me hubiese gustado, íntima y sofisticadamente. Quizá porque no había nada sofisticado ni demasiado íntimo digno de compartir allí dentro para un pajero mental como yo, quizá porque me falta aquella luz que él tenía, o la opacaba con mis sombras. El caso es que me gusta pensar que de alguna manera existía química entre nosotros, y qué coño, yo me encontraba la mar de a gusto estando símplemente a su lado con unas latas de cerveza y unas patatas fritas, y creo que él también.
Hace unos años, cuando vine a Madrid, hacía ya un par de años que no nos veíamos (yo estaba ennoviado de mala manera y él estudiaba las últimas asignaturas en su pueblo, para no hacer gasto). Me enteré de que él ya estaba por aquí ganándose buenamente la vida. Hicimos una fiesta en el piso y le avisé, porque tenía unas ganas terribles de volver a verle... a ver cómo sería. Para mí fue una gran desilusión comprobar que esa química había desaparecido, yo estaba completa e inconscientemente absorbido por el nuevo trabajo y las preocupaciones de una relación que empezaba a ser insana, y él... supongo que la responsabilidad de ganarse la vida le había cambiado, y vete a saber qué más. Ni siquiera hemos vuelto a hablar después de aquello.
Natalio fue uno de mis ídolos, y sigo teniendo un cariño enorme no sé si a él o a lo que yo fui capaz de recibir de él los años que fuimos amigos. Aprendí a tomarme esas cosas tan "serias" menos en serio gracias a él, o al menos que se puede hacer y que el resultado es espectacular; aprendí a disfrutar más de las cosas sencillas y de todo en general gracias a él. En fin, por pura observación y simpatía aprendí una manera de vivir mejor, a la que años y años de diálogo interior y angustia existencial nunca me acercaron tanto. No sé qué sacó en claro él de mí, a lo mejor no tenía necesidad de mí para nada, si no fuera para matar el tiempo entre risas, heavy metal, partidas de Magik en el ordenador, cervezas baratas y alegría.





