Siempre me han gustado los
misterios. Nunca he sido defensor de las versiones oficiales. Llámenme desconfiado. Llámenme pirado.
He estado investigando un caso realmente sorprendente que pronto voy a compartir con todos los que tengan a bien escucharme. De hecho, si están leyendo esto es que yo ya no estoy aquí para contarlo.
No pretendo convencer a nadie sobre la veracidad o no de lo que les revelaré en los próximos días. Sólo aportaré todo lo que yo sé con el objetivo de que cualquiera de ustedes pueda ayudarme a aclarar el verdadero secreto que responderá al gran enigma de la existencia humana. Religiones y sectas aparte (no me relacionen con ninguna porque no creo en los iluminados).
De momento les avanzaré cómo empezó todo:
Me encontraba en Oslo (Noruega) realizando un estudio del famoso cuadro
“El grito” de Eduard Munch justo aquella semana del 22 de agosto de 2004 cuando fue robado.
La casualidad quiso que yo no acudiera aquel día al museo debido a una repentina indisposición. Llevaba dos semanas en la capital noruega analizando el cuadro para tratar de descubrir qué se escondía tras la psicología del extraño ser que grita representado en la pintura. No les extrañe. No es que me haya vuelto loco. Estaba escribiendo un trabajo sobre las emociones humanas: su origen, sus efectos, sus condicionantes y su evolución en la historia (y aquí también entra su representación artística). El grito de Munch es una obra maestra, apasionante, desconcertante a su vez, tanto o incluso más que la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci.
No cabe decir que fui uno de los primeros interrogados por la policía. Un norteamericano que había pasado días enteros sentado junto al cuadro tomando notas y sin moverse casi hasta la hora en que se cierra el museo, sin dedicar ni un segundo al resto de obras, no era algo que se pudiera considerar muy normal. Reconozco que el hecho de faltar a la cita justo el día del robo me colocaba entre los principales sospechosos.
Como no encontraron pruebas contra mi no pudieron retenerme, y puesto que el asunto pintaba mal en el país decidí volver a Bélgica, donde vivo ahora, para no encontrarme en medio de todo el revuelo. Como supondrán no me permitieron abandonar el país tan fácilmente. Reconozco también que fue un error mostrarme tan ansioso por regresar a mi casa: es justo la actitud de un culpable. Pero no lo soy. Facilité todos mis datos. La embajada me echó un cable y tras la lógica burocracia me permitieron tomar el avión que me devolvería a mi casa.
Una semana más tarde llegó a mi despacho un paquete con un cd-rom. El sobre venía sin remitente (sólo con un matasellos de España). La superficie del disco tenía una reproducción del cuadro que tanto tiempo había analizado. Precavido que es uno, tomé el disco y lo inserté en un viejo pc que tengo en casa para evitar que algún virus me infectara mi portátil y perdiera todo el trabajo que ya tenía avanzado.
Mi sorpresa fue mayúscula: el
disco contenía el acceso a una página web secreta de una especie de laboratorio de alto secreto que ha averiguado algo que puede remover los pilares de la humanidad. No puedo decir más aún, pero pronto presentaré el resto de la información que he reunido.