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El rollo malo de la igualdad de género:
En este tercer mensaje quería dar las gracias a todos los que han dejado algún comentario en mi blog. Me ha sorprendido mucho que en el que es casi mi primer post me haya leído tanta gente y me hayan dejado sus mensajes. Aunque no lo creáis me habéis ayudado a no sentirme tan sola y tan “bicho raro”. Como decía una amiga mía “mal de muchos, consuelo de tontos… pero consuela”. Vamos, que uno piensa, “bueno, si no soy el único sobre la faz de la tierra que se siente así, es que no soy tan rara y además esto tiene solución".

Bueno, a lo que vamos. La semana pasada empecé a leerme un libro de una escritora que me gusta mucho. El libro trata sobre “el amor”, pero principalmente de sobre como no sufrir por amor. Este libro abarca varios temas que, desde mi punto de vista, son de total actualidad; me refiero al conflicto las relaciones de pareja y la velocidad (o no) a la que la sociedad actualmente está cambiando. Me explico. A las mujeres de mi generación nos han vendido la moto de que somos mujeres independientes, que vivimos en una sociedad en la que no se nos discrimina por ser mujeres, hay igualdad, ya no hay sumisión de la mujer, blablablabla. Sin embargo, desde mi punto de vista la cosa no ha cambiado tanto. Pienso que seguimos sufriendo mucho las consecuencias de la desigualdad. Pongo ejemplos, porque estoy segura que ahora habrá muchos (sobre todo hombres) pensando “¿pero qué dice esta mujer?”.

Primer ejemplo: Si una mujer a la edad de 30 años no se ha casado o no tiene pareja estable es que es una solterona, una amargada, etc. Sin embargo, un hombre con 30, 35, 38 que no se haya casado o que no tenga pareja es porque es un “play boy”. ¡Ese si que sabe! Dicen los amigotes. Sin embargo, una mujer en las mismas circunstancias, o es un putón verbenero (si se le conocen relaciones pasajeras) o es una solterona amargada (si no se le conocen relaciones pasajeras). Segundo ejemplo: estoy cansada de oír como mis amigas que tienen hijos se quejan de que sus maridos no hacen nada en casa. Ellas trabajan igual que ellos, pero cuando llegan a casa, la mujer sigue trabajando, y el marido se pone a ver la tele. Y en este punto aprovecho para decir que creo que muchas veces las mujeres somos las que tenemos la culpa del comportamiento machista de muchos hombres. El otro día en el trabajo oi HORRORIZADA como una compañera de trabajo nos decía que no dejaba que su marido le cambiara los pañales a su hija (un bebe de 9 meses) porque no se fiaba de que lo hiciese bien. A ver, señores, ¿es que para poner un pañal hay que ser un ingeniero de la NASA o algo así? Me dieron ganas de decirle a esta chica, y si no te fías de tu marido para ponerle un pañal a tu hija, ¿como es que todavía estás con él? Porque si no te fías para una cosa tan fácil, no me quiero imaginar para cosas que conllevan más confianza, como por ejemplo pagar una hipoteca entre dos. Esta será de las que luego se queje de que el marido no la ayudó a cuidar a su hija. Y es que, amigas mias, algunas mujeres siguen pensando que solo se mantiene al hombre amado a su lado si le tratan como si fuese un niño malcriado, dándole todos los gustos y no exigiéndole nada a cambio. También tengo una amiga que siempre dice que su casa la limpia ella sola porque el novio es muy lento y que ella no puede ver las cosas sin recoger. “Es que yo soy muy ordenada y limpia y me pone nerviosa que las cosas no estén recogidas”. Entonces, según lo que me ha contado, como ella llega de trabajar dos horas más tarde que ella, la chavala no puede esperar ni siquiera un día para que el otro haga algo de las tareas de la casa, aunque solo sea poner la lavadora. En unos años estará quejándose de que es una esclava, de que todo lo hace ella, bla bla bla bla… Luego hay otros comportamientos machistas de los que no tenemos responsabilidad directa las mujeres, que también reafirman mi teoría de que la igualdad no existe ni existirá nunca. A ver, tema “baja por maternidad”. Pongámonos en el lugar de una mujer trabajadora que decide tener un hijo. La baja de maternidad en España es de 4 meses. ¿Creéis que a los 4 meses un bebe puede estar durante 9 horas en una guardería sin su madre? A mi desde luego me parece una salvajada. Me estoy poniendo en el caso de mujeres que no tengan a otra persona que les cuide a los niños (abuelos, hermanos/as, primos/as, etc.) Un bebe de 4 meses todavía es muy pequeño para tener que estar tantas horas con personas extrañas. En algunos trabajos se permite a las mujeres coger varios meses de excedencia NO REMUNERADA para que no dejen a sus niños solos en guarderías tan pequeñitos, pero en la mayoría de los trabajos no se permite coger excedencias por esa razón, enfrentándose la que quiera hacerlo a ser despedida de su trabajo. Otra vez recurro a mi experiencia personal para probar mis argumentos. El primer trabajo que yo tuve fue porque la chica que estaba antes en ese puesto se quedó embarazada y no quería dejar a su hijo con 4 meses en una guardería. No la dejaban coger excedencia, así que decidió dejar de trabajar durante por lo menos un año para cuidar a su hijo y después ya vería lo que hacía. Además de eso, el padre del bebe no tenía trabajo y no quería hacerse cargo del niño. El de esta chica es uno de los casos más claros de “no igualdad” de la mujer que he visto en mi vida. Esta chica y yo estuvimos varios meses trabajando juntas en el mismo puesto para que ella me enseñara todo lo que había que hacer. Ella se había comprometido a estar allí hasta un determinado mes, pero el embarazo se la complicó y la médico le dijo varias veces que no podía seguir trabajando. Pues bien, no os imagináis la que se organizó cuando le dijo al jefe que se tenía que coger una baja!. El problema que se planteaba era totalmente absurdo, ya que yo llevaba ya varios meses allí y sabía lo que tenía que hacer perfectamente. La presencia de aquella chica allí ya era totalmente innecesaria. Además ellos no lo disimulaban, pues los últimos meses ya estaba yo en su puesto y a ella la tenían de “chica de las fotocopias y los recados”. La chica, viendo la que se le vino encima, les dijo que intentaría aguantar un mes más, pero al final tuvo que irse antes porque estaba yendo a trabajar en unas condiciones muy malas. Tenía los pies hinchados de la retención de líquidos tan grande que tenía. Tuvo problemas de azúcar, durante el embarazo el novio la dejó, no acudía con ella al ginecólogo, ni a las clases preparto. Mientras todo esto pasaba, mi jefe me llamó a mi varias veces al despacho para decirme que si yo me qeudaba sin vacaciones era por culpa de que esta chica no cumplía lo que había prometido, que le dijera a ella que tenía mucha cara. Por supuesto, yo me negué y les dije que si yo estuviera en el lugar de ella ya me habría ido. Por supuesto, mi actitud de apoyarla a ella no les gustó nada, pero es que yo alucinaba con lo que me decían. No era necesario que yo me quedase sin vacaciones, puesto que en ese momento había dos personas en prácticas que durante dos semanas podían hacer el trabajo que yo hacía, pero el caso era fastidiar a la embarazada. Primero, por quedarse embarazada y segundo por quererse ir antes de lo que había dicho. ¿Esta gente no se daba cuenta de que esta chica no podía saber con antelación todos los problemas que tendría durante el embarazo, incluidos los problemas personales, que, por supuesto, les importaban un carajo? Esto es un caso típico de “igualdad” en el trabajo. Otro ejemplo: en el trabajo en el que estoy ahora, que, por supuesto, no es del que he hablado anteriormente, hemos comprobado estadísticamente que hay más porcentaje de empleadas fijas entre las que NO han tenido hijos que entre las que si los tienen. O sea, que si te quedas embarazada, retrasan el hacerte fija, pero si ven que llevas 3 o 4 años con ellos y no te has embarazado, te hacen fija antes. Independientemente de si eres mejor o peor en tu trabajo, porque hay cada cáncamo que está fija…

Conclusión que saco yo de esto de la igualdad de género. A las mujeres nos han vendido la moto, nos han tendido una trampa y hemos caído en ella. Antes éramos amas de casa. Ahora somos mujeres trabajadoras + amas de casa. Pero el día sigue teniendo 24 horas como cuando nuestras madres eran jóvenes y cuidaban de nosotros con tanta paciencia, dedicación y entrega.

Bueno, pues ahí queda eso. Creo que este tema tiene para mucho comentario. Espero a partir de ahora actualizar mi blog con más regularidad. Como ya leisteis en el artículo anterior, no lo he pasado muy bien últimamente y me cuesta mucho sentarme y concentrarme en escribir. Aunque la verdad es que me relaja mucho escribir lo que me pasa por la cabeza. Me sirve para aclarar las ideas y desahogarme. También me han ayudado mucho vuestros comentarios, algunos con muy sabios consejos. Muchas gracias a todos, espero seguir viendo vuestros comentarios en todos mis artículos.

Mil besos,

Ainhoa
 
A mi que me lo expliquen...
Hace unas semanas abrí este blog sin tener mucha idea de lo que iba a escribir en él. Hice varios borradores de los primeros post, pero ninguno me llegaba a gustar del todo y al final no los he publicado. Después de meditarlo durante varias semanas, creo que lo que puedo hacer es escribir simplemente sobre mi, mis experiencias, mis dudas existenciales (que son muchas), etc. Vamos, un blog diario.
Hace unos dos años estuve en terapia con una psicóloga debido, en principio, a una ruptura sentimental que resultó bastante dura de soportar para mí. Después de casi dos años de terapia con la psicóloga, conseguí superarlo, o por lo menos eso pensaba yo, pero con el paso del tiempo he descubierto que mi vida parece discurrir como en un círculo cerrado, al final acabo llegando siempre al mismo punto en el que me encontraba.
Si, este año otra vez me volvió a pasar lo mismo, y además con la misma persona. Si, le di una segunda oportunidad, después de muchísimos años sin vernos ni hablarlos. Le había retirado hasta el saludo por la calle.
No me centraré en el tema de la ruptura, porque ahora, y viendo las cosas con más perspectiva, creo que ese no fue el problema principal que me hico caer en aquella depresión. Aquella situación simplemente fue la chispa que hizo que todo saltara por los aires, pero no fue ni mucho menos la causa fundamental que me llevó a aquella situación. Con el paso del tiempo he llegado a darme cuenta de que lo único que me ocurrió es que, después de esa ruptura; mis inseguridades, miedos y mis complejos se hicieron más evidentes a mi vista. Tuve la misma sensación que si me hubiese quedar desnuda y desamparada en medio del polo; sin comida ni ayuda de nadie. En realidad si tuve ayuda y mucha gente a mi alrededor, pero todo me parecía inútil. Me sentía totalmente sola y aislada en medio de la multitud.
Esta segunda vez me he tomado las cosas con más calma y he intentado no caer en la tremenda depresión que caí la primera vez. ¿Qué si lo he conseguido? Pues más o menos. Me explico mejor. Esta vez la cosa ha sido distinta porque he visto claramente que el problema no era la ruptura, sino mi inseguridad y mis complejos. Yo soy una persona tímida a la que le cuesta mucho introducirme en un grupo social. Las circunstancias de la vida hicieron que pasara casi toda mi adolescencia en soledad, no tenía muchas amigas, de hecho recuerdo exactamente 4, y no todas a la vez, sino de una en una. Nunca estaba integrada del todo en ningún grupo de la clase. Cuando fui al instituto la cosa no cambió, me refugiaba siempre en mi amiga (solo una) y no salía de ahí. No hacía un gran esfuerzo por hacer nueva gente y las pocas veces que lo intenté, el resultado no fue el esperado. Cada vez que intentaba ser aceptada y no lo conseguía, volvía a refugiarme en mi única amiga y en mi soledad. Pensaba “por lo menos estando sola nadie puede hacerme daño. Al fin y al cabo tengo una amiga, ¿para qué quiero más?”. El problema es que con el tiempo esa amiga acabó haciendo su vida y, por supuesto, yo ya no entraba en sus planes. Así pasó con todas.
Últimamente he conseguido vencer bastante mi timidez. Digamos que logro disimularla bastante bien. Sin embargo, sigo siendo una persona bastante solitaria. Los problemas para integrarme en grupos han hecho que se agudice mi dependencia emocional hacia las personas que me demuestran afecto. Me explico mejor. Debido a mis problemas de adaptación pasados he desarrollado un mecanismo de defensa de esta inadaptación. Mi mecanismo de defensa es el aislamiento. Ese aislamiento tiene como consecuencia la soledad. Pero a mí en realidad no me gusta estar sola, por lo menos no me gusta estar sola siempre, por esa razón, cuando encuentro a alguien que me demuestra afecto, me agarro a esa persona como un clavo ardiendo. Sufro una terrible dependencia emocional de esa persona y cuando esta persona se aburre, se cansa, se ve abrumada, o sea lo que sea lo que pase (todavía no lo tengo muy claro) y decide terminar la relación de amistad o sentimental conmigo, otra vez vuelvo a sentir la soledad que padecía antes y me vengo otra vez abajo.
El caso es que ahora me encuentro en un punto muerto. No tengo pareja, ni amigas a las que vea a diario. Tengo amigas, pero todas tienen pareja y las veo como mucho una vez cada dos semanas.
Quiero cambiar, no quiero volver otra vez a caer en lo mismo. Quiero estar feliz conmigo misma, sentirme una persona completa yo sola, si tener que refugiarme en nadie nunca más, pero no sé como hacerlo. Espero vuestros comentarios para buscar una solución.

Saludos a todos,


Ainhoa
 
Empezando una dificil tarea
Los comienzos siempre son difíciles... no sé que poner, pero seguro que en cuanto me ponga, empiezan a surgir cosas interesantes. Solo tengo que tomar aire, contar hasta tres y empezar a escribir como una posesa. Me gusta la exprexión "como una posesa".