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El triste blog de un alma en pena penita pena...
Una página de un libro que hace tiempo que cerré.
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Me gustas cuando callas Porque estás como ausente Y me oyes desde lejos Y mi voz no te toca... Neruda
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¡¡¡ Y a mí también me gusta el curry !!!

Como dijo aquel...
El que quiera entender, que entienda.





 
Un día
Se levanta, como cada mañana a las 7:17; previa y escrupulosamente como cada noche ha comprobado (puede incluso que más de una vez) la hora de la alarma en su teléfono móvil.

Dependiendo del día de la semana y de si tiene o no previsto afeitarse, holgazanea un poquito entre las sábanas y se da de margen 9 gozosos y adicionales minutos.

Y, cuando finalmente decide poner fin a su aventura en brazos del lisonjero Morfeo encamina sus pasos hacia la cocina pensando ya en el desayuno.

Después se asea meticulosamente, recordando con nostalgia aquel tiempo en que prefería ducharse por la mañana justo antes de salir de casa y cómo un día decidió cambiar aquella costumbre sólo por poder arañarle algo más de tiempo al tacaño despertador.

Sale de casa y encamina sus pasos hacia la parada del bus que ha de llevarle hasta el trabajo y, durante ese trayecto, fantasea, imagina, se regala a si mismo cientos de hipotéticas situaciones en la que se autoubica con muchas de las personas con que se cruza y quizá incluso interactúa.

Si puede, se sienta en el bus, y, más antes que después, vuelve irremediablemente a quedarse dormido sin, paradójicamente, jamás haberse pasado de su parada de destino.

Dedica sus contractuales 8 horas a una, a veces más y a veces menos, apasionante (por calificarla de alguna manera) jornada laboral pensando en el momento en que su vida vuelve ser suya y sólo suya allá por las 18 horas.

En el bus de vuelta, reflexiona una y otra vez sobre cúan a menudo le invade la nostalgia de lo que pudo ser y no fue o de lo que no tiene la certeza de si alguna vez será.

Fantasea con amores imposibles, con pasiones arrebatadoras que añora e idolatra con vehemencia; y, en ese proceso se auto-zahiere una y otra vez sin piedad alguna.

Llega a su destino y se dirige cuasi ansioso a casa, pensando con urgencia en coger la bolsa del gimnasio; ese reducto privado donde castiga su cuerpo en su propio beneficio y hace vida social a la vez.

Allí gastará (acaso malgastará?) entre 2 y 3 horas de su vida, para volver entre exhausto y moribundo a casa.
Cenará algo ligero y se entregará de nuevo al placer de la autoevasión de los sueños.

Y mañana... repetirá de nuevo; una y otra vez... hasta alcanzar la locura o la misma extenuación; la que quiera que de las dos llegue antes.