No puedo...
Y tuve un sueño.
Y vi, de nuevo, un atardecer de lunas rojas.
Y sentí, una vez más sobre mi pecho, la nostalgia de un pasado que ni tuve ni deseo.
Y no dejo de sentirme solo, tan solo...
"Crucificado por un pecado que no sé si apenas cometí", como reza la canción.
Mi mente divaga, a la deriva de una marea de pensamietnos, sesaciones y recuerdos que se arremolinan y aturullan; mezclando impunemente la realidad con la ficción.
Y me dejo ir.
Demasiado cansado, mentalmente denostado: he perdido el valor.
"Tengo miseria de no tener", decía aquella otra composición musico-vocal...
Demasiado cobarde como para (re)tomar las riendas de mi propia vida, y demasiado tonto como para ceder a la tentación de soltarlas del todo: "así estoy yo... así estoy yo... así estoy yo... sin ti...", que decía otro compositor.
"Enganchado a ti", decía aquel otro... y qué buenos todos ellos!
Aún sin saber quién eres, aún sin saber dónde estás, aún sin saber si existes... me dueles.
Dice otra: "no tengo trono, ni reina; ni 'naire' que me comprenda... pero sigo siendo el rey...".
Y, "en momentos así", yo tengo mis muy serias dudas.
Y cuando el sol se puso, y las lunas rojas nos cubrieron con su sanguinolento manto, desperté del sueño.
Y vi que todo era bueno, y me alegré.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día enésimo.
Cuchando. Madera; de Antonio de Pinto.
Y vi, de nuevo, un atardecer de lunas rojas.
Y sentí, una vez más sobre mi pecho, la nostalgia de un pasado que ni tuve ni deseo.
Y no dejo de sentirme solo, tan solo...
"Crucificado por un pecado que no sé si apenas cometí", como reza la canción.
Mi mente divaga, a la deriva de una marea de pensamietnos, sesaciones y recuerdos que se arremolinan y aturullan; mezclando impunemente la realidad con la ficción.
Y me dejo ir.
Demasiado cansado, mentalmente denostado: he perdido el valor.
"Tengo miseria de no tener", decía aquella otra composición musico-vocal...
Demasiado cobarde como para (re)tomar las riendas de mi propia vida, y demasiado tonto como para ceder a la tentación de soltarlas del todo: "así estoy yo... así estoy yo... así estoy yo... sin ti...", que decía otro compositor.
"Enganchado a ti", decía aquel otro... y qué buenos todos ellos!
Aún sin saber quién eres, aún sin saber dónde estás, aún sin saber si existes... me dueles.
Dice otra: "no tengo trono, ni reina; ni 'naire' que me comprenda... pero sigo siendo el rey...".
Y, "en momentos así", yo tengo mis muy serias dudas.
Y cuando el sol se puso, y las lunas rojas nos cubrieron con su sanguinolento manto, desperté del sueño.
Y vi que todo era bueno, y me alegré.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día enésimo.
Cuchando. Madera; de Antonio de Pinto.
Comentario:
Yo también te kiero.......





