Tus ojos
Para cerrar una semana bastante poética (la que viene prometo prosa y reflexiones), cuelgo este canto a una mirada que tal vez aún no sepa que existo.
Hoy he comprobado que mi página se ha colado entre las diez más visitadas de blogs.ya.com, lo que me lleva a una observación: dado el varipopinto cariz de ese dudoso "ranking", en el que hay de todo, como en botica, casi me sorprende la presencia de mi blog. En general la poesía es cosa de minorías. Reparo también en que el número de comentarios no es muy alto, si es que de veras tantas personas me leen. Pero eso tal vez se deba a que un poema, o las cosas que yo suelo colgar aquí, no dan para demasiados debates. La verdad, las matemáticas no tienen nada que ver con el impulso que me llevó a crear este espacio. Lo que de veras valoro es la calidad, no la cantidad. Y las personas que suelen dejarme alguna impresión al hilo de mis letras, me llegan. Eso es lo que cuenta. Y si eres un lector tímido, y simplemente lees, y rumias, y sientes, y callas, ojalá que disfrutes, aunque sólo sea un poquito. Con eso ya puedo sonreir. Así que GRACIAS. Feliz fin de semana a todo el mundo.
....................
Dos tibios lagos en el ocaso
contemplados por el caminante
exhausto tras salvar valles y collados
dos masas de agua espesa convertidas en espejo
puras en su esencia
reflejando la distante belleza
de un sol moribundo y desangrado
en su último estertor
dos lagos que llenan de paz el alma del viajero
que en sus orillas más claras
reflejan la senda marcada en el rostro del viajero
y al tiempo le dejan contemplar el lecho
suave y mullido de sus fondos
hechizando al nómada
que desnudo se sumerge en ellos
inocente deja que le envuelvan
laven sus miserias
y hagan renacer al niño audaz y noble que alberga
Hoy he comprobado que mi página se ha colado entre las diez más visitadas de blogs.ya.com, lo que me lleva a una observación: dado el varipopinto cariz de ese dudoso "ranking", en el que hay de todo, como en botica, casi me sorprende la presencia de mi blog. En general la poesía es cosa de minorías. Reparo también en que el número de comentarios no es muy alto, si es que de veras tantas personas me leen. Pero eso tal vez se deba a que un poema, o las cosas que yo suelo colgar aquí, no dan para demasiados debates. La verdad, las matemáticas no tienen nada que ver con el impulso que me llevó a crear este espacio. Lo que de veras valoro es la calidad, no la cantidad. Y las personas que suelen dejarme alguna impresión al hilo de mis letras, me llegan. Eso es lo que cuenta. Y si eres un lector tímido, y simplemente lees, y rumias, y sientes, y callas, ojalá que disfrutes, aunque sólo sea un poquito. Con eso ya puedo sonreir. Así que GRACIAS. Feliz fin de semana a todo el mundo.
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Tus ojos
Dos tibios lagos en el ocaso
contemplados por el caminante
exhausto tras salvar valles y collados
dos masas de agua espesa convertidas en espejo
puras en su esencia
reflejando la distante belleza
de un sol moribundo y desangrado
en su último estertor
dos lagos que llenan de paz el alma del viajero
que en sus orillas más claras
reflejan la senda marcada en el rostro del viajero
y al tiempo le dejan contemplar el lecho
suave y mullido de sus fondos
hechizando al nómada
que desnudo se sumerge en ellos
inocente deja que le envuelvan
laven sus miserias
y hagan renacer al niño audaz y noble que alberga
Nunca.
(escrito en un banco del Paseo de Recoletos, una tarde soleada sobre Madrid y nublada bajo mis huecos)
Me doy cuenta ahora de lo que supe siempre
ahora que el tiempo pasa otra página
tras hemorragias de textos y fotos instaladas
para siempre en la memoria
Cuando jugaba solemnemente
cuando juraba en broma
cuando la realidad partía por la base mis sueños
cuando llegué a plasmar en lo real algunos de esos anhelos
sólo esperaba una cosa
sólo buscaba una cosa
lo mismo de siempre
De hombres de talla mediana y medida gigante
de mirada que traspasa egos y sonrisa que perdura
aprendí que nada es eterno
ni siquiera su sonrisa
que no existe en realidad el siempre
aún así, no puedo cambiar mi esencia
no dejaré de esperar y gozar el hallazgo
no puedo hacer la vista gorda
dejar pasar los instantes, fugaces, sí,
pero mágicos
que de vez en cuando me regalan
a medias la vida y mi fuerza interior
No puedo aunque el hechizo no dure siempre
amar otra cosa como amo lo genuino y lo bello
que a veces mi alma sólo en su habitación más apartada conoce
aunque no haya un siempre
prefiero no rendirme
Nunca
La plata se fue, diría un compadre patagónico
el camino está oculto tras la bruma
lo que puede tocarse o medirse huye de mí
o acaso yo mismo lo destierro
pero sigo emocionándome con una sonrisa luminosa
con los ecos de aromas que me trae la brisa
con la música esquiva de esa falda peinada por un gesto
de ese brazo cayendo grácil sobre la cadera
de esa mirada lánguida e inclinada sobre sus pasos
de esos tobillos de invisibles cascabeles
de ese telón de cabello fragante que se abre en un instante
tras una mano de pianista bañista enamorada del sol
descubriendo un rostro y un alma de mujer
que aún no sabe qué espera
que cree apenas saber qué busca
que ignora qué vendrá a su mundo
Con esa música sigo cantando
que no es este día soleado
ni el buen tiempo que descubre pieles amables
lo que arranca estas notas
si no ese hogar
esa fogata inextinguible que habita tras mis ojos
la que crepita siempre para aniquilar el frío de mi interior
No será siempre
algún día seré pasto de los peces
pero mientras ese puño borrachín golpee en mi pecho
deseando abrirse para sentir
en las sangrantes yemas de sus dedos
la Belleza y la Vida
anhelando anudarse con otra mano inquieta y palpitante
mientras tanto
por muchas almas mediocres, corazones cobardes,
egos inflados, labios avaros,
y miradas mentirosas que se crucen en mi camino
no traicionaré mi esencia
nunca.
Nunca
Me doy cuenta ahora de lo que supe siempre
ahora que el tiempo pasa otra página
tras hemorragias de textos y fotos instaladas
para siempre en la memoria
Cuando jugaba solemnemente
cuando juraba en broma
cuando la realidad partía por la base mis sueños
cuando llegué a plasmar en lo real algunos de esos anhelos
sólo esperaba una cosa
sólo buscaba una cosa
lo mismo de siempre
De hombres de talla mediana y medida gigante
de mirada que traspasa egos y sonrisa que perdura
aprendí que nada es eterno
ni siquiera su sonrisa
que no existe en realidad el siempre
aún así, no puedo cambiar mi esencia
no dejaré de esperar y gozar el hallazgo
no puedo hacer la vista gorda
dejar pasar los instantes, fugaces, sí,
pero mágicos
que de vez en cuando me regalan
a medias la vida y mi fuerza interior
No puedo aunque el hechizo no dure siempre
amar otra cosa como amo lo genuino y lo bello
que a veces mi alma sólo en su habitación más apartada conoce
aunque no haya un siempre
prefiero no rendirme
Nunca
La plata se fue, diría un compadre patagónico
el camino está oculto tras la bruma
lo que puede tocarse o medirse huye de mí
o acaso yo mismo lo destierro
pero sigo emocionándome con una sonrisa luminosa
con los ecos de aromas que me trae la brisa
con la música esquiva de esa falda peinada por un gesto
de ese brazo cayendo grácil sobre la cadera
de esa mirada lánguida e inclinada sobre sus pasos
de esos tobillos de invisibles cascabeles
de ese telón de cabello fragante que se abre en un instante
tras una mano de pianista bañista enamorada del sol
descubriendo un rostro y un alma de mujer
que aún no sabe qué espera
que cree apenas saber qué busca
que ignora qué vendrá a su mundo
Con esa música sigo cantando
que no es este día soleado
ni el buen tiempo que descubre pieles amables
lo que arranca estas notas
si no ese hogar
esa fogata inextinguible que habita tras mis ojos
la que crepita siempre para aniquilar el frío de mi interior
No será siempre
algún día seré pasto de los peces
pero mientras ese puño borrachín golpee en mi pecho
deseando abrirse para sentir
en las sangrantes yemas de sus dedos
la Belleza y la Vida
anhelando anudarse con otra mano inquieta y palpitante
mientras tanto
por muchas almas mediocres, corazones cobardes,
egos inflados, labios avaros,
y miradas mentirosas que se crucen en mi camino
no traicionaré mi esencia
nunca.
Plaza de Almas.
Al ocaso del mundo se vierte una alameda, del desierto se derrama en laberintos de hielo. En el corazón de esa avenida vertical late una Plaza de Almas, donde el abrazo se gana a pulso y la sonrisa es tan tibia como franca. Por sus venas subterráneas se aprietan lolitas, bohemios, curas y mestizos, reconciliados. Desde sus cerros se inclinan poetas para tocar el río. Barrizales y parques tiritan al aliento de los Andes. Acentos y risas de dulce guitarrita prenden las aceras, donde las miradas dejan la puerta entreabierta, para que pases, sin escándalo, y te quedes en Santiago.
(Con todo mi cariño para Chile).
(Con todo mi cariño para Chile).
¿Todo cuenta?
¿Es por el tedio y la servidumbre a lo previsible
que nos hace sentir especiales un beso
dado desde más allá de los labios?
¿Es por sobrevivir a la rutina
que de veras vivimos cuando viajamos?
¿Es por las noches mutiladas de sueños en vigilia
que la eternidad nos da la mano
cuando lo anhelado se hace real?
¿Es por la distancia y la espera
que es más intenso el reencuentro
que redundar en el encuentro diario?
¿Es por los ríos de lágrimas
que un torrente de risas
se lleva todos los fangos?
¿Es entre la negritud de la noche más opaca
desde donde las estrellas iluminan la fantasía?
Memoria selectiva y sexo.
Recuerdo aún con dudosa nitidez la última vez que tuve sexo, no sé si por mi aceptable memoria o porque todavía no ha pasado tanto tiempo. Recuerdo sobre todo imágenes, envites sin perdedor ni ganador, entre animales salvajes, cabalgados por el instinto. Pero apenas recuerdo aromas, sabores, tacto de roces en la piel o sonido de pieles rozándose.
Sin embargo, no consigo olvidar la última vez que sentí algo hermoso por alguien. Por una mujer de divinos brazos en los que jamás anidé y de frutales labios en los que nunca sacié mi sed. Es curioso, recuerdo el aroma de su cabello, el roce involuntario de sus dedos en el dorso de mi mano al tomar un vaso, el murmullo de su sonrisa o la luz, la hiriente y hermosa luz de sus ojos.
Muy curioso. El último sexo salvaje se va diluyendo en mi memoria. Porque sólo fue eso. Y el último fogonazo en mi corazón, por una mujer que jamás sintió ese fulgor en el suyo hacia mí, ese, lo tengo vivo, dando coletazos en mis costillas, aunque nunca hayamos dormido abrazados, aunque no haya mordido su lengua, aunque jamás amaneciéramos serenamente desnudos.
Y la vida juega conmigo, porque la actriz secundaria del primer recuerdo se va diluyendo en la nada, y la gran estrella del segundo, sin pretenderlo, sin poder evitarlo, se ha convertido con el tiempo, al menos, en una buena amiga.
No quiero ni imaginar qué habría sucedido si mi dulce y noble amiga hubiese sentido el mismo fogonazo que yo. Qué radiante ardor hubiera hecho entonces antorchas de mis alas.
Sin embargo, no consigo olvidar la última vez que sentí algo hermoso por alguien. Por una mujer de divinos brazos en los que jamás anidé y de frutales labios en los que nunca sacié mi sed. Es curioso, recuerdo el aroma de su cabello, el roce involuntario de sus dedos en el dorso de mi mano al tomar un vaso, el murmullo de su sonrisa o la luz, la hiriente y hermosa luz de sus ojos.
Muy curioso. El último sexo salvaje se va diluyendo en mi memoria. Porque sólo fue eso. Y el último fogonazo en mi corazón, por una mujer que jamás sintió ese fulgor en el suyo hacia mí, ese, lo tengo vivo, dando coletazos en mis costillas, aunque nunca hayamos dormido abrazados, aunque no haya mordido su lengua, aunque jamás amaneciéramos serenamente desnudos.
Y la vida juega conmigo, porque la actriz secundaria del primer recuerdo se va diluyendo en la nada, y la gran estrella del segundo, sin pretenderlo, sin poder evitarlo, se ha convertido con el tiempo, al menos, en una buena amiga.
No quiero ni imaginar qué habría sucedido si mi dulce y noble amiga hubiese sentido el mismo fogonazo que yo. Qué radiante ardor hubiera hecho entonces antorchas de mis alas.
Respirarte
en los pulmones de un recién nacido
su primer aliento es trance traumático
después de su existencia acuática y cálida
con el sereno oleaje sonoro del latido
de un corazón de madre, marea primordial
Desde ese instante el gas vital se hace imprescindible
se instala en su ser como el cuco intruso
y comienza callada y traicioneramente
a envenenar y oxidar su traje de carne y hueso
a consumar la adicción para poder dar un solo paso
Pero sin caminar no hay viaje
sin morir cada día un poquito más
no hay vida ni experiencia
A cada paso aprenderá el peregrino a deleitarse
en los matices de la plata líquida de una neblina al alba
de una brisa marina como un rayito de luz salada
del denso aroma terroso de una plomiza tarde otoñal
Como ese salto evolutivo instantáneo
de pez a bípedo
en este caso a anfibio costero
atado por cabos marineros a su ancestral patria
como esa mutación condensada en un instante
así
así quiero que inunde tu aroma mi pecho
así anhelo que como cascada retruene tu perfume en mis branquias
De respirar oxígeno a sustentarme con la fragancia de tu cabello
el néctar de tu boca
el opio de tu sexo
la esencia de tu piel
entre tus suaves hombros se dibujan curvas y rectas
varitas de mármol bajo seda calentada al sol
las sábanas divinas de un lecho
sobre el que dejar caer mi alma extenuada
en el que sumirme complacido en el sueño más hermoso
en el que despertar reconfortado a la realidad más intensa
Isadora me ha hecho recordar...
Hoy he leído un "post" en la web de una compañera de letras de estos lares, y desde el otro lado de la escena, me ha hecho recordar algunas de mis locuras... y de nuevo he estado pensando en todas las veces que hice algo de corazón, y no se cumplieron esas frases de libro de autoayuda comercial, en el que el destino es sabio, la buena voluntad siempre obtiene su premio y las almas bellas se entienden por encima de todo lo demás. Como un guión manido de Hollywood. Pero la vida real no es Walt Disney, más bien está en los libros que ya casi nadie lee. ¿Serán sólo maneras de eludir el desengaño? Esto es lo que he dejado en la página de Isadora como comentario, leed su "post" si podéis:
"Una vez estaba con mi ex y amiga en una terraza de la calle Princesa, en los madriles. Había dos chicas argentinas en la mesa de al lado, conversando animadamente. En el tiempo que estuvimos allí, escribí en una servilleta un poema inspirado en su acento, me levanté, y se lo regalé. Me miraron como a un loco y ni me dieron las gracias.
Otra vez vi a una mujer de clavículas perfectas. Dibujé un boceto (en otra servilleta...) y se lo regalé. Me miró sonriendo, me dió las gracias y me fui.
Y en otra coasión, en un ciber que ya no existe, el Ono de la calle Fuencarral, me deslumbraban los ojos azules de una mujer (mayor que yo, rondaría los 40), así que le escribí un poema, esta vez en un trozo de papel que llevaba encima. Cuando se lo iba a dar, salió a la calle. Salí al cabo de cinco minutos ("bah, Sergi, estás zumbao", me dije) y ya no estaba. Pero acercándome al semáforo vi pararse un Smart con ella dentro. Me acerqué y di dos toquecitos en la ventanilla, ella, casi asustada por si le vendía pañuelos o algo... se quedó un poco patidifusa y esbozó un tímido gracias al ver el papelito que había estrujado un poco en mi bolsillo.
pd: el chico de ese bar es un artista. Lo sé porque todos estamos un poco locos."
"Una vez estaba con mi ex y amiga en una terraza de la calle Princesa, en los madriles. Había dos chicas argentinas en la mesa de al lado, conversando animadamente. En el tiempo que estuvimos allí, escribí en una servilleta un poema inspirado en su acento, me levanté, y se lo regalé. Me miraron como a un loco y ni me dieron las gracias.
Otra vez vi a una mujer de clavículas perfectas. Dibujé un boceto (en otra servilleta...) y se lo regalé. Me miró sonriendo, me dió las gracias y me fui.
Y en otra coasión, en un ciber que ya no existe, el Ono de la calle Fuencarral, me deslumbraban los ojos azules de una mujer (mayor que yo, rondaría los 40), así que le escribí un poema, esta vez en un trozo de papel que llevaba encima. Cuando se lo iba a dar, salió a la calle. Salí al cabo de cinco minutos ("bah, Sergi, estás zumbao", me dije) y ya no estaba. Pero acercándome al semáforo vi pararse un Smart con ella dentro. Me acerqué y di dos toquecitos en la ventanilla, ella, casi asustada por si le vendía pañuelos o algo... se quedó un poco patidifusa y esbozó un tímido gracias al ver el papelito que había estrujado un poco en mi bolsillo.
pd: el chico de ese bar es un artista. Lo sé porque todos estamos un poco locos."
Si yo fuera homosexual.
Soy heterosexual y me fijo en los brazos de las chicas. De algunas chicas. Me fijo en sus tobillos, en sus cuellos, en el temblor de sus labios poco después de sonreír o en el de sus nalgas al bajar por la calle dejando un eco de tacones.
Soy heterosexual y no me resulta fácil encontrar a una mujer en la que razón y corazón comulguen en una sola cosa, como acordes de una sola sinfonía.
Soy heterosexual y me pierde el aroma del cabello de las chicas, de algunas chicas. Soy heterosexual y a menudo me lamento de esa estúpida y larvada guerra de sexos que pone a las chicas, a algunas chicas, a la defensiva, escarmentadas de las brusquedades y mentiras de otros, convencidas de un rol que las hace más pequeñas a mis ojos.
Soy heterosexual y me duele la traición que desenmascara amistades ficticias, me subleva la injusticia, me conmueven la ternura y la inocencia. Soy heterosexual y nadie me mira por la calle por eso. Nadie me cuestionará si algún día elijo casarme o tener hijos, o si decido no hacerlo; nadie se gira si vuelco el alma y el ansia en otros labios, los de una mujer que se aferrara a mi nuca con sus manos de selva.
Soy heterosexual y me cuesta conocer a una mujer que acepte sus propios deseos, que se deje llevar por su propia voz interior, que no tema desnudar su alma y vestir su cuerpo de sudor y saliva sin esconderse tras el miedo o la falsa moral.
Soy heterosexual y echo de menos a mis padres, aunque a veces me haya culpado de no hacerlo lo bastante.
Soy heterosexual y persigo mis sueños; y lamento el daño causado por mis errores pero no me arrepiento de ellos, pues fueron parte de lo que me trajo hasta aquí. Benditos errores que me hicieron más sabio y no más resentido.
Si yo fuera homosexual, supongo que me fijaría en los hombros de los chicos, de algunos chicos. Que me encendería el contacto de sus glúteos. Y seguramente surgirían encuentros y encuentros y encuentros, pues un hombre homosexual es sobre todo, un hombre. Y eso es tanto como una abeja en una pradera de Abril.
Pero aparte de eso, si yo fuera homosexual, no cambiaría nada de todo lo demás... nada excepto que algunos intentarían decirme cómo debo vivir mi intimidad (en lo público ya lo pretenden), que algunos sí se girarían por la calle cuando besara a mi pareja, y que algunos me colgarían etiquetas para clasificarme, modelarme, castrarme, o juzgarme.
Yo no elegí ser heterosexual, pero por muy complicadas que sean a veces las mujeres, creo que al final lo tengo un poco más fácil. Porque hallar el amor verdadero es igualmente improbable para todos, e igualmente posible. Pero al menos a mí, que soy heterosexual, nadie me señala con el dedo por buscarlo. Si acaso, sólo la gente gris que no cree en esas cosas.
Soy heterosexual y no me resulta fácil encontrar a una mujer en la que razón y corazón comulguen en una sola cosa, como acordes de una sola sinfonía.
Soy heterosexual y me pierde el aroma del cabello de las chicas, de algunas chicas. Soy heterosexual y a menudo me lamento de esa estúpida y larvada guerra de sexos que pone a las chicas, a algunas chicas, a la defensiva, escarmentadas de las brusquedades y mentiras de otros, convencidas de un rol que las hace más pequeñas a mis ojos.
Soy heterosexual y me duele la traición que desenmascara amistades ficticias, me subleva la injusticia, me conmueven la ternura y la inocencia. Soy heterosexual y nadie me mira por la calle por eso. Nadie me cuestionará si algún día elijo casarme o tener hijos, o si decido no hacerlo; nadie se gira si vuelco el alma y el ansia en otros labios, los de una mujer que se aferrara a mi nuca con sus manos de selva.
Soy heterosexual y me cuesta conocer a una mujer que acepte sus propios deseos, que se deje llevar por su propia voz interior, que no tema desnudar su alma y vestir su cuerpo de sudor y saliva sin esconderse tras el miedo o la falsa moral.
Soy heterosexual y echo de menos a mis padres, aunque a veces me haya culpado de no hacerlo lo bastante.
Soy heterosexual y persigo mis sueños; y lamento el daño causado por mis errores pero no me arrepiento de ellos, pues fueron parte de lo que me trajo hasta aquí. Benditos errores que me hicieron más sabio y no más resentido.
Si yo fuera homosexual, supongo que me fijaría en los hombros de los chicos, de algunos chicos. Que me encendería el contacto de sus glúteos. Y seguramente surgirían encuentros y encuentros y encuentros, pues un hombre homosexual es sobre todo, un hombre. Y eso es tanto como una abeja en una pradera de Abril.
Pero aparte de eso, si yo fuera homosexual, no cambiaría nada de todo lo demás... nada excepto que algunos intentarían decirme cómo debo vivir mi intimidad (en lo público ya lo pretenden), que algunos sí se girarían por la calle cuando besara a mi pareja, y que algunos me colgarían etiquetas para clasificarme, modelarme, castrarme, o juzgarme.
Yo no elegí ser heterosexual, pero por muy complicadas que sean a veces las mujeres, creo que al final lo tengo un poco más fácil. Porque hallar el amor verdadero es igualmente improbable para todos, e igualmente posible. Pero al menos a mí, que soy heterosexual, nadie me señala con el dedo por buscarlo. Si acaso, sólo la gente gris que no cree en esas cosas.
Más vale pájaro volando que ciento en mano
Prejuicios son sacos de arena en un globo
lastre y cochambre en las alas de un ave
si los dejas en tierra y los pierdes de vista
tu vuelo se convierte en arte sin batalla
Un polluelo escala las paredes del nido
aún con párpados sellados titubea al borde del precipicio
se balancea cual equilibrista ebrio en su rama
soporta el peso intangible de la inexperiencia
si decide volar antes de tiempo
la sensación de libertad
desvirgará su tosco plumaje en un instante ralentizado
un fugaz destello de ingravidez colmará de gozo
su acelerado corazón de pajarito
pero tras ello la tierra y la hojarasca mortecina
reclamarán su tributo
y a ese tierno Ícaro cegarán para siempre unos ojos
que apenas comenzaban a vislumbrar la luz
Si un ave adulta hunde sus garras en el barro
si entierra sus pasos en el lodo
si sepulta sus zancos en la ciénaga
si inhuma su esencia vital en temeroso sepelio
verá siempre el mismo horizonte, monótono, tedioso
sombrío, aunque eligiera la charca más soleada
para empollar su renuncia a las nubes
para incubar su anunciada derrota
A veces hay pajarillos que rebotan en la mullida alfombra
de un bosque húmedo poblado de helechos
y aprenden del batacazo
y cojean un tiempo
pero acaban avanzando, saltarines
y merodean un tiempo al abrigo del sotobosque
pero terminan alzando el vuelo
elevándose sobre las copas de los árboles milenarios
que antes les parecían cíclopes amenazantes
y ahora son sólo un manto esmeralda sobre el paisaje
a veces hay polluelos heridos
que terminan alzando el vuelo
sin tutores
A veces hay aves maduras
que después de una temporada en la turbia marisma
lavaron sus patas en un arroyo de lucidez
secaron sus alas al sol de los sueños no traicionados
y desde entonces sobrevuelan
cada día
nuevos territorios
La inocencia conoce todo
el pescador comparte su sabiduría con el licenciado
la fiera despierta la razón aletargada del humano
el pecador avergüenza con su pureza al justo
el salvaje salva el alma del misionero
la lágrima hace enmudecer a la risa
la pena honesta presagia alegría intensa
el beso perdido se guarda en la boca que te espera
La ventana en la pared no muestra el paisaje,
el mundo se asoma a espiarme a través de ella
el sueño es más palpable que la mesa,
la realidad más huidiza que la anguila
me siento más seguro en plena tormenta,
perdido en la selva y sin brújula ni mapa
que atenazado entre la seguridad de esta casa
y la angustia del reloj previsible
Los errores son mi herencia y mi patrimonio
el espasmo primigenio del sexo es una trampa de hielo
las cicatrices son labios nuevos que anhelo
las caritas de ángel son caretas de monstruo
los perfumes glamourosos revelan el fétido hedor
del aliento de las almas deformes
lo mezquino se viste de correcto
y la verdad prístina se disfraza de mentiras
La mirada sin tocarte es un incendio
tu sudor despierta mi corazón dormido
y me ata a tu piel con el lazo del deseo
Tengo que perderme en ti para encontrarme
debo olvidar todo lo que aprendí
para poder recordar quién soy
necesito desnudarme y sentarme en la nieve
para sentirme arropado de veras por el mundo
he de sumergirme en la emoción sin botellas de oxígeno
sin escafandra, sin cables que me unan al barco
sin nadie que tire de mí cuando pase el tiempo
para emerger de nuevo en la razón, la consciencia
Anhelo amarte sin palabras y sin planes
hablarte como susurra el viento con los árboles
humilde y sin intención
dejando que la vida sople y cante
a través de mis hojas
Quiero volver a ser inocente contigo
Tributo a Mecenas.
Sé que socorrer al desvalido y alimentar al hambriento son actos bondadosos en sí mismos. Necesarios en este descarnado mundo, aunque exista incluso quien lo haga por adornar el currículum. Sé que hay aún mejores maneras de ayudar, integrando al marginal y enseñando al sediento a procurarse agua. Lograrán salir de la miseria por su propio pie, y ganarán mucho más que la supervivencia: su dignidad.
Sé también que hay causas perdidas por las que el gran rebaño no movería un dedo, anhelos que la gran mayoría considera prescindibles. Pero aunque no lo entiendan, en el mundo es tan necesaria la música como el pan, la poesía como la medicina, el arte como el agua. Por eso, mi tributo para los que creyeron en otros, devolviéndoles mucho más que un sueño: su destino.
A los que prestaron su primer libro a un poeta adolescente, y después le dieron la llave de su biblioteca. A los que apostaron y empeñaron su esfuerzo y su bolsillo por las letras de un escritor novel. A los que ofrecieron el primer empleo a un estudiante del conservatorio, para ganarse el pan de luna a luna con un viejo piano y a la luz de los candiles. A los que escucharon dos veces una maqueta, rescatada de la papelera, y pusieron un micro delante de un rockero, y unas alas en sus pies. A los que llevaron de la mano, por el despiadado mercado del arte, a un pintor sincero, allanándole el camino, presentándole a las personas adecuadas, para que en la otra mano sólo cupiera el pincel y no limosnas. A los que, buscando su porcentaje o no, ayudaron a un artista alguna vez, para que todos podamos hoy compartir la emoción. Porque los beneficios y los contratos se esfumaron, ya no rentan en los ataúdes. Porque los cuerpos de los artistas ya son polvo, y mar, y raíces, y camino. Pero su obra vive en cada corazón expectante que tiembla de emoción al descubrirlos.
Miguel Hernández tal vez hubiera sido sólo un pastor de cabras, si no hubiera encontrado manos amigas en su viaje. De todos modos siempre hubiera sido en soledad un alma de poeta, porque la poesía no está en el papel, sino en la mirada, pero gracias a otros ahora podemos compartir sus versos y sus latidos. Las utopías esclavizantes llenaron Iberia de sangre, y años después Miguel moría entre rejas, tuberculoso y perplejo. Pero gracias a otros, ahora, los demás podemos compartir su mundo, que esos otros no hicieron más bello ni más puro, pero que ayudaron a que ahora sea parte del tuyo y del mío.
En la semana del centenario de Pablo Neruda, quien estrechó la mano de Miguel cuando era cónsul de Chile en Madrid, mi tributo es para todos los mecenas que alguna vez ayudaron de corazón a un artista. Desde Theo, el hermano de Van Gogh, por amor fraternal, a cualquier reyezuelo europeo que acogiera en su corte a músicos tan sublimes como Mozart, Vivaldi o...
No es sólo porque yo quiera un día vivir de las letras y ahora mismo esté en bancarrota, persiguiendo mi sueño. Este tributo es simplemente como amante del arte y la belleza, porque doy gracias a la gente anónima que hace posible que un libro o un concierto me transporten a mundos mejores. Igual que doy gracias a los padres de ciertas mujeres por haberlas traído al mundo... ;-)
Sé también que hay causas perdidas por las que el gran rebaño no movería un dedo, anhelos que la gran mayoría considera prescindibles. Pero aunque no lo entiendan, en el mundo es tan necesaria la música como el pan, la poesía como la medicina, el arte como el agua. Por eso, mi tributo para los que creyeron en otros, devolviéndoles mucho más que un sueño: su destino.
A los que prestaron su primer libro a un poeta adolescente, y después le dieron la llave de su biblioteca. A los que apostaron y empeñaron su esfuerzo y su bolsillo por las letras de un escritor novel. A los que ofrecieron el primer empleo a un estudiante del conservatorio, para ganarse el pan de luna a luna con un viejo piano y a la luz de los candiles. A los que escucharon dos veces una maqueta, rescatada de la papelera, y pusieron un micro delante de un rockero, y unas alas en sus pies. A los que llevaron de la mano, por el despiadado mercado del arte, a un pintor sincero, allanándole el camino, presentándole a las personas adecuadas, para que en la otra mano sólo cupiera el pincel y no limosnas. A los que, buscando su porcentaje o no, ayudaron a un artista alguna vez, para que todos podamos hoy compartir la emoción. Porque los beneficios y los contratos se esfumaron, ya no rentan en los ataúdes. Porque los cuerpos de los artistas ya son polvo, y mar, y raíces, y camino. Pero su obra vive en cada corazón expectante que tiembla de emoción al descubrirlos.
Miguel Hernández tal vez hubiera sido sólo un pastor de cabras, si no hubiera encontrado manos amigas en su viaje. De todos modos siempre hubiera sido en soledad un alma de poeta, porque la poesía no está en el papel, sino en la mirada, pero gracias a otros ahora podemos compartir sus versos y sus latidos. Las utopías esclavizantes llenaron Iberia de sangre, y años después Miguel moría entre rejas, tuberculoso y perplejo. Pero gracias a otros, ahora, los demás podemos compartir su mundo, que esos otros no hicieron más bello ni más puro, pero que ayudaron a que ahora sea parte del tuyo y del mío.
En la semana del centenario de Pablo Neruda, quien estrechó la mano de Miguel cuando era cónsul de Chile en Madrid, mi tributo es para todos los mecenas que alguna vez ayudaron de corazón a un artista. Desde Theo, el hermano de Van Gogh, por amor fraternal, a cualquier reyezuelo europeo que acogiera en su corte a músicos tan sublimes como Mozart, Vivaldi o...
No es sólo porque yo quiera un día vivir de las letras y ahora mismo esté en bancarrota, persiguiendo mi sueño. Este tributo es simplemente como amante del arte y la belleza, porque doy gracias a la gente anónima que hace posible que un libro o un concierto me transporten a mundos mejores. Igual que doy gracias a los padres de ciertas mujeres por haberlas traído al mundo... ;-)
Antes de irme (I de III).
Elijo el momento de mi muerte
una ociosa tarde de verano
disfrutando algún placer sencillo
al lado del ser que haya hecho de mi camino un agradable paseo
de mi vida un valle de sonrisas
de mis lágrimas una apacible brisa
Adormecerme en el umbral vespertino
con el hálito liviano y salado de un mar
teñido en buriel por el crepúsculo
despedirme en silencio y con el corazón repartido
a manos llenas entre mis seres queridos
los heredados y los escogidos
los regalados y los conseguidos
los encontrados y los perdidos
Con un beso decirle hasta luego a mi otra mitad
pedirle que el adiós a la tosca carcasa sea una fiesta
que sólo ese hasta luego cuenta ahora
pues no en vano la muerte es un nuevo viaje
y pocas cosas avivan más la chispa vital
del eterno transeúnte en las aceras del tiempo
que la perspectiva de nuevas avenidas
Y si puedo escoger en el calendario
que sea ni pronto ni tarde, a su tiempo
pero que el racimo de caminos que tome en vida
lo haya prensado paso a paso para birlar el mosto
madurarlo en mi interior para destilar el mejor vino
que todos los senderos hollara sin prisa
destrozando mil pares de sandalias y ningún corazón
dejando descalzo suaves huellas en cada corazón
Si se me deniega algo, no sé
tal vez algún ser menos de los regalados
alguno menos de los escogidos
quizás algunas colinas y bosques menos en la memoria
puede que alguna vereda más sin recorrer
Pero si me dejan, antes de morir quiero...
Antes de irme (II de III).
que casi guiado por la intuición tomó mi libro
percibió ecos de su propia voz en la mía
una persona que se emocionara y al leerme
preguntarse, responderse, replantearse
me hiciera llegar un sincero agradecimiento
una crítica noblemente implacable
un guiño de complicidad
Sentirme en armonía con la vibración que atraviesa mi caja torácica
zarandea la mente para desperezarla
mientras me observa un delfín
fluyendo grácil como fantasma de agua en el agua
mientras sacudo mis patas como desorientado batracio en el aire
nada unos instantes conmigo
como se comparte un trecho del sendero
con un caminante extranjero, sin palabras pero cómplice
que al rato se despide sonriente
la ballena que despierta mi médula de ancestros marinos, libres
al ver su alma limpia en el fondo de sus ojos de ámbar endrino
ser consciente de la grandeza de su delicadeza
mientras mide su descomunal fuerza
al saludarme y despedirse con sus remos de carne y hueso
Mesar con mi tránsito los cabellos de Silvano
caminar bosques boreales, selvas lluviosas
desiertos prístinos, cordilleras olímpicas
patear mensajes en morse en los techos de Vulcano
deambular en playas detenidas en tiempos genesíacos
despojar de secretos los santuarios marinos
zambullirme libérrimo en los dominios de Neptuno
en solitario o en adorable compañía
y entonces expoliar los nimbos de las cabezas de los dioses
forjar con el botín una dorada cimitarra y decapitarlos
con desfachatez nihilista consumar la revuelta
campar a mis anchas por estos jardines feraces
reclamar para el humano su esencia epicúrea
y clavar para siempre en la Tierra su estandarte
aniquilando bajo el extremo de nuestra pica
la espuria injuria del pecado original
Viajar sin la sombra de una fecha de vuelta
apremiante e impuesta oscureciendo el horizonte
gobernar una motocicleta
por serpentinas costeras de asfalto
con las manos de la mujer de mis sueños
aferradas con adherente ternura a mi pecho
Hacer el amor con el alma arrobada
en el fulgor de ese instante
la carne prendida en llamas
bajo la tibieza de una torrencial tormenta de verano
sobre la hierba, sin miedos
sin planes, sin escondites
No necesitar en demasía al poderoso caballero
despojarle de su tratamiento y tutearle
poseer pocas cosas, ser muchas otras
lo mejor que dé de sí este locuelo
inconformista pero sui géneris humilde
Y por encima de todas las cosas...
Antes de irme (III de III).

Y por encima de todas las cosas...
...encontrarte, mirarte y reconocerte
darte mi corazón por entero, sin reservas
dejarme amar como tu naturaleza lo demande
amarte como la mía lo anhela
llenándome al vaciarme para ofrecértelo
compartir pucheros de dolores y vencerlos
recoger cachorros de sueños y cuidarlos
inventar mundos nuevos y materializarlos
despertar una mañana estival junto al mar
entre paredes blancas y de amarillo cálido
y ventanales de fuste azul y azul alféizar
abrir los ojos antes que tú
acercarme cuidadosamente a tu rostro ladeado
aspirar tu aroma de mujer y musa
de chocolate y árbol ungido de lluvia
rozar tu mejilla dócilmente con mi nariz
tu leve sien con mi frente
escuchar divertido y sonriente tu gimoteo matutino
mitad protesta dormilona
mitad arrumaco travieso
y al entreabrir tus hermosas lunas
y enderezar tu rostro para saludarme con ellas
besarte profunda, intensa, larga y cálidamente
atarnos entonces con la mirada, húmeda y abierta
casi tan de par en par como los corazones
derretidos en el útero del mismo volcán
que bombea lava desde lo más hondo de nuestro deseo
abarcando el mismo océano
que cuela su caricia de céfiro por nuestra ventana
y saber que este amor se hizo árbol
y no cejó en su empeño por crecer
hundiendo raíces en el centro de la Tierra
hasta aprehender sus jugos
para luego descuajarlas y echar a andar
asir con sus ramas las crines del sol
cabalgar desnudo al nómada cimarrón
y alcanzar toda orilla ese sauce de amor
en los años que la vida, tu dios
los dioses antiguos y nuestros egos exiguos
el veleidoso destino y nuestro tino
el amo del tiempo y nuestros pechos ardiendo
nos hayan regalado para estar juntos
Aún quedan retales pendientes antes de partir
aún quedan acrisolados lienzos que desvirgar
aún quedan bramantes que trenzar en amarras
para poder cercenarlas luego y levar anclas
aún bastos metales que bruñir
para mirarse la cara en nuevos espejos
bardales que saltar sin hacerse un rasguño
y si hienden las espinas en la carne
sacarlas, lamerse la herida y sonreír
aún quedan redes que recoger de la ensenada
morralla que darle a las gaviotas
y ese pez de escamas de arco iris para alimentar al albatros
pero siento que con la mitad de todo esto
ya llenaría mi burjaca
el peregrino estaría satisfecho
que no sería limosna si no tesoro
llevárselo todo al nuevo viaje
.....................
Esto de soñar en voz alta... me desmonta la vida... pero así tal vez me oigan en la otra orilla...
De mi cuaderno de notas (siempre en mi bolsillo).
Como una niebla que avanza por el bosque, tragándose los árboles y el cielo, acechándote con sus nebulosas manos. Avalancha vaporosa que engulle la vida, que sorbe el rocío de las hojas, que silencia el canto de los pájaros y las conversaciones de las ramas de las hayas con sus pobladores.
Como una niebla implacable que hace desaparecer la sencilla alegría de las cosas sencillas bajo su pesada penumbra, así la mentira se extiende por nuestro paisaje, enturbiándolo, apagándolo.

Como una niebla implacable que hace desaparecer la sencilla alegría de las cosas sencillas bajo su pesada penumbra, así la mentira se extiende por nuestro paisaje, enturbiándolo, apagándolo.

Un caballo encerrado.
Me siento, desde hace muuucho tiempo, como un caballo de carreras, o aún más, como el mismo Pegaso (aunque con las alas plegadas, marchitas y un poco rotas). Un caballo de carreras sin cepillar, sin brillo, que ha estado demasiado tiempo realizando labores de granja, tirando de un arado, un arado invisible pero cuyo peso se ancla en el alma y no en el yugo.
Un caballo que alguna vez aceptó su suerte y se quedó en el establo, dándole la espalda al prado, ignorando la valla, la vieja valla que separa la granja del mundo libre, de los bosques, las playas y los montes.
Ay del día que alguien cure mis alas, del día que yo mismo me sacuda el polvo, y galope con rabia hasta dejar la valla atrás... ese día verás a Pegaso planear sobre los tejados de la ciudad, sobre los desiertos y el océano.
O eso, o perecer en la cuadra, no hay término medio.
Un caballo que alguna vez aceptó su suerte y se quedó en el establo, dándole la espalda al prado, ignorando la valla, la vieja valla que separa la granja del mundo libre, de los bosques, las playas y los montes.
Ay del día que alguien cure mis alas, del día que yo mismo me sacuda el polvo, y galope con rabia hasta dejar la valla atrás... ese día verás a Pegaso planear sobre los tejados de la ciudad, sobre los desiertos y el océano.
O eso, o perecer en la cuadra, no hay término medio.
Teoría de los clones.
Como un profesor Bacterio del siglo XXI, acabo de recordar una idea que cierta tarde de invierno compartí con una amiga en un café de la Gran Vía. Al profesor Bacterio siempre le salía el tiro por la culata, y los sufridos Mortadelo y Filemón acababan pagando el pato. La última viñeta de cada historia siempre traía una persecución para saldar cuentas, y cuando no era el Super el que buscaba trabuco en mano a los dos agentes (camuflados de cigüeña y bebé, o de camello y árabe, o de cactus con sombrero mexicano...), era el profesor Bacterio el que intentaba poner a salvo sus barbas.
Bien, mi ocurrencia es muy simple, a la par que utópica e irrealizable, pero me hubiera encantado demostrar mi teoría alguna vez. Es bien sencilla: que todos los humanos fueran individuos clonados de una única pareja. De Adán y Eva (los de Rubens no, si puede ser...), o de quien fuera menester, pero que los seis mil millones (bueno, unos cuantos menos no estaría mal, por el bien del planeta) de personas que pululan por aquí fuesen copias físicas exactas de dos únicos modelos, femenino y masculino. Buscaríamos un genoma perfecto, para evitar los riesgos de la endogamia (otra utopía), un cuerpo sano y absolutamente funcional, una capacidad intelectual muy desarrollada, etc., etc.
Ahora viene la segunda parte, más irracional si cabe. Supongamos que es cierta esa creencia que comparten varias religiones del mundo, la de la reencarnación, o incluso la idea judeo-cristiana (y por herencia la musulmana) de que cada alma es única. Nos encontraríamos entonces con millones de cuerpos idénticos, sanos, armónicos, con millones de cerebros de enorme potencial, y muchos etcéteras... pero cada individuo albergaría, como en el presente, un alma o espíritu individual, una esencia única e intransferible. Así pues naceríamos todos con las mismas oportunidades, biológicamente hablando, y todo dependería del uso que hiciéramos de ellas. Los científicos más pragmáticos dirán que son la genética y el medio los que condicionan el desarrollo de cada individuo. Por ejemplo medirán como hasta ahora el “enamoramiento” por una serie de patrones hormonales, bioquímicos y de selección, consciente o inconsciente, por conveniencia reproductora y social. Quién sabe, tal vez tengan razón... pero ahí va el profesor Bacterio con sus conclusiones:
-Si todo ser humano compartiera un modelo biológico único, entonces el físico, la apariencia, perderían todo su significado. Dejaría de tiranizarnos. Alguno pensará que sería muy aburrido, pero también sería un ahorro incalculable de energía, decepciones, desencantos y engaños. Y acabaría con el racismo de un plumazo.
-Un puesto de trabajo, por ejemplo, dependería exclusivamente de la formación (de cómo hubieran desarrollado las mismas capacidades personas distintas).
-La diversificación de ocupaciones, la querencia de unos y otros por las ciencias o las artes, por la medicina o la música, por ejemplo, seguiría dándose por la inclinación que cada espíritu individual sintiera hacia cada disciplina.
-Cerrarían clínicas de estética no reconstructiva (por desgracia seguirían ocurriendo accidentes), se hundirían las grandes firmas de “belleza”, e irían al paro toda la pléyade de estafadores que comercian con los complejos de la gente. Los fabricantes de ropa, calzado, bicicletas, y un larguísimo etc. podrían dedicarse a una talla única, abaratando costos.
-El sexo perdería su componente competitivo y selectivo, y podría desarrollar más su esencia de comunicación, al buscar la diferencia en el cómo y no en el qué.
-Y, sobre todo, de una vez por todas el amor dependería única y exclusivamente de la calidad del corazón de cada persona. Ese es el verdadero motivo de esta teoría.
Y es que el profesor Bacterio, ese hombrecillo contrahecho, calvo, encorvado y pegado a una desaliñada barba de asceta ruso, en el fondo es un soñador, un poeta, un romántico, un ser apasionado y creativo, de corazón noble y abnegado. Y el buen hombre sólo quiere inventar el "spray clonador"... para hacer del mundo un hogar de almas libres. Porque cuanto más ponemos la explicación de nuestras vidas en manos de la biología, más mamíferos somos, y poco más que eso, sólo simios. Porque si de veras somos personas y albergamos algo de la divinidad en nosotros, ha de haber alguna manera de poder ver más allá de lo que podemos medir y pesar. Pobre profesor Bacterio... que no sabe que a Dios se lo inventó el primer humano que tuvo miedo de la noche y de la muerte, y que eso del corazón y el alma es una patraña romántica. Pobre profesor Bacterio, si en el fondo es un hombre de letras y es por eso que está loco.
Como yo.
Además, aunque todos fuéramos iguales por fuera y el juego consistiera realmente en descubrir el interior de aquél que tenemos delante, no sé con certeza si eso haría a la gente más feliz... ¿Tú qué crees?
Desde el 11 de mayo de 2006; NUEVA DIRECCIÓN DEL BLOG:
(ahora en Blogspot.com).
Bien, mi ocurrencia es muy simple, a la par que utópica e irrealizable, pero me hubiera encantado demostrar mi teoría alguna vez. Es bien sencilla: que todos los humanos fueran individuos clonados de una única pareja. De Adán y Eva (los de Rubens no, si puede ser...), o de quien fuera menester, pero que los seis mil millones (bueno, unos cuantos menos no estaría mal, por el bien del planeta) de personas que pululan por aquí fuesen copias físicas exactas de dos únicos modelos, femenino y masculino. Buscaríamos un genoma perfecto, para evitar los riesgos de la endogamia (otra utopía), un cuerpo sano y absolutamente funcional, una capacidad intelectual muy desarrollada, etc., etc.
Ahora viene la segunda parte, más irracional si cabe. Supongamos que es cierta esa creencia que comparten varias religiones del mundo, la de la reencarnación, o incluso la idea judeo-cristiana (y por herencia la musulmana) de que cada alma es única. Nos encontraríamos entonces con millones de cuerpos idénticos, sanos, armónicos, con millones de cerebros de enorme potencial, y muchos etcéteras... pero cada individuo albergaría, como en el presente, un alma o espíritu individual, una esencia única e intransferible. Así pues naceríamos todos con las mismas oportunidades, biológicamente hablando, y todo dependería del uso que hiciéramos de ellas. Los científicos más pragmáticos dirán que son la genética y el medio los que condicionan el desarrollo de cada individuo. Por ejemplo medirán como hasta ahora el “enamoramiento” por una serie de patrones hormonales, bioquímicos y de selección, consciente o inconsciente, por conveniencia reproductora y social. Quién sabe, tal vez tengan razón... pero ahí va el profesor Bacterio con sus conclusiones:
-Si todo ser humano compartiera un modelo biológico único, entonces el físico, la apariencia, perderían todo su significado. Dejaría de tiranizarnos. Alguno pensará que sería muy aburrido, pero también sería un ahorro incalculable de energía, decepciones, desencantos y engaños. Y acabaría con el racismo de un plumazo.
-Un puesto de trabajo, por ejemplo, dependería exclusivamente de la formación (de cómo hubieran desarrollado las mismas capacidades personas distintas).
-La diversificación de ocupaciones, la querencia de unos y otros por las ciencias o las artes, por la medicina o la música, por ejemplo, seguiría dándose por la inclinación que cada espíritu individual sintiera hacia cada disciplina.
-Cerrarían clínicas de estética no reconstructiva (por desgracia seguirían ocurriendo accidentes), se hundirían las grandes firmas de “belleza”, e irían al paro toda la pléyade de estafadores que comercian con los complejos de la gente. Los fabricantes de ropa, calzado, bicicletas, y un larguísimo etc. podrían dedicarse a una talla única, abaratando costos.
-El sexo perdería su componente competitivo y selectivo, y podría desarrollar más su esencia de comunicación, al buscar la diferencia en el cómo y no en el qué.
-Y, sobre todo, de una vez por todas el amor dependería única y exclusivamente de la calidad del corazón de cada persona. Ese es el verdadero motivo de esta teoría.
Y es que el profesor Bacterio, ese hombrecillo contrahecho, calvo, encorvado y pegado a una desaliñada barba de asceta ruso, en el fondo es un soñador, un poeta, un romántico, un ser apasionado y creativo, de corazón noble y abnegado. Y el buen hombre sólo quiere inventar el "spray clonador"... para hacer del mundo un hogar de almas libres. Porque cuanto más ponemos la explicación de nuestras vidas en manos de la biología, más mamíferos somos, y poco más que eso, sólo simios. Porque si de veras somos personas y albergamos algo de la divinidad en nosotros, ha de haber alguna manera de poder ver más allá de lo que podemos medir y pesar. Pobre profesor Bacterio... que no sabe que a Dios se lo inventó el primer humano que tuvo miedo de la noche y de la muerte, y que eso del corazón y el alma es una patraña romántica. Pobre profesor Bacterio, si en el fondo es un hombre de letras y es por eso que está loco.
Como yo.
Además, aunque todos fuéramos iguales por fuera y el juego consistiera realmente en descubrir el interior de aquél que tenemos delante, no sé con certeza si eso haría a la gente más feliz... ¿Tú qué crees?
Alas de Albatros
(ahora en Blogspot.com).
Salir del armario.
Lo reconozco. Soy lesbiano. Después de darle muchas vueltas a lo de mi orientación sexual, debo admitirlo, soy lesbiano. Como lo de la orientación suele tomarse sólo desde el objetivo, y no desde el enfoque, no se me considerará lo que estoy diciendo, pero yo soy lesbiano. Y no es porque me evoquen tantas cosas los versos de la poetisa Safo, ni porque me conmuevan los intensos poemas dedicados a Lesbos con los que Baudelaire provocó al París del XIX (el título original, o mejor dicho el que tenía pensado Baudelaire para “Las Flores del Mal” era, precisamente, “Las lesbianas”). Tampoco es porque, lo confieso sin rubor, me aburran las películas “porno”, excepto en las contadas ocasiones en las que en una escena sólo aparecen chicas, y está rodada desde su perspectiva y no desde la del macho, y en la que dos (o más) mujeres se dedican las caricias más incendiarias. No, no es por eso que soy lesbiano.
Porque en la orientación, para no extraviarse, ha de contar el sol, la luna y las estrellas, pero sobre todo, el punto de vista y la brújula. Y yo, como ya dije una vez, muchos, muchos “post-it” más abajo, tengo algo de femenino. Mi cuerpo corriente de españolito medio, mi cara de crío que matizo desde hace años con una recortada perilla y mi chocante voz de hombretón (chocante porque no te la esperas, o no te esperas la cara después de oírme) albergan un alma que no funciona como la de la mayoría de los demás hombres. Para lo bueno y lo malo mi lado femenino es acentuado. No voy a volver a aburriros con los motivos por los que lo pienso.
Así que, sobre todo, soy lesbiano por mi punto de vista, porque no me quedo sólo en las curvas y rectas de una mujer (aunque me gusten tanto...), porque detesto los roles que la gente se obstina en otorgarnos a mujeres y hombres, porque no creo en ellos. Porque el alma femenina y la masculina no son tan distintas, sólo codificamos a veces de manera diferente, como dos teléfonos móviles, uno europeo y el otro norteamericano, que utilizan distintos códigos, pero son realmente lo mismo, un medio para comunicarse. Soy lesbiano porque no quiero estar por encima de la mujer, ni ser su perrito faldero, porque me dan arcadas los machistas recalcitrantes y me descomponen los aduladores que babean tras las hembras diciendo que todas son maravillosas. Lo son tanto o tan poco como cualquiera.
Ante todo soy lesbiano porque, cuando de vez en cuando (desgraciadamente muy de vez en cuando, más bien en raras ocasiones ¿me estoy volviendo un ser extraño?) me hallo ante una mujer que despierta mis cinco sentidos para hacer soñar al sexto, yo quiero ser su igual, disfrutar de una complicidad que está vedada a aquellos, y a aquellas, que permanecen en sus puestos en la guerra de sexos. Soy lesbiano porque no quiero poseer, ni exhibir, ni alardear; porque me duele notar a veces que hay parcelas del corazón de una mujer que se ocultan de manera deliberada sólo porque es un hombre el que está delante, y porque yo anhelo derribar esas barreras. Y porque, más allá del inmenso goce de descubrir el paisaje de un cuerpo de mujer como la primera vez, más allá de reconocer el aroma de sus sentimientos en mis propios latidos, lo que yo deseo es que, al final, la luz de su mirada me ilumine sin nieblas, sin zonas de penumbra. Soy lesbiano porque quiero fundirme con ella y que los dos nos sintamos en casa.
Porque en la orientación, para no extraviarse, ha de contar el sol, la luna y las estrellas, pero sobre todo, el punto de vista y la brújula. Y yo, como ya dije una vez, muchos, muchos “post-it” más abajo, tengo algo de femenino. Mi cuerpo corriente de españolito medio, mi cara de crío que matizo desde hace años con una recortada perilla y mi chocante voz de hombretón (chocante porque no te la esperas, o no te esperas la cara después de oírme) albergan un alma que no funciona como la de la mayoría de los demás hombres. Para lo bueno y lo malo mi lado femenino es acentuado. No voy a volver a aburriros con los motivos por los que lo pienso.
Así que, sobre todo, soy lesbiano por mi punto de vista, porque no me quedo sólo en las curvas y rectas de una mujer (aunque me gusten tanto...), porque detesto los roles que la gente se obstina en otorgarnos a mujeres y hombres, porque no creo en ellos. Porque el alma femenina y la masculina no son tan distintas, sólo codificamos a veces de manera diferente, como dos teléfonos móviles, uno europeo y el otro norteamericano, que utilizan distintos códigos, pero son realmente lo mismo, un medio para comunicarse. Soy lesbiano porque no quiero estar por encima de la mujer, ni ser su perrito faldero, porque me dan arcadas los machistas recalcitrantes y me descomponen los aduladores que babean tras las hembras diciendo que todas son maravillosas. Lo son tanto o tan poco como cualquiera.
Ante todo soy lesbiano porque, cuando de vez en cuando (desgraciadamente muy de vez en cuando, más bien en raras ocasiones ¿me estoy volviendo un ser extraño?) me hallo ante una mujer que despierta mis cinco sentidos para hacer soñar al sexto, yo quiero ser su igual, disfrutar de una complicidad que está vedada a aquellos, y a aquellas, que permanecen en sus puestos en la guerra de sexos. Soy lesbiano porque no quiero poseer, ni exhibir, ni alardear; porque me duele notar a veces que hay parcelas del corazón de una mujer que se ocultan de manera deliberada sólo porque es un hombre el que está delante, y porque yo anhelo derribar esas barreras. Y porque, más allá del inmenso goce de descubrir el paisaje de un cuerpo de mujer como la primera vez, más allá de reconocer el aroma de sus sentimientos en mis propios latidos, lo que yo deseo es que, al final, la luz de su mirada me ilumine sin nieblas, sin zonas de penumbra. Soy lesbiano porque quiero fundirme con ella y que los dos nos sintamos en casa.







