Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Puentes a otros lares:
AGENDA


Yo de ti iría, si estás en:
Payasada del mes:
Recomendado de la semana:
ABCD...
Sindicación
 
Cota de malla
Desde el telar de algún reino imaginario
un artesano manipula las hebras de nuestras vidas
anudándolas, hilvanándolas de mil maneras
sesgándolas al abandonar el tapiz

Una vez el maestro cruzó de nuevo en su trama
dos cordeles que una vez se extraviaron
que a ambos polos del ovillo se ignoraban

Y a cada movimiento los dos hilos se enroscan
amotinados contra los dedos del enfurecido tejedor
trepan el uno alrededor del otro como hiedra
hasta convertirse en cuerda, en soga, en maroma

La débil gasa ahora es alfombra persa
la binza vaporosa es ahora un blindado broquel
el urdidor necesitará blandir algo más contundente
para hacerlo jirones y desbaratarlo
para escindir esas vidas entrelazadas
si siguen ligándose así
en cada beso y en cada mirada




 
Desterrar (de momento) la lucidez.
"Sólo podemos apilar la leña y esperar a que se seque, arderá a su debido tiempo"

W. Goethe


Sucede que a veces me canso de... la lucidez, porque darse cuenta de muchas cosas impide vestirse con ciertos abrigos, de trinchera, de chimenea, de espejos, de cemento y de, para no ahogarse, salvavidas anillados a una soga ocre de esparto (¿y de espanto ahogado?).

Sencillamente, sé lo que tengo que hacer en la estrategia que me compete como guerrero, sé qué escudo elegir y qué espada debe alzar mi mano, blandiendo verdades a medias para hacer huir la soledad y el vacío a mandobles.

Pero la lucidez me pone en evidencia, y aún así, entrecierro un poco los ojos, como el que deja la puerta casi cerrada, pero con el hueco suficiente para que siga entrando el aire, y no se vicie el ambiente.

En lo que es mi tarea, no hay mentiras, no hay escondites. En lo que yo no puedo controlar, la lucidez me dice que cierre un poquito los ojos y mire a otro lado, si no quiero estropearlo todo.

Qué paradójico que los amores busquen egos enamorados, y que el Amor, con su oleaje imprevisible, asole costas escarpadas y haga añicos las rocas... por mucho que uno acicale su playa, la mantenga limpia y libre de naufragios indeseados.

En fin, si busco no encuentro y dejo de buscar para que se cumpla ese caprichoso axioma de... "es lo que esperas lo que te acaba encontrando a ti". Ya podría ser más fácil... aunque seguro que entonces no tendría tanta gracia. O sí.

La verdad, ahora mismo vendería mi alma al diablo (ese señor tan resabiado y burlón, casi inofensivo al lado del hombre), por una casita, por una habitación con vistas a un paisaje como este, y de banda sonora... el océano, el viento en los árboles, la pluma sobre el papel, y detrás de mí, la respiración de una mujer (de Ella) en la cama, apurando el sueño hasta media mañana mientras yo madrugué para que no se pierda ese poema...

Rumor de sábanas, suspiros matinales, estiramientos de gata, me llama sin decir nada, voy, ya voy, y escribo el mejor poema con mis manos, mi lengua, mi sexo... mientras su cuerpo se va despertando y su alma me va sumiendo en el sueño más dulce. Ay, corazón de mujer, dulce, tremendo y eterno, como el mar que aplaude en olas ahí afuera...
 
Mira lo que he encontrado...
Acabo de toparme con este antiguo correo, mientras borraba unos cuantos espejismos y mensajes varios del pasado. Recuerdo que nuestra compañera Lehahiah colgó algo parecido en su espacio hace un par de semanas o así, y recuerdo también haberle comentado algo, como que la verdadera esencia de una persona no aparece en esa clase de preguntas, que puede vislumbrarse más con el día a día y a trasluz, por otras letras, pero me parece curioso haberme encontrado con eso después de tanto tiempo (un año y medio por lo menos). No es por exhibicionismo, pero después de dar vueltas sobre lo mismo estos días, creo que, aunque sea por crear un poquito de distensión, de buen humor, hasta casi de cierta frivolidad, y por dejar de pensar y derramar mis latidos sobre los mismos y eternos temas... comparto este "test", a ratos interesante, a ratos bastante absurdo (no lo inventé yo, sólo lo contesté). No sé si preocuparme o alegrarme por poder seguir suscribiéndolo prácticamente todo a día de hoy... ¡Ah! Este "test" no es de Bellver ni del albatros, aunque asomen el cabezón por ahí alguna vez, las respuestas de este "test" son totalmente Sergi.

pd: Por cierto, dos curiosidades ¿quién visita mi página desde Bolivia? Tengo muchas visitas de aquél país pero nunca hablé con ni recibí saludos de nadie de aquellas tierras. Un saludo con intercambio de hojas de coca del zurrón para el Altiplano, Uyuni, Cochabamba, los Yungas, La Paz...

Y la otra... ¿Por qué son tan, pero tan bocazas, la mayoría de políticos...? La colección de estupideces que he leído, o escuchado esta semana, en boca de elementos de todo signo y pelaje no tiene desperdicio. Y encima les dejan dar clases a algunos en la Universidad... Qué mundo.

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1.Nombre:
Sergi

2. ¿Eres supersticioso?
No, lo que no quiere decir que no sepa leer ciertas señales...

3. ¿Fecha de nacimiento?
25-11-1971

4. Signo del zodíaco:
con la fecha ya lo sabes... "Sergitario"... me define bien, mitad caballo trotando salvaje, mitad arquero apuntando al cielo con sus flechas...

5. ¿Que animal te corresponde en el horóscopo chino?
a pesar de su mala prensa en occidente y peor aún en el Islam... del cerdo dicen que es un gran signo en el horóscopo chino ;-P

6. ¿Duermes siesta?
Cuando puedo, sí. En verano apetece, más si es debajo de una sombrita. Y en invierno no hay quien le despegue a uno las sabanitas.

7. ¿Cama con o sin almohada?
con, pero ni muy dura ni muy blanda, como el regazo de una mujer.

8. ¿Que llevas puesto en este momento?
botines de media caña de piel marrón, calcetines grises, vaqueros, cinturón a juego con los botines, boxer oscuro, camiseta de manga larga gris oscuro chaqueta de lana de cremallera y cuello vuelto negra, blanca y marrón, y dos anillos, un pendiente y una pulsera, todo de plata. Y media sonrisa.

9. ¿Que apodos te ponen tus conocidos?
ahora ninguno, hace muchos años "Movie" y algunos más... pero me gusta más Sergi, o cielo o cariño según quién lo diga...

10.¿Tienes hermanos?
un hermano mayor y una hermana menor, yo siempre enmedio, como los jueves...

11.¿Que haces antes de dormirte?
leer, o escribir, pensar, reflexionar, o soñar despierto antes de hacerlo dormido...

12.¿Invierno o verano?
Me gustan las cuatro estaciones (las de Vivaldi más todavía), tengo predilección telúrica por el otoño, pero no podría vivir en esos países donde es siempre verano o siempre hace frío. Me gusta el cambio... (muy de Sergitario...).

13. ¿Fumas?
El tabaco es ladrón... de salud, dinero, sabores, olores, y no le veo el placer, me parece más bien una muletilla psicológica... Prefiero cannabis, a ver si lo legalizan, igual que el alcohol, que mata más gente.

14. ¿Radio o TV?
Radio si hay buena música y tele si hay algo interesante, pero eso es tan raro...

15. ¿Que canción estás escuchando en este momento?
suena algo de chill out.

16. ¿Que odias hacer?
la limpieza de la casa, y aguantar a pesados, y tener que mentir alguna vez aunque sea piadosamente, etc...

17. ¿Cual es tu color favorito?
Azul, del mar, del cielo, etc. Celeste, oscuro...

18. ¿Alguna vez ganaste algún premio?
algunas personas que he conocido lo son (pocas), y ojalá alguna vez gane alguno de literatura, y si está bien dotado (en el sentido casto y monetario), mejor. Pero me quedaría con algunas personas más de esas que te regala la vida...

20. ¿Que harías si ganaras 1 millón de euros?
Dedicarme a lo que me llena de veras, escribir y viajar. Hacer unos cuantos regalos y comprarme una casita pequeña en el Mediterráneo. (me temo que no da para tanto, ¿no?).

21. ¿Azúcar o edulcorante?
azúcar moreno de caña.

22. ¿Tocas algún instrumento musical?
por desgracia no. Lo envidio a quien lo hace bien.

23. ¿Cual es tu número preferido?
el tres y sus múltiplos.

24. ¿Repetiste algún año de estudio?
Una vez a los quince (la peor época de mi vida).

25. ¿Cual es el animal que mas te gusta?
Ballenas, orcas y delfines... me inspiran muchas cosas. Y un perrito que tuve y quise mucho :_(

26. ¿Cual fue la última peli que viste?
La última la última no la digo que fue una castaña, qué mala... pero la última que me gustó fue "El pianista" de Polanski. ¿No vale decir las pelis favoritas? Jo, ahí sí que me explayaba... cuelo una: "Blade Runner"...

27. ¿Que libro que leíste te gustó mas?
Buf.. "El corazón de las tinieblas", etc...

28. ¿Quién te felicitó primero en tu último cumple?
¿Qué más da "primero"?, lo que importa es quienes y si lo sentían. Pero fue mi mejor amiga la primera.

29. ¿Que cosas te molestan?
La gente egoísta, mediocre y fría, lo absurdo que no hace nuestras vidas mejores, y no poder hacer lo que realmente quiero muchas veces con mi vida.

30. ¿Cual fue el día más feliz de tu vida?
Hay varios, llenos de cosas pequeñas y también trascendentes... pero siempre con algún ser querido. Menos alguna vez que he sentido rodar la tierra y girar la bóveda celeste estando solo pero sabiéndome un alma de paso por aquí... De todos modos creo que el más feliz de todos aún no ha llegado...

31. ¿Y el más triste?
Cuando perdí a seres queridos. Cuando perdí el querer de otros seres.

32. ¿Qué dieron los resultados de tu último análisis de sangre?
Todo bien.

33. ¿Eres diestro/a o zurdo/a?:
diestro.

34. ¿Que parte de tu cuerpo te gusta más?
Los ojos, porque la mirada expresa lo mejor de mí, lo que no se ve... También mis labios y la piel.

35. ¿Cual te gusta menos?
No me gusto demasiado por lo demás.

36. ¿Prefieres la comida o el postre?
Todo forma parte de la comida... o ¿acaso le quitarías un acorde a una canción?

37. ¿Pizza o pasta?
Spagheti con setas y jamón... al pesto genovés... etc...

38. Tema preferido de conversación:
Cualquiera que valga la pena y me haga aprender algo o disfrutar del arte del encuentro con alguien. Puede ser metafísico o trivial, no importa.

39. ¿Cuando fue la última vez que te peleaste con alguien?:
No suelo hacerlo. Hace mucho y lo olvido pronto.

40. ¿Que nota obtuviste en tu último examen?
Fue de alemán hace mucho, un notable alto.

41. ¿Cual es tu peor defecto?
Demasiada susceptibilidad a veces. Un poco vago para lo que no me gusta hacer. Sinceridad.

42. ¿Cual es tu mejor virtud?
Sensibilidad y tolerancia, creo que soy noble. Detallista. Sinceridad.

43. ¿Lees a diario?
Casi.

44. Dia favorito de la semana:
Jueves.

45. ¿Que llevas siempre en tus bolsillos?
Lo necesario (lo que ahora incluye una pluma para escribir donde sea…)

46. Un perfume:
Intuition de E. Lauder y Tendre Poison para chica, entre otros. Allure de Chanel y Acqua di Gió de Armani para mí. Pero la verdad es que prefiero aromas más naturales... el cabello y la piel de la mujer por la que sienta deseo, sin disfraces, o el jazmín y el azahar, o el olor a brisa marina... tantos, el olfato es muuuy importante para mí.

47. Nombra a la persona que tal vez no te conteste:
Demasiadas. Hoy en dia la gente es tan...

48. La que seguro responde:
Mi mejor amiga.

49. ¿Quién te gustaría que lo responda?
Todo aquél a quien se lo envie, si no... pero si lo hiciera la mujer de mis sueños, estaría muy bien. ;-P

50. ¿Qué piensas de la persona que te mando este e-mail?
(Sílvia de Sabadell) Creo que es una buena persona con la que no hemos acabado de conectar, o que no me ha captado como soy, o yo a ella. Pero me cae bien.

51. ¿Has estado o estás enamorado/a?:
Una vez, y espero que haya otra. Vivir de otro modo no vale la pena.

52. ¿Qué es lo primero que miras del físico del sexo opuesto?
Lo primero que capto no es del físico y está detrás de los ojos, detrás de una actitud, detrás de un gesto... No es un juego de palabras, es así. Como un halo. Justo después me fijo en la silueta general, los ojos, los labios y si están visibles, los brazos (un fetiche).

53. ¿Y en la personalidad?
Lo primero que me atrapa es si es sensible e inteligente. Y el buen humor.

54. ¿Que buscas en un chico/a?
Una mente despierta y curiosa, un corazón intenso y noble, un alma profunda y apasionada. Ternura, PASIÓN (mucha), audacia, valentía, AMISTAD, COMPLICIDAD, que me ame por lo menos la mitad que yo a ella (es más bonito dar). Y tantos detalles... espero que entre en mi vida alguien así. Aunque el Amor no tiene lógica y surge cuando, cómo y con quien no esperabas.

55. Puede que este correo le llegue a una persona muy especial, ¿qué le dirías?
Que la extraño mucho. Incluso aunque aún no la conozca... Que espero que no tarde mucho en entrar en mi vida, si existe... que creo que sí. Intuyo q un día conoceré a esa persona... y será lo máximo... para los dos, no me importa si vive cerca o al otro lado del mundo

56. Un mensaje a todas las personas a quienes les envíes este email:
Sé feliz ahora, no lo dejes para mañana. VIVE.

Dos cositas más, a quien iniciara este cuestionario: he pasado cinco minutos arreglando ortografía, jeje.
¿Y la pregunta 19? ¿se perdió?
La añado yo (y respondo):

19. (buff, ¡se me ocurren tantas! ;-P) ¿Cual es la mayor "locura" que hiciste por amor?
cruzar medio mundo sin pensarlo... aplazar un sueño propio por el de otra persona...

Sergi (me temo que debo acatar mi propio mensaje de la 56... aunque a veces cueste tanto).


 
"Andén para dos" (lo he vuelto a hacer).
Se me están durmiendo las alas, me sube un hormigueo extraño desde sus extremos hasta las plumas del pecho, más finas, las que me protegen del frío y la humedad. Las plumas para volar, para planear y flotar en las corrientes, ahora se amontonan en la sombra, pero yo, el albatros, estoy encontrándole el gusto (pasajero, espero) a esto de observar mi carcasa desde fuera, un poco apartado del mundo. Sigo viendo a Sergi con los labios cuarteados de no llover en forma de besos sobre un corazón, o de no hacer arder una piel (hace siglos que no se embriaga de un aroma de mujer en concreto -no de cualquier piel-)... Y Bellver, ese ser algo orgulloso pero despierto, no acaba de desperezarse y zafarse del tedio, entumecido el prisma de no poder trabajar sin descanso en sus libros... angustiado por encontrar trabajo de cualquier otra cosa...

En fin, yo a lo mío, he vuelto a tomar prestado el libro marrón, para mostraros esto, reflejos de mis alas en letras...

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Andén para dos.



A veces me pienso mediocre y supongo virtudes en los demás (paupérrima mayoría), para mantenerme sano, atento y despierto. A veces, excepto cuando urden pequeñas mentiras para disfrazar las cosas, e impulsos infantiles se desvanecen al instante, cobardías absurdas, egos inflados, pavos reales que pierden el plumaje y los oropeles al encarar la realidad, palabras robadas de folletín para escribir escenas y ser el protagonista, sin verdad, sin pulso, sin pureza...

Cuando auténticas mediocridades me arañan el alma desde fuera, me supongo más virtuoso y pienso que los demás (mayoría absurda) miran sin ver nada, comercian y trafican con sentimientos.

Qué pequeño y triste, aunque revolotee entre fuegos artificiales, es un "amor" que pide, evalúa, sopesa, compara y exige antes de entregar nada.

Me molestan sus quejas ególatras, sus llantos pueriles, cuando atacan al prójimo que no supo darles lo que tal vez no merezcan.

Tampoco me gusto cuando me pienso mejor que otros, cuando asumo que merezco Amor y no amorcitos, y tal vez sin admitirlo soy un monstruo egoísta... aunque me repita que no, que tengo el Alma entera para repartirla en el millón de días a su lado.

Puede que jamás se cruce en mi camino, puede que pasemos en el mismo instante por el mismo andén de la estación, pero sin vernos. Puede incluso que se saluden las miradas pero pase de largo... pero sé que hay ahí fuera un alma con un hueco para mis sentires, con unas raíces para mi terruño, con una montaña de luz para mi vacío y oscuro valle... alguien con la misma bruma entre sus árboles, esperando el sol que también albergo... sé que existe la otra pieza de un puzzle de dos, el beso con el que rima el verso de mi esencia.

Alguien sin medianías, sin sumisiones, sin sentimientos mercenarios. Alguien junto a quien seguir aprendiendo el Arte de Vivir.

Sólo dime en qué estación, en qué andén, qué tarde de otoño, bajo qué lluvia amante de ventanas y cristales, con qué primer rayo de sol después del aguacero y antes del ocaso aparecerá tu rostro iluminado de costado, en el andén de la estación, esperando nuestro tren. Sólo dime eso, para sacudirme rencores y angusitas del abrigo, porque no quisiera llegar tarde... ni venir a tu encuentro sin mi sonrisa.
 
SMS de otoño.

"Nuevo mensaje:
25/11 19:47:

Rmendé con el hilo del amanecer los bolsillos rotos por los q habían estado cayendo mis sueños, y m di cuenta d q iba más ligero, q con los bolsillos vacíos cabía sperar cualquier cosa..."



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Esta tarde comenzó el otoño, esa época del año que adoro y temo por igual, pues en otoño han sucedido la mayoría de las grandes cosas en mi vida, tremendas y luminosas, hirientes y trascendentes... veremos qué trae este ocaso sobre las hojas, esos atardeceres incendiarios desde las Vistillas en Madrid, que ojalá fueran desde una playa, un acantilado... porque extraño el oceáno más que nunca.

Me han dicho varias amigas con algo de brujita que se me avecina algo grande, una alegría que después de tanto tiempo devuelva el brillo a mi mirada, ahora negra y mate como madera vieja de ébano, antaño negra y radiante, pulida por el roce amante. Buenas amigas que me quieren bien, aunque yo no las crea, con toda mi ternura.

Si hoy rescaté ese mensaje que hace mucho tiempo envié a alguien por el móvil, es porque no creo ya en hadas, o no quisiera, porque me apetece hundir mi mano en el pecho, agarrar mi corazón y dejarlo sobre una roca, a la vista de los buitres, como un difunto monje tibetano, para alimentar la eterna rueda, y así, libre de ese dictador inmisericorde, seguir viviendo, sobrevivir al menos, tranquilamente.

No es ningún privilegio ser "yo", de veras, a menudo es una broma pesada. Y creo que libre de ese inconformista y radical corazón, al menos podré concentrarme, algo es algo. Hay mucho que escribir.

Ya resucitaré a ese soñador algún día, en el futuro, quién sabe, cuando los vientos vengan de popa y pueda volver a extender mis alas, para navegarlos. Cuando soplen de levante desde una sonrisa de mujer, quién sabe.

Hoy, en el albor de este otoño, estoy cansado, y sólo quiero serenidad, nada más. Mis cuentas pendientes con la Vida son muchas, y ni siquiera me apetece saldarlas ahora mismo, dejo mi revancha para otro día, hoy mis huesos murmuran rendiciones, y con eso me basta.
 
Porque sí.
Para que sepáis todos que estoy cansado, muy cansado, y voy a dormir un poco... como la hierba bajo la nieve. Acabo de mandar esta postal a una persona (especial y auténtica), pero no sé por qué, necesito gritársela a todo el mundo:


"Se queda uno mirando desde algún acantilado cercano, y huele las olas pero no las toca, y siente la bruma acercarse desde los sótanos anegados del mundo, y escucha un lejano rumor, como un oscuro roce de lenguas muertas sobre las rocas... y escribe estas palabras sólo para alguien, y se azora un poco, y se sienta en la piedra pulida por el viento y las tormentas, y escucha las olas pero no las cuenta... y siente vértigo, y escucha frases que en otra edad ya burbujeaban en la marmita de su pecho, y se alza un conjuro sobre la costa, y huele las olas pero no las toca, y se asusta, y se alegra, y se atreve, insolente y audaz, sin marcha atrás, que el miedo fue el primer impulso, la carrerilla antes del salto... pero ahí, sentado, huele las olas y no las toca... y escribe esto en su cuaderno para alguien que también sabe volar, y se levanta, a cien metros de la bruma salada que ya invade los acantilados, y olía las olas pero no las tocaba... pero... ya está todo empapado por esa niebla fría y extraña, calado por esa nube espontánea y familiar...

Sí, esto es bello, pero duele un poco, como el alcohol en la herida, pero es bello...

Hoy me lamenté ******************** (privado) A lo mejor era porque tenía que alcanzarme la tarde, y llegar a estar algo triste, para escribirte así ahora, yo qué sé...

Mierda de internet que tiende puentes entre pechos y levanta muros entre sus ecos.

No sé, no me hagas mucho caso hoy, estoy infinitamente hastiado de muchas cosas, y muy cabreado con el destino zalamero y ruín.

Putos sueños y espejos.

Guiños del albatros de cejas negras. "
 
Viajero perdido en un sueño.
(De este antiguo poema, remoto en mis tiempos como las rocas de la Guayana, recorté una vez el tramo del agua para compartirlo aquí, hace meses. Hoy he vuelto al metro de Madrid, y no había músicos, pero ese sueño sigue revoloteando mi vigilia, como un ave burlona... Por cierto, un día de estos tendré que escribir toda una semana de "posts" sólo para agradaceros otra vez tanto afecto y tiempo dedicado... de lo mejorcito que viene pasando en mi desastrosa vida últimamente).

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Viajero perdido en un sueño.




Hace días te imaginé
mientras unos músicos convertían el vagón de metro
en una callejuela de cualquier ciudad andina,
desde Venezuela hasta Chile.
Un paréntesis de quena y guitarras
en el traqueteo de la maquinaria,
la banda sonora del primer plano
que filmó mi mente escurridiza,
con la mirada inmóvil
pero la atención a miles de kilómetros de allí,
en el espacio y a quién sabe cuanto en el tiempo.
Mientras los arquetipos
imágenes grabadas en el subconsciente
construían el decorado,
entre quebradas, angostos valles,
tierras del indio austero y tenaz,
del quechua indolente y profundo,
te he imaginado.

Apenas un par de minutos,
pero con tal nitidez
que mi estómago daría un par de vueltas de campana
si te viesen mis ojos de veras alguna vez,
al reconocerte.

Montado mi espíritu de Aladino inquieto
sobre la dulce alfombra de aquella música,
he volado hasta un rincón del camino el Inca.

Llovía como sólo en las cumbres
de la columna vertebral de América puede hacerlo.
Cómo vibra mi ser cuando siente así el agua.
Agua. Agua. Vida.
Agua mutable y eterna,
que se balancea minúscula
siendo perla temblorosa en el rocío,
hemorragia cristalina socavando las montañas
hasta quebrarlas,
marabunta líquida serpenteando entre los mapas,
ejército de diamantes cayendo del cielo,
violenta embestida vertical azotando la selva,
zarandeándola para luego darle la vida,
océano como fin y principio,
metáfora del universo derramado sobre la tierra.

Así llovía,
con la fuerza y la pureza de los tiempos remotos,
como si fuera la primera
y la última lluvia del mundo,
virgen y trascendente.


No se en qué momento se mezclaron
hasta confundirse
la música de los bohemios
con el estruendo inmaculado de la tormenta,
pero ahí estabas tú, apenas a un metro de mí,
con tu piel de seda oscura
sembrada de miles de joyas de agua,
con efímeros y párvulos arroyos rodando por tu rostro
haciéndose divina cascada
en el mango y la fresa de tus labios,
curvando su adorable caer sobre tus hombros,
muriendo secretamente en tus senos
hasta fundir su silueta con la camiseta calada.

Las retinas me duelen
de mirarte como a un sol de carne y hueso.
Tu cabello azabache y fragante me susurra
maderas preciosas y tierra fértil.
Tu boca no sonríe
apenas entreabierta por un ligero temblor,
pero tus ojos de iris pulidos por el dios de las gemas
han clavado su brillo en mi alma,
como anzuelos de pescadora que tiran de mí,
complacido, radiante y feliz,
para que hagas de mi corazón tu sustento,
de tu piel la red que atrape mis besos para siempre
y de tu alma la barca en la que navegar por siempre
sin más puerto que la playa de tu amor.

Tal vez algún dia te reconozca y lo sepa
quizá no existas
probablemente pases a mi lado y cambies mi mundo
sin reparar en este loco,
pero si tu mirada y la mía se cruzan alguna vez
y se gritan en silencio “eres tú”,
en ese instante sabremos para qué nacimos.


 

Albatros...

Hoy he probado a tirar los dados, y la combinación ha sido una sorpresa. He entrado en el buscador de Google, he escrito "alas de albatros", a ver qué pasaba, y además de este espacio, han comenzado a surgir páginas de lo más reconfortantes, desde otros recomendables cuadernos de bitácora como los de Un Chico Normal, Mirada Inocente o La Sociedad Pajaril La Aurora que hablaban amablemente (tal vez demasiado, son amigos...) de este personaje que os escribe, o remitían a alguno de mis textos, o donde pude encontrar un comentario anónimo como este: "Pues me ha resultado curioso. Le miré a los ojos para ver qué me sugerían y descubrí en ellos la esencia de su blog: sus cejas forman perfectamente la imagen de las alas de los albatros cuando planean libremente sobre el mar... ", que me dejó sin palabras.

No sé si elegimos los símbolos (a veces para cosas tan inesperadas como esta) o estos nos señalan con el dedo de lo inefable, pero hay algo más que el poema de Baudelaire en mi identificación con el ave marina que sintetiza algunos de mis mundos interiores.

Me he tropezado con palabras, versos y prosa de algunos otros autores de cuadernos de bitácora virtuales, la mayoría merecen una visita, sosegada y atenta.

También encontré páginas apasionantes, (esta le hubiera encantado a Eugenia) ya aparte de la "blogosfera", como la de La Cofradía de los Capitanes del Cabo de Hornos "Cap Horniers" - Chile, donde podemos entender la hermanación de los verdaderos hombres de mar con el albatros. No dejéis de visitarla porque es apasionante, a poco que os seduzca el oceáno y el espíritu de libertad. Incluso podéis disfrutar en castellano y en la versión original poemas dedicados al albatros, como los de Baudelaire o Whitman, y la Oda de mi querido Pablo Neruda.

Siento la brisa salada directamente en el corazón, cuando leo metáforas así, genuinas desde de la naturaleza: "la clase de albatros principalmente asociada con los marinos oceánicos es el Albatros Errante o Vigilante (curioso, mi nombre de pila en latín significa "guardián"...). Es el más grande de la familia y sus alas alcanzan una envergadura de hasta 3,5 mts."

De otras páginas de zoología:

"No es extraño que un albatros críe por más de 20 años con la misma pareja."

"Al Albatros Ojeroso también se le llama Albatros de Ceja Negra. En inglés se le conoce por Black-browed Albatross." (sin comentarios...)

"Los Albatros tienen las alas estrechas y sumamente largas. Su envergadura va desde los 175 hasta los 340 cm, la más grande de todas las aves (soy un patán en tierra firme, pero bien sé que pocos volarán más alto que yo). Esta adaptación les permite planear sin ningún esfuerzo, y poder despegar con sólo abrir las alas en contra (a favor...) del viento (la emoción, el Amor, la Vida). Pero también los hace muy torpes al aterrizar (el mundo mensurable y trivial). El albatros es un ave marina por excelencia y baja a tierra solo para anidar. Anida exclusivamente en islas. (especialmente en una, la que espero hallar en algún lugar de este océano)."

"Los albatros son capaces de volar por horas, y tal vez por días, sin batir sus alas, porque tienen un interesante truco para atrapar energía del viento: el encumbramiento dinámico (curiosa manera de decir que toco las nubes cuando Amo...)."

"Si se desea encontrar un ave nómada, el albatros es el rey. A diferencia de las aves migratorias, que tienen rutas de viaje y lugares de arribo, el albatros es una ave libre. Sin destino específico. Su vida es un infinito vuelo a través de los mares. Y ésto, porque se establece en tierra firme de alguna isla remota sólo en su época de... (no, de reproducción, no... y además, no sé si quiero una isla... u otra albatros para viajar juntos, sin frontera ni techo, o con más luz de la que decía Neruda:

Oh capitán oscuro,
derrotado en mi patria,
ojalá que tus alas orgullosas
sigan volando sobre
la ola final, la ola de la muerte.


porque yo quiero ser claro, y vivir la luz desde su raíz de sol...)
."

Anoche, una personita muy especial que presiento será mi amiga por mucho tiempo, me sugirió republicar antiguos textos y poemas que han quedado en el cajón del tiempo, allá por Mayo, junio... olvidados por la inercia del día a día y el reloj impaciente.

Hoy me gustaría que leyérais, tras un click más de vuestro ratón, mi particular y privado "El Albatros"...
 
Expedientes X.
Sí, desapariciones repentinas, personas que se desintegran, amistades que se pulverizan y dispersan en millones de partículas, sin motivo aparente, sin explicación, sin justificación alguna. Si hay un mal roce, un problema, una trifulca, y por pequeña e infantil que sea, ambas partes acuerdan, o unilateralmente una de ellas decide que es mejor que cada cual siga su camino sin mirar atrás… no siempre es lógico o plausible, pero al menos no te pilla desprevenido. Se puede estar de acuerdo o no, pero al menos sabes que algo ha pasado, que un escalón siguió al otro y ahí estás ahora, en el sótano o en la buhardilla, depende de las ganas que tuvieras de perder de vista al otro. Incluso así podéis acabar los dos en el sótano, lamentándose porque algo no salió bien, pero sin apegarse al pasado, aceptando que lo que sucede, siempre es por algún motivo. A veces he sido yo el que decidió dejar de compartir un trecho del viaje y me he despedido. A veces han sido otros los que me dijeron adiós, sin más, y me gustara o no, les devolví la mano ondeando sobre la muñeca.

Pero no puedo con los "expedientes X". Esa gente que sin motivo, por pequeño y ridículo que sea, desaparece. O mucho peor cuando esa gente, al igual que el oscuro señor del cigarrillo eterno intoxicaba la información y manipulaba las mentes para que los agentes Mulder y Scully (yo creo que eran gays los dos, ni un triste arrumaco en toda la serie…) nunca se acercaran a aquella Verdad que estaba ahí fuera… cuando esa gente, digo, se inventa un rollo macabeo para “explicar” las repentinas causas de fuerza mayor que le obligan a desaparecer tras una cortina de humo…

Esos son los peores, que inventan desgracias, rocambolescos avatares, para que encima tú te sientas mal y no oses llamar a su puerta, por temor a causarles la más mínima turbación, pobrecitos… (víboras cobardes).

Pero ahora viene este extraño artículo a cuento de una persona concreta, que al menos no se inventó nada, simplemente, desapareció tal cual vino. Una amiga (creía yo) y una buena persona, con la que jamás hubo el más mínimo atisbo de otra cosa que no fuera pura y simple amistad, con la que compartí algunas tardes de charla, de confesiones (me contó lo difícil que había sido su vida, y no era ninguna queja gratuita, lo fue de veras), una brujita avezada que me dejaba a cuadros cada vez que adivinaba y leía cosas de mi interior y mis circunstancias.

Soy un poco escéptico para todas estas cosas… pero un día me pidió que le hiciera un dibujo, uno de esos que a veces te piden en un test psicológico, con sus pautas de interpretación, etc., pero ella además le pondría su cosecha propia, su intuición, si le venían, como ella decía, la vocecita y las imágenes a ese recóndito lugar entre la mente y el alma que es capaz de leer el tiempo y el espacio, y las almas de otros. Debo confesar que me dejó helado, contándome cosas de mí mismo, detalles de mi personalidad, mi pasado y mi presente que absolutamente nadie podía saber… lo cual, dicho sea de paso, me alivió un poco cierta angustia vital, pues me vaticinó un par de cosas para el futuro, que de cumplirse, me harán el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra. En el dibujo debía constar un río, el sol, la luna, un árbol, una casa, un camino (creo) una serpiente y uno mismo. La serpiente, por ejemplo, representaba la actitud hacia el sexo (me dijo que nunca nadie había dibujado así a la serpiente, no por bien o mal dibujada –lo hice bastante deprisa- sino por la colocación –sobre mí mismo- y los matices); el río creo recordar que tenía que ver con el amor y el plan vital, el sol y la luna con los padres, etc.

En fin, tal vez esta persona sólo vino a mi vida para comunicarme todo eso, porque después de invitarme a su casa a cenar y quedarme a dormir, de conocer a sus dos hijas, a su amiga, y a un puñado más de amigos que vinieron después de cenar, después de desayunar al día siguiente su amiga, sus hijas, ella y yo… de llevarme amablemente en coche a la estación de cercanías… después de una agradable noche de charla, porretes y risas… nunca más se supo.

Le he mandado algunas veces mensajes al móvil, hoy, después de meses, lo he vuelto a hacer. Y sé que no me contestará. Juro que no hice nada raro, ni me llevé un cenicero de casa, ni comí con la boca abierta, ni dejé pelos en el baño, ni nada, así que no sé… lo dejaremos por Expediente X…

Espero, Elsa, de corazón, que te vaya bonito, allá donde estés. Sólo me hubiera gustado que te hubieras despedido.



pd: si hay algún psicólogo o psiquiatra en la sala, puede reinterpretar el dibujo… Y por cierto, ningún grafólogo dijo nada de aquella nota mía de puño y letra de hace semanas… siento curiosidad.

re-pd: No soporto a los críticos de cine petulantes y pretenciosos. Anoche en “Días de Cine” casi vomito con la crónica de la Mostra de Venecia. Qué gratuito decir que el trabajo de Javier Bardem “podría haberlo hecho Cruz y Raya imitando a Ramón S.”, o que Amenábar resultó “manipulador, oportunista y a ratos sádicamente sensiblero”. Y alabar luego a ultranza las virtudes del cine chino… Pero lo que más me reventó fue la pedantería de colar fragmentos de películas anglosajonas… sin subtítulos, como si los espectadores debieran saber inglés. Eso sí, el coreano no lo dejaban tal cual… y que conste que hablo inglés, soy admirador fiel del cine de Kurosawa, y pienso ir al cine a ver “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera” (coreana) y también “el tren de Zhou Yu” (china, con la gran Gong Li).
 
Tensa espera.
(Dedicado a Coração Vagabundo, que me recordó sin querer esto, algo que escribí a mano hace ya dos años. Lo transcribo hoy directa y literalmente del cuaderno de hojas recicladas, tan sólo he borrado una palabra, por repetición errónea. Muchas de estas letras siguen vigentes hoy en día, todos los días...).

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Tensa espera.



El engranaje del destino gira y oigo el crujir de sus piezas… Como un reloj vuelven sus manecillas a señalar el mismo momento, como si el mundo fuese tan sólo un decorado, un escenario para que este comediante mediocre represente su papel.

El público no atiende y sólo es un murmullo abigarrado, como una plaga de palomas en una plaza cualquiera.

¿Quién es? ¿Dónde está el apuntador? ¿Son las personas que en un instante fugaz se cruzan a cada minuto en mi vida para transmitirme un mensaje encriptado que no acabo de descifrar? ¿Soy yo mismo cuando apago la voz y cierro mis ojos, cuando habla mi pecho y mira mi corazón?

No quiero ser actor que traduzca en gestos los sentires de otro. No quiero ser público que interprete a su modo mis palabras, sus palabras, las del otro. Deseo escribir mi propio guión, adelantando las emociones a las letras, experimentándolas antes de plasmarlas.

Pero ahora al reloj hay que darle la vuelta, y mientras los primeros granitos de arena se deslizan por al cintura de cristal, los últimos latidos del presente hablan por mi voz de tinta. Y preguntan. Al apuntador, a la maquinaria misteriosa, al Relojero universal y su infinita paciencia de artesano, los latidos le interrogan…

Cada pálpito es un minutero midiendo la espera…

No sé dónde encontraré la respuesta, si será un débil hilo apenas audible en mi cabecita, si será una paradójica señal en el cielo, si será un empujón violento que me deje tambaleante al borde de un precipicio, si vendrá a mí en forma de canción, acunando mis desvelos, echándole un cubo de agua fría a mis letargos.

Sólo te pregunto, Reloj de Sol, si la sombra fresca de lo Verdadero señalará ahora el mediodía de mis anhelos, el cenit de mi alma inquieta y buscadora.

Voy a salir al jardín a leerte, espera…

Pasa una nube perezosa, esperaré un poco más…

Ya trazas tu respuesta en la pared… ¿Sí? ¡Gracias!
 
La clase.
(contra los atentados virtuales, más madera, Groucho, más madera, a escribir... a enterrarlos en palabras).


La clase.


La clase no es un rango ni un regalo de cuna; la clase no es un caro capricho del azar ni el brillo de unos galones en la manga. La clase no tiene nada que ver con lo que se suele decir de ella. Es algo innato e inefable, que hace que una persona trate con el mismo tacto a un mendigo y al Papa, que sepa estar en la Place Vendôme o en los callejones de Calcuta sin dejar de ser fiel a sí misma.

Rufianes con gemelos de platino y gomina abundante, bestias pardas forradas con las pieles de algún escaparate de la milla de oro. Reinas magnánimas y anónimas con falda de rebajas y séquito de niños desdentados, gallardos caballeros de honor intacto y mono grasiento de diez a ocho. Y también miradas luminosas entre la vacuidad de una fiesta de alto copete y rumores sórdidos a tus espaldas en la cola del super del barrio.

La clase no es lo que te cuentan, y como un halo envuleve los gestos de quien la destila, sea un obrero o un potentado. Yo conozco proletarios de alma noble y nobles de alma limpia. Y también hienas inmundas en los arrabales y las avenidas del lujo.

Aunque no creas en ella, como en el Amor, o en la magia, esas cosas existen, pero no son como te las cuentan.


pd: anoche comenzó su andadura en Telemadrid un nuevo programa sobre el mundo del cine, conducido por Pastora Vega. Hay que ver, esa mujer, a sus 44 años, irradia más feminidad y belleza que nunca, por esa mirada divina y limpia. Nadie dijo que fuera perfecta, pero lleva la elegancia por encima y por debajo de la piel. Suelen atraerme en principio las mujeres de mi edad o algo más jóvenes, es cierto, pero me iría mil veces antes a cenar con Pastora que con alguna de esas sex-symbols que nos venden por ahí... Afortunado, Imanol. Y otro inciso: Nicole Kidman es buena actriz, casi siempre, pero no me pone nada... tan gélidamente anglosajona...
 

"Lincoln".

Mi nieto ha iniciado el mismo viaje que hace dos décadas hizo su padre, un viaje del que nunca regresó. De nuevo el mundo se ha vuelto loco y arranca otra vez las flores de mi huerto para sembrar cruces. Un hombrecillo monstruoso ha incendiado el corazón de Europa con sus ansias de poder y su odio racista, y el fuego se ha propagado por todo el mapa del mundo. De nuevo mi nieto cruza el Atlántico hacia las costas francesas y de mis manos arrugadas se escapa la vida. Ya no quiero ver cómo el hombre se destruye, sólo quiero irme y descansar, porque mis recuerdos están demasiado manchados de sangre. Lo que me ha mantenido en pie hasta hoy ha sido la luz de mi gente, pero ahora que mi único nieto se dirige a la oscuridad, y cuando más echo en falta a mi mujer, no me quedan fuerzas. Sé que esperaré en el porche las noticias hasta el último aliento, que mi vida se extinguirá con ellas, en paz si veo la cabeza pelirroja de mi nieto asomar tras la verja del jardín, o partida de un sablazo si un oficial de la marina se acerca con una carta, una muy parecida a la que nos contó, hace veinticinco años, que nuestro hijo murió como un héroe. Y la heroicidad fue sobrevivir a eso.

Mi mujer fue esa heroína, pero hace demasiados años que ya no está, y al menos ya nada más podrá estropear su sonrisa. La penumbra se adueñó de esta casa desde que ella se fue. Y ahora, como tantas otras veces en mi vida, cuando contemplé, sin poder acostumbrarme jamás, al hombre devorando al hombre, pienso que ella ha sido lo único que la vida me ha regalado para compensar toda esta locura.

Nos conocimos con quince años, cuando yo iba a comprar, o a mirar, a la tienda de su madre, una viuda que siempre me regañaba por no limpiar el barro de mis botas antes de entrar, porque en aquella época los coches eran de caballos y las calles de tierra. Ella entonces reía detrás de su madre y sus ojos azules lo iluminaban todo. A mí me llegó a gustar que aquella señora me reprendiera, porque mi hermosa pelirroja siempre se divertía con ello y luego me miraba tierna y cómplice, amontonando sus pecas alrededor de aquellos increíbles ojos.

Su padre, como el mío, había desaparecido en nuestra guerra civil. Una guerra entre hermanos que comenzó la misma primavera que nos vio nacer. Mi madre, antes de que se la llevara la gripe, era el ama de llaves de una casa pudiente, y tenía a sus órdenes a dos negras, que dejaron de ser esclavas con aquella guerra, pero nunca fueron libres. Nada cambió en realidad cuando acabó aquella guerra.

Cuando yo vi por primera vez a mi mujer tras el mostrador de aquella tienda, diez años después, yo era un cadete que venía de recoger los cadáveres del séptimo de caballería del campo de batalla, y por unos instantes, estar cerca de aquella pelirroja me hizo olvidar el horror de los cuerpos mutilados y el hedor de la carne muerta.

Su madre tenía en la tienda a un indio, le llamaban Lincoln, era corpulento y silencioso, aparecía detrás de ti sin que le delatara el menor ruido, con tres sacos de harina o un tonel de bourbon entre sus poderosas manos. Los clientes siempre le despreciaban y le ordenaban como a una bestia, pero la viuda siempre les corregía y mi pelirroja llamaba en voz baja a Lincoln, que apagaba entonces la ira de su mirada.

Con el tiempo aprendí a limpiarme las botas de barro, y pasaba todas las tardes que podía en aquél lugar. La madre era una buena mujer, recta pero noble, muy por encima de la chusma que solía entrar a aquél almacén, siempre bravucona y grosera, siempre con el desprecio en la cara por una viuda que tenía a un indio en su casa. Lincoln era un fiel guardián, dormía en un cuarto de la trastienda, y tal vez entre aquellas paredes recordara sus tiempos de gloria y libertad, cuando todo lo que alcanzaba la vista era su hogar y los hombres blancos sólo eran un rumor que venía de las tierras de sus primos de la costa. Apenas hablaba inglés, pero lo entendía. Alguna noche, a su manera, nos contaba con gestos y canciones historias de águilas y bisontes, de montañas y praderas. Sólo con nosotros tres, en aquél tiempo, cuando habíamos llegado a ser algo parecido a una familia, a Lincoln le aparecía alguna sonrisa en su rostro anguloso y duro. Sólo entre nosotros, mi pelirroja, su madre y yo, Lincoln parecía un hombre tierno y sin rencor.

Pero un día todo cambió, un día que la madre tuvo que viajar a la ciudad para ver a un pariente enfermo. Aquél día mi pelirroja y yo nos quedamos con Lincoln y atendimos el negocio. Poco antes de cerrar entró un grupo de veteranos borrachos, uno aún lucía una raída guerrera confederada. Se adueñaron del almacén como si fuera una taberna de mala muerte y abofetearon a Lincoln. A mí me sujetaron entre dos, a ella, que le suplicaba a Lincoln que no se revolviera si no quería que le mataran, la retenía el más grande, y los demás se divertían dándole una tremenda paliza a Lincoln, que no levantaba la mirada del suelo mientras recibía patadas e insultos. Otro héroe, que se tragaba su propia cólera por el bien de su amiga blanca. Antes de irse nos amenazaron de muerte y acabaron de saquear las provisiones.

Entonces fuimos hacia Lincoln, sin correr, temerosos, despacio, sin acabar de atrevernos, porque no se movía. Un hilo de vida aún asomaba de su boca en forma de lamento, como una grave y débil flauta, y aquella noche la pasamos curando sus heridas, recogiendo los destrozos, esperando a la madre, angustiados pero juntos, desde aquél momento siempre juntos, mi hermosa pelirroja y yo.

Unas semanas más tarde, pasó lo que tenía que pasar. Una noche, Lincoln se liberó de su ropa oscura de hombre blanco, y con el pecho descubierto, rojo y lleno de cicatrices, se plantó de pie en la puerta y nos miró a los tres. Jamás me había sentido atravesado y envuelto de aquella manera por la mirada de un hombre, y jamás volvería a repetirse. El agradecimiento y el respeto nos inundó desde sus ojos, y sin decir una sola palabra, salió de la tienda. Ella y yo corrimos unos pasos detrás de él, pero sólo alcanzamos a ver el brillo de un fantasma rojo bajo la luna, cruzando deprisa hacia las afueras del pueblo, como la sombra de un coyote. Fue la última vez que le vimos.

El día siguiente amaneció frío, los charcos de la calle principal reflejaban un cielo pesado, y al final se veía la silueta de un caballo que se acercaba despacio. Atado a un estribo por el tobillo, arrastraba por el barro el cadáver de un hombre degollado, un hombre con una guerrera confederada. En unas horas aparecieron los cuerpos de varios hombres más en el pueblo, algunos en sus camas, o sumergidos en su propia sangre en el pilón de la parte de atrás de un burdel, o sorprendidos por un hachazo en la frente sin tiempo de sacar el revólver de la funda. Se organizaron batidas, se puso precio a su cabeza, se alertó a todo el condado, pero mi pelirroja y yo supimos que Lincoln jamás se dejaría atrapar. En su hogar, en la tierra salvaje, él era el dueño, él era una parte del todo y los blancos sólo unos torpes ciegos que avanzan a tientas.

Cuarenta años más tarde, una semana después de que nuestro hijo partiera hacia Europa para la Gran Guerra, mi mujer y yo tuvimos noticias de que en las montañas, más allá del lago, unos tramperos habían encontrado el cadáver de un anciano indio. Y ambos, emocionados, supimos que era Lincoln, que había regresado a la libertad de sus bosques, y había recobrado la dignidad del águila para vivir el resto de sus días.

Mi hijo nunca regresó de Francia, y mi mujer le sobrevivió por el nieto que nos había dejado. El día que mi mujer se fue, hace unos años, que han sido una eternidad para mi soledad, su inmensa mirada azul se despidió de mí con la misma intensidad de aquél noble indio. Se fue tan llena de amor pero tan desencantada del mundo como Lincoln. Y ahora, que mi nieto vuela hacia el caos y el infierno, soy yo el que quiere despedirse, para ser libre, por fin, con mi hermosa pelirroja.


 
Sex(t)o sentido.
Lo siento, (no va por eso lo de "sentido", ojo) soy mala persona, hoy iba a hablar de sexo, lo sé, de mis manías, gustos, disgustos, hallazgos, obsesiones y fetiches, tal cual, sin literatura, pero me he puesto delante de la pantalla, he escrito la primera frase, y no he podido evitar seguir con el resto. Debe ser que sí soy un escritor vocacional, porque esto empieza a dominarlo todo... Bueno, al menos tiene algo (algo no, todo) que ver... aunque sea un caso perdido e incorregible con las metáforas y mi visión (miope o clarividente, nunca lo tengo claro) del mundo. Para evitar vuestras collejas espero que os guste. Y la ración de sexo explícito no la voy a escatimar, prometido, otro día me desnudo.

Pd: ayer casi se me cae una lágrima, sólo viendo el "Así se hizo" (paso de "making off", que el castellano es muy bonito) de "Mar adentro". Aparte del talento de Amenábar y Bardem y del buen rollito que siempre me da Belén Rueda (habrá que ver si ¿sorprende? como lo hizo su serrano compañero Resines en la estupenda "La buena estrella"), mal vamos, porque si con un adelanto ya me pongo tonto (y eso no es tan fácil conmigo), en el cine más vale que me controle... snifs.

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Sex(t)o sentido.



Vista, oído, olfato, tacto y gusto, por este orden y por estas puertas la mujer se va colando en mí y me va calando los huesos. Aparece por el pasillo del vagón como una nevada o un almendro en pleno invierno, iluminándolo. Enero enturbia las ventanillas y el sol se escondió tras una bufanda de nubes, pero por el pasillo del vagón se acerca el verano. Entre el tumulto de la estación, entre silbatos, megafonías, despedidas a voces y ruedas de carritos, mi atención elige el sonido de sus zapatos y el susurro de su chaqueta al desprenderse de ella. Es una suerte que al comprar tu billete se reserven los asientos, a mi lado ha estado esperando el suyo las últimas dos horas. O los últimos tres años.

¿Quién se ha creído? No tiene ningún derecho a hacerme esto, sentarse aquí al lado, acelerarme el pulso, descubrir sus brazos con un encantador jersey sin mangas y cuello de cisne, sacudirme el alma con la cascada de ese aroma que de repente me llega de su pelo, de su cuello, juraría que hasta de sus manos. No tiene derecho a moverse para sacar un libro del bolso, rozarme con ese hombro divino y rematarme con la disculpa de su alucinante sonrisa. Y sobre todo no tiene ningún derecho a pretender entablar conversación conmigo con la excusa de horarios y paradas para derretirme con sus ojos de lava negra y pulida. Porque a estas alturas ya se ha evaporado cualquier atisbo de coherencia en mis palabras.

Tal vez eso le divierta, porque cuanto más hablo más se acomoda ella de costado en su asiento. Su pulgar sigue hundido entre las hojas del libro, y mi mirada sigue perdida entre las flores del almendro. Me halaga que prefiera mi conversación atropellada al libro, sobre todo porque está aparcando nada más y nada menos que a Chéjov. Recuerdo un cuento, “El beso”, y fabulo con la posibilidad de que me confunda a mí también y me bese, como en el relato, aunque fuera así, por accidente, y me quede tan tocado como el militar que regresa a la formación tras una fugaz eternidad de permiso.

El tren arriba a la siguiente estación y atraca en el muelle. O lo parece, porque huele a algas, se escuchan gaviotas y yo me siento marinero y explorador, junto a un continente de sorpresas por descubrir que me acaba de decir su nombre. Mi sexto sentido se inquieta, me dice que probaré el sabor de esos labios y el calor de esa lengua que secuestra mis ojos cada vez que pronuncia la ce; me dice que el sudor de sus nalgas mojará mis mejillas y que nos alcanzará el sueño con mi sien recostada entre su hombro y su axila, con su barbilla en mi frente y su sexo apretando mi muslo. Es una suerte que al sacar un billete en la vida se reserven los encuentros, porque este ha estado esperando mucho tiempo. Es una suerte, sobre todo, si es un billete de ida.

El tren zarpa de la estación y por las vías van resbalando las soledades, por la ventanilla va deslizándose la sábana del mar sobre la tierra, por mi imaginación las sábanas de una cama murmuran deseo sobre sus caderas saladas, y por esa sonrisa ya no caen disculpas cuando roza mi hombro con sus brazos de nuez moscada. Tal vez su sexto sentido también le haya confesado que estoy loco por ella, desde que apareció por el pasillo del vagón. O desde que imaginé este viaje en tren por la costa. Desde siempre.


 
Pasen y vean...
A veces temo saturaros, escribo demasiado. Y luego apenas me queda tiempo (ya sabéis muchos que no dispongo de conexión en casa y que soy un poeta pobretón) para leeros, y no me gusta. Porque aunque parezca un loro, siempre me he caracterizado por saber escuchar. Y disfruto encontrándoos, leyéndoos, siempre por vuestro fondo y a menudo por vuestra forma. Decía un tocayo mío en un Taller de cuentos, que yo de entrada hablo poco... claro, porque primero prefiero aprender y disfrutar de los otros. Hoy sólo reúno unos pocos minutos para hablaros:

-Para voyeurs y amiguetes, he inaugurado un álbum de fotos (el enlace está al ladito, en "Azul"), de algunos viajes, y también las fotos de mi tosca carcasa, las que me han sobrevivido (no me gusto en papel, no me reconozco casi nunca, y por eso me hago pocas fotos y rompo muchas, por eso casi nunca salgo en las de mis viajes).

-Hoy he tenido la intuición de que "por fin"... y sí, me he acercado a Correos (por enésima vez en diez días) y tenía cuatro estupendos regalos. Vuestras cartas o postales. Reprimiré mi vena exhibicionista de hoy y mejor las comento en "persona" a cada remitente. Aunque deciros que me habéis alegrado el día... y mucho.

-Anoche tuve momento telepático con dos de vosotros, me leíais mientras os pensaba, me pensábais antes de leerme, os pensaba antes de recibir vuestra carta... aunque no sea domingo por la tarde ni uno tenga miedo a volar... ;-)

-Mañana, sin metáforas (¿habéis visto "El cartero y Pablo Neruda", cuando la abuela de la morenaza, musa del protagonista, va a ver al poeta chileno en su hermosa casa de exiliado y le cuenta que el cartero acosa a su nieta con... "metáforas" -como si fueran manos bajo la falda o roces febriles en la última fila del cine-?) os contaré manías privadas. Bueno, sin metáforas en mí, es casi tan imposible como que... no me enrrolle en un "post", lo he vuelto a hacer... soy incorregible.

En fin, lo dicho, mañana os hablaré de sexo. Puro y duro (y suave, y húmedo, y eléctrico, y tibio, y... ). De mis delirios de alcoba. Hay que ser epicúreo de vez en cuando. Ya basta de rabia por las hienas. La vida sigue, siempre lo hace.
 
Historias de la radio (y de "La Luna").
Hace cosa de unos seis o siete años existía un programa en la radio, que se emitía para toda España de lunes a viernes, más o menos entre la una y media y las cinco de la madrugada, o de dos a seis, no recuerdo bien, creo que cambió algunas veces en la parrilla de programación (me hace gracia eso de "parrilla", será que a muchos programas los "fríen" en cuanto no son rentables...). Se llamaba "La Luna". ¿Alguien lo recuerda? (tú sí, Chema, y muy bien, lo sé). Fundamentalmente se trataba de decir lo que a cada cual le venía en gana, dentro de un límite, pero el programa lo hacían los oyentes, con sus llamadas, y Ángel Tort (curiosa traducción en catalán...) moderaba. No era exactamente un "Hablar por hablar", era otra cosa... Insomne por aquella época, yo solía intervenir, sin apodo, como era habitual en los demás, yo era simplemente "Sergi, de Madrid".

Bien, ayer, reordenando papeles y desempolvando estanterías, encontré esto de abajo, que fue el guión de una de mis intervenciones. Lo escribí pues con veintiseis años, cuando toda mi prosa eran las cartas a los amigos (no usaba el correo electrónico por entonces). Supongo que siempre he tenido el gérmen de las letras dentro, aunque no haya salido con fuerza hasta hace unos meses... pero si comparto hoy estos viejos párrafos (algo torpes pero con el impulso de un chaval de ventiseis años que aún se mantiene vivo en mí) no es por eso... sino porque me han refrescado la memoria, y a la vez me han parecido intemporales, visto lo visto la semana pasada. Por cierto, al hilo de eso... muy triste comprobar que para las víctimas de la escuela rusa no han surgido apenas manifestaciones de protesta y apoyo por todo el mundo, como afloraron en masa en otras fechas para otras injusticias y tragedias. Muy triste.

Al leer por teléfono supongo que cambiaría algunas cosas, pero básicamente fui fiel al borrador que me hice de puño y letra, ahí va, más o menos tal y como sonó por las ondas a las tantas de la madrugada:

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"Esta noche me gustaría apelar a vuestra capacidad para imaginar. Si no la tenéis demasiado atrofiada por al televisión y sus cómplices, podréis hacerlo. Cerrad los ojos e imaginad que pesáis menos que el aire, que voláis, que os lleva el viento. Imaginaros a vosotros mismos a miles de kilómetros de donde os encontréis, en vertical. Ahora estáis muy cerca d ela luna, y podéis mirar a vuestro alrededor...

Los mares de polvo y roca de la plateada superficie lunar, la profunda negritud del abismo, salpicada de lejanas fogatas de luz, de millones de estrellas. Pero detente un instante y baja un poquito. Tu corazón da un vuelco al vislumbrar esa maravillosa esfera azul, moteada de blanco. Nada a tu alrededor lleva más hermosura en sus colores que ese particular cuerpo celeste. Míralo bien, es tu casa, es la Tierra.

Desde aquí arriba puedo distinguir, entre la inmensidad azul que es padre de la vida, puedo ver sus pulmones, verdes y orgiásticos. Veo enormes ríos, naciendo de las manos nevadas que el planeta alza hacia el cielo, muriendo en el mar progenitor.

Sé que es mi casa, que de allí vengo, sé que millones de semejantes compartimos ese hogar con nuestros hermanos menores, compañeros de viaje que surcan los cielos, que dejan sus huellas en el manto verde y marrón que es la piel del planeta, que se deslizan y sumergen en las aguas.

Veo millones de corazones caminando azarosos en pos de los mismos sueños... un lugar en el mundo, un lugar en el corazón de otros, un lugar en el que sentirse ellos mismos. Desde aquí arriba la vista es inconmensurablemente bella, pero no menos que la de ese pastor descansando en el valle, la de ese pescador que ve teñirse de rojo la bahía, mientras el sol se esconde en medio planeta. Sólo tenemos distintos asientos en el teatro de la vida.

Pero no veo líneas negras tejiendo ninguna tela de araña siniestra sobre los campos, no veo ninguna serpiente oscureciendo alguna cadena montañosa, no veo que esa península de ahí sea menos bonita que aquella otra isla de allá, ni que las tierras del sur sean menos bellas que los blancos y azules del ártico. No veo fronteras, tan sólo una casa sin habitaciones donde cabemos todos.

Me acuerdo ahora de esas bolas terráqueas de la escuela, llenas de nombres y demarcaciones, pintando un país de amarillo y otro de gris. Desde aquí arriba se ven todos los colores muy parecidos, ocre, marrón, verde esmeralda... no entiendo cual es el más íntimo significado de todas esa líneas y letras sobre los mapas. Mucha gente se esfuerza en explicármelo, en convencerme, pero no lo comprendo. Y no quiero hacerlo, porque si lo hago, tendré que cerciorarme de muchas otras cosas.

Tendré que pensar que una persona nacida acá vale más que la de allá; tendré que pensar que este Dios no es el mismo que aquél, que hay decenas de dioses, con millones de rocambolescos portavoces oficiales, que predican lo implacable de su castigo, lo imperturbable de su voluntad, y lo execrable de los dioses extranjeros.

Tendré que concluir que no todos tenemos las mismas dualidades internas, que no somos parte de un todo y copias independientes de ese todo a la vez. Tendré que saber que espiritualidad es un privilegio de santones, y religiosidad condición de virtuosos. Tendré que darme cuenta de que ayudar al semejante no produce beneficio, que la auténtica retribución viene de mirar por uno mismo, defendiendo a sangre y espada tu pequeña parcela de locura, de vacío.

Tendré que pensar que la nada habita entre pecho y espalda de los humanos. Una nada metafísica. Y otra nada, mucho más real, campa en los estómagos de millones de niños. Eso tendré que pensarlo muy bien, que verlo como ley de vida.

Tendré que darme cuenta de una vez de que la hipocresía, la falsedad, el subterfugio, la avaricia, las drogas y tus vicios permisibles, tu equipo de fútbol, tus ídolos de barro, tus honorables convicciones, tus graciosas manías, tus ingeniosas tretas para conseguir sexo fácil, tus encomiables principios, tus cadenas... no son una muleta donde apoyar nuestra mediocridad, ni una condena al vacío, ni un grito en la oscuridad del pasillo para no ver al coco. Que todas esas cosas "tan" importantes no son los grilletes con que nos encadenamos de por vida, sino una simple cuestión de elección.

No, no quiero hacerlo, no quiero la cabalidad y responsabilidad que me vendéis, no quiero vuestras ilustres pasiones, no quiero comprender.

Voy a quedarme un rato aquí arriba, contemplando este maravilloso hogar del que dispongo. Luego volveré a él e intentaré mejorarlo, de abajo a arriba, desde mi interior, rompiendo mis grilletes y tirando mis muletas a la basura. Y espero poder ayudar a otros a generar en ellos la voluntad de cambiar, a su ritmo, a su manera, sin prisas.

Cambiad el mundo desde vuestro interior, desde arriba ya lo hacen las hienas, desde sus tronos de sangre..."


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pd: de nuevo (¿verdad, Lehahiah?), si pudiera poner música de fondo, sería "Imagine", pero en la maravillosa versión que la desaparecida Eva Cassidy hizo del tema de John Lennon...
 
Gritos y ecos.
Se acumulan tantas cosas en mi cabeza y en mi estómago, que sólo salen flemas cargadas de bilis. Detesto repetirme, ya lo sabéis, pero necesito gritaros lo que le he dicho a dos colegas de la blogosfera hace apenas unos minutos:

"¿Sabes? Hacía mucho tiempo que el hedor de la ira no me nublaba los ojos, hasta que fue cuajando estos días, y ha eplotado esta tarde, al ver una niña rasgada e inerte en los brazos de un hombretón roto de camuflaje. Y yo no he sabido donde esconderme, y la rabia se ha hecho charco en mis ojos, y he blasfemado cosas horrendas.

No hay números onces ni apellidos de letras para el día de hoy, pero esa niña caída me ha roto tanto como dos torres o cinco trenes.

No tengo abuela, a ratos la tuve hace años, pero una amiga mía me habló como tal, el día que me dijo que el infierno y el cielo están aquí.

Menos mal, a veces. Encontrar(te) detalles de nubes blancas, me gusta(s)."


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Sí, menos mal que a veces los encuentros, los nuevos amigos, la sonrisa del anciano en el autobús, constatar el gusto por una cara, una manera de ver el mundo, la nobleza de un hombre, la firmeza de una mujer, y viceversa... esos detalles, hacen que aún así, me guste vivir... aunque a veces parezca todo tan absurdo.

Ni aunque parta de una situación previa injusta e impuesta, ninguna patria, ninguna religión, ninguna idea merece ni explica la barbarie y la crueldad, si alguna vez alguien abandera mi causa y clava esa pica en el corazón de inocentes, renegaré de mi causa, mi patria y mi bandera...

Mi patria es el corazón humano y mi bandera las palabras... el infierno nace del odio y la ignorancia, y el cielo de una sonrisa sincera.

 
"Chiloé" (I de III).

Chiloé.




En la terminal regional de Castro, Marcela escrutaba los rostros extranjeros, esperando cruzarse de nuevo con él. Hilvanando las huellas de sus anteriores encuentros, había tejido ese presentimiento. Era su tercer viaje rumbo al sur, escapando del asfixiante Santiago, en busca de acantilados y bosques de alerces, y paladeando esa clase de soledad que sabe a libertad. La Patagonia chilena es una lluviosa galería, flanqueada por fiordos y campos de hielo, y en general sólo admite una dirección y dos sentidos para recorrerla, arriba y abajo, de los volcanes de la Araucanía a los glaciares de Tierra del Fuego. Así, entre Noviembre y Febrero, los mochileros patrios y los gringos se cruzan y reencuentran a menudo en torno a la carretera austral. Ella lo sabía, y por una vez, se alegraba.

A él le descubrió desde la ventanilla del tren en Temuco. En el mercadillo improvisado al pie de los vagones, su cabello rubio y sus hombros fornidos destacaban entre los templados mapuches. Cuando el europeo alzó la vista, toda azul cobalto, encontró los ojos de Marcela clavados en su boca, abriéndola de par en par en una arrolladora sonrisa que acabó de ruborizar a la viajera. Una semana después se reconocieron en una fonda de Angelmó, él esperaba mesa, mientras ella disimulaba bajo la suya sus manos, pringadas de curanto. Y a los dos días intercambiaron miradas impacientes, en el transbordador que cruza del continente al norte de la isla de Chiloé.

Marcela bajó de su nube y subió por fin al minibús. Pero cuando ya arrancaba, y a punto de perderlo, bingo, ahí estaba él de nuevo, desoyendo el reproche del chofer y acercándose con su sonrisa perfecta, de la que surgió un acento indeterminado:

_ ¿Está libre?

Otra vez los labios de la joven titubearon antes de sonreír, pero el gesto invitaba a sentarse. En realidad sobraban asientos. Al rato las palabras llegaron, en un suave y cantarín santiaguino y en lo que ella supo después era un digno castellano aprendido en Bergen. El noruego era descaradamente encantador, y el roce de brazos a cada bache le corroboraba la firmeza de esos hombros, intuida desde la primera vez, desde Temuco. Risueña disimulaba sus nervios, recordando que aquella micro oxidada sólo tenía un destino, sin más carreteras de ripio por los alrededores. Esta vez su encuentro no iba a ser tan fugaz, adivinó, mientras bordeaban un lago en el que se desangraba la tarde.

Después de un pesado tramo de fango y socavones, la micro se detuvo al anochecer junto a un rudimentario campo de fútbol, con porterías de leño, donde unos niños regateaban a tientas a un perro canela que perseguía el balón. Tras descargar siete traseros torturados, y antes de regresar a Castro, el chofer prorrogó un rato el partido, dejando los faros encendidos, para júbilo de la pandilla.

Marcela había estado allí el año anterior, en una pequeña estancia junto al río, donde una señora alquilaba las cuatro habitaciones que los hijos habían dejado para emigrar a la gran urbe. Aunque no había muchas opciones en kilómetros a la redonda, una pareja suiza preguntó el precio, cinco mil pesos la pieza, todo bajo control. Tres barbudos canadienses se quedaron la más grande, y el noruego y la chilena ocuparon las otras dos.

Durante la cena no se habló mucho, había salmón local, sueño y huesos molidos, aunque el noruego y los canadienses, de Vancouver, comentaron en inglés lo similar que resultaba el paisaje a sus respectivos fiordos, bosques, y glaciares. El noruego, de Bergen, encontraba familiares las coloridas casas de madera y el archipiélago oriental, y a los canadienses, que venían de recorrer el gran sur desde Punta Arenas, les había parecido estar en casa. Sólo el cielo era distinto, completamente distinto. Y acaso la gente.

Cuando ya todos se retiraron, Marcela se quedó un rato charlando con la señora, que la recordaba del verano anterior y aún así le volvía a preguntar por qué viajaba sola, y también algunas cosas sobre la vida en Santiago. Sólo por cierta confianza, pues la dueña era de naturaleza reservada, como todos los isleños, y porque su hija menor era de la misma edad que su huésped, quien no le parecía, por otro lado, una verdadera forastera. Dejó a la madre añorando a los hijos y se fue a acostar. Al llegar a su habitación, el noruego salía del aseo con el cepillo de dientes en la mano. ¿Acaso una sonrisa así podía estar más blanca todavía? A ella le hubiera encantado estar horas apoyada en la puerta, recuperando la exclusividad de la charla con su deslumbrante vikingo de Bergen, sin embargo el cansancio y cierta prudencia le llevaron a pronunciar las buenas noches.

Aunque precisamente aquella no pegaría ojo, y no sólo por las piruetas de su imaginación, ni por la incomodidad de una habitación tan grande y fría, fue un perro que no dejaba de aullar lastimero, de ladrarle al viento, de remover la basura, el que la mantuvo despierta hasta la aurora, cuando cayó por fin rendida.


(sigue mañana)
 
"Chiloé" (II de III).
Se levantó la última, muy tarde. Los demás viajeros, o turistas, quién sabe, andarían recorriendo la zona. Lamentó que el noruego también madrugara. Con la señora, que siempre esperaba a que se hubieran ido los huéspedes, desayunó café, pan, mantequilla, confitura de ruibarbo e historias de brujas. A Marcela le parecían adorables esas supersticiones de la isla, como retratos en sepia de otra época. La señora relataba, sin mover apenas los labios, y como si la espiaran tras las paredes, las historias del Caleuche, el barco fantasma que nunca debías contemplar, o la Pincoya y su augurio para la pesca y recogida del marisco, según danzara hacia tierra o mirando al mar. Tal vez el perro que la había desvelado estuviese ahuyentando a un duende contrahecho y lascivo, el Trauco, para que no se la llevara en la penumbra. A él habían sido imputados muchos embarazos espinosos en la isla, por conveniencia, o con sarcasmo.

La señora se retiró a sus tareas. Marcela pensó en sus abuelos gallegos. Algo más que la eterna lluvia de Chiloé llevaría a los colonizadores a llamarla Nueva Galicia. Hasta las meigas lo sabían. Remoloneó toda la mañana en la casa, y sintió que olía como la de sus padres, que las tablas del suelo y las paredes crujían como las de su infancia. Comió sola, empanadas de loco y cholgas, y con el sabor del marisco se sacudió la pereza.

Por la tarde caminó hacia la playa, por un sendero de arena entre empalizadas y fucsias, hasta que el estruendoso aliento del Pacífico despeinó su cabello negro. La joven se divertía con una mezcla de sensaciones, esa mágica soledad deseada y la evocación del pulso acelerado cada vez que el noruego estaba cerca. No eran la misma cosa, se decía, a menudo lo que buscas y lo que encuentras no tienen nada que ver.

Desde las dunas se podían ver los cadáveres de árboles que, emergiendo del agua, revelaban el terremoto que se había tragado kilómetros de tierra cuarenta años atrás. El viento era agotador, entumecía los pensamientos, y arrojaba a la cara el hedor del quelpo, las algas que se secaban en la orilla, así que decidió dar media vuelta y explorar otro sendero. Se adentró en un bosque, y atravesando riachuelos del color del té, teñidos por la corteza rojiza desprendida de los arrayanes, descubrió una laguna que permanecía oculta tras la arboleda. Al abrigo de ese silencio se sentó a descansar sobre un tronco caído.

Era un lugar mágico y apuntó en su mente el invitar al noruego a descubrirlo, y de paso, descubrirse el uno al otro, algo que deseaba intensamente. Sólo se escuchaba el rumor de las hojas de los coigües, como diamantes en un carillón mecido por la brisa, y el chapoteo fugaz de un coipo pescando. Un dulce sopor estaba a punto de cerrarle los ojos, cuando le sobresaltó un chasquido a su derecha, seguido de un ruido de ramas que se alejaba del lugar a toda prisa. Rastreó inquieta a su alrededor, pero allí sólo estaban la laguna, el bosque, y algunos arbustos temblando. Sabía que no había pumas en la zona, ni animales realmente peligrosos, y aún así, sintió miedo.

El ocaso se acercaba, y decidió desandar sus pasos. Caminaba apurada, y su instinto tomó otro ramal del sendero que atajaba en dirección al pueblo. Al poco rato las raíces de un denso bosque de tepúes ocultaron el suelo, y se encontró caminando sobre ellas, como por una pasarela movediza. Entre los retorcidos troncos y los helechos gigantes, parecía que la selva fría quisiera engullirla. Los arrayanes mostraban ahora las heridas en sus troncos blanquecinas, como huesos asomando tras la carne, y al vadear de nuevo los esteros del té, bajo la luna nueva se habían convertido en venas sanguinolentas. Sintió cierto sosiego al vislumbrar las tenues luces del pueblo.


(acaba mañana)
 
Chiloé (y III de III).
Cruzó corriendo el pontón de madera sobre el río. Alcanzó las casas. Giró en la iglesia y aminoró un poco el paso. Recordaba que le gustaban las iglesias de la isla, de tejuelas de madera y ensambladas con tarugos, sin clavos, como hicieron los jesuitas. Era sencilla, sin el colorido de la catedral de Castro, que parece pintada por un niño, pero era acogedora. Le gustaba esa iglesia, lo recordaba con nitidez, y sin embargo, aún no estaba tranquila al dejarla atrás.
De pronto, un zumbido de moscas huyó de sus tobillos. Bajó la vista y tuvo una arcada. El perro canela que había visto al apearse de la micro, yacía muerto cerca de la estancia, con la cabeza destrozada.

Entró en el comedor sin saludar. Había más gente que ayer. Cuando se sentó a la mesa estaba pálida, y sólo pidió fruta. La señora se preocupó por ella un poco más de lo normal, y el noruego la observaba fijamente desde sus enigmáticos ojos azules mientras sostenía el tarro de ají. Él desplegó su sonrisa, y algo de color regresó a las mejillas de Marcela. Mano de santo. Iba a decir algo, cuando la señora le ofreció las hierbas que había hervido para ella:

_Para la huatita –dijo con la mano en el vientre mientras tomaba asiento muy cerca de Marcela, que se lo agradeció con la mirada-.

_La cuestión, Marcelita, fue que recién llegaron unos muchachos, y como no hay otro lugar les alojé en la pieza del sueco, y pensé que si no es mucha molestia podrían compartir la suya, Marcelita, que tiene dos camas grandes y apartadas; yo le preparo al tiro la otra, y así pueden pasar la noche todos, si les parece no me cancelan el día de hoy, ya, no importa la plata, es por no dejar a los muchachos por ahí, ¿comprenden? ¿sí?

Cómo decir que no. Cinco mil pesos eran otro día más de viaje, y por fin esa noche podrían hablar, conocerse, tantearse con tiempo, ella y ese hombre que se le había metido en la cabeza, y que la señora tomaba reiteradamente por sueco. Y aunque fuera a distancia, precisamente esa noche no tenía ganas de dormir sola. Convinieron con la señora, socialista pero cristiana, cambiarse y asearse por turnos. No había problema, la carne ya reclamaría su turno con el
noruego si aquello debía ser, esa noche sólo quería compartir confidencias y disfrutar de su sonrisa y de su acento, dejando atrás aquella extraña tarde.

Después de todo el ritual, se sentía como una niña esperando al viejito pascuero, como una novia que esconde su vestido, metida en la cama, cuando entró él, sin demasiado pudor, y el torso desnudo. Su satisfecha sonrisa en diagonal mostraba una picardía que antes no asomaba. A Marcela le pareció que se estaba exhibiendo deliberadamente y eso le restaba encanto. Con tantas cosas por contar, y en ese momento no supo de qué hablar. Las botas en la ventana, el rancio olor a humedad, y la mochila llena de barro,
sin deshacer, desentonaban con la imagen que ella tenía de su apuesto rubio. De repente observó que el piolet, prendido en esa mochila, estaba manchado de sangre.

_Bra, mi linda... –susurró taimado el noruego- esta noche no nos molestarán los ruidos ni los perros, ya verás, pero igual no creo que vayamos a dormir mucho...

Después de constatar cómo el hechizo de una sonrisa desaparece, y se convierte en veneno en un eterno minuto de silencio, Marcela se levantó como un resorte de la cama. Recogió sus cosas sin decir palabra, mientras él seguía sus movimientos atónito, con las manos abiertas. Salió sin mirarle, sin despedirse, sin dar un portazo y sin volverse cuando él la llamó desde la puerta.

Esperó vestida en la cocina a que amaneciera, maldiciendo la ilusión que cría pájaros traicioneros, y prometiéndose a sí misma algunas cosas, las que no volvería a hacer y las que no podía aplazar por más tiempo. Tampoco quiso entonces seguir esperando al amanecer. Cuando cantó el gallo dejó diez mil pesos en la mesa, una nota con una dirección para la señora, y abandonó la casa. Echó a andar hacia la carretera, deseando que pasara algún arriero o algún carro de las piscifactorías del lago. Al rato, el frescor del alba le lavó la cara, y también, un poco, el alma.


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