Querer sin cifras.
Son las ocho y once minutos de una tarde desapacible y no traigo guión, sólo un hervor desde las venas.
Un pensamiento entre las costillas o un sentimiento entre ceja y ceja me viene dando guerra desde hace unos días. Aunque creo que en estas trincheras ganaré yo, sobre estas colinas que apestan a keroseno y huelen a victoria reinaré sólo yo, pero no solo.
Amar es una cosa, lo sé, y amores son otra, soy muy pesado y ya he dicho eso en otras ocasiones, hasta en verso sin rima, hace tiempo: amores no son Amar.
Pero querer... Querer... a mí que me costaba sudores (eso acepta muchas interpretaciones y probablemente todas válidas, más verídicas de lo que os podéis imaginar) pronunciar esas palabras. Me tengo por un ser sociable pero no gregario. Me gustan los afectos sinceros, espontáneos e inefables o labrados con cincel de tiempo. Pero me tuercen el gesto y me desagradan los "te quiero" pronunciados sin reflexión y sobre todo sin sentido (y sin sentirlos, que la emoción del momento no es lo mismo que la profundidad del sentimiento). Incluso he maldecido mi propia lengua por algún "te quiero" que en el pasado se deslizó bífido desde mi boca, por adolescencia o necedad. Y muchas veces he lastrado el vuelo de esas letras, he cosido con silencios y tacto mis labios, con tal de no hablar antes de tiempo ni más de la cuenta.
Amar... como he leído en Astrópolis hace un rato, "lo pone todo patas arriba". Y si no, es otra cosa. Tengo la certeza vital, confirmada por la experiencia, de que el Amor viene a tu vida, aparte de cuando le da la real gana (aquí no se cumple ese axioma de Leonardo da Vinci que reza que "la belleza es para quien sabe apreciarla", no, el Amor, aunque uno esté hecho para Él, es caprichoso y aparece cuando la fiesta acabó o cuando ya partió tu tren de la estación, dando saltitos risueños en el andén), viene, decía, para cambiar algo en ti. Si caemos (¿regresamos?) al mundo para aprender y crecer, para aprehender la esencia de las cosas y evolucionar, Amar sólo tiene sentido como el más grande de los maestros, para hacer que subas un peldaño. O un abismo. O una montaña.
Y es posible por tanto Amar más de una vez en una vida. Difícil, raro, pero posible. Y por injusto que parezca, las almas que ya Amaron tienen más números para repetir (que no será tal, será un escalón más), porque saben, porque están preparadas, porque anhelan desde la convicción y no desde la ansiedad. Sin embargo, yo, que huyo de las morales de pacotilla, de los convencionalismos y de los corsés culturales (una lotería al fin y al cabo), creo firmemente que sólo puedes Amar a una persona en un momento dado. Una. Si repartes entre dos... es otra cosa.
Pero querer... Querer... eso que pensaba uno que iba a contarlo con los dedos de media mano, eso que creía uno que sería otro escurridizo sentimiento a duras penas (y suaves alegrías) robado al tiempo un puñado de veces en la vida... me ha dado una tremenda sorpresa.
Porque he descubierto lo que soy capaz de Querer a varias personas, sin menguar la calidez, la intensidad ni lo especial del sentimiento con cada una de ellas. Probablemente algunas no sepan nunca, ni siquiera porque yo intente decírselo (y es que las palabras son mancas hasta para un escritor, a veces) hasta qué punto las Quiero. Hablo también de la familia heredada, pero sobre todo ahora de la escogida, de la regalada por el destino. Los amigos del alma.
No sé si el número significa algo, pero yo pensaba que el singular o los dobles eran demasiado para una vida, y sin embargo siento una querencia tremenda por unas cuantas personas, las Quiero incondicionalmente. Y eso... para un tipo seriote y pausado en apariencia como yo... os aseguro que es inaudito. Lo era en mi imaginación.
Aún me falta Ella, me faltan mis libros, mis viajes, mis lecciones y un hatillo de cosas materiales... pero la vida me compensa de momento con la Amistad y el Cariño de más almas de las que podía imaginar.
Sin duda, el amor en todas sus formas es lo único en el mundo que no mengua al repartirse, que crece cada vez más cuanto más lo entregas.
No voy a deciros aquí y ahora, a las ocho y treinta y cinco minutos de una tarde plomiza pero luminosa, lo que os Quiero a quienes os Quiero. Pero lo sabéis de sobra, incluso aunque no leáis nunca algunos estas alas de albatros...
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pd: esta semana retomaré mi "Cartografía erótica" donde la dejé. Creo que mi líbido anda reptando por las piedras y le conviene levantar el vuelo ;-)
Un pensamiento entre las costillas o un sentimiento entre ceja y ceja me viene dando guerra desde hace unos días. Aunque creo que en estas trincheras ganaré yo, sobre estas colinas que apestan a keroseno y huelen a victoria reinaré sólo yo, pero no solo.
Amar es una cosa, lo sé, y amores son otra, soy muy pesado y ya he dicho eso en otras ocasiones, hasta en verso sin rima, hace tiempo: amores no son Amar.
Pero querer... Querer... a mí que me costaba sudores (eso acepta muchas interpretaciones y probablemente todas válidas, más verídicas de lo que os podéis imaginar) pronunciar esas palabras. Me tengo por un ser sociable pero no gregario. Me gustan los afectos sinceros, espontáneos e inefables o labrados con cincel de tiempo. Pero me tuercen el gesto y me desagradan los "te quiero" pronunciados sin reflexión y sobre todo sin sentido (y sin sentirlos, que la emoción del momento no es lo mismo que la profundidad del sentimiento). Incluso he maldecido mi propia lengua por algún "te quiero" que en el pasado se deslizó bífido desde mi boca, por adolescencia o necedad. Y muchas veces he lastrado el vuelo de esas letras, he cosido con silencios y tacto mis labios, con tal de no hablar antes de tiempo ni más de la cuenta.
Amar... como he leído en Astrópolis hace un rato, "lo pone todo patas arriba". Y si no, es otra cosa. Tengo la certeza vital, confirmada por la experiencia, de que el Amor viene a tu vida, aparte de cuando le da la real gana (aquí no se cumple ese axioma de Leonardo da Vinci que reza que "la belleza es para quien sabe apreciarla", no, el Amor, aunque uno esté hecho para Él, es caprichoso y aparece cuando la fiesta acabó o cuando ya partió tu tren de la estación, dando saltitos risueños en el andén), viene, decía, para cambiar algo en ti. Si caemos (¿regresamos?) al mundo para aprender y crecer, para aprehender la esencia de las cosas y evolucionar, Amar sólo tiene sentido como el más grande de los maestros, para hacer que subas un peldaño. O un abismo. O una montaña.
Y es posible por tanto Amar más de una vez en una vida. Difícil, raro, pero posible. Y por injusto que parezca, las almas que ya Amaron tienen más números para repetir (que no será tal, será un escalón más), porque saben, porque están preparadas, porque anhelan desde la convicción y no desde la ansiedad. Sin embargo, yo, que huyo de las morales de pacotilla, de los convencionalismos y de los corsés culturales (una lotería al fin y al cabo), creo firmemente que sólo puedes Amar a una persona en un momento dado. Una. Si repartes entre dos... es otra cosa.
Pero querer... Querer... eso que pensaba uno que iba a contarlo con los dedos de media mano, eso que creía uno que sería otro escurridizo sentimiento a duras penas (y suaves alegrías) robado al tiempo un puñado de veces en la vida... me ha dado una tremenda sorpresa.
Porque he descubierto lo que soy capaz de Querer a varias personas, sin menguar la calidez, la intensidad ni lo especial del sentimiento con cada una de ellas. Probablemente algunas no sepan nunca, ni siquiera porque yo intente decírselo (y es que las palabras son mancas hasta para un escritor, a veces) hasta qué punto las Quiero. Hablo también de la familia heredada, pero sobre todo ahora de la escogida, de la regalada por el destino. Los amigos del alma.
No sé si el número significa algo, pero yo pensaba que el singular o los dobles eran demasiado para una vida, y sin embargo siento una querencia tremenda por unas cuantas personas, las Quiero incondicionalmente. Y eso... para un tipo seriote y pausado en apariencia como yo... os aseguro que es inaudito. Lo era en mi imaginación.
Aún me falta Ella, me faltan mis libros, mis viajes, mis lecciones y un hatillo de cosas materiales... pero la vida me compensa de momento con la Amistad y el Cariño de más almas de las que podía imaginar.
Sin duda, el amor en todas sus formas es lo único en el mundo que no mengua al repartirse, que crece cada vez más cuanto más lo entregas.
No voy a deciros aquí y ahora, a las ocho y treinta y cinco minutos de una tarde plomiza pero luminosa, lo que os Quiero a quienes os Quiero. Pero lo sabéis de sobra, incluso aunque no leáis nunca algunos estas alas de albatros...
pd: esta semana retomaré mi "Cartografía erótica" donde la dejé. Creo que mi líbido anda reptando por las piedras y le conviene levantar el vuelo ;-)
"Diga 33".
Aviso: parece que mi página, o el portal, o el servidor, o las "obras" de duplicación de velocidad en el Adsl están ralentizando y dificultando las conexiones. Espero que se solucione pronto.
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Diga treinta y tres.
El médico entrecierra los ojos como si así pudiera enfocar el oído y sigue oscultando al paciente.
-Diga treinta y tres.
-Ejem, treinta y tres.
-No lo entiendo.
-¿Algo va mal, doctor?
-Inaudito.
-No me asuste.
-Otra vez, por favor.
-Ejem, ejem, treinta y tres.
Hurgando en su coronilla la mano del médico busca respuetas. Después se tapa la boca con ella, y va cayendo pesada hacia la barbilla, a punto de desvelar la paradoja.
El médico coloca los extremos del aparato en los oídos del paciente.
-Oígalo usted mismo, es un pájaro.
-Ya lo sé.
-¿Cómo? ¿Qué sabe, que cuando habla usted se oye una gaviota en el pecho?
-Es un albatros.
-Esto es imposible.
-Pero dígame, ¿es grave?
-No, es imposible.
El médico se sienta frente al paciente, muy paciente, y extravía su mirada, viendo tambalearse los cimientos del método científico.
-No se preocupe, siempre ha estado ahí, pero últimamente está más activo que nunca.
El perplejo galeno se abre de brazos y arquea las cejas.
-¿Y dice usted que siempre lo ha tenido ahí?
-Sí, pero estuvo apagado mucho tiempo y ahora se ha adueñado por entero de mí. Ahora sólo quiere volar y ser libre.
-En fin, si a su edad todo está bien yo no sé que...
-Mejor que nunca, doctor -le interrumpe el impaciente mientras se abrocha la camisa de pie- ahora me siento mejor que nunca...
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Hoy hace treinta y tres años que me volcaron a este mundo y, como le decía ayer a una Amiga, siento que lo mejor de mi vida empieza justo ahora, que están por llegar las cosas que le darán sentido para siempre.
Como por ejemplo... haber descubierto que lo mejor de estos seis meses de "alas de albatros" es cerciorarme una vez más de lo geniales que sóis un buen puñado de vosotros. Gracias de corazón por vuestros buenos deseos y vuestros regalos invisibles de valor incalculable. Os iré contestando a todos, "blogueros" o no, en privado. Gracias por emocionarme y recordarme que estoy vivo, sin un duro, sin Ella, de momento... pero con unos Amigos para enmarcar en el Louvre. Gracias a esos amigos de muchos o pocos años, de lustros o de meses, pero de toda confianza, que leen en silencio de vez en cuando mis letras.
El camino de la carcasa que habito empezó aquí, en esta calle de Barcelona, un jueves como hoy. El vuelo del albatros, mi verdadera esencia, no terminará nunca. Las personas que quiero me ayudan a desplegar las alas, me impulsan como brisas de levante. Tal vez también escriba por eso, por burlar la muerte y por darme a otros.
Moltes gràcies a tots.
El médico entrecierra los ojos como si así pudiera enfocar el oído y sigue oscultando al paciente.
-Diga treinta y tres.
-Ejem, treinta y tres.
-No lo entiendo.
-¿Algo va mal, doctor?
-Inaudito.
-No me asuste.
-Otra vez, por favor.
-Ejem, ejem, treinta y tres.
Hurgando en su coronilla la mano del médico busca respuetas. Después se tapa la boca con ella, y va cayendo pesada hacia la barbilla, a punto de desvelar la paradoja.
El médico coloca los extremos del aparato en los oídos del paciente.
-Oígalo usted mismo, es un pájaro.
-Ya lo sé.
-¿Cómo? ¿Qué sabe, que cuando habla usted se oye una gaviota en el pecho?
-Es un albatros.
-Esto es imposible.
-Pero dígame, ¿es grave?
-No, es imposible.
El médico se sienta frente al paciente, muy paciente, y extravía su mirada, viendo tambalearse los cimientos del método científico.
-No se preocupe, siempre ha estado ahí, pero últimamente está más activo que nunca.
El perplejo galeno se abre de brazos y arquea las cejas.
-¿Y dice usted que siempre lo ha tenido ahí?
-Sí, pero estuvo apagado mucho tiempo y ahora se ha adueñado por entero de mí. Ahora sólo quiere volar y ser libre.
-En fin, si a su edad todo está bien yo no sé que...
-Mejor que nunca, doctor -le interrumpe el impaciente mientras se abrocha la camisa de pie- ahora me siento mejor que nunca...
Hoy hace treinta y tres años que me volcaron a este mundo y, como le decía ayer a una Amiga, siento que lo mejor de mi vida empieza justo ahora, que están por llegar las cosas que le darán sentido para siempre.
Como por ejemplo... haber descubierto que lo mejor de estos seis meses de "alas de albatros" es cerciorarme una vez más de lo geniales que sóis un buen puñado de vosotros. Gracias de corazón por vuestros buenos deseos y vuestros regalos invisibles de valor incalculable. Os iré contestando a todos, "blogueros" o no, en privado. Gracias por emocionarme y recordarme que estoy vivo, sin un duro, sin Ella, de momento... pero con unos Amigos para enmarcar en el Louvre. Gracias a esos amigos de muchos o pocos años, de lustros o de meses, pero de toda confianza, que leen en silencio de vez en cuando mis letras.
El camino de la carcasa que habito empezó aquí, en esta calle de Barcelona, un jueves como hoy. El vuelo del albatros, mi verdadera esencia, no terminará nunca. Las personas que quiero me ayudan a desplegar las alas, me impulsan como brisas de levante. Tal vez también escriba por eso, por burlar la muerte y por darme a otros.
Moltes gràcies a tots.
Naturaleza contenida.
Un jardín donde sólo derraman su belleza las flores mencionadas en las obras de Shakespeare o un estanque rodeado de cerezos japoneses, en el centro de la Gran Manzana.
Una pagoda china en la ciudad de la luz, a unos minutos en metro de la isla de Saint Louis y la de la Cité, como aldea y navío surcando el Sena.
Un palacio de cristal y la sonora eyaculación continua de un estanque enmarcado por castaños de indias y bronces al rojo vivo en el otoño del foro, en un retiro fugaz del asfalto.
Un coro de palomas ensayando como barítonos, una pandilla de lolitas con uniforme mascando chicle, en una atalaya verde sobre el polvoriento Santiago.
Una diosa de oro que un día al año se reprime la danza sobre un millón de amantes que desfilan alocados, y trescientos sesenta y cuatro parece una madre a punto de acariciar la mejilla de esas almas en gris, un pulmón que respira pausado y unos cuantos retales maravillosos de la antigüedad en el corazón de Europa.
Un grupo de ancianos con chaqueta de Mao y gorra obrera conversando suavemente, un rumor de bicicletas, una serenata sencilla de pájaros rojos desde jaulas con techo de templo budista, la brisa susurrando por los valles del cuerpo después del alba y el olor de los fideos desde los puestos de la acera.
Un zoológico que musita lamentos de aves prisioneras tras una verja de árboles, unos senderos de tierra surcados de huellas, cuatro horas leyendo libros de bolsillo en el banco del estanque, un mamut de piedra que se deja escalar por los niños, un palacio de madera y sombras con inquilinos vegetales en mi canción de niñez, y un árbol perdido para apoyar la pasión por una piel de mujer.
Amo los parques.
Una pagoda china en la ciudad de la luz, a unos minutos en metro de la isla de Saint Louis y la de la Cité, como aldea y navío surcando el Sena.
Un palacio de cristal y la sonora eyaculación continua de un estanque enmarcado por castaños de indias y bronces al rojo vivo en el otoño del foro, en un retiro fugaz del asfalto.
Un coro de palomas ensayando como barítonos, una pandilla de lolitas con uniforme mascando chicle, en una atalaya verde sobre el polvoriento Santiago.
Una diosa de oro que un día al año se reprime la danza sobre un millón de amantes que desfilan alocados, y trescientos sesenta y cuatro parece una madre a punto de acariciar la mejilla de esas almas en gris, un pulmón que respira pausado y unos cuantos retales maravillosos de la antigüedad en el corazón de Europa.
Un grupo de ancianos con chaqueta de Mao y gorra obrera conversando suavemente, un rumor de bicicletas, una serenata sencilla de pájaros rojos desde jaulas con techo de templo budista, la brisa susurrando por los valles del cuerpo después del alba y el olor de los fideos desde los puestos de la acera.
Un zoológico que musita lamentos de aves prisioneras tras una verja de árboles, unos senderos de tierra surcados de huellas, cuatro horas leyendo libros de bolsillo en el banco del estanque, un mamut de piedra que se deja escalar por los niños, un palacio de madera y sombras con inquilinos vegetales en mi canción de niñez, y un árbol perdido para apoyar la pasión por una piel de mujer.
Amo los parques.
Desvariando y el Día de Acción de Gracias.
Han estrenado el viernes una película, va de un par de monstruos, que parece que son extraterrestres, uno muy grande, una verdadera mole, y el otro con ácido en las venas. Uno de los dos es un cazador compulsivo y anda siempre tras la presa, el otro se adapta a cualquier medio y sobrevive ante las peores condiciones. Da miedo verlos y pensar que todo eso podría ser real... la peli creo que se llama... ¿cómo era? es una secuela, ¡ah, sí! ya me acuerdo: "Bridget Jones (sobreviviré)"...
Tengo un tipo al lado, aquí en la biblioteca, que apesta. No puedo cambiar de ordenador, te asignan uno durante una hora y listos. No me toméis demasiado en cuenta el "post" de hoy, debo estar cayendo bajo los efectos de esta nube verde o parda que emana desde mi izquierda y me marea. No soporto a la gente que huele mal. Si vienes de la cosecha, en pleno agosto y empapado de sudor, es una cosa, pero estos energúmenos apestan porque les da la gana. Me ponen enfermo. Porque es una de las peores faltas de respeto al prójimo. Me da igual si lee esto de refilón, porque es para echarle la bronca.
Bueno, a lo que íbamos: el último jueves de noviembre se celebra en los Estados Unidos el "Thanksgiving Day". Se conmemora la hospitalidad de los indios (mal apodados indios) americanos (también erróneamente, pero esa es una historia más larga) con los primeros colonos blancos en los territorios del este, a los cien días de su desembarco. Se prepara un enorme pavo (llamado "gallo de indias" en muchos idiomas europeos, como el catalán, por ejemplo) con arándanos y se reúne la familia, etc, etc, etc. Digamos que se vive con tanto o mayor "calor humano" (y no el del tipo este de al lado y sus miasmas hediondas) que la Nochebuena en España, especialmente en la España castellana.
Podría hacer un largo ensayo sobre la historia del pueblo indio (vamos a aceptar ese convencionalismo) desde entonces, y la de los anglosajones y demás inmigrantes posteriores. Podría establecer varios paralelismos y paradojas entre aquella época y los últimos años. Podría comentar, criticar y opinar sobre la sociedad norteamericana, con sus miserias y sus grandezas, pero mejor os ahorro tanta bajada de ratón y acabo antes.
El espíritu del Día de Acción de Gracias está tan pisoteado y prostituido como el de Navidad en nuestras latitudes. Podrían aplicarlo a todos esos miles de personas que ahora necesitarían la hospitalidad del más fuerte... Me consta que los estadounidenses amables, nobles, amistosos y abiertos son una inmensa minoría, y no podemos juzgar a todo un pueblo por las injusticias y despotismos de unos líderes y de una gran parte de la población que los elije mirando para otro lado. Pero hoy no quiero meterme con la buena gente que desde Seattle a Boston se reunirán el jueves venticinco con sus seres queridos. Hoy quiero asestar un puñetazo dialéctico en los estómagos de los hipócritas y los egoístas.
Porque buena gente que vela por sus seres queridos existe en todo el mundo, como por ejemplo en Irak..., y ni la "seguridad activa" de un país justifica la injusticia. Y mucho menos la mentira.
Y sobre todo, porque no creo que después de la enorme lista de traiciones y masacres, del genocidio expreso o de la aniquilación soterrada (no hace falta la muerte física, perder tu cultura es la peor forma de morir), no creo, pienso, que la nación india, la nación de naciones indias, se coma este jueves con gusto el puñetero pavo.
A menudo cuando veo a un oglala, mapuche, aborigen australiano o yamonami, me recorre un amargo vértigo por la sangre.
Cuando era pequeño y jugaba a los "clicks" (¿alguien se acuerda? aún existen…), siempre ganaban los indios...
Y ahora que ya no soy tan pequeño (este jueves 25, precisamente el Día de Acción de Gracias –yo se las daré a mi madre allá en el cielo, por haberme parido- tendré la edad de Cristo, 33 años -que me crucifiquen si renuncio a mis sueños-, y no me disgusta, pero hay algo que no acaba de cuajar en mi cabeza), ahora que ya no juego con muñequitos, pienso que los indios pierden siempre. Perdemos siempre. Los albatros también, será cuestión de plumas...

Varón oglala. Edward Curtis.
Tengo un tipo al lado, aquí en la biblioteca, que apesta. No puedo cambiar de ordenador, te asignan uno durante una hora y listos. No me toméis demasiado en cuenta el "post" de hoy, debo estar cayendo bajo los efectos de esta nube verde o parda que emana desde mi izquierda y me marea. No soporto a la gente que huele mal. Si vienes de la cosecha, en pleno agosto y empapado de sudor, es una cosa, pero estos energúmenos apestan porque les da la gana. Me ponen enfermo. Porque es una de las peores faltas de respeto al prójimo. Me da igual si lee esto de refilón, porque es para echarle la bronca.
Bueno, a lo que íbamos: el último jueves de noviembre se celebra en los Estados Unidos el "Thanksgiving Day". Se conmemora la hospitalidad de los indios (mal apodados indios) americanos (también erróneamente, pero esa es una historia más larga) con los primeros colonos blancos en los territorios del este, a los cien días de su desembarco. Se prepara un enorme pavo (llamado "gallo de indias" en muchos idiomas europeos, como el catalán, por ejemplo) con arándanos y se reúne la familia, etc, etc, etc. Digamos que se vive con tanto o mayor "calor humano" (y no el del tipo este de al lado y sus miasmas hediondas) que la Nochebuena en España, especialmente en la España castellana.
Podría hacer un largo ensayo sobre la historia del pueblo indio (vamos a aceptar ese convencionalismo) desde entonces, y la de los anglosajones y demás inmigrantes posteriores. Podría establecer varios paralelismos y paradojas entre aquella época y los últimos años. Podría comentar, criticar y opinar sobre la sociedad norteamericana, con sus miserias y sus grandezas, pero mejor os ahorro tanta bajada de ratón y acabo antes.
El espíritu del Día de Acción de Gracias está tan pisoteado y prostituido como el de Navidad en nuestras latitudes. Podrían aplicarlo a todos esos miles de personas que ahora necesitarían la hospitalidad del más fuerte... Me consta que los estadounidenses amables, nobles, amistosos y abiertos son una inmensa minoría, y no podemos juzgar a todo un pueblo por las injusticias y despotismos de unos líderes y de una gran parte de la población que los elije mirando para otro lado. Pero hoy no quiero meterme con la buena gente que desde Seattle a Boston se reunirán el jueves venticinco con sus seres queridos. Hoy quiero asestar un puñetazo dialéctico en los estómagos de los hipócritas y los egoístas.
Porque buena gente que vela por sus seres queridos existe en todo el mundo, como por ejemplo en Irak..., y ni la "seguridad activa" de un país justifica la injusticia. Y mucho menos la mentira.
Y sobre todo, porque no creo que después de la enorme lista de traiciones y masacres, del genocidio expreso o de la aniquilación soterrada (no hace falta la muerte física, perder tu cultura es la peor forma de morir), no creo, pienso, que la nación india, la nación de naciones indias, se coma este jueves con gusto el puñetero pavo.
A menudo cuando veo a un oglala, mapuche, aborigen australiano o yamonami, me recorre un amargo vértigo por la sangre.
Cuando era pequeño y jugaba a los "clicks" (¿alguien se acuerda? aún existen…), siempre ganaban los indios...
Y ahora que ya no soy tan pequeño (este jueves 25, precisamente el Día de Acción de Gracias –yo se las daré a mi madre allá en el cielo, por haberme parido- tendré la edad de Cristo, 33 años -que me crucifiquen si renuncio a mis sueños-, y no me disgusta, pero hay algo que no acaba de cuajar en mi cabeza), ahora que ya no juego con muñequitos, pienso que los indios pierden siempre. Perdemos siempre. Los albatros también, será cuestión de plumas...

Varón oglala. Edward Curtis.
Posdata (larga) a las sombras de ayer, justo hoy, 20-N.
Ayer se me traspapeló algo, que iba justo debajo de la frase dedicada a Pavese: Yukio Mishima, una hora después de entregar su último manuscrito al editor... se hizo lo que mal conocemos como "harakiri". De su vida un código y de su muerte un rito.
Y añado hoy, que Rainer Maria Rilke no se suicidó, pero dicen que murió de una infección tras herirse con la espina de una rosa que estaba recogiendo para recibir a una amiga.
Hay finales y hay vidas que no se distinguen de la vida de un creador... lástima que no siempre sea así y el poble Neftalí Reyes Basoalto (Pablo para todos), tan vital y amante de las cosas sencillas, tan hedonista y a la vez comprometido, pereciera de tristeza, o de la eclosión de su cáncer que siguió a esa amargura, sólo unos días después del funesto 11 de septiembre... de 1973 en Chile.
No me extraña que abucheen en la Alameda de Santiago al "señor" arbushto, heredero de la más pura estirpe de conspiradores y mentirosos de larga nariz y cortas miras. Pablo invocó al "nixonicidio". Yo no quiero la pena de muerte ni para los arbustos. Pero que se vaya a su casa, y se lleve al hombre sin labios, a darle clases de inglés, que para eso "he is my friend". Vergonzante.
Hoy, 20-N, casi treinta años después de que dieran por terminada la agonía del caudillo, ese ser apocado y resentido con el mundo (todos los dictadores lo son, al joven Hitler no le dejaron entrar en la escuela de Bellas Artes de Viena -era un dibujante aceptable- y desde entonces cargó su odio contra lo que él pensaba era la clase burguesa judía que todo lo controlaba), hoy que aún un monstruo -dura y dura, como las malas hierbas- se hace el loco, o aparece senil a conveniencia, para burlar la justicia, o que un extenuante orador visionario con miopía sigue amargando (con la "inestimable ayuda " del inhumano e injustificable bloqueo del vecino de arriba) la vida de las gentes libres de la isla del caimán, hoy, justo hoy quiero sentarme en la cima de todas esas máscaras del odio, de todos esos salvapatrias, y, expirando pausadamente, defecar.
Cuando pueda viajar de nuevo a Chile para seguir preparando mi novela, tengo que ir a Isla Negra, a escuchar lo que me diga el poeta desde su última morada, más allá de la espuma de las olas entre las rocas oscuras.
Por cierto, mi mensaje de ayer, el anuncio, iba totalmente en serio. Busco mentor, mecenas o alma aliada para crear. Merecerá la pena.
Y añado hoy, que Rainer Maria Rilke no se suicidó, pero dicen que murió de una infección tras herirse con la espina de una rosa que estaba recogiendo para recibir a una amiga.
Hay finales y hay vidas que no se distinguen de la vida de un creador... lástima que no siempre sea así y el poble Neftalí Reyes Basoalto (Pablo para todos), tan vital y amante de las cosas sencillas, tan hedonista y a la vez comprometido, pereciera de tristeza, o de la eclosión de su cáncer que siguió a esa amargura, sólo unos días después del funesto 11 de septiembre... de 1973 en Chile.
No me extraña que abucheen en la Alameda de Santiago al "señor" arbushto, heredero de la más pura estirpe de conspiradores y mentirosos de larga nariz y cortas miras. Pablo invocó al "nixonicidio". Yo no quiero la pena de muerte ni para los arbustos. Pero que se vaya a su casa, y se lleve al hombre sin labios, a darle clases de inglés, que para eso "he is my friend". Vergonzante.
Hoy, 20-N, casi treinta años después de que dieran por terminada la agonía del caudillo, ese ser apocado y resentido con el mundo (todos los dictadores lo son, al joven Hitler no le dejaron entrar en la escuela de Bellas Artes de Viena -era un dibujante aceptable- y desde entonces cargó su odio contra lo que él pensaba era la clase burguesa judía que todo lo controlaba), hoy que aún un monstruo -dura y dura, como las malas hierbas- se hace el loco, o aparece senil a conveniencia, para burlar la justicia, o que un extenuante orador visionario con miopía sigue amargando (con la "inestimable ayuda " del inhumano e injustificable bloqueo del vecino de arriba) la vida de las gentes libres de la isla del caimán, hoy, justo hoy quiero sentarme en la cima de todas esas máscaras del odio, de todos esos salvapatrias, y, expirando pausadamente, defecar.
Cuando pueda viajar de nuevo a Chile para seguir preparando mi novela, tengo que ir a Isla Negra, a escuchar lo que me diga el poeta desde su última morada, más allá de la espuma de las olas entre las rocas oscuras.
Por cierto, mi mensaje de ayer, el anuncio, iba totalmente en serio. Busco mentor, mecenas o alma aliada para crear. Merecerá la pena.
Sombras y una vela.
Antes del "post", un anuncio:
______________________________________
Escritor novel (que no Nobel) en números al rojo vivo y con algunos paisajes en gris, busca mecenas moderado. Sólo pido tiempo. Así que un techo, un plato y material para escribir será suficiente. Un trabajito quitaría horas para mi novela, pero ayudaría con los gastos. ¿No hay nadie que tenga una habitación de sobras, o algún rincón con camastro y mesa y muchas ganas de ayudar a un artista? Prometo que esa literatura será artesana y visceral a la vez. Este blog sólo es un ensayo, un entrenamiento. Aunque no sea mucho mérito, escribiré un libro más digno que el último Planeta o el dichoso Código de postín. Más adelante (paciencia) podemos hablar de una compensación y unos cuantos ejemplares firmados para repartir. Lo que haga falta.
Soy ordenado, no doy un ruido, buen conversador y la paella me sale decente. Por amor al arte, o por inversión adorable, ¿algún mecenas entre el público?
_______________________________________________
Y ahora, las sombras:
Sylvia Plath metió la cabeza en un horno, y le cupo, porque tenía la cabeza llena de nubarrones amargos que le llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones. Al final lo consiguió.
Virginia Woolf llenó sus bolsillos de piedras y se adentró en el cauce de un río, y el lastre fue de lo más efectivo para su vuelo final (porque se puede volar bajo el agua, mirad a los pingüinos... y se puede volar desde la desesperación o el desencanto enfermizo). Los bombardeos de los alemanes sobre Inglaterra en aquellos días de la guerra pudieron ser una gota más en su rebosante taza, pero la infusión de amargura hervía desde siempre, así es con esos seres tocados por el talento y la tristeza por igual.
Hemingway se pegó un tiro. Como Mariano José de Larra, que se lo descerrajó en todo el pecho, donde le dolía su mal de amores, tan víctima de los humores del romanticismo (literal y literario). El creador del Viejo pescador, aún después de haber hecho de su vida una fiesta, de París a Pamplona, no pudo con su última resaca de soledad.
Césare Pavese fue una eterna ola en una playa agridulce, y la marea de su alma se lo tragó al retirarse.
Primo Levi sobrevivió al holocausto judío a manos de los nazis (¿aún hay mercachifles de la fe que quieren venderte un infierno cuando tiene sucursales por toda la historia y por todo el globo?), pero no resistió la pesadumbre de su recuerdo. Si esto es un hombre, sí, esto es un hombre. Un hombre roto.
Horacio Quiroga, atrapado en manglares de remordimiento, con el barro del pantanal hasta la rodilla y la mordaza húmeda del pasado (demasiados suicidios y muertes accidentales en la familia), terminó el cuento de su vida con un sublimado de cianuro.
Bukowsky o Henry Miller recorrieron el camino del exceso... y sin embargo fueron longevos (74 y 89 años, creo recordar), no cabe pensar en un suicidio a largo plazo.
Baudelaire tampoco se quitó la vida, pero entre el láudano y la absenta, entre hedor a enagua sucia de prostitutas y niebla espesa del Sena, sembró las flores del mal desde otras tristezas.
Cuanto talento y belleza desde el más terrible de los mundos interiores. Y aún así...
Ojalá mi mejor poema sea un día el de la vida, mucho mejor que las letras que yo pueda ir juntando en mi desván con el tiempo. Que mi vida la quiero con soles, y sonrisas, y lecciones, sí... pero como Walt Whitman, quiero cantar la belleza desde su lado más luminoso. Y no hay candidez ni miopía en ello, sólo celebración.
Feliz fin de semana a todos.
Escritor novel (que no Nobel) en números al rojo vivo y con algunos paisajes en gris, busca mecenas moderado. Sólo pido tiempo. Así que un techo, un plato y material para escribir será suficiente. Un trabajito quitaría horas para mi novela, pero ayudaría con los gastos. ¿No hay nadie que tenga una habitación de sobras, o algún rincón con camastro y mesa y muchas ganas de ayudar a un artista? Prometo que esa literatura será artesana y visceral a la vez. Este blog sólo es un ensayo, un entrenamiento. Aunque no sea mucho mérito, escribiré un libro más digno que el último Planeta o el dichoso Código de postín. Más adelante (paciencia) podemos hablar de una compensación y unos cuantos ejemplares firmados para repartir. Lo que haga falta.
Soy ordenado, no doy un ruido, buen conversador y la paella me sale decente. Por amor al arte, o por inversión adorable, ¿algún mecenas entre el público?
_______________________________________________
Y ahora, las sombras:
Sylvia Plath metió la cabeza en un horno, y le cupo, porque tenía la cabeza llena de nubarrones amargos que le llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones. Al final lo consiguió.
Virginia Woolf llenó sus bolsillos de piedras y se adentró en el cauce de un río, y el lastre fue de lo más efectivo para su vuelo final (porque se puede volar bajo el agua, mirad a los pingüinos... y se puede volar desde la desesperación o el desencanto enfermizo). Los bombardeos de los alemanes sobre Inglaterra en aquellos días de la guerra pudieron ser una gota más en su rebosante taza, pero la infusión de amargura hervía desde siempre, así es con esos seres tocados por el talento y la tristeza por igual.
Hemingway se pegó un tiro. Como Mariano José de Larra, que se lo descerrajó en todo el pecho, donde le dolía su mal de amores, tan víctima de los humores del romanticismo (literal y literario). El creador del Viejo pescador, aún después de haber hecho de su vida una fiesta, de París a Pamplona, no pudo con su última resaca de soledad.
Césare Pavese fue una eterna ola en una playa agridulce, y la marea de su alma se lo tragó al retirarse.
Primo Levi sobrevivió al holocausto judío a manos de los nazis (¿aún hay mercachifles de la fe que quieren venderte un infierno cuando tiene sucursales por toda la historia y por todo el globo?), pero no resistió la pesadumbre de su recuerdo. Si esto es un hombre, sí, esto es un hombre. Un hombre roto.
Horacio Quiroga, atrapado en manglares de remordimiento, con el barro del pantanal hasta la rodilla y la mordaza húmeda del pasado (demasiados suicidios y muertes accidentales en la familia), terminó el cuento de su vida con un sublimado de cianuro.
Bukowsky o Henry Miller recorrieron el camino del exceso... y sin embargo fueron longevos (74 y 89 años, creo recordar), no cabe pensar en un suicidio a largo plazo.
Baudelaire tampoco se quitó la vida, pero entre el láudano y la absenta, entre hedor a enagua sucia de prostitutas y niebla espesa del Sena, sembró las flores del mal desde otras tristezas.
Cuanto talento y belleza desde el más terrible de los mundos interiores. Y aún así...
Ojalá mi mejor poema sea un día el de la vida, mucho mejor que las letras que yo pueda ir juntando en mi desván con el tiempo. Que mi vida la quiero con soles, y sonrisas, y lecciones, sí... pero como Walt Whitman, quiero cantar la belleza desde su lado más luminoso. Y no hay candidez ni miopía en ello, sólo celebración.
Feliz fin de semana a todos.
Pro(de)yecciones (o cómo no cagarla).
Diario de un tonto escribidor.
Gràcia, 31 de febrero de 2014.
La secretaria de mi editor ha vuelto a sonreírme con esa red brillante de insolente juventud que sería capaz de sacar del oceáno al más huraño de los leviatanes. Desde que le firmé el libro en el ascensor (juraría que demoró su paso para perderlo cuando me vio salir del despacho, y así poder tenerme a su merced en el siguiente), tienen un eco silencioso nuestras conversaciones de sala de espera que me deja sorda la conciencia.
Es una promesa realmente hermosa de mujer. Menos mal que mi editor es homosexual y heterodoxo, porque con ella no podría concentrarse en su trabajo, y más le vale, que la versión que le llevé hoy de mi novela es la última, palabra de sagitario (sagrada más que por la descarnada sinceridad de los centauros, por mi aversión a hacer demasiadas veces un mismo camino, por eso siempre planeo viajes circulares o rutas que me devuelvan a casa desde el sur cuando las inicié septentrionales).
La secretaria es más atractiva que cualquiera de esas muñecas virtuales que ahora están de moda en los telediarios, sobre todo porque huele. A lolita y a secreto, peligrosamente. El día que yo sea indiferente a la belleza dejaré de escribir, palabra de tonto escribidor (esta no hay quien se la tome en serio). Pero su belleza me sirve para contarla, y ahí se queda. Tiene lados más fértiles esto de publicar libros que un simple revolcón con una jovencita a la que no le seducen los jovencitos: más libros.
No le soy infiel a mi mujer, y no tiene mérito. No soy fiel porque tema ser delatado por algún indicio, ni porque me aterroricen los cambios (¿a mí?) y anhele mantener la seguridad de la rutina diaria (no es nuestro caso, con un escritor la rutina es una quimera, para bien y para mal), ni porque la quiera más o menos, ni por virtudes que no tengo.
No le soy fiel a mi mujer porque huela algo sagrado en el cabello de mis hijos y rehuya los hedores de la culpa, ni siquiera porque sea un cobarde. Ni porque haya olvidado el goce de una piel tibia y una carne dura que sabe a mediodía cuando la muerdes.
No le soy fiel a mi mujer porque la ame, sencillamente, lo soy por poder seguir mirándole a la cara y a mí mismo en el espejo. Porque no me perdonaría jamás el borrarle la sonrisa, el apagarle la alegría con que me da el primer beso con el dormitorio aún a oscuras, antes de levantar a los enanos. No me perdonaría jamás serle infiel a mi mujer, aunque ella sí fuera capaz de absolverme, que la conozco, aunque ella me conozca mejor, pero sobre todo le soy fiel por no gripar el motor que me empuja, por no derribar el árbol que me sustenta: su ilusión.
La secretaria de mi editor ha vuelto a sonreírme con esa red brillante de insolente juventud que sería capaz de sacar del oceáno al más huraño de los leviatanes. Desde que le firmé el libro en el ascensor (juraría que demoró su paso para perderlo cuando me vio salir del despacho, y así poder tenerme a su merced en el siguiente), tienen un eco silencioso nuestras conversaciones de sala de espera que me deja sorda la conciencia.
Es una promesa realmente hermosa de mujer. Menos mal que mi editor es homosexual y heterodoxo, porque con ella no podría concentrarse en su trabajo, y más le vale, que la versión que le llevé hoy de mi novela es la última, palabra de sagitario (sagrada más que por la descarnada sinceridad de los centauros, por mi aversión a hacer demasiadas veces un mismo camino, por eso siempre planeo viajes circulares o rutas que me devuelvan a casa desde el sur cuando las inicié septentrionales).
La secretaria es más atractiva que cualquiera de esas muñecas virtuales que ahora están de moda en los telediarios, sobre todo porque huele. A lolita y a secreto, peligrosamente. El día que yo sea indiferente a la belleza dejaré de escribir, palabra de tonto escribidor (esta no hay quien se la tome en serio). Pero su belleza me sirve para contarla, y ahí se queda. Tiene lados más fértiles esto de publicar libros que un simple revolcón con una jovencita a la que no le seducen los jovencitos: más libros.
No le soy infiel a mi mujer, y no tiene mérito. No soy fiel porque tema ser delatado por algún indicio, ni porque me aterroricen los cambios (¿a mí?) y anhele mantener la seguridad de la rutina diaria (no es nuestro caso, con un escritor la rutina es una quimera, para bien y para mal), ni porque la quiera más o menos, ni por virtudes que no tengo.
No le soy fiel a mi mujer porque huela algo sagrado en el cabello de mis hijos y rehuya los hedores de la culpa, ni siquiera porque sea un cobarde. Ni porque haya olvidado el goce de una piel tibia y una carne dura que sabe a mediodía cuando la muerdes.
No le soy fiel a mi mujer porque la ame, sencillamente, lo soy por poder seguir mirándole a la cara y a mí mismo en el espejo. Porque no me perdonaría jamás el borrarle la sonrisa, el apagarle la alegría con que me da el primer beso con el dormitorio aún a oscuras, antes de levantar a los enanos. No me perdonaría jamás serle infiel a mi mujer, aunque ella sí fuera capaz de absolverme, que la conozco, aunque ella me conozca mejor, pero sobre todo le soy fiel por no gripar el motor que me empuja, por no derribar el árbol que me sustenta: su ilusión.
A los barcos.
_ ¿Jugamos?
_Te temo...
_No deberías.
_No lo hago, tonto, ya lo sabes, pero cuando enciendes esa mirada...
_Dame un beso.
_¿A eso jugamos?
_Voy a hacer como Neruda.
_¿Sí? ¿Y qué va a ser? ¿Es que sabes cómo besaba Neruda?
_Va a ser como la Oda al caldillo de congrio.
_Jajaja... ¿Y eso?
_Bueno, no soy como él, pero...
_Ni falta que te hace, tú eres tú, ¿A qué jugamos entonces?
_A los barcos. Neruda le había pedido a Matilde la receta del caldillo de congrio que acababa de cocinar (Matilde fue su amante furtiva primero y su mujer después, hasta el agrio final...), bueno, pues el poeta, sentado a la mesa de la cocina, iba anotando algo en una servilleta, mientras ella iba recitando ingredientes, cocciones, cuidados, tiempos... entonces, cuando Matilde acabó la sencilla clase magistral, Neruda había escrito en una servilleta la Oda al caldillo de congrio de sus "Odas elementales".
_¿Y qué tiene que ver eso con un beso ahora?
_Deja de reirte y dame un beso...
_.........
_.........
(eternidad en unos segundos)
_¿Qué escribes?
_Dame un minuto, y quédate aquí sentada, me gusta tenerte en mis piernas.
_Parezco una niña.
_Siempre lo hemos sido. Ya está.
_Déjame ver, trasto... "Ganaste. Muerto, tocado y hundido. Muerto el ego viejo que gastaba achaques de soledad, tocado mi rostro por el halo radiante de tu sol en fresa, tanto, que de afortunado le dan ganas a uno de creer en Dios, para agradecerle el regalo de haberte encontrado... y hundido, sí, pero el barco pirata que ha estado abordando mi alma y robando mi sonrisa tanto tiempo. Que se pudra en los abismos y hagan de él su asiento los corales y los peces su jardín. Que aquí arriba hoy es día de fiesta, y he perdido, y un beso tuyo ha sido el premio".
_.........
_.........
(Naufragio voluntario y compartido en sudor y saliva sobre la mesa de la cocina).
_Te temo...
_No deberías.
_No lo hago, tonto, ya lo sabes, pero cuando enciendes esa mirada...
_Dame un beso.
_¿A eso jugamos?
_Voy a hacer como Neruda.
_¿Sí? ¿Y qué va a ser? ¿Es que sabes cómo besaba Neruda?
_Va a ser como la Oda al caldillo de congrio.
_Jajaja... ¿Y eso?
_Bueno, no soy como él, pero...
_Ni falta que te hace, tú eres tú, ¿A qué jugamos entonces?
_A los barcos. Neruda le había pedido a Matilde la receta del caldillo de congrio que acababa de cocinar (Matilde fue su amante furtiva primero y su mujer después, hasta el agrio final...), bueno, pues el poeta, sentado a la mesa de la cocina, iba anotando algo en una servilleta, mientras ella iba recitando ingredientes, cocciones, cuidados, tiempos... entonces, cuando Matilde acabó la sencilla clase magistral, Neruda había escrito en una servilleta la Oda al caldillo de congrio de sus "Odas elementales".
_¿Y qué tiene que ver eso con un beso ahora?
_Deja de reirte y dame un beso...
_.........
_.........
(eternidad en unos segundos)
_¿Qué escribes?
_Dame un minuto, y quédate aquí sentada, me gusta tenerte en mis piernas.
_Parezco una niña.
_Siempre lo hemos sido. Ya está.
_Déjame ver, trasto... "Ganaste. Muerto, tocado y hundido. Muerto el ego viejo que gastaba achaques de soledad, tocado mi rostro por el halo radiante de tu sol en fresa, tanto, que de afortunado le dan ganas a uno de creer en Dios, para agradecerle el regalo de haberte encontrado... y hundido, sí, pero el barco pirata que ha estado abordando mi alma y robando mi sonrisa tanto tiempo. Que se pudra en los abismos y hagan de él su asiento los corales y los peces su jardín. Que aquí arriba hoy es día de fiesta, y he perdido, y un beso tuyo ha sido el premio".
_.........
_.........
(Naufragio voluntario y compartido en sudor y saliva sobre la mesa de la cocina).
Labores domésticas.
Echas las sábanas, gruñe la lavadora mientras comes, las tiendes, el viento las sacude y difumina los pliegues de tus sueños en vela, la noche de noviembre las tensa y un sol a medias reseca sus hilos.
Las recoges frías como lápidas hasta amoratar tus dedos, las planchas, sin celo, lo justo para borrar alguna arruga exagerada por los rigores del patio. Las doblas, a solas o con algún extraño que vive contigo, que es lo mismo, y las guardas en el armario.
Cuando toque cambiarlas, las sacarás de su cajón, harás la cama y, aunque huela a nueva, todo el trabajo habrá sido en vano, que no se les habrá quitado la invisible mancha de tu soledad, que no hay sábanas más tristes que las que sólo huelen a uno...
Las recoges frías como lápidas hasta amoratar tus dedos, las planchas, sin celo, lo justo para borrar alguna arruga exagerada por los rigores del patio. Las doblas, a solas o con algún extraño que vive contigo, que es lo mismo, y las guardas en el armario.
Cuando toque cambiarlas, las sacarás de su cajón, harás la cama y, aunque huela a nueva, todo el trabajo habrá sido en vano, que no se les habrá quitado la invisible mancha de tu soledad, que no hay sábanas más tristes que las que sólo huelen a uno...
Dentro de cincuenta años...
Las arrugas de la vejez se van fraguando como trincheras en la carne, y cuando el tiempo va ganando la batalla, salen las zanjas a marchita flor de piel. Después, cuando se rinde uno, se hacen fosas y te llaman con voz de bruma y hojas secas, de piedra húmeda y fauna invisible, para tragarse tus huesos. Encrucijadas de pliegues en el rostro, que lo fueron de caminos en la vida y cavaron hondas miserias por las sendas no escogidas, las que más dolieron, a golpe de pala gris.
Sucede, a veces, que algunos corazones se hacen viejos antes de tiempo y se llenan de grietas, porque se rindieron demasiado pronto, aunque la piel insista en decirnos que tienen la edad de un puñado de veranos. Sucede, siempre, que un corazón audaz y noble es inmarcesible y sigue brillando como manzana fresca frotada en la manga aunque la carcasa se vaya secando como un arbusto sin lluvias.
En el sillón de piel de mi biblioteca privada, ante la correspondencia de mis lectores o en un banco del parque, encorvado por la adversidad, no importa, hay algo que sí habré atesorado. Gorro de canas, abrigo de años, zapatos gastados, guantes raídos, caminos y trabajos del alma exhausta, bufanda vieja para apuntalar un hilo de voz que se va apagando, pantalones sujetos por un cordel austero, camisa de fuerza rota por las hebillas… y sobre el pecho grave, entre alambres blancos y grises, una medalla de oro intangible. Justo sobre un corazón rebelde, marcando el lugar del tesoro en el mapa. Ahí quiero guardarte, mujer, cuando todo lo demás me vaya abandonando y mis huesos reclamen su graduado de polvo y tierra. Ahí, fresca y pura como agua de deshielo, te guardaré siempre.
------------------------------------------
pd: vengo observando hace semanas que “Alas de Albatros” no aparece nunca entre los quince blogs más vistos de Ya.com. Si el público, la publicidad que hace el portal de algunos blogs o los chascarrillos de sobremesa quieren otra cosa (lo digo porque mis páginas favoritas de “blogueros” en Ya.com tampoco suelen aparecer), perfecto, pero lo que me molesta es que suelo tener una media de ciento cincuenta visitas y hay páginas entre esas quince que no superan las cincuenta. No es cuestión de vanidad, pero si comencé esta andadura era por compartir mis letras, y no está bien que me escatimen la oportunidad de llegar a más lectores. Y para los que aún no me leyeron, ese escaparate es sólo un primer paso. Le envié un correo a Ya.com pero de momento no lo han solucionado. Con la calidad de los lectores (y también amigos aquí encontrados) que tengo, sonrío de oreja a oreja, pero al Cesar lo que es del César, ¿no? ¿Será que lo lírico sienta mal a las masas?
re-pd: Una buena noticia. Ayer tuve la certeza de que voy a escribir mi primera novela. Para mí es una gran noticia, y aunque sé que es un proceso largo (requiere, por el tema, documentación previa, entrevistas, etc.), he notado el calambrazo de la pasión en el estómago. Voy a escribirla. La faena es que mi situación (sobre todo material) hará que vaya a ser aún más lento y complicado. No es que vaya a redactar mi primera novela en cincuenta y dos días, como Stendhal con “La cartuja de Parma”, pero si me dan cancha… en fin, estoy muy productivo, ¡necesito un mecenas ya! ;-)
Sucede, a veces, que algunos corazones se hacen viejos antes de tiempo y se llenan de grietas, porque se rindieron demasiado pronto, aunque la piel insista en decirnos que tienen la edad de un puñado de veranos. Sucede, siempre, que un corazón audaz y noble es inmarcesible y sigue brillando como manzana fresca frotada en la manga aunque la carcasa se vaya secando como un arbusto sin lluvias.
En el sillón de piel de mi biblioteca privada, ante la correspondencia de mis lectores o en un banco del parque, encorvado por la adversidad, no importa, hay algo que sí habré atesorado. Gorro de canas, abrigo de años, zapatos gastados, guantes raídos, caminos y trabajos del alma exhausta, bufanda vieja para apuntalar un hilo de voz que se va apagando, pantalones sujetos por un cordel austero, camisa de fuerza rota por las hebillas… y sobre el pecho grave, entre alambres blancos y grises, una medalla de oro intangible. Justo sobre un corazón rebelde, marcando el lugar del tesoro en el mapa. Ahí quiero guardarte, mujer, cuando todo lo demás me vaya abandonando y mis huesos reclamen su graduado de polvo y tierra. Ahí, fresca y pura como agua de deshielo, te guardaré siempre.
pd: vengo observando hace semanas que “Alas de Albatros” no aparece nunca entre los quince blogs más vistos de Ya.com. Si el público, la publicidad que hace el portal de algunos blogs o los chascarrillos de sobremesa quieren otra cosa (lo digo porque mis páginas favoritas de “blogueros” en Ya.com tampoco suelen aparecer), perfecto, pero lo que me molesta es que suelo tener una media de ciento cincuenta visitas y hay páginas entre esas quince que no superan las cincuenta. No es cuestión de vanidad, pero si comencé esta andadura era por compartir mis letras, y no está bien que me escatimen la oportunidad de llegar a más lectores. Y para los que aún no me leyeron, ese escaparate es sólo un primer paso. Le envié un correo a Ya.com pero de momento no lo han solucionado. Con la calidad de los lectores (y también amigos aquí encontrados) que tengo, sonrío de oreja a oreja, pero al Cesar lo que es del César, ¿no? ¿Será que lo lírico sienta mal a las masas?
re-pd: Una buena noticia. Ayer tuve la certeza de que voy a escribir mi primera novela. Para mí es una gran noticia, y aunque sé que es un proceso largo (requiere, por el tema, documentación previa, entrevistas, etc.), he notado el calambrazo de la pasión en el estómago. Voy a escribirla. La faena es que mi situación (sobre todo material) hará que vaya a ser aún más lento y complicado. No es que vaya a redactar mi primera novela en cincuenta y dos días, como Stendhal con “La cartuja de Parma”, pero si me dan cancha… en fin, estoy muy productivo, ¡necesito un mecenas ya! ;-)
Flor del cerezo.
Cuando uno se cae de bruces delante de un verso y encuentra su reflejo en ese azogue tan fugaz como un charco de lluvia... se siente flor de cerezo efímera perdida en alguna rama del árbol más antiguo...
Somos hermosamente fugaces, y por eso hay que beber la vida a tragos, pero subir las montañas con paso de anciano... para llegar a la cima con la fuerza de un muchacho.
Todo está escrito.
Podrías leerlo de mi "epistolario a una desconocida", escrito hace unos días, sentido desde siempre, pero hace más de doce siglos, al final del período arcaico japonés, cuando Europa aún no era ni siquiera una idea, en la colección de diez mil hojas del Manyoshu, entre sus cuatro mil quinientos poemas, la mayor antología poética de la literatura japonesa, alguien también tradujo esto de su pecho al papel de arroz en hermosos caracteres, con pincel de poeta:
Si de verte en sueños
y no cabe más
lo que te quiero
¿Qué será si logro
Verte de veras?

Somos hermosamente fugaces, y por eso hay que beber la vida a tragos, pero subir las montañas con paso de anciano... para llegar a la cima con la fuerza de un muchacho.
Todo está escrito.
Podrías leerlo de mi "epistolario a una desconocida", escrito hace unos días, sentido desde siempre, pero hace más de doce siglos, al final del período arcaico japonés, cuando Europa aún no era ni siquiera una idea, en la colección de diez mil hojas del Manyoshu, entre sus cuatro mil quinientos poemas, la mayor antología poética de la literatura japonesa, alguien también tradujo esto de su pecho al papel de arroz en hermosos caracteres, con pincel de poeta:
y no cabe más
lo que te quiero
¿Qué será si logro
Verte de veras?

Cartografía erótica IV.
Sé que los años irán ajando tus piernas, grabando desde dentro rayos verduzcos al son de tus canas. Sé que unas veces la pereza y otras la circunstancia cosecharán ahí malas hierbas, de arriba a abajo. Pero amaré tus piernas. De seda o fatigadas, de curvas tibias o de tibias cansadas. Sojuzgarán mi voluntad (y yo tan ancho como el Pacífico) depiladas, como jónicas de mármol al sol del Egeo, pero Amaré tus piernas incluso en esos días que las cuides menos, y aún más en esos años que la vida las desatienda, porque también seguirán siendo las olas que te trajeron a mi playa. Porque serán siempre los pilares del templo, Señora Mía.
En senderos, entre montañas, en las aceras, escalones arriba.
En el café, en la penumbra artificial de un lounge de moda... me miras sentada desde el otro lado y cruzas tus piernas y haces de ellas un lazo alrededor de mi cuello, y soy mastín, y desaparece el mundo a mi alrededor y me empuja el vértigo desde abajo, y me tiendes con los ojos el cazo de agua entre el anverso de tu rodilla y la incierta curva turgente y hendida que va camino de tus caderas, bajo el vestido...
La luz de una lámpara en el salón, o la corola amarilla de etéreas flores nocturnas en los faroles, iluminarán senderos de plata, desde tu rodilla al tobillo, con medias o sin ellas, como un rayo de sol sumergido en el mar centellea súbitamente en el costado de un tiburón. Y yo feliz de ser albatros a la deriva en ese océano, para caberte entero cuando vengas a devorarme. Come niña, que soy tuyo. Dame amor, que eres mía. Dame la miel compacta de tus gemelos, curva jugosa y magra de esa carne tuya que despierta mi instinto caníbal. Dije que soy mastín, sí, que no perrito faldero, y mira que me gustan tus faldas, pero soy dueño y señor de mis apetitos.
Encuentro mi reposo en los pilares de tu pureza. Huecos en piedras gastadas por la lluvia de un jardín zen se forman cuando abro tus piernas despacio con las mejillas, entre tu sexo y la primera corva de tus muslos. Justo ahí, en esa fina cavidad, tu piel se hace un poco bronce y en esa marmita hierve mi bálsamo preferido. Huecos en carnes gastadas para mi saliva junto a un jardín versallesco. El muslo se va haciendo alfil camino de tu rodilla y mis manos suben y bajan, caminan y ruedan por la colina. De nuevo la carne tiembla y mis dientes rugen. Jaque mate.
Rodillas hundidas que no vencidas, en una lobera de sábanas sudadas. Rodillas en cuatro y las mías en siete, reinas de alcoba, mientras me hago nido entre tus ingles y el arco tensado de mis piernas va clavando saetas contra tus relojes de arena mojada.
Recordaremos, atados por las piernas desnudas bajo una manta, en el sofá y con música de Satie, o de Saint Germain, o de aguaceros en la ventana, cuando subieron desde tus tobillos, frescos como piedra sombría en verano, mis manos de niño que todo lo exploran, que todo lo entregan. Cuando te hablaba al oído, pegados los labios, respirando tu cabello, y mi voz ardiéndote dentro, y mi aliento quemándote fuera, y mi mano en tu muslo, por fuera y por dentro, y la otra en la cintura, tan elegante esta, tan lasciva la otra. Nos van a pillar me dices, te comeré el corazón te susurro, en el concierto, la cena o la fiesta. Bajo tu falda llego al encaje y al raso, y hago ver que dudo en la frontera y me retiro. Sólo para tomar impulso y multiplicar tu deseo. Cambia el tacto de tus piernas, están todos en esa región de tu país de piel salada. Seda, arena dura para mis huellas, tul, velas… Regreso a las puertas. Me detengo en la aduana del minúsculo festón de encaje de tu medio tanga y se moja mi dedo en tus anhelos.
Me encanta mojarte aún vestidos y que te azores un poco, sólo un poco, antes del arrebato, preludio a la tormenta de lava desde tus labios. Antes de que el arranque de tus piernas aprese mi mano al ardor de tus muslos de pan, antes de que me pidas, y me exijas. De que te gires y me atraviese tu mirada y me muerdas el alma y me la beses. Ay, que no sé si soy más feliz por mojarte vestida (sean mis manos o sean mis palabras al oído que no cesan, ni en su silencio más oscuro) o por el augurio de secarte a lametones el deseo en casa dentro de un rato. Piernas arriba, muslos adentro, de abajo a arriba, gota a gota.
Fracasar.
He tenido la certeza de haber reconocido algo. Sé lo que significa "fracasar". No tiene nada que ver con perder, ni con no alcanzar las metas, ni mucho menos con equivocarse... y jamás con no llegar donde otros esperaban que llegaras. Fracasar (estrepitosamente) en verdad sólo es pasar por la vida sin haber hecho, Vivido, Sentido y... Entregado lo que viniste a experimentar, aprender y Amar (Dar) a este mundo. Sólo eso es un verdadero fracaso. Sólo los que duelen a solas con el espejo. Lo demás son sólo lecciones, para aprender a caminar.
----------------------
mega-pd: Palabrita del niño Sergi que retomaré la "Cartografía erótica" muy pronto, sólo es que me siento un poco como una mesa de billar últimamente... con el tapete lleno de sietes... y harto de que el destino juegue con mis... ejem, bolas (con la 8, la negra, se entiende... no seáis malos).
Al hilo de mi relfexión compartida de hoy... no me hubiera importado pegarme unos cuantos batacazos más, y dolerme, y aprender mucho... pero estar recordando ahora como sabían los labios y las ingles de... alguna que otra calabaza. Pobrecita A., (es broma), que se morirá sin probar mis besos... que son lo más... (la modestia y la humildad no son lo mismo, yo soy muy muy humilde, pero nada nada modesto, ya lo explico otro día).
mega-pd: Palabrita del niño Sergi que retomaré la "Cartografía erótica" muy pronto, sólo es que me siento un poco como una mesa de billar últimamente... con el tapete lleno de sietes... y harto de que el destino juegue con mis... ejem, bolas (con la 8, la negra, se entiende... no seáis malos).
Al hilo de mi relfexión compartida de hoy... no me hubiera importado pegarme unos cuantos batacazos más, y dolerme, y aprender mucho... pero estar recordando ahora como sabían los labios y las ingles de... alguna que otra calabaza. Pobrecita A., (es broma), que se morirá sin probar mis besos... que son lo más... (la modestia y la humildad no son lo mismo, yo soy muy muy humilde, pero nada nada modesto, ya lo explico otro día).
Retales con eco.
Frases y escenas sueltas que van sonando en mi cabeza...
Escribo para intentar llenar los huecos de todo aquello que una mirada no puede decir con palabras, aunque sea más sabia y más lírica que todas las academias del mundo. Escribo para hacer literales (y literarios) los sentimientos, para tal vez anudar un cordel de niebla al cuello de caballos salvajes... esas sensaciones que escapan a la pluma y la voz. Es imposible atraparlas como apresar anguilas con las manos desnudas, tan escurridizas... y tan eléctricas también... luminarias fugaces que prenden fulgores en las habitaciones de mi alma... y me permiten leer a tientas lo que he Vivido.
Tengo la llave maestra, el valor para utilizarla, la fuerza interior para dar el paso y la mano firme para empuñar con decisión la maneta, mi esencia es capaz de todo con esta llave maestra... lo "único" que me falta, pequeño gran detalle, es encontrar la puerta... la que abrirá las tormentas, las fosas y los cielos. La que me hará señor de la lluvia, las piedras y la carne bajo la seda...
pd: a partir del lunes seguiré con mi "Cartografía erótica" (ayer comentaba con una querida Amiga que debería cambiarle el apellido a esa serie, pues es más otra cosa que erótica -que también-). Y los capítulos (porque con lo que llego a extenderme... parecen eso, capítulos... gracias a los que me leéis por vicio, y a los que pasan de largo, deciros que entiendo que os ahuyenten tantas letras de golpe en un solo "post"...) IV y V, serán para "sus" piernas y sus brazos...
Escribo para intentar llenar los huecos de todo aquello que una mirada no puede decir con palabras, aunque sea más sabia y más lírica que todas las academias del mundo. Escribo para hacer literales (y literarios) los sentimientos, para tal vez anudar un cordel de niebla al cuello de caballos salvajes... esas sensaciones que escapan a la pluma y la voz. Es imposible atraparlas como apresar anguilas con las manos desnudas, tan escurridizas... y tan eléctricas también... luminarias fugaces que prenden fulgores en las habitaciones de mi alma... y me permiten leer a tientas lo que he Vivido.
Tengo la llave maestra, el valor para utilizarla, la fuerza interior para dar el paso y la mano firme para empuñar con decisión la maneta, mi esencia es capaz de todo con esta llave maestra... lo "único" que me falta, pequeño gran detalle, es encontrar la puerta... la que abrirá las tormentas, las fosas y los cielos. La que me hará señor de la lluvia, las piedras y la carne bajo la seda...
pd: a partir del lunes seguiré con mi "Cartografía erótica" (ayer comentaba con una querida Amiga que debería cambiarle el apellido a esa serie, pues es más otra cosa que erótica -que también-). Y los capítulos (porque con lo que llego a extenderme... parecen eso, capítulos... gracias a los que me leéis por vicio, y a los que pasan de largo, deciros que entiendo que os ahuyenten tantas letras de golpe en un solo "post"...) IV y V, serán para "sus" piernas y sus brazos...
Cartografía erótica III.
Me tiendes tus manos y se despliegan mis alas. Las hundes en la tierra mojada y brotan los rosales, perfumados e insolentes, hermosos, y todas tus lágrimas, dulces por rebosar alegría o amargas por las pérdidas, vacilan en cada espina, antes de caer.
Diez gotas de rocío que me apuntan, como si yo fuera el ojo del que lloraron. Diez dagas que laceran la carne ardiente de mi espalda, diez colmillos de felina en celo hienden su nácar y hacen presa en mis nalgas. No son rojas previsibles, ni afiladas, ni tampoco romas, ni cuadradas, y por lo más sagrado, no son las huellas de la incursión en la despensa de un roedor compulsivo.
Diez peinetas de halo francés y diez medias lunas que sonríen en la nuca de tus yemas. Las de tus dedos.
Los que me estremecen al sembrar caricias en mi paisaje, los que al tacto me susurran tu deseo. Tus dedos como juncos en la laguna, entre los que me escondo para despistar al tiempo cazador, cuando el albatros se halla lejos de mar abierto. Diez báculos de sedoso pulido para apoyar mi alma cansada al caminar. Anzuelos articulados que someten mi voluntad si me señalan, si tiran de mí para acercarme a tu boca.
Diez varitas mágicas para hacerme sonreír en la penumbra y buscarle las cosquillas a mi alma. Esqueleto elegante del paraguas bajo el que nos guarecemos de la mediocridad del mundo y te beso el oído. Los dedos de tus manos, armazón del abanico invisible que abres y corvas con gracia andaluza, cuando gesticulas al hablar sin hablar.
No son tus manos cofres avaros ni garras hurañas. Ni orondas estrellas de mar de gruesos brazos, ni abejas obreras de lomos alfombrados... y aguijones traicioneros.
Sólo tus manos saben sustentar mi emoción como chamanes que elevan su ofrenda a los espíritus del bosque lluvioso. Sólo ellas me salvan del naufragio y me arrastran hasta tu playa, y yo me dejo, hechizado. Porque son manos de maga. Centellean por nuestro cielo privado en espirales invisibles que sellan el sortilegio. Sobre la mesa de mármol de un café antiguo, cuando reposan sobre el dorso de las mías o dejan que mi pulgar cuente los poros del tuyo. Cuando buscan mi hombro en la oscuridad del cine. Tus manos me pueden.
Me puede sentirlas en la sien mientras me observas, cuando aún me crees dormido y un leve indicio en la comisura de mis labios me delata. Y su azote en mi espalda hace estallar las risas. Me puede contemplarlas tomando un libro, como quien sujeta un cazo de agua para que reviva el sediento. Evocarlas cuando estás lejos, mientras me escribes una carta o compones un mensaje en la pantalla de tu móvil para mí, alguno que improvise alegrías en mi rostro, por saber que me llevas contigo.
Me gusta fijarme, sin que parezcamos darle importancia, en cómo abordas el pie de una copa de vino con delicadeza, en cómo tus manos parecen pirámides doradas cuando deslizas un sobre en el buzón para derribar distancias con la gente que quieres y se tornan deliciosamente nerviosas al recibir respuesta. Porque tus manos aún escriben cartas, y pelan manzanas, y cortan tomates con amor, y acarician perros desconocidos, y recogen conchas en la playa...
Manos suaves y gráciles que danzan como el fuego en la hoguera, como los copos en la nieve. Y me quemas, y me hielas. Las imagino ensangrentadas, exhaustas y felices si un día acogen contra tu pecho un fruto más (que otros mil campos distintos cuajados de semillas no tendrán nombre) de nuestro Amor, si decide madurar de ese modo en tu vientre.
No lloveré sobre mojado para decirte como todos que "tienes manos de pianista", aunque sea cierto, porque sí, son elegantes como un guante y sensuales como una media, pero tus manos son de pianista, sobre todo, y ellos no lo saben, porque saben mimar las teclas de nuestra vida para interpretar la más bella de las sonatas.
Las adoro cálidas cuando recorren mi piel bajo las sábanas, a escondidas del mundo, como hacen los niños en sus juegos más tiernos. Las amo tibias cuando amasan mi cansancio de hombro a hombro. Las adoro también heladas cuando te dejas los guantes en casa y se abrigan con las mías, o buscan refugio en mis bolsillos, porque así me dejan ver el cariño en tu suspiro.
Me agitan entero, en cuerpo y alma, cuando buscan mi sexo con ansia, frente y frente tocándose, miradas de puertas entreabiertas que casi se besan y tú arrancándome el deseo, que crece allí abajo, aquí dentro, Amor.
Tus manos me acarician lo más hondo del alma cuando desaliñan mi cabello al notar las mías aferradas a tus caderas o tus senos, mientras la pasión pierde los frenos y nos ata desde la base de la columna, electrizada por congelar el tiempo entre los dos. Me pueden tus manos, frotando mi espalda en el abrazo inmenso al decírmelo sin decirme que me quieres.
Me deshacen cuando abarcas mi rostro como dos postigos a una ventana (por la que te asomas a mi alma) y me miras como tú sólo sabes... y mi corazón se hace lava, y se vuelca en las palmas de tus manos, que me van quemando dulcemente, como a un leño deseoso de ser hogar.
Tus manos cuando te das, con la fuerza de tu nobleza, cuando te despides desde la ventanilla del tren o al saludar antes de que el semáforo se ponga en verde, cuando ya me viste desde la otra acera.
Tus manos al adecentar las solapas de mi chaqueta justo antes de llamarme desastre y abrazarme, ya sabes, Amor, esas manos de selva que como lianas se entrelazan con las mías o atrapan mi nuca al besarnos.
Ellas hablan de ti, y en las lineas de su anverso acogedor se trazan las sendas de tu Vida, de tu Amor, y del destino, revelan nuestro viaje, de la mano, siempre de la mano, por el mundo.
Ellas, sin pretenderlo, hablan de ti, jugando con el aire y mis latidos como el sol se cuela entre los árboles para darle vida al sotobosque.
De tus manos recibiré todos los días el mejor Regalo de mi Vida.

