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Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Sindicación
 
Dos y cinco, siete.
Eso dicen del año que está a punto de ver la luz, que suma siete, número cabalístico y mágico.

No tengo ni idea... pero sí puedo contaros de una brisa salada, un rumor de hojas en la arboleda, un hervor desde el corazón de un volcán... una voz desde algún paisaje olvidado de mí mismo... que me dice que el 2005 va a ser un año importante, crucial, el fin de un ciclo y el inicio de una senda nueva para mí.

El año que pronto despediremos ha sido una vaguada en el bosque, donde llegó el sol a unos rincones, y donde reinó despótica la escarcha en los más sombríos.

No me puedo quejar, si pienso en las primeras Navidades que los familiares de los inocentes del 11-M, o las madres de Beslán, o hasta las de aquel centro comercial de Paraguay (¿porque alguien se acuerda, verdad?), pasarán sin ellos (absurda referencia a estas fechas, pero es sólo por hacerla gráfica). No me quejo si pienso en los huérfanos de la ola exterminadora, o en la primera Nochevieja sin sonrisas para las familias de tantos porteños que se han tragado el fuego y el humo en una discoteca bonaerense. Menudos coletazos da este año.

Ni puedo quejarme si pienso en los olvidados de Irak, pero también de Sudán, Palestina, Haití, Sierra Leona... o los mutilados de Camboya, o los hambrientos del cuerno de África, o los seropositivos de todo ese continente, o... en mil lugares más donde la muerte no es una ola repentina, pero sí una gotera incesante que horada la tierra para tragarse poco a poco a millones de esqueletos y almas rotas (¿porque de esos se acuerda alguien de verdad?).

Y no me quejo.

Pero tengo mi camino personal, mi tarea y mi tiempo de ocio intransferibles para esta vida, así que debo exprimirla. Debéis exprimirla.

Lo mejor de este año moribundo (y por lo dicho, sangriento), para mí, han sido las nuevas sonrisas prendidas en mi pecho, los nuevos amigos, la mayoría de ellos encontrados y celebrados aquí, en este impulso nómada. No haré listas, porque lo saben ellos (lo sabéis vosotros) mejor que nadie. Lo mejor de "Alas de Albatros", sin duda, y me repito, ha sido encontraros. Gracias, sé que algunos de vosotros (y lo sé porque a varios ya os he sentido en un abrazo, y a los que no, os he percibido sin tocaros, y me basta) habéis venido para quedaros, para caminar mucho tiempo juntos y aprender, compartir, disfrutar, apoyar...

"Alas de Albatros" nació como un experimento, un entrenamiento, un aprendizaje, un taller, un cajón de sastre y a veces incluso desastre... y mira lo que me he encontrado. Ese ha sido uno de los pocos claros soleados en la vaguada.

O un Taller de Cuentos en Madrid.

O saber que la gente que quiero está bien.

O parir mil ideas para mis letras (ahora hay que educarlas y cuidarlas hasta que se hagan mayores).

O ratificar afectos y reconocer ilusiones inmarcesibles.

Haré pocas "resolutions" para el nuevo año, escribir, trabajar, cuidar de los seres que quiero (o de la querencia que nos une), domesticar alguno (sólo alguno) de mis impulsos radicales y soltar todas las aves que me anidan dentro. Distinguir cuando he de dar un paso atrás y tener perspectiva y cuando he de saltar al vacío con una sonrisa y sin red de protección. Seré muy bueno en lo bueno y muy, muy malo en los matices más hedonistas.

Este año ha de ver el bautismo oficial de mi carrera como escritor, ha de traer por fin un poco de calma a mis espaldas y quitarle el asma a mis bolsillos. Ha de regalarme la oportunidad de estar con algunos seres que adoro y siempre están (en lo material, no en lo espiritual) muy, muy lejos. Anhelo por fin abrazarles y de este año no pasa.

Y quién sabe, tal vez porque cuando enfoque mis fuerzas, cuando esté en el camino adecuado, todo será un puzzle preparado para encajar, tal vez, este año llegue Ella, para quedarse.

Anoche por sorpresa descubrí un documental sobre la isla Georgia del Sur, en la Antártida, y hablaban... de los albatros... cómo no son capaces de volar sin viento, pero con él pueden asumir las mayores proezas en el aire. Cómo la pareja de albatros se va compenetrando hasta conseguir un vuelo armónico, como si ambas intenciones y ambos instintos palpitaran a la par.

Tremendas metáforas sobrevienen cada vez que sé de ese hermoso animal.

Viento. Vuelo coreografiado a dos. Motivación, Amor, esos son mi viento y mi vuelo. Sin motivación no soy nada, en todos los terrenos de la existencia. Sin Amor soy yo a medias, y me pierdo los cielos.

Sí, además de mis letras, espero que el 2005 traiga un viento genuino, cabalgado por Ella, para remontar todos los abismos y celebrar el firmamento entero.

Y vosotros que lo veáis, y vosotros que lo leáis. Y a ser posible, en papel reciclado, con encuadernación rústica, y cubierta de papel de arroz sobre las tapas. Y alguno de mis dibujos en la portada.

Gracias a todos.

Perseguid vuestros sueños sin tregua en este 2005, es de las pocas cosas que dan sentido a todo este teatro inefable que llamamos vida. Eso es lo que os deseo, que soñéis en voz alta y seáis audaces.

"Hasta el año que viene".
 
Vértigo.
El que siente el albatros que es capaz de elevarse por encima de los últimos cirros, casi rozando el vacío y la estela de un cometa. El que siente el albatros mientras rebusca en las librerías y se lamenta de las pésimas traducciones de "El jugador" de Dostoievsky, cuando una "altanería" se sustituye por una "indiferencia" o un "regreso" por una "vuelta".

El que siente el albatros tomándose un café con su hermano, hablando de proyectos reinventados, y contemplando las luces de la ciudad desde las alturas del Parque Güell, mientras la moto se prepara para otra curva.

El que siente el albatros en su interior cuando es capaz de abstraerse y pasar una tarde agradable... mientras el mundo se convulsiona y desde sus entrañas nace una ola apocalíptica que cercena la vida de decenas de miles de personas...

Da vértigo esta capacidad de hacerse el sordo, aunque una voz te encoja el corazón desde tus propias entrañas... una ola de perplejidad.

Todo es, de modo atroz, impermanente.
 
El fiel de la balanza.
¿Recordará un albatros, circunnavegando el mundo austral, el acantilado en el que se abrió a la vida, desde el que se lanzó al primer vuelo?

¿Puede un velero animado, allá por la azotea del cielo, sobre las nubes, sentir que le atan a las entrañas de la tierra raíces invisibles, que le unen al alma del mundo miradas fraternas?

¿Piensa el piloto errante, planeando sobre las olas, remontando el halo de los rizos de espuma, en la hoguera y el refugio?

¿Abarca el nómada con sus enormes alas la inmensidad de un corazón, la sencillez del mundo, la pureza implacable del océano, la estrategia del tiempo, y el infinito lazo que ata un cabo en los ancestros y a la vez, con un nudo marinero, permite la deriva hasta las orillas del universo?

El viaje eterno (el destino del albatros) y la morada leal (el refugio del peregrino), y en el centro, como fiel de la balanza, la esencia del albatros en equilibrio.

O cómo sentirse en casa al aroma del chocolate caliente de callejones góticos, entre losas antiguas, pulidas por el paso de innumerables zapatos que persiguieron los besos perdidos, entre óleos apuntadores de viejas funciones y guitarras vagabundas esparciendo ecos que caminan por el laberinto de piedra... O cómo sentirse en casa apretado contra la sonrisa de la sangre en un sofá y armándose de paciencia cuando un terremoto de menos de un metro decide que no se duerme más y toca zafarrancho a tempranas horas, para jugar... tio, quiero jugar... Benditas ojeras.

 
Guerra menuda.
Este va a ser el "post" más difícil de escribir desde Mayo... no, no es porque esté de bajón, ni me haya cruzado con Ella y me haya dado calabazas... es mi sobrino, que lleva todo el día dándome guerra ;-)

Me secuestra la mano izquierda, me coge los índices y quiere teclear él, etc. Hasta iba a darme una vuelta esta tarde por Barcelona, pues nada, aquí estoy, porque el enano no tiene sueño y pasa de hacer siesta y dice que no me vaya... Así no hay quien escriba, he intentado mandar unas postales a la gente (a quienes no tengo en mi agenda para las cartas de papel), pero no hay forma.

Además, no deja de hablar de cacas voladoras y marranos... ¿por qué a los críos les da por la escatología?

Buff, quería contar (media hora para esta frase) mi reencuentro con Barcelona, las ganas que tengo de regresar aquí alguna vez, aunque tampoco pronto, tal vez con un viaje de por medio, o una temporada en París, o quién sabe... pero mejor le dejo a mi sobrino que diga la última palabra, y yo la penúltima: que me encanta que este monstruito me perree...

A ver, bicho, dale:

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Ha dicho: "caca de peluche".

Meditaré sobre ello... y los abismos del cerebro reptiliano en la mente infantil... ;-P

¿Cómo puede ser que no se agote?
 
Sólo unos trazos.
Soy el primer rayo de sol que se cuela por la persiana para derramarse en tu hombro, y la última estrella del alba para cerrarte los ojos tras una noche incendiaria.

Soy el delfín de peluche al que te abrazas en el sofá una tarde de lluvia, y la orca feroz que devora tus muslos con ansia depredadora sobre la mesa de la cocina.

Soy el viejo baúl en el desván repleto de fotos antiguas y cartas eternas, y el diario en blanco que aún no te atreves a comenzar.

Soy el último abrazo, el más largo, el que colma el vaso de tus horas tristes, y el primer beso, el más intenso, el que derrite la carne de tus noches tibias.

Soy la mano paterna que acaricia tu sien con amor infinito, y los dedos sedientos que amasan tus nalgas con hirviente deseo.

Soy la boca de piedra y ecos en la que encuentras refugio de la tormenta y palabras para vestirte, y la boca de lava silenciosa en la que te sumerges desnuda, desnuda el alma, desnudos los hombros, desnuda tu voluntad, para fundirte.

Soy trescientas sesenta y cinco hojas del calendario para reinventar nuestro mundo, y soy la hojarasca húmeda del bosque para recordar siempre las raíces de nuestro camino.

Soy muchos, y soy uno. Pero sólo soy de veras yo, a solas contigo.

Y acaso, alguna vez, escribiendo.


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Para lo que detesto hacerme fotos, últimamente estoy muy pesado... pero este texto improvisado y esta foto tienen una dedicatoria. Las palabras por una conversación reciente con una amiga, tras la que me dio por pensar en todos los Sergis que me habitan y nunca acaban de mostrarse. Y hoy sólo apunté algunos trazos, pensando en Ella, esa mujer que me espera en alguna parte.

Y la foto, con todo el sol de cara estrechándome los ojos, es de este último sábado, en Segovia, para esa misma amiga.

Gracias por la bufanda, Olga, me gusta mucho. Va bien un arco iris después de tanta oscuridad. Y no hablo sólo de mis gustos textiles.

pd: pasado mañana pondré rumbo a Barcelona. Una semana cerca del mar, de las piedras añoradas y los seres queridos.
 
Degradación Recuperación del color (interior), en pijama.
Nadie ha dicho que la escala no pueda invertirse, sólo que ahora (ya, nada es para siempre, ni lo gris) el camino es muy cuesta arriba. Pero volaré de veras, aunque no tenga ni idea de cuando...

Feliz fin de semana, gente bonita.
 
Roto en dos.

¿Cómo es posible que lo que más anhelas hacer en el

mundo sea lo que sabes que te rompería el corazón?

¿Cómo puede uno aguantarse los latidos?

¿Cómo puedes sentir así, y ser, pero no estar?

¿Cómo puedes saber que siempre sentirás,

que para siempre se instaló una llama en tu alma

y no poder arder en ella?

 
Miedo.
Cuando tenía catorce años, mi esencia libérrima no soportaba más a un padre con vocación frustrada de militar y espinas clavadas en su propio pasado que salían por su boca para herir a los demás. Diecinueve años después siento compasión por aquél hombre, que no sabía querer, pero lo intentaba, que no supo ser mejor que su soberbia. Es la persona que más daño me hizo jamás, pero le quise. Aunque con catorce años no pude más y me escapé de casa.

Volví a los dos días.

Y no fue por miedo, ni por arrepentirme; fue por llamar desde una cabina a mi madre para decir que estaba bien (aunque hubiera "dormido" en la playa de la Barceloneta, bregando contra el frío y algún maleante y tuviera quinientas pesetas de entonces, 1985, en el bolsillo). Cuando la oí llorar no fui capaz de seguir haciéndole sufrir y regresé.

Hace tres años, cuando terminó el amor con mi pareja (y mudó a un inmenso cariño y amistad) no tuve miedo a dar el paso, a pesar de todas las cicatrices que sabía iba a sembrar esa decisión, en ambos. Y cuando llegó el momento de separarnos no tuve miedo de estar solo, pero no lo hice... pensé en ayudar en todo lo que podía en aquel momento a esa persona, dadas ciertas circunstancias que no relataré.

Cuando me di cuenta de haber perdido a unos amigos que nunca tuve en realidad (o no se los hubiera llevado la niebla), no tuve miedo de recomponer mi mundo a solas.

Cuando perdí a mis padres para siempre, temía que mis esquemas, mis cimientos, se resquebrajaran, y me sorprendió la fuerza que habitaba en mí, intuida antes, pero no hasta ese punto.

Pero desde hace un tiempo... estoy empezando a tener miedo, miedo de veras. Aunque no vaya con mi naturaleza, esa esencia de ave marina que en el fondo debería haber alzado el vuelo hace catorce, diez o tres años...

Ahora tengo mucho miedo. Porque ya es tarde para cambiar, y además no puedo. Y ser quien soy, ser como soy, tan loco, tan poco "práctico" y cabal, tan jodida y rematadamente "distinto", según lenguas prójimas, está empujando a mi corazón a un abismo incierto. Hay ocasiones en que pueden rompértelo de un manotazo, y se hace añicos, y la cristalería arma jaleo... pero ahora tengo mucho miedo... porque comienzo a ver grietas en mi corazón, a escuchar los quejidos de las paredes... todo ha sido lento, casi silencioso... paciente... pero tengo miedo de que el edificio se venga abajo antes de tener siquiera tiempo de apuntalarlo.

Necesito urgentemente recuperar la luz de mis ojos, la sonrisa. O esto se viene abajo.

Qué gran mentira se creyó mi corazón... cuando aceptó a pies juntillas eso de que el amor dado regresa y si eres un niño bueno los Reyes te traen muchas cosas.

Supongo que es uno solito el que elije romperse el corazón, a veces por impulsivo, a veces por desmemoriado.

Menudas navidades.
 
No me sirve ver más allá
Publicado un domingo, 30 de Mayo, y vuelto a sentir hoy con la misma acidez de dos gotas de... sangre oscura... No tengo demasiados ánimos para nada estos días. Perdóneseme.


No me sirve ver más allá


La vista de la rapaz penetra las cosas
capta en su cuadro cada pincelada del día
el oído del murciélago cartografía el mundo
le devuelve su eco cada exhalación de la noche

Así, un águila ciega no es águila
un murciélago sordo no es murciélago
si yo fuese águila ahora
con un hierro candente abrasaría mis ojos
si yo fuese murciélago ahora
con esa barra al rojo vivo desmenuzaría mis oídos
aún a riesgo de no ser nunca más águila ni murciélago
aún pagando el precio de no percibir el día ni la noche
con tal de no contemplar desde las alturas
el brillo de un alma diamantina entre la maleza
con tal de no distinguir en el murmullo nocturno
el canto de una sirena entre los grillos
si ese afilado diamante no va a abrir en mi cristal
un círculo por el que penetre la brisa de la belleza
si esa perlada sirena no vara en mi playa
para enseñarle a caminar conmigo
o para liberar su cuerpo en la pleamar
para dejar el vuelo, convertirme en delfín
y bucear con ella entre pecios y corales

No me sirve ser águila ni murciélago
contemplar miradas y escuchar voces
que permanecen ignoradas
como templos hipogeos bajo las montañas
inexistentes para los abstraídos paseantes
no me sirve saber de sus altares
si no voy a beber de ese cáliz


 
Baraja esparcida.
Castillo de naipes allanado por un manotazo de viento, picas oxidadas, copas vacías, oros de top manta y bastos como vergas caen en estrépito y siembran el suelo de símbolos vacíos.

No soy tarotista, ni tarólogo, como dice Jodorowsky (cuando llegue a su edad también quiero tener la puñetera suerte de vivir con una mujer como la que le acompaña, taitantos años más joven pero más sabia si cabe), así que paso de interpretar nada.

Hoy prefiero leeros a vosotros, aunque no os comente a todos (me gusta dedicar tiempo, como en el sexo).

Anoche me acosté con la sensación de hinchazón extrema en mi escroto. Harto de ser "un cielo, un encanto, un ser especial, un hombre maravilloso, alguien diferente, el chico con el que cualquier mujer...", y todas esas cosas que empiezan a torcerme el gesto cuando las oigo. Yo lo que quiero, ahora, es que una hembra de alma elevada (siempre, corazón noble irrenunciable) y pasiones abismales, se muera por mis huesos, respire las sábanas de mi lado de la cama cuando me marche, y arda en deseos de que vuelva pronto a arrancarle la muerte de la piel a lametazos. Estoy hasta los cojones de ser buen tipo. Quiero ser malo, muy malo, con Ella.

En fin, mal día.

pd: llevo un rato intentando colgar este comentario para Al fin solos, y como no hay manera y me niego a extraviarlo, ahí va, cariátide azul de cielo pesado y base liviana, que bregas con soledades a fuerza de monosílabos:

Gggrrrr, se borró.

Chéjov... y Neruda jugaban con espejos y deslizaban sus dedos en mis bolsillos para robarme.

Rachmaninov le ponía velas a mi sueño y Baudelaire sopló, pero sólo una vez, para que el viento viniera de popa, y yo, volaba, pero sólo a veces...

A ver qué pasa con Haloscan...
 
Palabras para la Mariposa.
Me encanta que me pongan los planes patas arriba y descubrir que salgo ganando. Venía con un texto pensado, pero he leído a mi Amiga Mariposa, ese corazón con alas (más fuertes de lo que ella misma cree) que ya muchos de vosotros conocéis, alguien a quien aconsejo leer a quienes aún no lo hayáis hecho, en Astrópolis.

Caminaba hacia la biblioteca pensativo y al levantar el cuello de mi vaquera (tela endeble para cierto frío) he oído una voz familiar en mi cabeza, como saliendo de un cajón desde detrás de las orejas. Era una mariposa que se quedó encerrada la última vez que guardé mis cuadernos allí. Ha volado hacia la lámpara, la he seguido con la mirada y me ha deslumbrado. Y se ha quemado. La lámpara. Las polillas son grises y bobas, y esta mariposa es una nereida demasiado brillante para bombillas de sesenta vatios.

Será que le estaba escuchando mientras me hablaba.

Por eso, después de leer sus palabras, en mi comentario han brotado estas de mis yemas, yemas, flores que aún no son, rosales que se avecinan:

Grazze.

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Sergi:
Las (tus,sus,mis) alas van de serie y no son fruto de las palabras, son su semilla.

La hoja en blanco y la mirada en negro tienen tanto poder como el Quijote. O el Quijote (y cualquier otro libro) es un lodazal umbrío si no hay linterna que lo enfoque desde atrás, desde más atrás de la vista.

Por eso las palabras no son tuyas, ni mías, ni siquiera suyas. Sólo son.

Todos los libros de todas las bibliotecas del mundo servirían para calzar mesas cojas, si las palabras no fueran gotas de lluvia, de unas nubes que sólo algunos vislumbran pero muchos otros levantan del mar con su aliento solar.

El verbo puede congelarse y el adjetivo caerse del mecano infantil.

El artículo bajar la vista y salir por la puerta de atrás, y la conjunción romper su bisagra y hacerse añicos.

Palabras sueltas, palabras libres, que son mi mundo como lo es la Tierra... pero que orbitan en torno a una estrella... en la que no sirven las palabras.

Aunque sean hermosas.

Orquídea, sándalo, lengua, laúd, dádiva, desolación, cenizas, elevar, pluma, boca, cerilla, savia, rama, sexo, ocre, silencio. Palabras.

Se puede hacer el amor con palabras.

He hecho el amor con palabras.

Y con silencios.
2004.12.10 20:10

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Las cuatro caras.
Me he llevado la contraria y por una vez os he contestado a todos (los que dejásteis rastro de tigre, jaguar o gacela en mi jungla), comentario a comentario, bajo el texto anterior. Se me ocurren diez ejemplos para "mi causa", la de respetar la dignidad animal, pero hoy tengo un motivo de peso para republicar esto, casi siete meses después de que el albatros comenzara a planear por estos lares:


Las cuatro caras



Como ya pensó una vez Unamuno, todos somos cuatro. “Tú” eres quien realmente eres, pero también el ideal de quien crees ser, quien los demás creen que eres, y quien quisieras ser en realidad.

Los racionalistas y los pragmáticos, o los honestos, dirían que quien realmente eres es el primero. Los egocéntricos y vanidosos, o los autodestructivos, se quedarían en el segundo. Los hipócritas, o los solitarios a su pesar, trabajan duro para ser el tercero. Y los románticos y soñadores, o los incorformistas, persiguen el cuarto.

No deben haber pisado la Tierra muchas personas que consigan conjugar esas cuatro caras del prisma en una sola. Y sin embargo deberíamos tender hacia ello. Sí, lo sé, las utopías son inalcanzables, y a veces tiranizan la existencia, pero al menos acercarnos a ellas nos va haciendo mejores por el camino. Ser alguien que sabe exactamente quien es, que se muestra con desnudez y los demás consiguen por ello verle tal cual es, y que simplemente desea seguir siendo él mismo... esa sería una persona feliz. El problema surge cuando nos relacionamos, cuando aparece el punto de vista del otro, que por exceso o por defecto, y casi siempre por nuestro propio pudor, nunca consigue ver lo que somos en realidad. Entonces el castillo de naipes se desmorona, y regresamos al juego de máscaras.

Es difícil, no es cómodo explorar en tu mundo y encontrar demonios, pero si pudiéramos conocernos, aceptarnos a nosotros mismos con honradez, conjugar lo que somos con lo que queremos llegar a ser (impulso perfectamente lícito y deseable de evolucionar), y si nos mostráramos con sencillez ante los demás, el ser humano sería algo bastante menos complicado.

Claro que hay dos inconvenientes, el primero, que desnudar las almas y desterrar para siempre de este mundo la hipocresía o la mentira, no garantiza un mundo perfecto en absoluto, sólo dije que menos complicado. Porque seguirán existiendo la avaricia, la ambición desmedida, el egoísmo, y los tres vástagos de la mediocridad: la ignorancia, el miedo y el odio. El segundo, que para conocernos a nosotros mismos y poder diluir esas cuatro caras en una sola, a veces hace falta la vida entera.

Un paso importante es arrasar con los prejuicios y con las cadenas que nos lastran en el camino, pero sólo es un primer paso. Cavar hasta el corazón del alma humana y desenterrar las raíces del mal no va a ser tan sencillo. Entre otras cosas porque estamos hechos de oscuridad y de luz.

De modo que regresamos al principio de esta difusa divagación, y seguiremos con nuestras cuatro caras. Por lo menos, por lo que me toca, intentaré que lo que soy en realidad y la idea que tengo de mí mismo se parezcan muchísimo, cada vez más.

Aunque no dependa del todo de mí, intentaré también que los demás me vean como soy (buff, qué lío, verán una mezcla de las otras tres caras, pero al menos cuanto más se parezcan estas, más armónico será el cuadro final), aunque eso es más difícil de lo que pensaba, porque siempre tengo la sensación de que nunca nadie me ve como realmente soy. Y aunque parezca extraño, de esas cuatro caras, la que más me seduce es, precisamente, la cuarta, lo que yo quiero llegar a ser. Porque, equivocado o no, estoy convencido de que venimos a este mundo a aprender, a crecer. Y de eso se trata. Quedarte en tu sitio, estático y satisfecho, es la peor forma de morir.


 
Zoo-i-lógicos y apéndice al día siguiente.
Del día 7 de Diciembre:

No me gustan los zoológicos. Me enturbia la mirada ver un oso polar arrinconado en un triángulo de sombra en la esquina de su cárcel de hormigón decorada con pingüinos en dos dimensiones. Me disgustan los babuinos encaramados en torres huecas de acero. Tira de mi estómago hacia el suelo y vacía mis pulmones la visión de un gorila pegado a los barrotes de su jaula. Me mira y tal vez me maldice, porque a ojos de un humano todos los gorilas son gorilas y todos los humanos son humanos a ojos de un gorila, y yo soy también culpable de haberle arrancado de su selva húmeda, su camastro de hojas, su vergel de frutas a la mano, su familia, y el paso silencioso de un ave entre las copas de los árboles; culpable de traerle a esta colmena mezquina y ruidosa de los hombres.

Una vez decidí no regresar jamás a un zoológico. Fue el día que vi a la orca encerrada en un tanque de agua verdosa. De la inmensidad del océano, y las rutas homéricas (pobre Ulises) entre Islandia y Canadá a un deleznable cubo en la ciudad. El mundo de una orca es de sonidos, de ecos y distancias inmensas, de imágenes formadas en el centro de su cabeza por chasquidos, reflejos... y en ese momento giraba en su prisión tubular, perturbada por el espacio asfixiante que le devolvía su sonar rebotado hasta el infinito, trazando círculos obsesivos y absurdos por una recompensa traidora de pescado muerto.

No me gusta que los leones no sean leones ni corran tras las gacelas. Que los tigres no acechen y merodeen, y el eco de su rugido en la jungla no encoja el corazón de los aldeanos y acelere el de los ciervos. Ni me gusta que un ciervo rumie en establos y deje de agudizar su pericia para salvar la piel. La muerte y la vida juegan al ajedrez, la muerte es el mago que cambia y destruye para reconstruir el mundo todos los días. La esencia salvaje de un animal, su instinto, su mundo de sonidos, rastros y olores... son parte de lo que hace a esa criatura ser lo que es.

No me gustan los zoológicos ni que una orca no sea una orca. Ni un albatros un albatros... o un escritor un escritor, encerrado en jaulas invisibles de pretendidas seguridades y aros malabaristas por los que no quiere pasar. Hop, hop, dice el gran domador de voluntades, y el albatros huye.

¿Eres quien eres o sólo el rastro de tu esencia encerrada en una jaula, de cristal, de andamios, de despachos, de...?

La vida del animal libre es dura, pero es Vida. La del rumiante domesticado es fácil, pero es sólo un sucedáneo.

No me gustan los zoológicos, sobre todo los de humanos.


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Aclaración añadida al día siguiente, ( hoy miércoles) al hilo de algunos de vuestros acertados comentarios:


Los zoológicos (que los hay de toda clase, pérfidas mazmorras al estilo del diecinueve o parques "temáticos" con recreaciones del medio natural de las especies) cumplen una función pedagógica, cierto, pero hoy día esta puede ser en parte sustituída por otros mecanismos. También hay que reconocer que en cautividad se recuperan especies, por ejemplo, el bisonte europeo o el quebrantahuesos.

Pero no nos engañemos, el ser humano podría cumplir con todos esos deberes de hermano mayor (que no dueño bíblico), sin hacer un negocio de ello. Una de las cosas que más critico es el número de zoológicos, por ejemplo, cientos en cada país ¿por qué? Si una persona quiere ver un tigre o un gorila, si un padre quiere acercar a su hijo a un delfín, debería existir la posibilidad, porque ahí está esa otra "parte" pedagógica insustituible por los medios educativos, pero anteponiendo el bien del animal al placer pasajero del humano. Si costara más trabajo acercarse a esos animales... Menos mal que aún no pueden encerrarse en peceras a las ballenas, y para verlas hay que ir a Argentina, Canadá, etc., y encontrarlas (o no, y eso es también hermoso) en libertad.

Creo que todos convenimos que la Antártida (o la castigada Amazonía, o la taiga siberiana, o las tierras del norte canadiense, o...) es un bien de la humanidad que hay que conservar, intuyo incluso que muchos de vosotros admiráis su belleza desde diversas ventanas, pero... ¿sería bueno para esos paraísos que todos pudiéramos tener acceso fácil, regulado y tarificado? No, acabaríamos con ellos. ¿Y no os estremecen aún sin haberlos pisado?

En fin, ayer hacía dos cosas, una metáfora al final, pero también un canto a la esencia libre de los seres, literal, y nada literario, al principio.

Sólo hablaba de lo que me descoyunta el alma. Porque si el ser humano amara de veras a sus compañeros de viaje animales... o al menos los respetara... no harían falta los zoológicos, no ya los inmorales escaparates chinos, por ejemplo, ni siquiera los "buenos".

Además, los centros de recuperación de especies que hacen una labor más intensa... no están abiertos al público.

Y acabo (no tengo remedio) hoy con otra metáfora: el amor. ¿Amas lo que quieres poseer, amas si necesitas tocarlo hasta gastarlo? ¿O Amas de veras si deseas y trabajas por la felicidad del otro, aunque signifique no tenerlo cerca?

En otras palabras, y sin ánimo proselitista (que soy minoritario empedernido): prefiero soñar con la pureza del oso polar y la orca en las aguas del Ártico que verles despojados de su esencia. Sobre todo porque sin que tú lo veas, sin que cobren entrada por ello, están destrozando su mundo sin que te des cuenta, y entonces, cuando acaben con ellos, sólo nos quedarán los tristes zoológicos.

Si vinieran los extraterrestres, ¿cómo reconocerían a un humano? ¿recomponiendo una unidad familiar base en un edificio cortado a través con una mampara de cristal en un museo viviente antropológico... o simplemente dejando que fuéramos nosotros mismos?

Amo los perros, por ejemplo, y por eso, hasta que no pueda convivir (nunca "tener") con uno asegurando su bienestar, no lo haré. Si me leyera Shangay (que sé que nunca me lee), se quedaría de piedra. Sí, el moderado Sergi a veces también puede ser radical. A veces hago excepciones a mi valoración de las escalas, y el gris no es el mejor punto entre el blanco y el negro.

Una vez contemplé durante un buen rato a tres osos pardos en Cantabria... pero en el parque de Cabárceno... (al menos en ese lugar no les falta espacio). La emoción fue moderada. Otra vez vi, muy fugazmente, apenas tres segundos, a una familia de orcas en un canal del sur de Chile. El corazón se aceleró y los ojos se empañaron, y no era el frío...
 
No quiero.
Veo las noticias, pienso en la gente a quienes unos desgraciados han querido amargar el inicio del puente (ojalá no os haya tocado, amigos) y me tienta hablar de ello, pero no quiero. Me niego.

A lo mío, a lo que venía a hacer.

Estuve pensando ayer que los cuadros de Alfred Sisley (1839-1899) le hubieran gustado a Anton Chéjov (1860-1904), poseen ambos cierta tibieza, cierta bruma en su paleta y sus palabras que es afín.

Pensé que algunos movimientos de la primera sinfonía de Sergei Rachmaninov (1873-1943) hubieran servido de banda sonora para el cuento "Enemigos" de Chéjov...

En fin, intuyendo afinidades entre contemporáneos... entre artistas, entre almas sensibles... y después me entero (no lo sabía) que el poema sinfónico "La Roca" de mi tocayo Rachmaninov fue inspirado por un relato de Chéjov....

Mi intuición está que se sale... aunque descubra caminos ya andados...
 
Sueños y periódicos.
Hoy he soñado, envuelta en otros guiones locos de películas oníricas, con una escena, absurda, tal vez simbólica, no sé, pero la transcribo tal cual:

Pido un café en un bar, en la calle de mi colegio, veinte años después, y me ponen leche con azúcar. Delante de mi barra una señora comenta que han elegido bien la camisa que le han regalado a un hombre, que apura su café al lado con la mano derecha mientras un muñón cuelga de su brazo izquierdo a la altura de lo que hubiera sido el bíceps. Miro por el ventanal y descubro que en la acera de enfrente, donde había una pastelería (creo) ahora hay un matadero/carnicería. Un hombre empuja en la sierra mecánica las piezas de carne de ternera y un niño le ayuda, un niño pequeño que no para quieto. Luego, con el sabor de la leche y una masa embarrada de azúcar debajo de mi lengua, enfoco el sueño, o la vista, y me doy cuenta de que el niño es... un mono.

¿...?

Por la tarde (ya en la hipnosis del día a día), Isabel me invita a un capuccino en un local nuevo de la calle Fuencarral. Me encanta la música, los sofás, y poder leer la prensa. Aunque no me gusta que las paredes sean blancas. Apunto una idea para un cuento en mi libreta marrón de tapas blandas, y también un par de direcciones de internet que vienen en el suplemento del periódico que me traigo entre manos.

Con el eco del café en mi lengua (ahora sí, café café y en el centro de la lengua, o casi diría que por los flancos), reflexiono sobre dos noticias y pienso en contarlas en un "post".

Guardias civiles rescatan y salvan la vida (sin conocer el dato) a dos ex etarras en Sierra Nevada. Dos individuos detenidos antaño por pertenencia a Jarrai, etc., y que siempre denunciaron supuestas torturas en sus detenciones. Mientras los guardias civiles les daban comida y calor con sus propios cuerpos para capear la noche, los dos ex etarras les agradecían emocionados sus esfuerzos. "Sóis cojonudos", decían.

Deborah Voigt, soprano con una voz entre un millón, es despedida de una ópera londinense porque su oronda figura no encajaba en un vestido negro de cóctel. Las producciones líricas de Nueva York se pelean por Nathan Gunn y Anna Netrebko, tenor y soprano de espléndida figura y belleza apolínea.

¿Somos idiotas?.
 
"Zapping".
Anoche ocurrió algo hermoso.

Después de la reflexión, bueno, mentira, del desahogo de ayer en alas de albatros (y es que los sentimientos, también los más bellos, se amontonan a veces juguetones entre el diafragma y bajo el esternón y empujan, empujan... ), tuve un momento de frivolidad, como queriendo bajar de la nube por un tobogán.

Le echaba un vistazo en el centro a unos televisores de plasma que probablemente no pueda comprarme en muchos años, e imaginaba cómo sería ver tal y cual película con el sonido envolvente y todo eso, el cubo de palomitas caseras, o la fuente de pollo frito y patatas, o mucho peor para mi agobiado ombligo, una tremenda caja de bombones, el salón casi a oscuras, o acaso dos velas, y...

Después, de camino a casa, vi, por segunda vez en Madrid desde que salió al mercado, un coche parado (que no estacionado) en la Carrera de San Jerónimo. El conductor me miraba extrañado, porque me paré, observé, giré, incliné el cuerpo como una bisagra, evalué... Normalmente los coches me son bastante indiferentes, me encanta conducir, pero no soy muy sibarita con esos carros de caballos virtuales. Pero es que ese coche es absolutamente precioso, y aunque no es tan caro ("sólo un poco") como otros iconos de marca, rebosa clase y elegancia por todas partes. Un albatros sintiendo un flechazo por un coche, inaudito. Aunque fuera el Alfa GT de Alfa Romeo. Es que tenía un momento frívolo de veras...

En fin, ya en casa, mientras reposaba en la cocina el pedazo de paella valenciana (la auténtica, que por algo corre sangre levantina por mis venas) que acababa de cocinar, encendí la televisión (negra, 21 pulgadas, sencilla). A esa hora, sobre las diez y media, estaba terminando "La2 noticias".

Y pasó algo hermoso.

Algo que no saldrá en los programas de "zapping" porque no era nadie dándose un leñazo, ni ningún famosillo insultando, ni ningún gazapo.

Hablaban de la crueldad del SIDA en África, los millones de huérfanos que deja, casi siempre también infectados, la feminización de la enfermedad, por violaciones o consentimiento secular a los desmanes del puñetero marido, etc. Normalmente he de confesar que en ese punto cambio de canal, porque no soporto las reflexiones y las amarguras que se instalan en mi estómago a partir de ese momento... pero anoche no lo hice. Hablaban de lo difícil que era devolverle la sonrisa a aquellos niños... porque tal vez nunca hubieran sido capaces de sonreir. Mi corazón estaba encogido, acurrucado en algún rincón, mi voz interior me estaba desnucando a collejas por la frivolidad de hacía un rato, mientras me llegaba el olor a azafrán de una paella que seguramente esos niños no probarán nunca... niños como el que al final del reportaje, débil como una brizna de hierba, conseguía esbozar una sonrisa en brazos de su famélica madre... y entonces pasó algo más, tan hermoso como eso.

Tras las imágenes, la presentadora batallaba, sobre su sonrisa profesional y de circunstancia, con el vaso rebosante de emoción que le delataba desde el brillo de sus ojos.

Me pareció en ese momento la mujer más bella del mundo.

Aunque esto no va a salir en ningún programa de "zapping" ni ella en una portada de revista.

Somos extraños.