Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Puentes a otros lares:
AGENDA


Yo de ti iría, si estás en:
Payasada del mes:
Recomendado de la semana:
ABCD...
Sindicación
 
Contradicciones, o no tanto.
Me apasiona el aceite de oliva virgen, especialmente el que rezuma de la primera prensa, en frío, pero detesto profundamente las aceitunas y las olivas, ese hedor a encurtidos que me hace contener la respiración cuando los tengo cerca.

Desde mi adolescencia he sentido afinidad por las mentes maduras, placer por las conversaciones amenas, curiosidad por aprender, necesidad de saber, y sin embargo, sigo apreciando ese genuino impulso juvenil, ese descarado apetito por la vida, hasta el punto de preferir siempre las personas que saben conjugar ambas cosas. Porque madurar no significa estropearse o quitarse el color de la sonrisa. Y ser joven no tiene nada que ver con la inconsciencia. No es un estado, es una actitud. Por eso sé de jóvenes de cincuenta y rancios proyectos de señor de veinte.

Adoro los libros. Si fuera millonario (ahora serlo supone mucho más, ya que nos manejamos en euros), tendría una extensísima biblioteca, preciosa en el fondo y la forma, pues también soy fetichista de los libros antiguos, y las encuadernaciones especiales. Pero también he tenido mi época de adicción a las videoconsolas, algo que no cuaja mucho en un bibliófilo.

Dejé de estudiar a los dieciséis años, empujado por una serie de circunstancias, y sin embargo disfruto del aprendizaje. Soy un autodidacta, con todo lo bueno y malo que eso conlleva. Algún día sanaré esa herida.

Viajar es mi gran pasión, sigo manteniendo frescos en mi espíritu nómada los sueños de viajes increíbles. Atravesar toda Rusia hasta Vladivostock, o el Sáhara con una caravana Touareg. Remontar el río Níger. Pasar un año en la India. Recorrer todo el Mediterráneo en un pequeño velero. Conducir desde Alaska a Tierra del Fuego. Vivir un año en París. Tener un romance en alguna de las ciudades eternas de Italia. Pasar una temporada como un antiguo poeta japonés a los pies del monte Fuji. No sigo por hoy, o soy capaz de acabarme la memoria de toda la bitácora. Pero por otro lado, tan entrañable para mí como ese instinto nómada, me encanta quedarme en casa, en un lugar que de veras sienta como mi casa, cocinando para alguien, escribiendo, leyendo, haciendo el amor, escuchando la lluvia o un disco de Erik Satie, que viene a ser lo mismo, devorando buen cine...

En mi modesta torre de discos compactos conviven civilizadamente Led Zeppelin, S.Rachmaninov, Ismael Lo, Camarón, B.Springsteen, Iron Maiden, L.V.Beethoven, El último de la fila, María Callas, U2, Vivaldi, Van Morrison, Ravi Shankar, Depeche Mode, The Doors, Queen, Khaled, Rammstein, Jacques Brel, Bob Marley, Vinicius de Morais, Megadeth, Madredeus, D.Bowie, Clannad, Coldplay, Compay Segundo, The Cure, Sinatra, Pink Floyd, J.Hendrix, Saint Germain, Serrat, Metallica, George Winston, Paco de Lucía, Chopin, Dire Straits, Lyam O’Flynn, música andalusí del siglo X, música de clubes underground, dance, chill out, house, música árabe, africana, tibetana, de los Andes... y muchos otros.

El sexo para mí es una de las fuentes de la vida, un arte, una de las expresiones más puras del alma humana, un placer inmenso para los sentidos cuando realmente merece la pena. Lo vivo con alegría, como una fiesta, y profundamente, como algo casi sagrado. No tengo apenas tabúes, pero he de sentir que algo me liga de forma natural. Me considero complejo, pero no complicado, pues necesito a partes iguales, o mejor dicho, según la situación, ternura, locura, pasión, morbo, intensidad, entrega, complicidad, juego, exploración y sobre todo comunicación. Sin embargo, no necesito una dosis determinada, una cantidad concreta. Puedo pasar mucho tiempo sin sexo, pero no paso un sexo sin magia. Cuando no funciona el sexo, la pareja acaba yéndose al traste, pero que el sexo funcione, por el contrario, no garantiza que lo haga la pareja, si no se sustenta en algo más profundo aún.

No sirvo para ganar dinero, no sé venderme cuando es necesario, y no lucho por reclamar cuatro perras, pero cuando me van bien las cosas suelo gastarlo en vivir al día y compartirlo con la gente que quiero. No me gusta el dinero en sí, aunque a veces tengo gustos que no me puedo permitir. Por ejemplo, en el escaparate de una zapatería, sin reparar en los precios, suelo fijarme en un modelo que después casi siempre resulta ser el más caro. Aunque eso debe ser cuestión de reconocer la calidad, supongo. Por otro lado, me parece inmoral (tal como está el mundo) gastarse, aunque te salga el oro por las orejas, seis mil euros en un bolso o doce mil en un reloj de pulsera. La frontera entre el buen gusto y lo absurdo es a veces muy fina.

Sé que la verdadera belleza está en lo invisible, y es la que persigo, pero no puedo evitar un latigazo de energía en mis entrañas cuando veo a una mujer hermosa. Ese cuerpo maravilloso puede después estar vistiendo un alma mediocre, y entonces se esfuma el más mínimo atisbo de magia. Porque a la otra belleza, la que jamás se marchita más allá de la mirada, no renuncio jamás. Encontrar ese equilibrio entre ambas es el gran secreto, supongo.

Cuando no me siento aceptado, o cuando creo pasar desapercibido, guardo silencio y acabo deslizándome hasta la salida, pareciendo incluso un tipo gris. Sin embargo, cuando me siento cómodo, aparecen miles de cosas, como las capas de una cebolla que se desnuda sola.

Contradicciones, o no tanto, supongo, que me definen un poco.




pd: vengo republicando poemas y escritos del mes de Mayo del año pasado, cuando comencé este vuelo, y añadiendo fotos tontorronas de hace unos días, porque no tengo muchas ganas de escribir, cierto, y además prefiero robar un poquito de tiempo para poder leeros un poco más y dejar de mirar a mi caótico ombligo. Estoy un poco zumbado, vale, pero soy "casi" inofensivo...
 
Sin mapas

Sin mapas.




Diosa de la lluvia, descarga tu furiosa tormenta
arrasa esta senda, hazla barrizal
diluye su ruta en las curvas del paisaje
borra esta vía de la faz del mundo
que no quiero seguir el mismo sendero
ni desandarlo, ni conquistarlo
como un asno fija su vista en el suelo que le precede
y nubla de polvo tras de sí el que pisó


Diosa de la lluvia, prensa de agua, enjuaga los campos
que quiero ser caballo salvaje, remontar lomas
penetrar bosques, vadear ríos
galopar sin tregua playas vírgenes


Tiene que haber en algún país
un lugar sin caminos
para inventárselos de nuevo
ha de existir un paisaje sin huellas
un territorio del que no hayan robado mapas
para poder descifrar el universo entero
otra vez


Desde que se acabaron las fronteras nuevas
desde que el orbe quedó cartografiado
y explicadas la química y la física
nos quitaron el goce del descubrimiento
pero aún queda la química de tu físico
tatuando una carta de navegación en mi piel
fundando un país sin aduanas
para desvelarnos otra vez,
otra vez, y otra
cada vez que caminemos juntos
por el vasto imperio sin regente
de una tierra virgen









 
Encontrar


Lo que deseas, a veces

no es lo que necesitas


Lo que buscas, a menudo

no es tan bello

como lo que llega sin esperarlo


Lo que amas, casi siempre

es algo que no sabías

que querías






 
En los árboles.

No importa. Que anoche cenaras ligero y te cepillaras bien los dientes antes de acostarte. No importa que murmures los buenos días por costumbre y tu pareja te haga notar con gesto suave pero efectivo que tu aliento destila humores extraños a las siete de la mañana.

“No importa, cariño.”

No importa que te quedes calvo antes de los cuarenta y ya no oscile tu flequillo al reír, ni importa mujer, que tus senos se vayan marchitando y tus caderas ganen volumen mientras pierden firmeza. No importa que enterrárais entre los dos todos vuestros sueños, entre los dos, pero no juntos. Ni que concediérais un escondite al otro con tal de que no se colara en el tuyo. No importa que la soledad no se haya ido nunca del todo.

“No importa, cariño, yo te quiero”.

¿Cuantos zurcidos soporta un calcetín antes de dejarte con los dedos a la intemperie? ¿Cuantos parches resistirá una prenda antes de que no pueda reconocerse una sola costura del tejido original?

¿Cuantos “no importa” podrás contar antes de que una mañana te mires al espejo y no te reconozcas, de que te despiertes y no tengas ni idea de quién es esa persona que ronca a tu lado?

Y, si de veras no importa, ¿qué demonios es lo que hizo que te enamoraras de ella o de él y no de cualquier otra persona, si tan parecidos seremos todos al final del camino, y tan iguales como polvo al viento y tierra oscura entre las piedras?

No importa, en realidad, porque todo es un juego fatuo de homínidos con zapatos que bajaron de los árboles. Y se miraron tanto en los espejos de los lagos y se miraron tanto los pies, para no caerse, miraron tanto al suelo, que olvidaron para qué se pusieron de pie al bajar de los árboles. Olvidaron mirar al cielo, y más valdría haberse quedado allí, entre las ramas y el follaje, ya que el cielo estaba al menos unos metros más cerca. Pero no, bajamos, y nos miramos los pies, y los unos a los otros, para elegir bien en la gran partida, antes de ser todos calvos, arrugados y torcidos, antes de ser calaveras pulidas por la fauna de la cripta o cenizas batidas por un golpe de mar.

Y así seguimos, deambulando por el mundo, jugando con cartas marcadas, en busca de un buen par de zapatos. Porque no importa haber perdido el cielo de vista, ni a la llama de eternidad que nos habita de uno en uno, como el fuego pasa de vela en vela. No importa haber perdido el sentido, la llama, y que seamos sólo trozos de cera. ¿Qué es una vela sin llama? ¿Qué es un cuerpo sin alma? ¿Qué es el deseo sin fondo? ¿Qué es el Amor sin entrega? Un pedazo de cera. Un mono con zapatos.

Lo que cuenta es sobrevivir, perdurar, almacenar y presumir de zapatos nuevos y partidas ganadas. O al menos esconder las derrotas bajo una horma premeditada.

“Qué bien escogiste, cariño, no importa que olvidaras ya por qué.”

Aunque nunca lo supieras, sumido en la inercia de los simios parlantes que olvidaron para qué bajaron de los árboles.



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Se nota que no estoy de buen humor, ¿no? Pero no por ello se nublan mis ideas y sentires. Un poco de música, para los corazones y la sonrisa:



En los árboles



A veces escribo cartas para no sentirme atado,
para no aferrarme a remilgos que yo quisiera abolidos
de mi vida. De mi vida.
Y pinto de colores los sobres. En el remite soy un enigma.
Espero siempre una respuesta para sentrime querido
como los niños chicos. Como los niños chicos.

Mensajes que llegaran, papeles envolviendo una piedra.
Mensajes de cariño que rompìeran el cristal de mi cuarto.
Quién pudiese ingerir un fármaco precioso...,
Convertir en realidad todos esos sueños.

Cartas que me dijesen cosas bonitas
como que vendrás a maullarme de contraseña en la madrugada
bajo mi ventana. Bajo mi ventana.
Que corriéramos campo a través, a la luz de los fulgores del alba.
Chispas blancas sobre el rojo violento. Y que hiciésemos cabañas
en los árboles. En los árboles.

Mensajes que llegaran, papeles envolviendo una piedra.
Mensajes de cariño que rompieran el cristal de mi cuarto.
Quién pudiese ingerir un fármaco precioso...
Convertir en realidad todos esos sueños.


(Manolo García y Quimi Portet).

 
Pérdida
Un poema antiguo, en un día sin muchas ganas de hablar, y sí muchas de rabiar, por la parte que le toca al tedio y la rutina, por la parte que le toca a la "gente" que me decepciona (no tiene nada que ver con mi reorganización de enlaces, palabrita), y la que le toca a mi gente, la que siempre me aporta luz, pero que hoy echo de menos porque están lejos, se van lejos o me hablan lejos.

Un poema antiguo dedicado por entero a un amigo al que ahora mismo no puedo dar un Abrazo. Jodido día, en realidad. Va por ti, Yarince.

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Pérdida



La garganta cuarteada por la sequía más atroz
cuando la han lamido cascadas de emoción
el eco más ensordecedor lacerando la tela del tambor
dejando la tierra yerma y la loma desnuda
el rugiente helado del silencio arrancando las raíces
el vendaval batiendo tu cuerpo como un triste matorral
cuando la música una vez fecundó mis campos, meció los bosques
acarició mis ramas que casi abrazaban el cielo

Cuando se ha henchido el pecho
y una vez cupo en él el tiempo, el espacio, la vida toda
y después ese universo escapa
huye, lo espantas, lo asesinas sin saber
lo aniquilas o perece, lentamente o de repente
entonces el vacío es indescriptible

Entonces el ave se enmaraña en lianas de alquitrán
el delfín no encuentra tragaluces ni respiraderos en el hielo
y su mismo elemento le apremia a extinguirse

Cuando has mirado a los ojos a la eternidad
y tras una fugaz comunión retira su rostro y desaparece
las sombras te atrapan para siempre
(no me da la gana)
el fulgor se extingue y trunca los lazos
y la soledad inabarcable rodea tu mundo
para darle el abrazo de la serpiente


 
Boceto para una carta.
(La carta, que ya no es mía, porque le pertenece a Ella, la carta que tampoco ganó el sábado, tal cual fue publicada aquí hace casi seis meses. Pinchad aquí si queréis leer la Carta ganadora del IV Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor de Escuela de Escritores. En fin, todo es subjetivo).

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Una carta ya escrita, ya sentida, y que algún día espero enviar, cuando encuentre destinataria... También un formulario compartido de nostalgias futuras y querencias ancestrales, para que lo utilicéis si os faltan las palabras un día, si lo deseáis, y decirle a vuestro otro yo que lo queréis con (sana) locura. Porque la vida es lapidariamente corta y no deberíais dejar de decírselo.

Por cierto, a quienes tengo enlazados en mis alas (ya sabéis que me gusta decirlo así, como si os llevara volando conmigo a alguna parte), os he pintado de un color, porque es el color que aparece en mi mente cuando os leo y pienso; simplemente por eso.

Anteayer, de madrugada, vi a un anciano durmiendo sobre unos cartones en el Paseo del Prado. Amontonaba trastos y maletas a sus pies, y en una de ellas, una desvencijada maleta marrón, había escrito esto en rotulador negro, literalmente:

"Maleta para viajar a ninguna parte (impermeable)".

Poetas irreductibles... ¿acabaré yo durmiendo sobre cartones... ignorado por el mundo?

Ahí va, con remite y sello (el de mis dedos):

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Boceto para una carta.


Me gustaría estar contigo cuando estás sola y ser parte de ti cuando eres tú misma. Que mi voz pudiera repetir las palabras ocultas que susurra tu ropa, cuando te acomodas en un café, en el asiento que espía tus rutinas y tu esfuerzo, o cuando haces tu nido en el sofá de tu casa, como un hushky en la nieve, y entonces tu vestido, tu impecable traje de cinco días por semana, le cede el privilegio de cubrirte a tu viejo jersey favorito. Que mi voz pudiera repetir las palabras ocultas que susurra la tela, cuando roza tu piel y abre sus fibras al paso de tus hombros, y se deja caer como cortinas desde una estatua, como pañuelo de seda en el suelo de la tarde, sobre tus senos.

Me gustaría poder atrapar esos versos de voces sutiles y atesorarlos en mi memoria. Que de improviso me llegara una brisa desde la acogedora y latente cueva de tu pecho, cuando te dejaras caer en la cama, rendida, pero triunfante, otro día más, otros retos, alguna asignatura adelantada, y con los ojos abiertos exhalaras prolongadamente, dejando escapar el tedio de tus pulmones, dejando entrar la satisfacción en las habitaciones de tu alma.

Me gustaría ser un lecho de plumas extraviadas, de aves sin dueño, de jaulas profanadas, y velar tu sueño envolviendo tu desnudez con el calor de mis verdades aún no confesadas. Porque nos iremos diciendo las cosas con el tiempo, aunque hayan ido antes viniendo como hojas traídas por el viento.

Me gustaría, mucho, poder estar contigo justo cuando creyeras estar a solas, en ese espacio tuyo, poder sin estar ahí compartirlo. Percibirte cuando no hay idiomas ni puentes, cuando eres tan sólo tú, contigo, satisfecha, contemplativa, tranquila, o reflexiva, y no es necesario traducir sensaciones en palabras, ni cruzar desde una orilla a otra, desde emociones e ideas de tu mundo a las de otro, ni aunque sea el mío.

Me gustaría tanto poder ser un trozo tuyo, un instante propio de tu tiempo, un latido, un pensamiento desechado, un sentimiento apenas intuido, una pieza del engranaje de tu día a día, ser el espejo cuando en él te miras y te gustas en lo que no puedes ver, ser el brillo de tus ojos en tu mejor sonrisa de la jornada, la sangre cansada de tus pies, las fugaces brasas entre tus manos cuando las frotas para ahuyentar el frío, los senderos de tu cuerpo por los que resbalan el agua y la canción privada que destrozas en la ducha.

Me gustaría, más que cualquier otra cosa, habitar en ti, exiliarme en tu patria, y cuando regresaran mi piel y mi mirada serena a tu lado, tuvieras la extraña pero diáfana sensación de que nunca me hubiese ido antes.

Apenas tendríamos motivos para contarnos nuestras cosas, pues habríamos sido testigos desde las plateas más insospechadas, y aún así nos recrearíamos con placer en ello, por religar (porque tú serás mi religión, niña, y tu cuerpo mi templo) y reanudar los lazos.

Cómo me gustaría sentirte así, sin el más mínimo disfraz, sin el menor vestido. Y acaso al estar contigo, aún en la distancia, oirte decir sin hablar que también me has sentido.
 
Ni gota.
Hay que tenerlos bien puestos para atreverse a esto y saber que vas a perder, pero aceptar la magia de los maestros y la humildad del gesto propio.


Del “Libro de las horas” de R. M. Rilke:


”Amo de mi ser las cosas oscuras
en las cuales se ahondan mis sentidos
en ellas, tal como añejas cartas,
hallé mi vida diaria ya vivida,
superada, hecha lejana leyenda.

De ellas sé que tengo espacio
para una segunda vida,
anchurosa y sin tiempo (…)”



De mi cuaderno de tapas marrones, cinco minutos después:


Mineral mudo bajo las montañas
desnudas
Abismo sexual del espeso naufragio
vertical
Raíz lúcida en la oscura tierra
húmeda
Copos de nieve aún como promesa
de nube

A un instante de hallar la beta
radiante
A un segundo de caer al lecho
profundo
A un silencio de germinar
despacio
A un milímetro de lamer
su cansancio





Del “Libro de las horas” de R. M. Rilke:


”Si callase tan sólo una vez todo,
si el acaso y lo impreciso callase,
y la risa vecina se extinguiese,
si el tumulto que mis sentidos hacen
no me estorbara al despertar…

Entonces podría en un pensamiento
de mil modos pensarte hasta tu orilla,
y tenerte (sólo en larga sonrisa)
para ofrendarte en toda cosa vida
como expresión de gracia”




De mi cuaderno de tapas marrones, un agudo punzamiento en el pecho (por recordar algo antiguo en mis letras y mis latidos) y diez minutos después:


Los que te buscan, te guardarán bajo llave
los que te encuentran, te ceñirán a un marco
los que te tienen, te atarán a su ego
los que te seducen, te borrarán, como a un boceto

Y yo que te esperaba, te doy mis alas
yo, que te intuía, te devuelvo el reflejo
yo, que te acompañé siempre, te cedo mis sandalias
yo, que me bebo tu mirada, seré tu camino

Porque no deseo ser zapato de cristal
para medirte
sólo hierba, arena y tierra fresca
para tu alma descalza





Esta mirada promete beberse un corazón entero de mujer, empezando por cada gota de agua que el baño compartido deje en su piel. En el fondo, amo mi lado oscuro, porque es el que más verdad alberga, el que sustenta la luz de todo lo demás. Feliz fin de semana, exprimidlo y no dejéis ni gota…
 
Retrato de tardes sueltas.
Escucho la suite número uno para chelo de J.S.Bach en unos grandes almacenes y se me eriza la carne e imagino una mujer tendida boca abajo dejándose lamer por mi deseo.

Leo la mitad de "Carta de una desconocida" de Zweig, que me recomendó una amiga, y me dejan almiabierto las sorpresas de espejos colocados ante mí hace un siglo.

Escribo un poema en mi cuaderno después de leer a Rilke y me lo guardo antes de compartirlo con vosotros, algún día.

Y me hago fotos con el móvil. La chica es mi hermana adoptada.




 
Amores no son Amar
Estrellas lloviendo despacio de una sutil media luna
luna que parece el brillo de la boca de un cántaro de barro
vertiendo su rutilante contenido sobre el horizonte
lágrimas brillantes y templadas como miel clara
llenando una taza de luz
hojas como estrellas de papel recio
desprendiéndose de un árbol
despojándole de su vestido glauco y ambarino
desnudando sus hombros al disiparse el ropaje
dejando la piel gris pulida a merced del frío

Convulsas gotitas de dolores familiares
diminutos pesares entrañables
salpicando como esos astros un cielo nocturno
como esas hojas la copa del árbol
haciéndose nada, menguando
mientras queda la infinita bóveda celeste
la inmensidad del espacio
las raíces del roble, el tronco de las secuoyas
firmes, longevas, poderosas

Amar no son diamantes efímeros
esparcidos sobre un manto oscuro
es la noche renegrida que sustenta las luminarias
y el albor del día cegador que las borra
Amar es un océano inabarcable
por el que pululan casi imperceptibles
restos de naufragios, maderos invadidos de algas
quincalla oxidada
todo acabará engullido por las olas
Amar no son destellos fugaces, es el fondo
no son pinceladas, es el lienzo
 
Cartografía erótica V.
Las columnas del templo. Parte 2ª (tus brazos).



Me ha costado tanto intentar aprehender lo que quiero decirte con este texto, como si me hubiera propuesto explicar el asombro de una ballena que contempla la bóveda estrellada del cielo en alta mar.

Aún estoy convencido de no ir a decir la última palabra, pero he resuelto intentarlo, hacer acopio de apuntes varios, de notas en servilletas de papel y de impulsos en mi cuaderno portátil con ADSL (Alas De Sergi Letradas) de tapas marrones. Le he puesto banda sonora (Kitaro, The best of Ten Years, 1976-1986) pausada, por no hacerme esclavo del furor y aposentar las palabras. Por cortesía hacia quien lea esto y no hacer de ello un laberinto personal, sí, pero demasiado intransferible. Temo no lograrlo.

Fogonazos sueltos, sin guión, de días al azar:

“No sé por qué razón adoro tus brazos de este modo. ¿Porque los amo? No sólo con el martillo de la obsesión, ni con los barcos sin ancla ni timón del deseo, sino también y sobre todo, desde la vida de todas y cada una de las células de mi cuerpo. Ellas mueren a millares en mis venas a cada segundo, y a millones nacen en mi caudal para amarte cada instante con la misma pureza del primero y la misma fuerza eterna del último. Cada minuto soy un ser nuevo y todos están hechos para brillar entre tus brazos. Cada partícula de mi ser se convertiría en gota de lluvia si el sol agostara la piel de tus hombros. Cada célula se desprendería de mis alas para tejer un escudo de plumas para tus brazos cuando el viento boreal pretendiera agrietarlos.”

“Con tus brazos peinas los cabellos del aire mientras hablas, y cuando caminas en silencio danzan desde las muñecas hacia arriba, con la delicadeza de una garza en una pintura japonesa. La manera en que te acercas a la barra del vagón en el metro antes de sujetarte, cómo tomas un libro de la estantería, y cómo cae despacio el ángulo de tu brazo al devolverlo. Cómo atrapa mi atención el dorso o el interior de tu brazo, según gire a tu alrededor mientras lo elevas hacia atrás para recolocar ese mechón de cabello sobre tu mejilla. El modo en que reposa una ele divina sobre tu almohada mientras duermes y yo sueño despierto que me sueñas dormida, vulnerable, capaz de hacerme dar la vida si vinieran las sombras a llevarte, sólo por la expresión infinita que irradias.”

“En tus brazos habitan las metáforas de tu cuerpo entero. La luz de tu frente o el candor de tus caderas, en tus hombros. La música acuática de tu cintura se repite en el lazo invisible que se ajusta en su caída, antes de ser brazos, antes de dibujar algo parecido a tus senos desde atrás, de costado. La cavidad de tu axila es la suave memoria de tu sexo, y como aquella es sábana de raso por esmero el otro es prado de terciopelo por lujuria tras la siesta. Paz y después gloria. Tus codos son rodillas y desde ellos a los tobillos, donde a veces llevas pulseras de plata indias y casi nunca reloj, va un camino de seda, viajan gemelos sin medias.”

“…encajar mi pómulo entre el leve valle y la duna incierta que se forman cuando el final de tu hombro se convierte en tu brazo (el lazo, el lazo…). Yacer en cuerpo y alma en ese lecho pulido, dejando que la tibia luz de ese paisaje sea quien mece mi duermevela. Marcar con mis dientes la corva más dulce e interna de tus bíceps, como perro labrador que toma sus cachorros de la nuca para ponerlos a salvo.”

“Cuando me abrazas, y entera mi alma abarcas, no caen como bufanda pero me abrigan más. Cuando te aferras a mi espalda, al bajar del tren y reencontrarnos en un abrazo sin palabras que todo lo dice, o al subirnos a ese otro tren húmedo que exhala sudor y gemidos a toda máquina, más fuerte, más profundo, más rápido, hasta la extenuación de la carne y la sublimación del alma, hacia la estación sin término, sí, cuando te aferras así a mi espalda, tus brazos no son cepos para atraparme sino la misma esencia de mis alas. Ni ensayándolo durante años podrías ni podría nadie repetir la gracia innata con que tus brazos toman vida propia. Denotan, sin una curva de más, sin la recta indigna del complejo, sin aspavientos artificiales de feminidad espantada, y sin mácula de apatía, fuerza. La fuerza de tu corazón hambriento.”

“Invierno para gozarlos en privado y en secreto y burlar al frío, otoño para sentirlos y adivinarlos a través de la angorina, primavera para colgarme de ellos hasta la manga que me pide un beso en francés, y verano, peligroso verano, para perder la cabeza en el bronce al aire que se derrite en mis ojos.”

“Hubo alguna vez besos que construyeron techos para mi ansiedad. Hubo, unas pocas veces, nalgas apretadas contra mi sexo que no pudieron alzar mi estandarte. Hubo caricias que abordaron mi barco e intentaron (insensatas...) obligarme a dejar de ser pira... y sin embargo, alguna vez, mi hoguera se hizo mástil e insolente atrapó todos los vientos, para navegar a toda vela hacia la locura que despertó la simple visión de tus brazos o el roce de su piel.”

No, no lo he conseguido, aún no he conseguido explicarte por qué tengo esa febril adoración por tus brazos.
 
Muérdeme
predata: Releo mis poemas antiguos y constato dos certezas. La primera, artesana, que he de mejorar mucho, desbrozar de pajas (mentales) mi bosque de versos, y hallar el equilibrio entre la palabra justa y el triple salto mortal. La segunda, espiritual, es que mi modo de Amar es el mismo, mi anhelo el mismo, mi manera de besar (almas) la misma, mi lengua la misma, mi sexo tan suyo como siempre, mi entrega la misma, mi huida de las togas y los yugos idéntica, y mi convicción de que todo esto tiene sentido, inquebrantable.

He madurado (se diría), he aprendido, he crecido, vuelo más alto, pero en esencia no he cambiado nada en muchos, muchos años. Y eso, por fin, lo doy por bueno. Es como tener la trayectoria de la flecha trazada y ser libre para aceptarla, tensar el arco y ser un rayo de luz hasta la diana. Hasta mi meta, sí, pero iluminando el camino y disfrutando del aire batiendo el timón de plumas mientras silba mi nombre.

Una frivolidad, o no, al respecto: me he dado cuenta de que mi nombre, en castellano y en catalán, es el único que puede escribirse (y leerse) en un teclado de izquierda a derecha, sin repetir pulsación y sin volver atrás. Curioso:


Q W E R T Y U I O P
A S D F G H J K L Ñ
Z X C V B N M


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Muérdeme


Si vampiresa fueses
renunciaría al amanecer y al preludio del ocaso
te ofrecería mi cuello sin servidumbre alguna
decidido e incitante, apasionado

Mi sangre como una ardiente nube de leche
espesando el té de la tuya
cambiaría nuestros mundos para siempre
sería tu maná, tu sustento, tu sonrisa satisfecha
tu enervante complicidad, tu sed desterrada
los escuetos ríos de tu cuerpo que antaño balbucearon
serían entonces rugientes y caudalosos
los desiertos de tu alma noctámbula
serían bosques encantados, selvas eternas

Enroscados el uno en el otro
con una manada lobuna de gotas de sudor y linfa
galopando por nuestras espaldas
abrevando en el hueco de tu vientre
aullando en tus senos y mis manos
penetrando al acecho en las guaridas
de tu sexo y mi boca, oscuras y febriles
una hambrienta jauría de fauces lascivas
devorándose a sí misma en tórrida contienda
mis colmillos hendidos en tu lengua
tus dagas de marfil atravesando mis labios
sin cuartel, sin tregua

O hasta la última cena del condenado
que es más cruel que un mendrugo
el postrero sorbo de mundo para el no muerto
que sólo es agua antes de libar ambrosía
cuando un día el rocío y el alba anunciaran el final
con su fresca caricia en nuestra piel
y decidiéramos no soltarnos, no dejarnos
clavando la mirada en el alma del otro
seguros de la partida
dejando que el sol ganara peldaños en la mañana
que al abrasarnos y darnos fin nos mezclara
un viento del este llevándose nuestras cenizas
fundidas como un solo nubarrón bituminoso
tiñendo por unos instantes el planeta de oscuridad
nuestra aliada y onerosa oscuridad
un efímero eclipse para burlarnos de la muerte
dejando en la tierra húmeda
el eco del hermoso canto de un Amor sin esquinas
sin escondites, sin barreras
poblando el paisaje
de los restos de dos varitas de incienso sagrado
que prendieron sin temor y llenaron su existencia
del aroma de los sueños y la magia.


 
Vivo
predata: este fue el séptimo de mis textos, a la semana de haber iniciado este vuelo compartido, allá por el mes de Mayo. Curioso releer comentarios de entonces y coincidencias de hoy. Sí, estoy Vivo, lo cual no implica feliz (hinchado concepto), o satisfecho, pero estoy Vivo. Aunque un viaje o un buen aguacero sería lo más, ahora mismo, o ambos a la vez, con el beso de la mujer para mojarnos...



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Vivo.


Cuando me quedo quieto y complacido por el instante
mientras la gente huye en desbandada de una lluvia torrencial
su estruendoso grito sostenido, como un allegro de Vivaldi
diluye los ruidos de tripas de la ciudad
cada gota que estalla en mi cabeza
en mi rostro volcado al cielo que me besa
que sacude las hojas de los plátanos
y los limpia de hollines y horas punta
cada gota es una nota de la melodía
que convierte el asfalto en espejo y en orquesta
y me hace sentir como...

...cuando el último adiós se ha susurrado en un abrazo
se ha percibido tu ciudad diferente a un día cualquiera
en sus detalles, en su atmósfera
como si las calles de siempre y los desconocidos de nunca
también se despidieran de ti
cuando hay algo de secreto orgullo infantil al mostrar tu billete
y acomodas tus huesos junto a la ventanilla del tren o del avión
y al partir queda un trocito de corazón tras de ti en la estación
o haciéndose cada vez más diminuto bajo tus pies
pero tu alma henchida de ilusión como un globo
ya te adelantó y sobrevuela tu destino
tus sueños rompiendo aguas para ver la luz
entonces mi espíritu nómada se siente como...

...cuando una mirada de mujer me atraviesa
y me avasalla los sentidos
y al primer roce de sus labios mi corazón galopa sin jinete
mis pulmones respiran su aliento
y a mi estómago lo estruja una mano invisible y eterna
la Vida