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Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Sindicación
 
¿Amor platónico?
(predata: sí, retomo el vuelo, sí, renazco de las cenizas, sí, acepto mi condena a la locura, sí, trato de sonreír, sí, jamás renuncio a mis sueños, sí, algún día publicaré, sí, tengo mucho que decir, sí, sigo queriendo a mi gente, más que nunca, sí, al final siempre saco fuerzas desde las entrañas, sí, al final siempre hallo luz al final del abismo, ¡¡¡sí, sí, sí... pero joder, qué difícil es a veces...!!! Subo, me levanto, vuelo, pero de momento, aún a trompicones, por eso hago estas posdatas y "predatas" que parecen "miniposts" y por eso republico cosas antiguas... ecos repetidos aunque los retoque).


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¿Amor platónico?



Nada nuevo bajo el sol. Una idolatría casi enfermiza por la apariencia física nos bombardea desde todos los flancos. Nada nuevo, pero sí hay matices diferentes. Aristocles era el verdadero nombre de Platón. El que nos ha llegado del filósofo es en realidad un apodo, que significaba “ancho de espaldas”, y es que era un deportista consumado. Las palestras de entonces eran también un lugar de encuentro y de saber. De hecho acabaron por convertirse en foros dialécticos, y en las escuelas de los grandes filósofos. En las afueras, al aire libre, se encontraba el gimnasio, palabra que deriva de gymnós, “desnudo”. Y desnudos practicaban todas las disciplinas los griegos. Así pues, hace más de dos mil quinientos años ya existía un culto al cuerpo, pero indisoluble en aquella época de la mente igualmente cultivada.

Hoy en día nos aferramos a esas frases trilladas para sentirnos un poco más cómodos ante nuestras miserias, como “el físico no es lo que importa”, “la belleza está en el interior”, “la suerte de la fea la guapa la desea”, o esa regla de tres tan patética que se expresa sin palabras variando la posición de los dedos índice y pulgar extendidos, según sea la altura del sujeto, masculino en este caso, o la longitud de su miembro. Algunos se alivian sentenciando que las guapas son tontas y los feos encantadores, que la gente fibrada está amargada y la oronda disfruta de la vida con una sonrisa satisfecha. En fin, somos un rebaño bastante decepcionante de ovejas, con lengua bífida.

El físico impera, nos guste o no, por encima de lo demás, y sólo quienes siguen su propio camino, lejos del rebaño, llegan a librarse de ese espejismo. No hablo sólo de sexo, lo comprobamos en el mundo laboral, la etiqueta social, en mil y una facetas. Existen personas atractivas, bellas, y además inteligentes, sensibles, sinceras y nobles. Abundan otras poco agraciadas, y encima lerdas, gélidas, retorcidas y miserables. Las combinaciones son infinitas, con toda la escala de grises disponible entre el blanco y el negro. Pero no vayan a regocijarse los fornidos caballeros y las esbeltas féminas, porque Platón hubiera despreciado antes a un Adonis sin materia gris o amor por el arte que a un Leonardo da Vinci con obesidad mórbida (o tal vez eso sea mucho suponer, tal vez en los baños de vapor Aristocles no le preguntara por su ideario al efebo de turno antes de... pero creo que se me entiende).

De nuevo, y sin ánimo de parecer Sócrates con su mayéutica, me hago preguntas, ejercicio mucho más sano, ya que estamos con el músculo, que dar respuestas (pocas cosas tan ruines como entregar lo que no se tiene): ¿Por qué se nos pretende vender un canon de belleza, especialmente en el caso de la mujer, tan extraño? ¿Soy el único que piensa que la imagen de Esther Cañadas es un híbrido entre una especie de alien de “Encuentros en la tercera fase” de Spielberg y un mero al acecho de pececillos? ¿No son acaso legión los hombres que no lucen la tableta de chocolate en el abdomen pero se lamentan de la media en la talla de sujetador de la población femenina? ¿No parecen más una pera que una guitarra la mayoría de las mujeres que se quejan de la curva de la “felicidad” masculina? ¿Qué haces cuando hablas con una mujer de glúteos pluscuamperfectos y carita de ángel –de ángel caído, mucho mejor- y descubres que confunde Baudelaire con una marca de lencería? ¿Qué cara se le queda a una chica medianamente sensible –que haberlas, haylas, como las meigas- cuando un hombretón de serratos, tríceps y deltoides esculpidos le vacila de coche con una ensayada sonrisa de sábado noche? ¿Habría que buscarle un nuevo sentido al amor “platónico”, a la luz del auténtico origen de esa palabra? Me temo que sí, vivimos en la era del amor platónico, el de las anchas espaldas, quiero decir... amores pasajeros, efímeros, calculadores, decepcionantes (si queda algo de chispa en ese pecho para reconocerlo). Una subasta al mejor postor de machos dominantes y hembras hipersexuales, sin haber avanzado mucho desde los tiempos del Homo Erectus. Bueno, si me apuran, la gran masa sigue siendo precisamente eso, “erectus”, porque lo que se dice “sapiens”...

Recuperemos a Platón, en todos los sentidos, dándole al espíritu alimento y a su templo, el cuerpo, la justa medida de cuidado y respeto. Pero no a medias. La belleza inextinguible habita bajo la piel, la belleza material es digna de admirar, pero no en solitario, o se convierte en estatua de sal. Y es que más decepcionante que la tiranía de la carne es darse cuenta de que corazón y mente son, sin duda, los “músculos” más atrofiados de este impresentable género humano. Pero ese es un tema para otro día.



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posdata:........Y hoy, nueve meses después, declaro que soy un esclavo más de esas miserias humanas, y no por saberme en compañía numerosa en esa mediocridad me siento mejor...

¿O acaso si una mujer conociera al tipo más inteligente, sensible, audaz, noble, generoso, cariñoso, imaginativo, apasionado y entregado del mundo, no arrugaría la sonrisa si al mirarle a los ojos, se encontrara con el sujeto de abajo? Pues yo soy aún peor, porque persigo a una locura con nombre de mujer que está haciendo mi vida aún más complicada de lo que ya es, con su montón de lastre y su vacío infinito de trampolines. Sólo tengo a los amigos y algo más, y eso me salva. Pero ese algo más son mis sueños dictadores, y eso aún no sé si me salva o me condena a arduas travesías del desierto. Pobre loco... si hasta el silencio entre las dunas de arena roja le parece bello...



 
Cosas de locos
(Cosas en las que no debiera pensar ahora mismo, pero...)


Si amaneces abrazado a tu almohada
y aún con somnoliente sorpresa
permaneces así unos minutos
como si detrás de la funda, escondido en su relleno
aguardara un rostro, una mirada
la encarnación de esa esquiva fantasía
que a menudo emana de tus delirios
la réplica no, no, el original de esas réplicas
que muy de vez en cuando te cruzas por ahí
si esperas que el cojín se haga bola de cristal
y te revele el futuro, anhelado desde el pasado más remoto
entonces eres un loco

Y los locos ríen, hablan con las nubes
se sientan a escuchar la balada de la lluvia
juegan con los niños sin haber dejado de serlo ellos mismos
besan como si mañana prohibieran besarse
besan como si en ese instante todo cupiera entre labios
como si al alma no le bastara un pecho para ubicarse
los locos escriben trocitos de presente que regalan
persiguen un sueño convencidos de que
más vale pájaro volando que ciento en mano

Los locos buscan con sus ojos extraviados otros chiflados
que sepan perderse en los mismos bosques
sin importar lo que tarden en encontrar el camino de vuelta
si es que quieren hallarlo

Los locos sólo parten sin lágrimas
sonríen de corazón si te reencuentran
y rara vez regresan de veras, mientras se empapan de rocío
se ponen perdidos de barro, encontrados de luz
se llenan el pelo de rastas de arena y sal

Y si el loco comete el terrible error
de entregarse a la cordura
si toma con fuerza los estribos
si encuentra de pronto la razón
si pasa revista y no faltan tornillos
entonces comienza a guarecerse del aguacero
a no salirse del sendero
a plegar las alas de albatros

Si vives cada momento de tu vida
convencido de que no importa qué te llevó hasta ahí
qué te traerá el nuevo sol
si para ti es tan obvio que otra alma te espera desde siempre
que lo mejor de ti mismo espera en la siguiente estación
para que gobiernes tu tren sin acerbos equipajes
para que el más luminoso acervo sea tu bagaje
si para ti todo ello es tan inefablemente evidente
como que el mar respira y siente
entonces guárdate bien de esos ataques de sentido común
y consérvate especial, desnúdate sin sentir vergüenza
no te dejes llevar por una espiral de prudencia
porque entonces la ilusión se borrará de tu cara
la luz de tus retinas curiosas se apagará
y jamás habrás sentido tanto frío, tanta soledad
como el pajarillo en mano, aterido y mutilado
pues cuando la lucidez del loco se instala
perderla supone caducar y morir en vida

Vuela, sigue buscando cielos nuevos
corre con los ojos cerrados entre los árboles
con los brazos extendidos por la playa
no le temas nunca a la Vida, mi chalado colega
no importa que alguna vez te des de narices con un tronco
o escupas algún diente rebozado en arena
después de clavar tu cara en el suelo
al menos sabes lo que es ser libre
caminas sin fabricarte cadenas
respiras sin viciar el aire
sin campanas de complejos sobre tu cabeza
que enmudezcan el lenguaje del mundo
y repitan lamentos huecos

Quiero seguir siendo yo también un loco
deseo secar cada lágrima con diez sonrisas
anhelo no codiciar más que mi libertad
compartirla con otra libérrima y dulce tarada
sin más brete en nuestros tobillos que el roce de la hierba

Aunque no sepa buscar, aunque tarde en hallarte
aunque mire hasta debajo de las piedras y correteen alacranes
aunque me esperes detrás del penúltimo recodo
sé que tú también llevas sal de mar en el pelo
la sonrisa mojada y los pantalones perdidos de barro



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posdata del 27 de Marzo: Nueve meses después del poema, como un parto, doloroso, de no sé aún qué criatura, qué quimera, qué locura. Entre neblinas de ese océano que tanto extraño, huérfano de los vinos en taberna vetusta entre amigos, vacío de ganas, ebrio de sueños, demasiado despierto, pero en letargo, desaliñado, borroso, como apagándome... Sigo condenado a ser quien soy, para lo bueno y lo malo, y ahora toca la penumbra. El largo y poderoso brazo de las sombras... el mismo que cercenará un rayo de sol, un beso de estrellas, no sé cuando, no sé cómo... pero si sé con quién, aunque no tenga ni idea de su nombre, ahora mismo. Es curioso, esperar un faro aún en esta tormenta...
 
Las puertas del destino.
(Inciso: por algún extraño motivo este "post" que publiqué anoche salió con fecha atrasada. Solucionado. Exprimid estos días festivos y tened cuidado con el coche, quiero veros a todos a la vuelta, y pienso pasar lista...)





La izquierda es del sur de Marruecos, un viaje de hace más de dos años, en una ciudad de túneles y bibliotecas antiguas con códices escritos sobre piel de gacela... Cuando me di la vuelta al salir del laberinto no pude evitar hacer la foto.

La derecha es un callejón de la Córdoba judía.

Mis sueños salen en tromba de la puerta, con música andalusí de fondo, como murciélagos en tropel alzándose en espirales, hacia la luna, para alimentarse.

Mi realidad se golpea con los muros del estrecho pasadizo, se deja la piel en los ladrillos viejos, y se gasta la mirada en la oscuridad.

Elijo el camino de la izquierda, pase lo que pase...

...y de veras os digo que es el más difícil, que renuncio a cómodas y tibias ganancias, que me pierdo tesoros apreciables, que dejo de vivir sonrisas francas... pero yo no puedo ser infiel, sobre todo, a mí mismo. He intentado todo, y no puedo, aunque me haga las cosas más difíciles. Supongo que algún día habrá valido la pena la apuesta, por ahora sólo me queda la recompensa agridulce de una conciencia tranquila y un corazón inquieto.

Si de veras existe el karma, Ella, mi libro, y una sorpresa (la vida siempre te da la mejor lección y el mejor regalo con lo que no esperabas) tienen que estar a la vuelta de la esquina. Tal vez no lo merezca, quién sabe, pero al menos, como dicen unas raperas por allá al sur, "me lo estoy currando, me lo es-toy cu-rrando..."
 
Las autoridades advierten que soñar perjudica seriamente la salud.


Fantasmas que siempre regresan... torpes dibujos con el puntero de un ordenador... y poemas de niebla.



(Gracias a Jaira por la ayuda técnica -aunque se me ha desmontado un poco la página, pero bueno :-P-, no acabará siendo mi cuñada ;-D pero seguro que acabará siendo una amiga genial. Petons, maca!).
 
Peces y pescados.
La penas son peces de vaso de tubo, y no se ahogan en alcohol, las muy rameras siempre vuelven a pedir su salario. Siempre vuelven esos peces de vaso de tubo, con sus ojos hundidos y su perfil cortante de escamas oxidadas. Te miran desde el otro lado del vidrio, serpenteando entre el hielo con la misma mueca sardónica que tenía la Parca cuando se le hacía la boca polvo (“y al polvo…”) montada sobre el iceberg que hundió al Titanic.

Las penas son peces carroñeros que jamás se ahogan, sólo esconden la cabeza, la sumergen en lo más turbio del vaso, en una piscina abandonada de vidrio y hielo, acechando, aguardando con paciencia de verdugo a que se seque entera, esperando a que las algas tracen cada baldosa del fondo con sombras verdosas, para salir de puntillas por la escalinata y darte un empujón, para que te abras la cabeza y llores aún más fuerte que antes. Ahora sí duele de veras, silban con voz de burbuja rota.

Pero lo que no saben esos peces anfibios, esas penas pulmonadas que gritan como recién nacido egoísta en la noche para no dejarte dormir, para impedirte, sobre todo, soñar, lo que no saben esas puñeteras barracudas de afiladas fauces, es que un albatros puede caer en picado, sí, y alejarse a toda velocidad de su reino de nubes, soles, estrellas y lunas, sí, pero que los albatros pueden perforar el océano como clavadistas mexicanos y ensartar a su presa, comérsela cruda… y seguir volando.

Curioso, ahora que tanto se acerca mi sombra de cruz a la superficie del océano, ahora que tanto se aleja del cielo y que la sal ya casi agrieta mis alas, justo ahora, veo cómo huyen destellos de plata vieja, zigzagueando atemorizados, esos pobres peces de vaso de tubo se escabullen como mugrientas palomas al pisotón de un niño travieso. Apuro el trago, muerdo el último hielo y doy un golpe en la barra con el vaso vacío. Me levanto y mi mirada viola el alma de una hembra, que se deja y me sonríe, sin detener el paso salgo del bar y le doy mi calderilla a un clochard digno del París de Cortázar, con botella de vino en el bolsillo y todo. Prefiero volver a mi camastro, al sur de la ciudad, caminando, saboreando el último estertor del invierno en mi cara.

No importa que no tenga trono, ni cetro, ni corona, ni dote, ni reina, ni corte, ni castillo, ni tesoro, no importa que me vista de harapos, porque eso es pasajero, y yo, como aquél polizón que le gritaba a la vida encaramado en la proa de una ciudad flotante, aún con la inocencia y la insolencia necesarias, soy el puto rey del mundo... ¿es que no lo ves?



Con RealOnePlayer, para banda ancha:

mírame aquí

y hasta 56 kbps:

mírame aquí.


pd: gracias. Gracias de veras a todos. Aunque no podáis ayudarme en lo que de veras necesito en esta etapa de mi vida, aportáis más luz de la que pensáis. Lástima que en esta ausencia hayan "dimitido" también algunas voces amigas... voy a tener que soplar fuerte para que también regresen...

 
Imbécil... (con posdata).
Me siento terriblemente imbécil; me estaría dando de hostias toda la tarde hasta confundirse los moratones con el horizonte ante mis ojos; me daría la vuelta como un calcetín para sacudir la mugre de mi mente; me castraría con un golpe certero de katana samurai, con mi sexo en erección, y escribiría “i-m-b-é-c-i-l” en el suelo con el chorro de sangre, mientras mi falo va dando saltitos, todo moreno y gitanillo él, por fin libre del jodido albatros, libre para vivir por sí mismo, libre para ser primario y pueril, libre para vestirse con trajes robados y someter a algún putón sin corazón.

Maldito pajarraco marino de metáfora fácil, o difícil, da igual, hasta con algún mérito y bien escrita, puede ser, pero ¿para qué? Clarividente desgraciado y ciego que ve tesoros donde sólo hay ladrillos y pedruscos donde habitan estrellas porque vienen los primeros con disfraz divino y los últimos con harapos de mendigo. Viajero de salón que sueña en voz alta y no deja dormir a los vecinos, puto mercader de las palabras, infinito vago selectivo (porque para escribir poemitas y cuentos no para el tío) y señorito sin alcurnia que se cree artista y no puede manchar su energía cristalina con labores mundanas. Cristalina, sí, de gafas de culo de vaso, que es lo que necesitas, pingüino aprendiz de piloto de las narices, para ver cuando te estás equivocando.

Pero no, el nene no aprende, el nene sigue siendo el mismo crío de catorce años que se va de casa y pasa la noche en la Barceloneta porque ha de vivir como su corazón le dicta, pero al día siguiente vuelve a casa porque no puede soportar oir a su madre llorar al otro lado del teléfono cuando llama para decir que está bien (mentira) y que sólo busca vivir su propio camino, sus dibujos, sus letras, sus viajes, sus experiencias, sus ganas de Amar (Verdad, pero inútil). Nene del carajo que con 22 o 30 años seguía obedeciendo a un corazón dictador que latía y late y el muy condenado seguirá latiendo hasta el fin en su pecho. El jodido nene sigue abriéndose como una granada y desperdigándose, empapándolo todo, llenando de latidos papeles que algunos leen entretenidos, otros usan de espejo y algún culo macizo usa para limpiárselo. Papeles mojados que caen por el desagüe de un ombligo gastado de miradas propias y ajenas, siempre ajenas.

Sí, me siento imbécil.

Porque me falta algo.

No lo he extraviado, porque sé donde dejo esas cosas, aunque me equivoque, sé donde las dejo. Ni lo he perdido, porque lo entregué a conciencia, con remite y letra clarita y si en algún momento me dejé llevar por la inercia, me pido perdón, por idiota y mezquino, por traicionarme a mí mismo, aún antes que al otro.

No me lo han quitado porque mientras lo daba se iba haciendo más fuerte en mi morral. No me lo han robado, porque siempre fue un regalo. Como mucho un regalo que esperaba una sonrisa agradecida, pero jamás un precio.

Y sin embargo, sin estar vacío, me duele el frío y oscuro hueco que lacera con sus perfiles helados las paredes de mi habitación más escondida. No puedo culpar a nadie, porque el sabio que me dejó pasar se libró, y el necio que no supo verme, nació y morirá necio. Ni puedo guardar rencor, aunque alguna vez asome la cabeza del resentimiento rastrero, justo cuando menos me gusto y lo ahuyento a patadas como a un perro sarnoso. No puedo guardar rencor porque le quitaría sitio a otras cosas en el escritorio de mi alma, y son demasiados cajones esperando para tan pobre inventario.

Y aún así, cómo escuece esta subida de nivel en mis ojos, repentinas presas a punto de reventar. No es un vacío lo que me ha dejado la vida, todo lo contrario. Por eso mismo duele. Hay vacíos que unos llenan de objetos (los más lerdos), otros de trofeos y aún otros, los más inteligentes, de experiencias. Pero lo mío no es un vacío, aunque a ojos de cualquiera pudiese parecerlo. Es justo lo contrario... una estrella sin firmamento, un beso sin boca, una luz sin sombra que borrar, un botín de cuarenta ladrones... sin cueva, un trono para una mirada hechicera... sin hechicera, sin cofre, y sin hechizo. Un oceáno sin cuenca y un cielo sin horizonte.

No me entendáis, que no es falta de cariño, ni siquiera de besos, que no es eso. No tiene nada que ver con eso. Aún a riesgo de parecer, además de imbécil, un estúpido prepotente, no es por falta de sexo, seso o sentidos colmados, porque eso puedo tenerlo y lo tengo.

Es otra clase de ansiedad, ese océano sin cuenca y esa ola sin orilla, siempre, desde hace tantos y tantos años, persiguiendo una espuma que nunca se deja atrapar.

Estoy harto. Dimito.


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pd: los que la vieron o leyeron antes de haberla borrado ahora, disculpad la grosería con que terminé esta vomitera mental y emocional del jueves. Estaba demasiado rabioso con la vida y conmigo mismo. Quería hacerle un corte de mangas a toda mi escala de valores, subvertirla, y hacer apostasía de mí mismo.

No tengo ánimos para seguir escribiendo por ahora, supongo que regresaré (siempre lo hago), pero no sé cuando. Gracias a los amigos y desconocidos por el apoyo, es valioso aún en el caso de no saber o no comprender esta caída en picado del albatros.
 
Renacer, de mil pedazos.
Inciso: aunque recupere viejos poemas y escritos llenos de polvo, nunca es al azar, siempre intento que reflejen (de nuevo, serán ciclos) estados de ánimo actuales. En su día algunos interpretaron este poema como una derrota, una huida, y no lo es. Es exactamente lo contrario, el anhelo de seguir luchando, sólo que reinventándose, rompiendo con todo lo inútil, cercenando amarras para navegar de verdad.

Y por cierto, no entiendo por qué algunas personas actúan como actúan, aunque no pretendo juzgarlo, sólo digo que no lo entiendo. Por qué dejan de visitarte o de comentarte, por qué "te retiran el saludo", si no cuentan con mis visitas, o mis correos, o comentarios. Ya no sé en qué idioma he de decir que sólo tengo una hora de internet al día, de lunes a viernes, salvo contadísimas excepciones, y que mi tiempo no da para más. Lo siento. Siento mucho no poder hacer todo lo que quisiera. Porque de veras quisiera.

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En mil pedazos




Como un manto de hojarasca seca
quiero que el viento me disperse en cien manos ocres
las desoriente y eleve en el aire
las disemine por la faz del mundo
y en cada paisaje dejen su impronta
como el noble indio en su caballo

Como un árbol descuajado de la orilla
quiero que el océano tale mi ramaje
con la sacudida brutal de sus olas
las convierta en pinazas a la deriva
perdiendo la estela de la Santa María de su tronco paterno
y varen en cada playa enterrando su simiente
como el tenaz quechua en su Pachamama

Como un glaciar andino
quiero que el sol resquebraje mis entrañas
derrita mi pulpa albina y la desintegre en mil arroyos
limando la piedra montaña abajo, haciéndose torrentes
deviniendo ríos feroces, fecundando la tierra
como el salvaje inocente ama a su compañera