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Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Puentes a otros lares:
AGENDA


Yo de ti iría, si estás en:
Payasada del mes:
Recomendado de la semana:
ABCD...
Sindicación
 
Para el epistolario...
(Del 21/10/2004... círculos que jamás se terminan de cerrar...):

Hoy te escribo a golpe de yemas y a fuerza de pensarte, aquí, sí, y no en "nuestro" cuaderno de lomo de tela marrón y tapas de sellos antiguos. No sé si ahora traiciono la esencia de estas cartas que te escribo desde hace meses y que voy cosiendo con los años en una cortina extraña que me va tapando el mundo y enturbiando la cordura.

Te hablo siempre como si estuvieras delante, como si yo mismo fuese arena y espuma, testigo del encuentro, cuando lleguen a tus pies estas botellas de náufrago con mensaje, cuando las lleves a tu cabaña, las coloques unas al lado de otras en baldes de madera, o algunas acaben siendo pie para una vela llena de goterones de cera, para alumbrar un poco el cabecero de tu cama, y para leer los papiros que con tinta de sangre te escribo todos los días desde aquí... todos los días, incluso los que no escriben nada mis manos, ni las yemas de mis dedos.

Son cartas sin medida, sin relectura, sin repaso, sin miedo, sin escondites, cartas preñando botellas viejas y enteladas de salitre, que ven a medias el mundo, como desde una ventana llovida en invierno. Yo no sé jugar estas manos, no se me da bien el ajedrez, no sirvo para levantar castillos, o muros, o almenas, o torres, o cualquier otra forma de prisión. Sólo tengo mis alas para volar a tu lado, sólo me sustenta un corazón marinero para gobernar esta nave humilde, sólo tengo mi piel para abrigar tu soledad, sólo mis labios para encender tu hogar y mi voz para ser viento y marea que limpien tu playa de algas muertas y toneles rotos, para llevarme de tu valle, de tu isla y tu acantilado todas las brumas, todas las nieblas, todo el humo espeso de la mentira, las rodillas magulladas, los aros de fuego que tuviste que pasar (chamuscando tus ilusiones) para que te dejaran ser la mitad de lo que tus ojos de ámbar y ébano atesoran.

La plaga de palomas urbanas, la manada de hienas, el vasto rebaño de ovejas cabizbajas, gritan más alto, balan verdades de pacotilla, y me dicen que estoy loco, que soy un iluso, que soy un malabarista, un desgraciado, un poeta desesperado, casi un parásito en la gran fábrica, porque no produzco, no soy rentable, no acepto mi puesto en galeras.

No me importa si tienen razón o no, sólo me importa encontrarte, que ando a saltitos desde siempre, como pingüino a mil millas de la costa, ya sabes. Sabes casi todo de mí, menos el exponente de sorpresa que a drede nos guardamos, para elevar a la enésima potencia todo el valor (que ese sí es activo, inversión y emporio) que late fuerte bajo tu pecho y el mío.

En realidad no estoy escribiendo una carta, Amor, en realidad no pasaré esto a limpio, en realidad no estoy parándome a pensar qué decirte... porque este momento es lo más parecido a mirarte a los ojos, a hundir dichoso mis manos, que ahora torpes juntan letras, en tu cabello oscuro, en las lianas lisas de tu selva anhelada, mientras me sonríes con las cejas y me lloras de alegría con tus labios, brillando como melocotones abiertos y goteando sobre mi lengua azúcar y aromas de relojes detenidos.

El deseo, la complicidad, la afinidad, serán caricaturas inocentes del Amor que siento en ti, y en mí. Necesito, quiero, merezco, casi tanto como tú, que eres mejor que yo, un Amor que deje en pañales todas las trampas del ego, todos los avatares de lo mundano. Que el deseo se haga cura febril y herida feliz, sudor sagrado y sanación del alma; que la complicidad se convierta en comunión, y las manos trenzadas en crisol de corazones... que la afinidad llegue a ser alambique donde tu esencia y la mía se hagan una, la marmita del alquimista donde dos más dos sumen uno.

No, ya lo sé, mi niña, ya lo sé, todo esto suena a loco, a utopía... sé que no te escuchan cuando susurras y no te oyen cuando gritas... como a mí... sé que a los albatros y a las sirenas no se nos olvida el amanecer quejumbroso, las ojeras, el olor del enfermo en las sábanas empapadas, las cosas de la carne vulnerable, las pequeñas cosas del día a día... los defectos y flaquezas que nos hacen humanos, y que sólo serán más piezas del puzzle, más motivos para Amarnos.

No importa siquiera si tú también me esperas o no, si no te fijarás en mí por no llevar la capa de caballo ganador, ese toque mágico (o más bien prestidigitador e ilusionista) que siempre atrapa la atención de las mujeres; no importa si el montón de polvo y telarañas que me cubre y lastra las alas no te dejan ver a la primera mi verdadero rostro. No importa si la inercia del mundo te lleva, como a una sirena en la corriente de un río urbano, no importa, patria mía, porque lo único que de veras dará sentido a Todo, será que llegue el momento de mirarnos a los ojos, de asomarnos por esos ventanales al corazón del otro, y reconocernos.

Me dirán los imanes del pragmatismo y lo cabal que le declare la guerra santa a la poesía, a la Magia, y me vuelva un hombre de provecho, y haga acopio de derrotas diarias para sobrevivir, pero, aún a costa del riesgo... me niego, y no pienso rendirme jamás. Aunque tardes en venir, aunque tarde yo en volar, aunque tarden mis libros en hablar por mí en millones, en miles, o en decenas de baldes de madera, aunque me encuentres un poco más gastado... sé que es nuestro destino.

Si te asustas, si te vas, si te ríes de los subcampeones, si calculas, si sólo bailas, si me miras desde arriba y no Lo Ves, si te felicitas por tristes victorias... si sólo dejas señuelos y reflejos pasajeros en el agua... no hay problema, es que no eras Tú.

Y Tú eres Ella, a quien escribo estas cartas, eres real pero inaudita, no el reflejo en el agua que una mano caprichosa pueda desfigurar jugando con el mar... eres una Mujer de carne y hueso, de piel y sueños, de llanto y risa, de agua y fuego, de tierra y aliento. Y no harás caso de las palomas que te agobien con sus murmulos de gargantas abultadas, cuando te digan que no te merezco, que eres mejor que yo (pero no en el modo que tú y yo sabemos), que te busques al macho dominante de la manada, al mejor ejemplar, y no pierdas tu tiempo con un albatros nómada y poeta. No les harás ni puñetero caso, porque aunque ni ahora mismo sepas que me esperas, no dudarás un instante cuando te des cuenta de que soy el cáliz para todo lo que ansías dar y el océano para llenar todos los mundos que te habitan.

Hasta pronto, Mujer.



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Desde el 11 de mayo de 2006; NUEVA DIRECCIÓN DEL BLOG:

Alas de Albatros

 
Escultura automática (y posdata).
(Del 7/3/2006):


Una burbuja en la que esconderse del mundo tras iridiscentes balsas de jabón a la deriva en un mar esférico, una cámara sellada sin aristas, donde mi caja torácica es el único lugar para el eco de la Sonata para violín no.1 BWV 1001 de J.S.Bach. Suena y parece que va a rasgar la piel de agua de la pompa pero suavemente empuja las islas de jabón por la superficie de la nave transparente. Adagio.

Escultura automática, poseído el cincel por la mano del hastío, guiada la maza por el puño del deseo, como la picadura mortal de una médula de cascabel que me habita por dentro, vertical, como cariátide de hueso y carne, de letra y aire, como lengua de fuego que lame con ansia la piedra hasta socavarla, hasta pulirla y hacerla brillar como obsidiana o puñal de lava. Siciliano.

El mundo no es lo que ves, el mundo no es como es, tan sólo es la astilla en el pie descalzo cuando dejas de ser lo que ves. Porque nada hay que pueda hacer el artista para cambiar la esencia de las piedras, no hay sangre suficiente en las venas para pintar la esfera del color de tu cristal. Imposible cambiar lo que no te habita. No hay discurso capaz de convencer al sordo, ni arenga para seducir a la plebe si esta no se ofrece al sacrificio llevada por el resentimiento. No existen los dictadores, sólo la masa y su inercia cruel de cienpiés que se arranca una pata y la clava en su frente como una brújula. Fuga.

No hay amor que puedas sembrar en la herida de ningún paisaje si la tierra busca otras lluvias. No hay sol que haga girar el cuello a las flores inmensas si su tallo frío devora otra luz, si su fibra sedienta se conforma con el jugo de muerte de sus raíces. Las flores miran más al suelo que al cielo, más a lo mensurable del tacto que a lo insondable de la mirada, mucho más de lo que crees. No hay manera de sacar de una beta inesperada la roca perfecta, ni modo alguno de arrancarle a la piedra una obra de arte... no hay magia en las manos del artista, si la obra y la luz no estaban ya esperando a ser desnudadas en las entrañas del granito, en la saliva callada del mármol o en la voz dulce y otoñal del alabastro. Es preciso salir corriendo, rodar valle abajo, saltar al acantilado sin mirar. Clavar el cuerpo en el mar añorado. Volver a ser salvaje y dejar de gastarse las manos y el amor desbastando piedras y dejando roma la voluntad a fuerza de afilar escoria. Urge despojarse de harapos gastados de artesano sin salario y tender las manos para que venga la figura, ya hecha, a buscar su lecho en ellas. Presto.



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posdata a 8 de Marzo: me da rabia porque me es imposible acudir y no voy a poder disfrutarlo, y porque os aviso con poco tiempo, pero si una sola persona ve esto y alcanza a seguir mi propuesta, habrá valido la pena:

Hoy, Miércoles 8 de Marzo a las 20:30 horas, en la iglesia de San Jerónimo el Real, calle Moreto, 4, de Madrid, un trocito de lo divino que habita en lo humano: Réquiem de Mozart, Orquesta de Cadaqués y Coral de la Comunidad de Madrid (creo), con la célebre Ainhoa Arteta y, atención, bajo la dirección de Sir Neville Mariner... Ahí es nada, y encima, entrada libre. Corred, corred, aunque no lo hayáis escuchado nunca, porque pocas veces habréis estado más cerca de lo divino en una iglesia...
 
Tu nombre.
(Del 24/9/2004):


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Tu nombre



¿Para qué tatuarme tu nombre,
si ya lo llevo grabado a buril en mis columnas?
Si ya mis huesos te llaman a gritos
si cuando sea un esqueleto vencido
y mi alma navegue por la Estigia
podrán arrojar mi osamenta desde los acantilados
que siempre caerán tibias y radios
húmeros y costillas, de la misma forma
siempre acabarán dispuestos sobre la arena
de tal modo que se pueda leer
en blanco turbio sobre la playa
tu nombre
y mi calavera poniendo el punto
bajo la admiración, sobre la exclamación
¡Tu nombre!

¿Para qué tatuarme tu nombre,
si ya me impulsa desde el ombligo del cielo?
Si ya mis velas se agitan
y el viento silba entre los mástiles
de mi barco, canturreando
tu nombre

¿Para qué, si ya la espuma que salta de la proa
va dejando en estelas blancas
sobre el infinito azul marino
tu nombre?

¿Para qué tatuarme tu nombre,
si ya lo firmas en saliva sobre mi pecho
y lo haces arder como hogueras en la noche
más allá de mi piel
y las estrellas miran con envidia
desde allá arriba, en llamas escrito
sobre mi razón derrotada
sobre mi corazón amotinado
en rojo intenso sobre azúcar moreno
tu nombre?

¿Para qué, si ya la sangre de mi sexo se amontona
de abajo a arriba al ritmo de tu boca
si ya mi esperma repasa la lección
de húmeda caligrafía, y se prepara
para trazar sobre tus senos
entre las dos orlas de canela salada
que los coronan y me hacen vasallo
de tu nombre,
tu hermoso nombre, ardiendo y fundiéndome
en blanco turbio sobre el café
tu nombre?

¿Para qué tatuarme tu nombre,
si mi alma es mano febril
que por tu sexo anhela entrarte
como a un guante de piel
para habitarte entera y vestirme
para ser dedos al abrigo de tu cuero?

¿Para qué, Amor, tatuarme tu nombre,
ese que aún ignoro, tal vez
ese que siempre supe, ya ves
si toda mi piel es un pergamino
un papiro, para que lo escribas
si todo mi ser es cueva para el eco de tu voz
para que me grites, para que me susurres
y me regales, y me confieses
por fin
tu nombre?



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Ssssh... no habléis muy alto, o podrá oirnos. Acercaros, estoy posado al final del acantilado, sobre la hierba, y con las alas plegadas. Aquí arriba, lejos del rompiente de las olas y tras este roquerío, el viento no brama tan alto y podréis escuchar mi voz, pero no quiero que él nos oiga. No quiero que Sergi nos pueda oir, está muy dolido y enrabietado con el mundo, porque no vive lo que anhela desde siempre, y me ha doblado las alas, y me tiene aquí, esperando. Ya véis, un albatros aliatado, se me hace extraño.

No habléis muy alto, que Bellver está angustiado, con tanto por escribir y tantas rendiciones a la rutina y la materia, tantas veces hincada la rodilla en el suelo. No quiero que me oiga, y es que le he quitado un momento ese libro de tapas duras, con dos peces en la cubierta, de bronce sobre marrón, y os he traído uno de los últimos bocetos (como llama a todo lo que escribe en futuro indefinido) de poema, en negro sobre papel beige reciclado, lleno de diminutas astillas de árboles antiguos.

Que Sergi anhela Amar y no lo vive, vale, que Bellver necesita escribir y no puede dedicarse en cuerpo y alma a eso, bueno, vale, y eso le está apagando, pero yo, el albatros, no voy a rendirme fácilmente, así que me he escapado con su libreto aquí arriba, guarecido del viento, para que no se rompan las páginas, para que podáis oirme... sin que él se entere, sssh... mirad lo que escribió el otro día, y marcharos luego sin hacer ruido... yo me quedaré aquí un tiempo, que ya vendrán los días de vuelo y alas alegres, feliz fin de semana a todos, sssh...

 
Si pudieras...


 
Carta a Eugenia Grandet.
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Alas de Albatros




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Porque no tengo ánimos para crear, hoy no, ya regresarán mañana; porque se repiten las fechas; porque se repiten los faroles de la vida en una partida donde tengo las cartas marcadas (y gastadas); porque por mucha luz que uno albergue dentro, sin las letras permanece tras un montón de carne opaca... porque hoy mi padre hubiera cumplido setenta años; y porque mi sed es tan antigua como los valles de la Luna, los acantilados del Algarve, los tepuys del Orinoco o los cedros del Líbano...



Madrid, días después del 11 de Marzo de 2004.



Entro en la habitación y apenas percibo la leve brisa que aventó tu falda, y su aroma, rastros efímeros que han dejado tu marcha... Me duele tanto que te hayas ido. No me has dejado, ni elegiste otro camino, ni me negaste un hueco en tu vida, no, simplemente, te has ido. Y duele tanto, porque si te hubieras ido a alguna parte, yo podría buscarte. Si hubieras emprendido un viaje por un tiempo que pudiera contar en días, semanas, incluso años, sería capaz de esperarte. Si estuvieras en algún lugar yo podría evocarte, con tu sonrisa radiante y tu cálida mirada, con la cicatriz de tu vientre de ámbar, y la expresión de tu rostro, como si nunca te hubiesen herido. Pero no puedo acudir a ti, ni darte nada, ni saborear el regalo de tus manos, porque te has ido del todo. Tu madre me ha dicho que te has muerto. Como si fuera cosa tuya. No, yo digo que te han muerto. Una sirena como tú sólo desaparece si se la traga algo que no sea el océano.

Me van a quedar pendientes para siempre momentos que compartir contigo, que me enseñes a navegar, a disfrutar como tú lo hacías del viento, la vida a bordo y el mar abierto. Me va a acosar siempre la incertidumbre, cuando me pregunte si eras tú mi hogar. Me van a hostigar siempre el miedo a olvidarte, a que se vaya difuminando tu imagen en mi memoria, dibujo de tu piel en un papel mojado de tiempo, y el temor a que desde donde quiera que estés, no puedas notar los latidos de un corazón que pisa fuerte en su estampida. Porque ahora mismo quisiera huir, cobarde, tal vez, pero en mi pleno derecho. Quisiera cambiar mi absurda existencia errática, a lomos de unos sueños con los pies de barro, en el penúltimo repecho de un sendero lleno de baches y campos baldíos, por una sola de las vidas que hace unos días una venganza injusta y cruel cercenaron en esta ciudad, esa ciudad en la que una tarde buscaste mi “melancólica y dulce mirada”, como tú me dijiste una vez.

Al menos te has ido antes de saber de esa barbarie. Me consuela que aún puedas conservar algún resquicio de tu preciosa carita inocente allá donde estés, que puedas haberte ido un poquito menos triste por ello. Qué estupidez, seguramente ahora sabes muchas más cosas que nosotros, y tal vez en tu cielo de playas y veleros hayan aparecido de repente doscientas almas atónitas y doloridas. Si no me cambio por uno de esos hijos o esas madres, es porque no está en mi mano, y también por no dolerle a mis propias madres, que no tienen la culpa de mi vacío. No la tienen, pero debería cambiarme por ti, Eugenia, que eres mejor que yo. La madrugada del jueves te encendí una vela, te hablé, te grabé mi despedida, deseándote paz, anhelando un reencuentro, quién sabe en qué recodo del camino, y al cabo de unas horas me despertaron dos sacudidas en mi ventana, y amanecí ileso pero con el corazón ensangrentado. Traspasé una frontera más del dolor, y me sentí ilegal en este mundo, perdido, sin papeles, solapándose en mi pecho amarguras, por la vida que un cáncer arrancó de tu cuello de gacela, y por las vidas que el odio arrebató a tantos inocentes.

Me cuesta seguir, me parece casi injusto seguir, y aún así, conjuro todos estos nubarrones por uno sólo de los rayos de sol que me regalaste. Me he levantado tantas veces que hacerlo una más ya no me parece una proeza, sino inercia, y estoy tan agotado que dudo de todo. Pero por el más mínimo atisbo de volver a tener la caricia de palabras como las tuyas, de escuchar el canto de la vida en silencios como los tuyos, creo que a pesar de todo tengo que seguir. Me parecería casi traicionarte no seguir, a ti, que ya no puedes elegir. Ahora sólo me falta encontrar soporte en el que apoyar mi brazo para incorporarme, y poder volver a mirarte en otros ojos alguna vez. Dicen que ese puntal está dentro de cada uno, pero ahora no acierto a verlo, aquí está tan oscuro...

Feliz travesía, Eugenia, espero que los vientos depositen esta botella en tu orilla, allá donde estés, y sonrías con esa inmensa luz que posees, para alumbrar estas tinieblas.


Tu amigo Sergi.


 
Seguimos, soñamos, vivimos, pero No olvidamos.
Recupero del pasado:


11/9/2004



(No iba a permitir que esto se perdiera, aunque no he podido recuperar el pie de la foto, que improvisé al teclado sin haberlo preparado antes, es decir, sin tener una copia de seguridad anti-bromistas de mal gusto. Por cierto, aunque me borren todo los "post", los comentarios no los pierdo, no sólo porque me llegan dentro... sino porque siempre guardo la copia que me mandan al correo, así que al menos el destinatario de vuestras palabras las tiene a buen recaudo. Gracias, una vez más.).
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Hoy hace tres años (cuatro y medio ya cuando recupero este texto) del día en el que, dicen, cambió el mundo. Sospecho que sólo fue un peldaño más en el interminable descenso a los infiernos del hombre. Porque después del mayor acto terrorista de la historia, Hiroshima y Nagasaki (sí, dije bien, “terrorista”, pues la estrategia de aquellos días de Agosto de 1945 era precisamente conseguir el fin a través de cualquier medio, conseguir la rendición incondicional del Japón a través del terror, y justificarlo con la versión oficial de los cientos de miles de vidas "salvadas al no prorrogar el conflicto"... no importó si Japón iba a rendirse de todos modos, si Truman o Stalin hacían oídos sordos a las gestiones diplomáticas de los nipones, lo importante era dar con el puño en la mesa y amedrentar a los soviéticos en los albores de la guera fría: "nosotros la tenemos, y la usaremos"), la humanidad parece que va imaginando nuevas formas de terror, nuevas maneras de odiar. Y el odio es una semilla que germina deprisa, una plaga de algas negras que pronto infesta el lago y enturbia las aguas, asfixia los peces, oculta el sol…

Porque a dos torres de Babel caídas le siguieron dos torres de cadáveres apilados en el olvido al otro lado del mundo.

Hoy hace tres años de uno de los peores errores de mi vida, creer que me estaba enamorando de alguien, que resultó ser la persona equivocada. La única vez que de veras me pasó factura el no haberle hecho caso a mi intuición. Porque esa voz interior me decía que aquello no era lo que parecía. Pero parecía tanto, que no la escuché. Y pagué por ello, muy caro. Aunque al menos de eso saqué unas cuantas lecciones, aplicadas a rajatabla desde entonces en mi camino.

Hoy hace seis meses (dos años ya cuando recupero este texto) del día que bajamos todos un escalón más, en ese dantesco viaje (en tren de cercanías…) al absurdo y el dolor. Seis meses hace que jugaron con nosotros como marionetas, pero alzamos el brazo para asir las cuerdas y tirar de la mano de los monstruos, demostrándoles que el corazón humano aún palpita. Seis meses hace que nos abofeteó la rabia, la angustia y el espanto, pero también del día en que nos recordamos unos a otros que el amor y la mano tendida al otro siguen, inexplicablemente, habitando ese corazón humano, después de todo.

Hoy hace seis meses de la madrugada en que se rompió un poquito más mi pecho, por un dolor privado, antes de resquebrajarse por un dolor multitudinario. Después del amanecer dos golpes de viento sacudieron mi persiana, encarada a Atocha, y sólo unas horas después supe de la barbarie. Pero muchas horas antes, a solas, en mi habitación, lloraba una pérdida, una mentira, o ambas cosas, probablemente nunca lo sepa.

Hoy hace casi trescientos años de una derrota y una traición, de un expolio. En mi tierra celebran hoy ese día como la fiesta nacional. Tal vez por recordar el día en que un país, gestante en aquél tiempo como lo eran Italia o Alemania, abortó sus anhelos aún antes de ser paridos. Si la historia dejara caer algunos dados de otro modo, los mapas serían distintos. Pero yo, incómodo huésped allá donde vaya, molesto con mis ideas, cuando digo en uno y otro lado que no creo en las patrias si son para dividir, que no creo en banderas si son para tapar ataúdes. No me gusta el catalanista que hace sentir molesto a un visitante con su cerrazón política, y detesto al españolista que quiere imponer algo a otros si no es lo que ellos quieren para sí mismos. Soy catalán o español por accidente, pero mi país es la república de las almas libres y mis compatriotas todos los corazones nobles del mundo. El único hogar que siento telúrico y real es el cariño de mi gente y el mar mediterráneo. Soy nieto de celtas, fenicios, griegos, romanos, godos, árabes, judíos… y mi sangre fluye desde las entrañas de la Tierra, que acoge los huesos de generaciones… no desde los mapas.

Hoy hace algo más de treinta años que en mi querido Chile talaron las alamedas de los hombres libres, y en La Moneda sepultaron la dignidad de un pueblo, jugando con las cartas de siempre, disfrazándolas con las mohosas togas de siempre. Da igual que la CIA se encargara de asegurar el suministro de cobre para los Estados Unidos. Da igual que duerman eternamente con los delfines cientos de jóvenes desparecidos. Da igual, que ya se encargarán los mercaderes del odio de contarte la historia de otra manera. En Japón, en Chile, en Nueva York, en Irak, en Chechenia, en Rusia, en Madrid o en Barcelona (y en Sudán, Ruanda, Guatemala, Colombia, Argentina, Cachemira, Tíbet, Camboya… todo lo olvidaremos).

Hoy hace poco más de una semana de un profundísimo peldaño, de un vertiginoso abismo, cuando la venganza inhumana de quienes perdieron a sus propios hijos a manos del invasor ruso y la sinrazón de quien no sabe detener la espiral del odio borraron con crueldad infinita la sonrisa de una multitud de niños inocentes y apagaron el brillo de la inocencia de los ojos de otros tantos para todas sus vidas. No recordaremos la fecha del infierno de Beslan, se olvidará, y vendrán muchas más, por desgracia. No está hecho el mundo para hijos de carpinteros palestinos que ponen la otra mejilla ante el centurión. No ha dejado el hombre de ser depredador.

Por eso, y algunos (infinitas gracias a todos –he dicho a todos- por vuestras palabras, por la motivación, que es lo que de veras cuenta para mí) lo habéis visto a las claras: no le encuentro otro sentido a mi vida que el Amor. Pues a través de él y de mis letras cobro sentido, soy quien de veras soy, crezco y trasciendo. Por eso floto peligrosamente al borde del fin del mundo. Tal vez este día once de Septiembre también tenga su efeméride… pero ojalá sean buenas noticias, para el mundo y para mí. Que han descubierto la vacuna contra el SIDA y van a distribuirla gratuitamente, empezando por África, y que me ha tocado la lotería… o mucho mejor, que me he enamorado y ha sido recíproco. Aunque a estas alturas del día ya no haya tiempo para eso... así que a ver si me toca la primitiva.

 
Cosas que pasan.
No vale demasiado como texto, me repito en antiguas imágenes, como redunda en su estrategia la gravedad, siempre haciendo caer los cuerpos. No he tenido ni la deferencia de repasarlo, por lo tanto dirán algunos con razón que no es literatura y otros (surrealistas) que una cosa es escribir sin premeditación y otra largar un pastiche caduco de romanticismo trasnochado.

Me importa un bledo, porque hoy no va la cosa de literatura, ya acepté hace mucho que esto es un diario (intermitente pero diario, cuaderno de bitácora, recuento de hitos en la mar océana de mis días, carnes vueltas como guantes para que me delaten las manos de la sed).

Dicho lo cual, sólo quiero compartir esas cosas que a veces hace uno pensando en alguien, o llevando a alguien en el zurrón del alma, que no en la boca. Joder si existe, claro que Ella existe, y aunque sean franca minoría, aunque mi listón tenga más de nube (por la altura y la inconsistencia) que de vara, hasta es posible que haya un pequeño pelotón de Ellas en misión de reconocimiento por las selvas del mundo. A ver si la teniente (por sorda, a veces) me descubre el camuflaje y atina a dispararme de una vez. ¡Estoy aquí!

Cosas que pasan y uno necesita gritar entre los árboles, para delatar su posición:


"Me ha pasado cuando he sentido caer la nieve en el bosque y se podía escuchar un leve rumor de vida en el aire, sobre mi ropa, mi nariz y los árboles, como si cada copo de nieve llevara una palabra escrita en blanco y cayera del cielo el mensaje secreto de la vida.

Me ha pasado cuando he visto llover a través de la ventana, mientras Satie dejaba caer sus notas como gotas de lluvia sobre el piano, y cuando no he podido evitar abrir la ventana y sacar la cabeza fuera, mirar hacia arriba y cerrar los ojos mientras recibo el beso de la vida en mi sonrisa, y la calle entera huele a algo nuevo.

Me ha pasado cuando he sido el primero en llegar a una playa apartada, sin gente, sin coches, cuando caminando descalzo aún el sol no había calentado la arena y era como meterse desnudo en la cama con las sábanas aún frías, pero sabiendo que no quieres estar en otro sitio. Cuando desde lo más antiguo de la vida el mar viene con su conversación de olas a susurrarme palabras saladas, mientras el sol aún no está alto y puedo escuchar la canción y mirar a los ojos al cielo.

Me pasa cada vez que veo los tuyos, cada vez que me entra la luz de tu mirada, como llave de madera para abrir todas mis puertas. Me pasa cada vez que veo tu sonrisa abierta y diáfana como un piso vacío el día del estreno, esa primera noche que pasas despierto abrazado a alguien en un colchón tendido en el suelo. Me pasa cada vez que veo tu piel, tan dorada y marina en verano, con ese brillo de fruta a punto de morder, tan blanca de luna en invierno, con ese brillo de actriz de cine mudo. Me pasa al imaginar el aroma de tu cabello, liso como junco o rizado como espuma de mar bravo.

Me pasa ahora que quisiera hacer un paréntesis en la lógica del mundo, en tu vida, la mía, en los mapas, que me gustaría callarme y estar ahí, y robarte el primer beso, hasta que me regalaras el segundo."




Será por no hacer ruido... a ver si se entera: