Pro(de)yecciones (o cómo no cagarla).
Diario de un tonto escribidor.
Gràcia, 31 de febrero de 2014.
La secretaria de mi editor ha vuelto a sonreírme con esa red brillante de insolente juventud que sería capaz de sacar del oceáno al más huraño de los leviatanes. Desde que le firmé el libro en el ascensor (juraría que demoró su paso para perderlo cuando me vio salir del despacho, y así poder tenerme a su merced en el siguiente), tienen un eco silencioso nuestras conversaciones de sala de espera que me deja sorda la conciencia.
Es una promesa realmente hermosa de mujer. Menos mal que mi editor es homosexual y heterodoxo, porque con ella no podría concentrarse en su trabajo, y más le vale, que la versión que le llevé hoy de mi novela es la última, palabra de sagitario (sagrada más que por la descarnada sinceridad de los centauros, por mi aversión a hacer demasiadas veces un mismo camino, por eso siempre planeo viajes circulares o rutas que me devuelvan a casa desde el sur cuando las inicié septentrionales).
La secretaria es más atractiva que cualquiera de esas muñecas virtuales que ahora están de moda en los telediarios, sobre todo porque huele. A lolita y a secreto, peligrosamente. El día que yo sea indiferente a la belleza dejaré de escribir, palabra de tonto escribidor (esta no hay quien se la tome en serio). Pero su belleza me sirve para contarla, y ahí se queda. Tiene lados más fértiles esto de publicar libros que un simple revolcón con una jovencita a la que no le seducen los jovencitos: más libros.
No le soy infiel a mi mujer, y no tiene mérito. No soy fiel porque tema ser delatado por algún indicio, ni porque me aterroricen los cambios (¿a mí?) y anhele mantener la seguridad de la rutina diaria (no es nuestro caso, con un escritor la rutina es una quimera, para bien y para mal), ni porque la quiera más o menos, ni por virtudes que no tengo.
No le soy fiel a mi mujer porque huela algo sagrado en el cabello de mis hijos y rehuya los hedores de la culpa, ni siquiera porque sea un cobarde. Ni porque haya olvidado el goce de una piel tibia y una carne dura que sabe a mediodía cuando la muerdes.
No le soy fiel a mi mujer porque la ame, sencillamente, lo soy por poder seguir mirándole a la cara y a mí mismo en el espejo. Porque no me perdonaría jamás el borrarle la sonrisa, el apagarle la alegría con que me da el primer beso con el dormitorio aún a oscuras, antes de levantar a los enanos. No me perdonaría jamás serle infiel a mi mujer, aunque ella sí fuera capaz de absolverme, que la conozco, aunque ella me conozca mejor, pero sobre todo le soy fiel por no gripar el motor que me empuja, por no derribar el árbol que me sustenta: su ilusión.
La secretaria de mi editor ha vuelto a sonreírme con esa red brillante de insolente juventud que sería capaz de sacar del oceáno al más huraño de los leviatanes. Desde que le firmé el libro en el ascensor (juraría que demoró su paso para perderlo cuando me vio salir del despacho, y así poder tenerme a su merced en el siguiente), tienen un eco silencioso nuestras conversaciones de sala de espera que me deja sorda la conciencia.
Es una promesa realmente hermosa de mujer. Menos mal que mi editor es homosexual y heterodoxo, porque con ella no podría concentrarse en su trabajo, y más le vale, que la versión que le llevé hoy de mi novela es la última, palabra de sagitario (sagrada más que por la descarnada sinceridad de los centauros, por mi aversión a hacer demasiadas veces un mismo camino, por eso siempre planeo viajes circulares o rutas que me devuelvan a casa desde el sur cuando las inicié septentrionales).
La secretaria es más atractiva que cualquiera de esas muñecas virtuales que ahora están de moda en los telediarios, sobre todo porque huele. A lolita y a secreto, peligrosamente. El día que yo sea indiferente a la belleza dejaré de escribir, palabra de tonto escribidor (esta no hay quien se la tome en serio). Pero su belleza me sirve para contarla, y ahí se queda. Tiene lados más fértiles esto de publicar libros que un simple revolcón con una jovencita a la que no le seducen los jovencitos: más libros.
No le soy infiel a mi mujer, y no tiene mérito. No soy fiel porque tema ser delatado por algún indicio, ni porque me aterroricen los cambios (¿a mí?) y anhele mantener la seguridad de la rutina diaria (no es nuestro caso, con un escritor la rutina es una quimera, para bien y para mal), ni porque la quiera más o menos, ni por virtudes que no tengo.
No le soy fiel a mi mujer porque huela algo sagrado en el cabello de mis hijos y rehuya los hedores de la culpa, ni siquiera porque sea un cobarde. Ni porque haya olvidado el goce de una piel tibia y una carne dura que sabe a mediodía cuando la muerdes.
No le soy fiel a mi mujer porque la ame, sencillamente, lo soy por poder seguir mirándole a la cara y a mí mismo en el espejo. Porque no me perdonaría jamás el borrarle la sonrisa, el apagarle la alegría con que me da el primer beso con el dormitorio aún a oscuras, antes de levantar a los enanos. No me perdonaría jamás serle infiel a mi mujer, aunque ella sí fuera capaz de absolverme, que la conozco, aunque ella me conozca mejor, pero sobre todo le soy fiel por no gripar el motor que me empuja, por no derribar el árbol que me sustenta: su ilusión.
Deja tu huella:
la verdad esque si.. da gusto leerte.. cosas asi no se oyen(leen) todos los dias...
ES estupenda la forma en la que hablas de la fidelidad camuflandola en un texto como este.. no se... porque desde el principio no parece ese el tema principal pero lo es, y con creces.. ya no se ni que t queria decir se m fue la olla, simplemente que es precioso como escribes, sigue asi...
ES estupenda la forma en la que hablas de la fidelidad camuflandola en un texto como este.. no se... porque desde el principio no parece ese el tema principal pero lo es, y con creces.. ya no se ni que t queria decir se m fue la olla, simplemente que es precioso como escribes, sigue asi...
Deja tu huella:
Leí tu comment, Bellver, y la segunda post data de tu post. Está ya todo en marcha??
Deja tu huella:
bueniiiiiiiissiiiimo, me encantó tu texto... me gustaría pensar eso sobre la fidelidad, bueno más bien sentirlo... ya que vivo aquí y ahora.
Deja tu huella:
"El día que yo sea indiferente a la belleza dejaré de escribir".
Esto es precisamente lo que creo que diferencia a las personas que escribimos, del resto. Y no porque seamos superiores o vivamos en otra dimensión (lo primero no lo creo, lo segundo, sí), sino porque somos capaces de mirar la Vida a través de un cristal diferente.
No es rosa, ni azul, ni verde... es, simplemente, diferente. Nos permite hacer de él la más potente lente de aumento cuando necesitamos percibir la grandeza de una nimiedad. Y nos proporciona el distanciamiento de un vuelo de altura si lo que precisamos es mirar el mundo desde otra perspectiva, como saliéndonos de él, como situándonos por encima, o por debajo, o en ocasiones a un lado...
Y sólo así percibimos toda esa belleza que está ahí, permanentemente, pero que tan poca gente ve.
Ayer vi cómo el Señor Ramón, antes de retirarse definitivamente del parque, se giraba, no sin dificultad, para echar un último vistazo a sus amigas las palomas y de este modo comprobar si todo estaba en orden, puesto que había unos jóvenes de tribu urbana indeterminada amenazando la calma de las aves.
Que levante la mano quien piense que esto no es Belleza. Que levante la mano quien sea capaz de verla.
Besos voladores, Albatros ;-)
pd: Veo que vas alzando el vuelo...
Esto es precisamente lo que creo que diferencia a las personas que escribimos, del resto. Y no porque seamos superiores o vivamos en otra dimensión (lo primero no lo creo, lo segundo, sí), sino porque somos capaces de mirar la Vida a través de un cristal diferente.
No es rosa, ni azul, ni verde... es, simplemente, diferente. Nos permite hacer de él la más potente lente de aumento cuando necesitamos percibir la grandeza de una nimiedad. Y nos proporciona el distanciamiento de un vuelo de altura si lo que precisamos es mirar el mundo desde otra perspectiva, como saliéndonos de él, como situándonos por encima, o por debajo, o en ocasiones a un lado...
Y sólo así percibimos toda esa belleza que está ahí, permanentemente, pero que tan poca gente ve.
Ayer vi cómo el Señor Ramón, antes de retirarse definitivamente del parque, se giraba, no sin dificultad, para echar un último vistazo a sus amigas las palomas y de este modo comprobar si todo estaba en orden, puesto que había unos jóvenes de tribu urbana indeterminada amenazando la calma de las aves.
Que levante la mano quien piense que esto no es Belleza. Que levante la mano quien sea capaz de verla.
Besos voladores, Albatros ;-)
pd: Veo que vas alzando el vuelo...
Deja tu huella:
¿Qué es ser infiel Sergi?
Deja tu huella:
LO UNICO QUE PUEDO DECIR ES ... HERMOSO
LA FORMA EN QUE HABLAS DE FIDELIDAD A TU MUJER Y A TI MISMO A TUS IDEALES A TUS COSTUMBRES A TUS SENTIMIENTOS ES HERMOSO PODER LEER ALGO ASI DE UN HOMBRE ...SOBRE TODO POR EL ECHO MISMO DE SER HONBRE Y AQUELLO DE LA DIFERENCIA DE GENEROS QUE NO ES MAS QUE UNA TONTERIA GRACIAS UN BESO DESDE EL OTRO LADO DEL MAR
LA FORMA EN QUE HABLAS DE FIDELIDAD A TU MUJER Y A TI MISMO A TUS IDEALES A TUS COSTUMBRES A TUS SENTIMIENTOS ES HERMOSO PODER LEER ALGO ASI DE UN HOMBRE ...SOBRE TODO POR EL ECHO MISMO DE SER HONBRE Y AQUELLO DE LA DIFERENCIA DE GENEROS QUE NO ES MAS QUE UNA TONTERIA GRACIAS UN BESO DESDE EL OTRO LADO DEL MAR
Deja tu huella:
Buena razón para ser fiel a una pareja, la misma por la que no se traiciona a un amigo. Aunque sobre la fidelidad... ufff, hay tanto que hablar, porque hay de muchos tipos. Tantos como parejas.
Espero que se cumpla tu proyección. Sobre todo lo de ir a ver a tu editor para publicar un nuevo libro.
Espero que se cumpla tu proyección. Sobre todo lo de ir a ver a tu editor para publicar un nuevo libro.














