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Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Sindicación
 
Cartografía erótica VI.
Quien aún recuerde esta serie, lo que tendría mérito, pues la abandoné en el desván un once de Noviembre, me estará regañando, porque me he saltado un episodio, "Cartografía erótica V. Las columnas del templo. Parte 2ª (tus brazos).", y es que, lo creáis o no, por el efecto que produce en mí, por lo inasible de la sensación, lo dejo para otro día. Sucederá lo mismo con los ojos, aunque estos vendrán mucho más tarde, allá por el XIV o XV. Sus brazos en mi retina... demasiado etéreo para guardarlo en un frasco de palabras si uno no tiene el día inspirado (o la semana, o el mes, o... que ya dije que tengo la líbido lesionada). Otro propósito que espero cumplir a partir de ahora, es la brevedad, sin dejar de ser fiel a la intensidad. Conociéndome, será difícil no girar y girar como peonza, una vez voy lanzado. Veremos qué sale (disculpad, es que me he releído y me ha entrado la risa).

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Cartografía erótica VI.


Las dulces puertas del infierno. Parte 1ª (tu sexo).



Prólogo rescatado (y re-comentado) de un comentario antiguo en Astrópolis:

"La diferencia entre rehusar la invitación que dos muslos en V hacen a mi traviesa boca o devorar cual león tras Ramadán felino el sexo de una mujer la marca, entre otras cosas (y siempre bajo el mandato del deseo) el vello púbico.

Las selvas en ese caso me provocan rechazo frontal (y paradójicamente lo púbico entonces se hace público, lo furtivo fútil, y lo mágico banal).

Totalmente rasurado me dan un punto infantil que no me acaba de gustar, aunque entre un extremo y otro, elijo el segundo (siempre es mejor la piel que los espinos, que no cercan más que un beso a medias).

Lo crean algunos o no, no todos los genitales femeninos, como los masculinos, son iguales. Hay orquídeas (cuando los labios ensayan trabalenguas y las lenguas se traban dichosas en los labios), repollos (de capas circulares como en un extraño acertijo circense), trincheras (cuando, sobre todo visto desde atrás, una sombra se hiende entre suaves y prolongadas colinas, pidiendo con astucia que uno se haga noche y caiga sobre ese valle para cubrirlo de estrellas en cada gota de saliva), párpados (algunos otros toman esta forma en el sueño, especialmente de costado, cuando levantas con cuidado la sábana y un gemido ahogado se queja sin protestar, allá arriba, mientras siembras caricias matutinas), melocotones partidos por la mitad (los que atrapan al lingam de Shiva y se lo tragan con voracidad), etc... y en cuanto al vello, lo mejor es un jardín francés, césped cuidado sobre el monte de Venus, ligeramente geométrico y labios lisos y suaves (y ahí sí que se nota la diferencia, en los cinco sentidos, pero ante todo, olfato, gusto y... tacto -sublime-)..."


El sabor de tu sexo varía como la luz de un mar interior. Agitado tras las tormentas, revuelto, o sereno en invierno, o con fumarolas de sal en el verano. No puedo explicarte por qué disfruto tanto al hacerte vibrar, o por qué tu néctar me engancha como marino bebedor de taberna remota.

El aroma de tu sexo silba como el viento entre los árboles, llamándome, no como en las junglas donde la madera se pudre de humedad y maleza, sino como en los jardines y hayedos donde los gnomos juegan y se oyen sus risas, o el otoño vuelca su tarro de galletas de ámbar.

Tu sexo, con el que hablo a veces y al que bautizo con apodos bromistas que te hacen reir y llamarme amorosamente loco, es mariposa de alas livianas y cuerpo desvanecido, dejando una tímida cabeza que sólo asoma si la llamas. El único destino de un viaje al que se llega mucho antes si das un rodeo. Lo sabes mejor que nadie. Y yo también, y eso te enciende. Como al corazón de una mujer, así es el juego. Un rodeo húmedo y paciente, hasta que la cabeza asiente y te pide una desaforada pulsión del picaporte. ¡Ah del castillo! Y la guarnición se apresura a bajar el puente.

Herida de miel salada y abejas zumbonas encerradas, buscando la salida en un vibrar de caderas, mientras el curandero sorbe el veneno con succión ralentizada, no para curar, sino para envenenarse complacido. Aquí no hay más que mareas que fluyen y afloran, y la razón que naufraga y se hunde, por fin.

Aliento africano de mi vena árabe, la de jaima hospitalaria y música de laúd, la de raptor insolente y constructor de Taj Mahales, aliento candente sobre la orquídea espesa, labios abiertos que pronuncian mi nombre en grados, labios abiertos que pronuncian el tuyo en suspiros que resbalan por tus ingles. Huesos de cuna que suben impacientes y mano firme que suavemente los empuja contra el lecho. Sssshh...

Un “vaaa” susurrado y largo de tus párpados fundidos, suplicando, una sonrisa de medio lado en mi boca de fauno, y abres los ojos, y maldices y ríes a la vez, más calor, más temporal, más aliento que aviva los rescoldos de tu hoguera, de nuestro fuego robado, Prometeos insolentes.

De repente, sin previo aviso, un lametón, decidido, de abajo a arriba, tu valle entero, la viajera parlante ensanchada como una bajamar en la playa y tu sexo tirita… y no es de frío. El terremoto sale disparado como una onda expansiva, hasta tus rodillas, hasta tu barbilla, hasta tus entrañas, hasta tus recuerdos, hasta que se tambalea tu presente, el nuestro. Y cae, y se desordena, para reinventarse otra vez, diez mil veces.

Una pausa. Quietud. No te toco, contemplo los efectos colaterales de mi argucia. Unos segundos. Una eternidad de miradas pegadas.

Otro lametón, un poco más despacio, un poco más de presión, más lento también al separarse y, mientras sube de nuevo, tu espalda dibuja un arco, que guarda una flecha para ensartarnos, de pecho a pecho. Tu espalda se arquea como el tallo de una rosa arrojada al fuego. Y yo busco las espinas para amarlas también. A los pétalos es sencillo, a ellas es preciso.

Otra pausa, atrapas mis muñecas, levantas tu rostro hasta que la nuca es alfiler que punza tu voz y tu mentón roza la parte dura de tu pecho, y entonces, me socavas con la mirada, algo desencajada, sin sonreír un milímetro, y me arrojas un “cabrón...” que me regala el alma de vida.

Estás perdida.

Retiro tus manos, que se van a mi pelo y a tus dientes, y me lanzo a devorar mi botín de guerra. Sin prisioneros. Mi lengua te empuja, te hace girar, se hunde, te abarca, te descoloca, me disloca, y nos devuelve a las cavernas. Gimes como felina cazadora y tiemblan las bestias bajo la luna llena de la sabana. Y en las sábanas hacemos remolinos de seda al retorcernos, y tiran de nosotros mar al fondo, y me quiero ahogar contigo, y se desahogan los corazones, liberados.

Mientras, respiro acelerado con mi nariz aplastada contra tu monte de Venus, que ya no es de la diosa, no, es todo mío, soy el rey de la colina, el dueño de tus latidos. Río desquiciado como emperador victorioso, ya es mi cabeza la que mueve mi lengua, y mi columna mi cabeza, y mi alma mi columna. Rápido, que no deprisa.

Y entonces te como entera, hasta tenerte dentro, hasta que la orquídea al rojo vivo me pide ser allanada con ese ariete que grita desde hace rato entre mis caderas.

Y entonces entro despacio, hasta que me tengas dentro del todo, todo yo, todo tuyo... para quedarme a vivir más allá de las dulces puertas del infierno.
 
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Acabo de darme cuenta de que cada vez me gusta más navegar sin rumbo por la red... Como dice el anuncio... "la aventura es la aventura"...

Un saludo.
 
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Preciosa descripción, ahora q todo es sexo. Romántica, detallista, ilusionante, una idea preciosa del amor!
 
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Una preciosidad: lo he visto, lo he sentido, ¡qué maravillosa descripción!
 
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pues bien tu carta de reyes esta en trámite, pero algo seguro: novia de metro sesenta y ocho más o menos, ventimuchos años, morenaza, inteligente, sensible, sensual, sexual, culta, sincera y alegre. Estoy enterada y ahora preparo la partida, talvez tarde unos meses, pero estaré ahi... muchas veces pense que tendria que esperar mas, pero ahora se que mi regalo de reyes, en el otro lado del mundo, me espera...
 
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Impresionante...
Impresionante...

Y también me quedo con la segunda parte... ¡qué orgasmo! Ufff...
 
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Coñoooo... y yo que buscaba un plano de Lyon y lo que me encuentro.. dios que calóooo
 
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me voy de aquí con la temperatura más elevada de lo que vine...
 
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Ufffffffffffffff!!!! Cuanto calor bajo mi falda...
 
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¡Esto no se hace!
¡A estas horas de la mañana ...!
¡Qué calor!
Voy a abrir la ventana.
Besos
 
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...mnnn precioso pasaje del recorrido por ese viaje...

Sin palabras para transcribir las sensaciones que me evocas... me quedo con todo el texto, es dificil seleccionar una sola frase porque todas tienen duende, pero esa sutil diferencia entre rápido pero no con deprisa, es el culmen de tu obra.

"Río desquiciado como emperador victorioso, ya es mi cabeza la que mueve mi lengua, y mi columna mi cabeza, y mi alma mi columna. Rápido, que no deprisa".
 
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Muy, muy bien escrito. Aunque prefiero la segunda parte, a pesar de haberme reído mucho con la descripción de los sexos, ha sido muy gráfica. Del tema, ya sabes, no puedo opinar demasiado.
 
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Carai...
 
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“El único destino de un viaje al que se llega mucho antes si das un rodeo”. ¿Puedo darle un premio a esta frase?

Albatros, lo tuyo es la botánica. Con lo apasionado que te imagino no entiendo cómo consigues concentrarte lo suficiente para observar con semejante grado de exactitud y rigor. Por cierto, ni yo misma habría sabido definir mejor cómo debe ser un perfecto monte floral. Lo de “cabrón” te lo merecías. Debió ser un “cabrón” de esos que en realidad significa “cabrón, esto no se hace, o mejor, se repite, en cualquier caso, en cuanto termines con el polen y sus cosas, llegará mi justa venganza, que no se servirá fría, sino el doble de caliente”. Ya me perdonarás: quería dejarte un comentario como Dios manda, serio, bien estructurado y con contenido, pero me has desconcentrado. Para tu próxima entrega de cartografía erótica haz el favor de incluir 3 ó 4 rombos al principio, así no nos pillas desprevenidos.

En fin.

Besos voladores ;-)
 
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Cuando me calme un poco, te comento.
 
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Tumbada en mi fría cama dibujo tu silueta a mi lado. Veo como tomas forma. Delineo primero tu cara: trazo tu boca y la beso, después tus ojos y cejas, para mirarte fijamente mientras sigo besándote. Cuando acabo de llenar tu rostro bajo por tu cuello y me recreo en tus hombros. Los dibujo con cuidado, intuyendo que nunca llegarán a alcanzar la belleza de los reales. Tu torso, la espalda, tus brazos... Voy recordando perfiles y los plasmo con mi dedo en el hueco que dejas en mi cama. Ya tengo la mitad. Te beso, acaricio tu sien, te susurro que te quiero y me dispongo a dar forma a tu cintura, dibujo tus caderas y las muerdo, bordeo tu pene y tus testículos. Los lamo. Termino, dominando mi impaciencia, tus piernas y tus pies. Observo mi obra. Te doy la vuelta y me aferro a tu espalda. Es la única forma en la que puedo dormirme

yo escribí mi breve e imperfecta cartografía erótica un día de lluvia y hojas tintadas de ocre. y es que sin ser iguales, lo somos...

Besos de hoy...
No