Vida y olvido.
Tenía pensado un texto sobre mi infancia, el colegio, y de cómo en mi caso cualquier tiempo pasado no fue mejor. Nada que ver, me siento más pleno cuanto más avanzo y no añoro la ignorancia cándida de antaño. La inocencia no es pasión ni vida, sólo un bonito regalo de hoja caduca. La alegría de vivir es otra cosa, y ha de ser perenne, a pesar de las tormentas.
En fin, pero he leído al guerrero Yarince (al que la mayoría de los que seguís mi vuelo conocéis, pero a quien por si acaso y para los rezagados, recomiendo visitar), caballero guanche con armadura de caracolas y espada de tinta, y lo que iba a ser un comentario en su "blog" ha acabado siendo un "post" en el mío.
Dejemos el colegio para otro dia...
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Vida y olvido.
Emprender el viaje, acabar el último vino con los amigos, apagarse con el último beso de la persona amada, cerrarle los párpados al recuerdo con una sonrisa... recibir la brisa nueva con la lección aprendida, y partir... así deberían ser todas las muertes. Así espero la mía.
Y esas no son tan dolorosas.
Ni te duelen las ajenas como las de la sangre hermana, ni las de los indeseables como las de los amados, ni la de los anónimos como la del nombre de tu vida. No son todas las muertes iguales para el corazón.
Pero las muertes de guadaña injusta, las muertes de daga traicionera, las muertes de tirano entronado sobre pilares de calaveras, lo haga con descaro o disfrazado de demócrata, la muerte con saña por el dolor de otra anterior, la muerte de un niño por haberte quedado tú huérfano de otro abrazo, la muerte absurda, a deshoras, insolente, sabedora de lo que quita aunque use una hoz mellada que no distingue a los justos... esa muerte me duele, amarga y subleva exactamente igual si ocurre entre acero y cristal en atalayas de la metrópolis, en un colegio perdido entre estepas y hormigón, sumando tullidos en un arrozal jemer sembrado de minas olvidadas, en los arrabales de adobe de la ciudad de las mil y una noches, en la sabana y los deltas interiores del país de los nubios, o dejando un eco solitario de casquillos en las aceras llovidas de una ciudad con bahía de peregrino.
Las muertes por una ola gigante no son iguales que estas. No nacen de la maldad humana, de su ignorancia o sus muletas de odio. Aunque duelan. Pero no son iguales.
Aún así, casi duele más que esas, las otras, y que todas juntas, el olvido y la desfachatez, los "barcos volantes" de tres pisos y las fichas galácticas para bípedos con uniforme. Eso sí que duele. Porque hay estómagos diminutos y párvulos rostros que seguirán muriendo en Asia, tras la resaca de la gran ola. Y porque los hay también en mil lugares, y seguirán muriendo, porque ahora mismo están muriendo, a un tiro de piedra de algunos mega hoteles repletos de gambones con playeras y gafas de marca. Ahumadas, bien negras, de las que no se quitan nunca, para no ver lo que no quieres ver.
Y le hacen a uno abominar del género humano otros vivos, los carroñeros de vuelo bajo que buscan entre los escombros para llenarse los bolsillos mientras rebosan los féretros de carne tierna. Ese abismo sí que duele...
La muerte es inevitable, es el último viaje. Lo que duele de veras es el desprecio por la vida del prójimo.
Decía un proverbio oriental:
"Nacer es llegar, morir es volver".
Que el tránsito sea amable y útil, depende de nosotros.
En fin, pero he leído al guerrero Yarince (al que la mayoría de los que seguís mi vuelo conocéis, pero a quien por si acaso y para los rezagados, recomiendo visitar), caballero guanche con armadura de caracolas y espada de tinta, y lo que iba a ser un comentario en su "blog" ha acabado siendo un "post" en el mío.
Dejemos el colegio para otro dia...
Emprender el viaje, acabar el último vino con los amigos, apagarse con el último beso de la persona amada, cerrarle los párpados al recuerdo con una sonrisa... recibir la brisa nueva con la lección aprendida, y partir... así deberían ser todas las muertes. Así espero la mía.
Y esas no son tan dolorosas.
Ni te duelen las ajenas como las de la sangre hermana, ni las de los indeseables como las de los amados, ni la de los anónimos como la del nombre de tu vida. No son todas las muertes iguales para el corazón.
Pero las muertes de guadaña injusta, las muertes de daga traicionera, las muertes de tirano entronado sobre pilares de calaveras, lo haga con descaro o disfrazado de demócrata, la muerte con saña por el dolor de otra anterior, la muerte de un niño por haberte quedado tú huérfano de otro abrazo, la muerte absurda, a deshoras, insolente, sabedora de lo que quita aunque use una hoz mellada que no distingue a los justos... esa muerte me duele, amarga y subleva exactamente igual si ocurre entre acero y cristal en atalayas de la metrópolis, en un colegio perdido entre estepas y hormigón, sumando tullidos en un arrozal jemer sembrado de minas olvidadas, en los arrabales de adobe de la ciudad de las mil y una noches, en la sabana y los deltas interiores del país de los nubios, o dejando un eco solitario de casquillos en las aceras llovidas de una ciudad con bahía de peregrino.
Las muertes por una ola gigante no son iguales que estas. No nacen de la maldad humana, de su ignorancia o sus muletas de odio. Aunque duelan. Pero no son iguales.
Aún así, casi duele más que esas, las otras, y que todas juntas, el olvido y la desfachatez, los "barcos volantes" de tres pisos y las fichas galácticas para bípedos con uniforme. Eso sí que duele. Porque hay estómagos diminutos y párvulos rostros que seguirán muriendo en Asia, tras la resaca de la gran ola. Y porque los hay también en mil lugares, y seguirán muriendo, porque ahora mismo están muriendo, a un tiro de piedra de algunos mega hoteles repletos de gambones con playeras y gafas de marca. Ahumadas, bien negras, de las que no se quitan nunca, para no ver lo que no quieres ver.
Y le hacen a uno abominar del género humano otros vivos, los carroñeros de vuelo bajo que buscan entre los escombros para llenarse los bolsillos mientras rebosan los féretros de carne tierna. Ese abismo sí que duele...
La muerte es inevitable, es el último viaje. Lo que duele de veras es el desprecio por la vida del prójimo.
Decía un proverbio oriental:
"Nacer es llegar, morir es volver".
Que el tránsito sea amable y útil, depende de nosotros.
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Mi querido Sergi, también he expresado mi dolor e indignación en un post (que si mal no recuerdo fue el 1o. que escribí este año). Desgraciadamente los que se levantan el cuello, o carroñeros, como le llamas, con su ambición disfrazada de "Buena voluntad", no comprenden que con la muerte de una persona por obra u omisión, al igual que el de un pedazo de selva, o de bosque, o de un río, se muere una parte de nosotros, de nuestro derecho a pertenecer a este mundo y también muere parte de nuestro futuro.
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Nacemos con la muerte puesta, intentamos sacudirla de encima nuestro, como nos sacudimos una mosca incómoda en verano, pero ahí esta sin poder eludirla, nuestra cita más fiel porque jamás nos dará plantón, eso es seguro.
¿Una puerta que se abre a un nuevo misterio? ¿El punto final de todo? Para qué preocuparme, en principio lo único que tengo cierto por delante, además de ella, es seguir peleándome con la parte absurda que lleva implícita la vida.
Un beso, Sergi.
¿Una puerta que se abre a un nuevo misterio? ¿El punto final de todo? Para qué preocuparme, en principio lo único que tengo cierto por delante, además de ella, es seguir peleándome con la parte absurda que lleva implícita la vida.
Un beso, Sergi.
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Creo que está claro que SOMOS LO PEOR para nosotros mismos.
Morir en paz es muy importante para mi, cada dia que vivo intento hacerlo bien para que así sea.
Morir en paz es muy importante para mi, cada dia que vivo intento hacerlo bien para que así sea.
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A mi me duele todo pero es más horripilante el desprecio porla vida del prójimo.
Gracias por comentar en mi blog , así he podido descubrir el tuyo. Saludos!!
Gracias por comentar en mi blog , así he podido descubrir el tuyo. Saludos!!
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Pues si, lo que duele es el desprecio, la maldad, la injusticia. El ver sufrir. El ser testigo que no, no avanzamos. Cinismo y glutoneria. Vanidad. Egoismo. Humiliación. Esto sí que duele. La impontencia duele. Lo que se podría hacer y no se hace, como cuando el Rwanda. Y para qué continuar, si es lo mismo, día tras día.
Y siglo tras siglo.
La basura humana duele. Es la cosa más terrible que hay sobre la tierra. Que jamas existirá sobre la tierra. Mi visión del paraiso es un espacio sin ser humano. O con humanos del tiempo de las cavernas. Considero que los Homo sapiens eran más humanos que nosotros.
Somos hormigas y cuando mueren las hormigas no pasa nada...
Un beso,
Y siglo tras siglo.
La basura humana duele. Es la cosa más terrible que hay sobre la tierra. Que jamas existirá sobre la tierra. Mi visión del paraiso es un espacio sin ser humano. O con humanos del tiempo de las cavernas. Considero que los Homo sapiens eran más humanos que nosotros.
Somos hormigas y cuando mueren las hormigas no pasa nada...
Un beso,
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Si mi post provocó que escribieras un razonamiento tan inteligente, ya tiene más valor del que esperaba.
Yo sigo en esa pelea dialéctica, porque creo que hay que abrir los ojos. La muerte es fea y misteriosa, pero la muerte injusta nos descoloca, hace que nuestro mundo completo se tambalee. No todas las muertes son inevitables. Hay algunas que sí lo son. Y cuando ocurren, no podemos ponernos las manos a la espalda y decir "yo no fui".
Me encanta haberte descubierto en este mundo de blogs, Sergi. Y poder dialogar de amor, de muerte, de bosques.
Yo sigo en esa pelea dialéctica, porque creo que hay que abrir los ojos. La muerte es fea y misteriosa, pero la muerte injusta nos descoloca, hace que nuestro mundo completo se tambalee. No todas las muertes son inevitables. Hay algunas que sí lo son. Y cuando ocurren, no podemos ponernos las manos a la espalda y decir "yo no fui".
Me encanta haberte descubierto en este mundo de blogs, Sergi. Y poder dialogar de amor, de muerte, de bosques.
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Pues a mi me duele una barbaridad ambas cosas: la muerte y el desprecio, seré una blanda. (lo soy, leñes, si lloro con Casper el fantasmita)
Por cierto, entre otros, en ese post, Sergi, me refería a ti.Ya los he encontrado...
Por cierto, entre otros, en ese post, Sergi, me refería a ti.Ya los he encontrado...
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Esta mañana leía a Yarince y quería decir tantas cosas y tenía tan poco tiempo que... ahora iba a hacerlo y he pasado para leerte y... estamos de acuerdo: Lo que duele de veras es el desprecio por la vida del prójimo.
Millones de besos con sal
Millones de besos con sal
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Hay muchas formas de ver y sentir una muerte y es verdad que ninguna nos duele igual que otra... son todas distintas... y cada una nos afecta de un modo...
yo personalmente, prefiero mi propia muerte antes de la del ser amado... para no tener que sufrir la de el... aunk mirandolo del otro mmodo, si muere el no tendra k sufrir por la mia...
asik.. moriremos juntos, sera lo mejro ajaja :P
yo personalmente, prefiero mi propia muerte antes de la del ser amado... para no tener que sufrir la de el... aunk mirandolo del otro mmodo, si muere el no tendra k sufrir por la mia...
asik.. moriremos juntos, sera lo mejro ajaja :P
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"Morir no es más que estar un tiempo fuera" dice la canaria Rosana en un de sus canciones.
Es bonito verlo de ese modo, pero difícil den sentirlo así cuando te toca de cerca.
Un abrazo.
Es bonito verlo de ese modo, pero difícil den sentirlo así cuando te toca de cerca.
Un abrazo.








