La senda propia (II de III).
(...) Así que para contar el anhelo de Vivir, deberé apostar; para contar el vértigo y el triunfo, deberé lanzarme al vacío, y aprender a planear antes de llegar al fondo del cañón; para contar la lujuria, deberé deshacerme en sudor a dos bandas, y para narrar el silencio tendré que aislarme, asilarme, alisarme, trabando mi lengua hasta enmudecer… aislarme, asilarme, alisarme… buscar una isla en la que naufragar sin medias tintas, lejos de las rutas comerciales, buscar un país sin bandera ni parlamento y pedir refugio a los árboles y al viento, pulir todos los vértices de mi ego hasta desenterrar el espejo. Aislarme del tedio y las tretas, asilarme en lo cierto y sencillo, alisarme hasta reflejar las almas de quienes tropiecen con mis botellas de náufrago.
Esta serpiente me puede, se adueña de mis venas, se abre paso en mi boca y silba, y zumban los cascabeles de su cola en mis dedos. Lo sé, porque vine con otra idea y las letras se van clavando solas en la carne. De confundirme y haber cambiado de sitio mi dislexia digital una ele y una ese, salió la mitad del párrafo anterior.
En la primera parte de este arranque por sendas intransferibles, pude nombrar a los escritores que criticaba. Y no callé los nombres sólo por saberme peor que ellos, ni por esa absurda corriente de la corrección política. Tan sólo fue por no detenerme ni atrapar a nadie con cepos desperdigados. Porque si un tipo que sólo vomita sus desvaríos en un cuaderno de bitácora (cuando sepa programar o diseñar una página web, y cuando tenga ordenador, me haré unas alas nuevas, y de fondo habrá un mar en sutil movimiento, ¿habéis visto el fondo del final de “La 2 Noticias”? pues algo así), que apenas muestra lo que de veras escribe “literariamente”, se atreve a opinar así sobre algunas vacas sagradas de las letras, lo lógico sería que el lector mandara a la hoguera al hereje.
Pero ayer no quise decir que no fueran grandes Pessoa, Rimbaud, Borges, Kafka... unos cuantos norteamericanos ¡y hasta Séneca! (sí quise decir de alguien en concreto que era mediocre, al final, sobre todo, un Premio Nacional…). Podría conformarme si en los estertores del mundo aún una sola persona recuerda mi nombre, como un débil eco de algo ininteligible. Y sin embargo ellos ya son pilares, sinfonías e himnos adoptados por millones. Sólo quise decir que no es mi senda. Que aún exiliado en esta meseta, confinado en este tedio y condenado a esta travesía circular, puedo escribir, sí, y lo hago, como pájaro que ensaya el vuelo en una jaula, con marca de lacre en sus patas. Pero no es mi camino. Ni aunque fuese el mejor pájaro cantor del mundo. Cantar es cualidad del ave, pero lo es sólo de veras si vuela…
Sin Vida no entiendo las letras, o lo que es peor, soy consciente de que llueven a medias, como un estúpido calabobos castellano o un pusilánime txirimiri vasco. Tormentas, joder, vendavales, oler como humo de opio la bruma en acantilados derruidos por lametones furiosos de océano, que nevadas siberianas borren los páramos hasta el hartazgo cantados por generaciones de poetas nucleares, genioactivos, contaminantes por siglos, porque aún marca el contador niveles altísimos de polución poética… aún nos escondemos en refugios subterráneos por este invierno nuclear permanente. A mí no me duele España, ni me solivianta que los tertulianos del Gijón se abrumaran si levantaran la cabeza. Somos algo más, y muchas cosas menos. Somos mucho más, y para nada números, banderitas y posturas heredadas. Algo más que patriotas (ojalá), mucho más que “hombres de bien”, muchísimo más que nietos de Cervantes, por suerte huérfanos también de hoces y martillos inhumanos… somos algo más que el rebaño de políticos con careta recién estrenada y discurso de guacamayo (por repetido y bananero), algo más que la plebe temerosa de Dios que baja la cabeza y se santigua ante los sermones a divinis de quienes antes escribieron, pintaron o pensaron. Qué más da una cruz, que una luna, que una estrella, que una virgen negra, que un toro, que una diosa de ocho brazos… si los humanos buscarán el símbolo hasta bajo las piedras y en la arena, con tal de que alguien le asegure una parcela más allá de la muerte. Y de paso, un toro, negro, bajo la luna y las estrellas, en dehesas vírgenes, me parece más bello que ocho brazos dándole muerte en la arena rodeada de piedra.
Qué pequeños nos vamos haciendo cuanto más creemos que pertenecemos a algo grande, si ese algo tiene tantos límites, si es tan absurdo.
Y yo que venía aquí a hablar de letras…(...)
Esta serpiente me puede, se adueña de mis venas, se abre paso en mi boca y silba, y zumban los cascabeles de su cola en mis dedos. Lo sé, porque vine con otra idea y las letras se van clavando solas en la carne. De confundirme y haber cambiado de sitio mi dislexia digital una ele y una ese, salió la mitad del párrafo anterior.
En la primera parte de este arranque por sendas intransferibles, pude nombrar a los escritores que criticaba. Y no callé los nombres sólo por saberme peor que ellos, ni por esa absurda corriente de la corrección política. Tan sólo fue por no detenerme ni atrapar a nadie con cepos desperdigados. Porque si un tipo que sólo vomita sus desvaríos en un cuaderno de bitácora (cuando sepa programar o diseñar una página web, y cuando tenga ordenador, me haré unas alas nuevas, y de fondo habrá un mar en sutil movimiento, ¿habéis visto el fondo del final de “La 2 Noticias”? pues algo así), que apenas muestra lo que de veras escribe “literariamente”, se atreve a opinar así sobre algunas vacas sagradas de las letras, lo lógico sería que el lector mandara a la hoguera al hereje.
Pero ayer no quise decir que no fueran grandes Pessoa, Rimbaud, Borges, Kafka... unos cuantos norteamericanos ¡y hasta Séneca! (sí quise decir de alguien en concreto que era mediocre, al final, sobre todo, un Premio Nacional…). Podría conformarme si en los estertores del mundo aún una sola persona recuerda mi nombre, como un débil eco de algo ininteligible. Y sin embargo ellos ya son pilares, sinfonías e himnos adoptados por millones. Sólo quise decir que no es mi senda. Que aún exiliado en esta meseta, confinado en este tedio y condenado a esta travesía circular, puedo escribir, sí, y lo hago, como pájaro que ensaya el vuelo en una jaula, con marca de lacre en sus patas. Pero no es mi camino. Ni aunque fuese el mejor pájaro cantor del mundo. Cantar es cualidad del ave, pero lo es sólo de veras si vuela…
Sin Vida no entiendo las letras, o lo que es peor, soy consciente de que llueven a medias, como un estúpido calabobos castellano o un pusilánime txirimiri vasco. Tormentas, joder, vendavales, oler como humo de opio la bruma en acantilados derruidos por lametones furiosos de océano, que nevadas siberianas borren los páramos hasta el hartazgo cantados por generaciones de poetas nucleares, genioactivos, contaminantes por siglos, porque aún marca el contador niveles altísimos de polución poética… aún nos escondemos en refugios subterráneos por este invierno nuclear permanente. A mí no me duele España, ni me solivianta que los tertulianos del Gijón se abrumaran si levantaran la cabeza. Somos algo más, y muchas cosas menos. Somos mucho más, y para nada números, banderitas y posturas heredadas. Algo más que patriotas (ojalá), mucho más que “hombres de bien”, muchísimo más que nietos de Cervantes, por suerte huérfanos también de hoces y martillos inhumanos… somos algo más que el rebaño de políticos con careta recién estrenada y discurso de guacamayo (por repetido y bananero), algo más que la plebe temerosa de Dios que baja la cabeza y se santigua ante los sermones a divinis de quienes antes escribieron, pintaron o pensaron. Qué más da una cruz, que una luna, que una estrella, que una virgen negra, que un toro, que una diosa de ocho brazos… si los humanos buscarán el símbolo hasta bajo las piedras y en la arena, con tal de que alguien le asegure una parcela más allá de la muerte. Y de paso, un toro, negro, bajo la luna y las estrellas, en dehesas vírgenes, me parece más bello que ocho brazos dándole muerte en la arena rodeada de piedra.
Qué pequeños nos vamos haciendo cuanto más creemos que pertenecemos a algo grande, si ese algo tiene tantos límites, si es tan absurdo.
Y yo que venía aquí a hablar de letras…(...)
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¡Eso! "Sin vida no entiendo las letras". Hay que transitar los senderos de la vida para luego plasmarlos en las letras y tú sabes hacerlo muy bien. Estoy segura de que tu nombre está ya grabado en la mente de muchísimos que te leemos cada día.
Lo importante es que no dejes de escribir y para poder hacerlo tan bien como lo haces debes transitar y palpar la vida.
Un abrazo.
Lo importante es que no dejes de escribir y para poder hacerlo tan bien como lo haces debes transitar y palpar la vida.
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Hola Sergi.
Tu poema no ha llegado a mis playas abandonadas. La orilla te espera.
Rafael
Tu poema no ha llegado a mis playas abandonadas. La orilla te espera.
Rafael
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Nosotros mismos nos ponemos fronteras, cuando de todos es sabido - o asi debería ser- que no las hay, nosotros las inventamos, mejor dicho,las inventan ; las politicas (una raya en la mente), las geograficas (una raya en el suelo). Alguien las ha inventado para impedir que nos preocupemos por las otras, las horizontales, las que separan el que está arriba del que está abajo. Aunque puede que estas últimas tengan como conclusión final las anteriores.
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un besazo
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Me encanta todo lo que te leo...me quedo también con la imagen del toro bañado por las estrellas.Un beso
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Uno de los mejores instantes es cuando te leo. Miles de besos :-)
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Cuando andamos despojados de mascaras absurdas, de disfraces que no cubren el alma de un loco que vuela... cuando abrimos las propias alas y volamos a ras de suelo entonces al subir... al planear sobre el rebaño, al volar a contra corriente, entonces, solo entonces es cuando somos algo mas.... almas a flor de piel supongo.
Besos a montones de un sabado al borde del domingo con dos cervezas de mas.
Besos a montones de un sabado al borde del domingo con dos cervezas de mas.
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Me transmites alegría, porque al menos escribes y cuándo escribes...es buena señal...Un beso mi niño....cuídate mucho....
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Tu eres tu, Pessoa es Pessoa, Borges es Borges, y me gustáis los tres, te vale?
Y todos somos pequeños..y grandes, pero de pusilánime el sirimiri, nada!!
Un beso enorme
Y todos somos pequeños..y grandes, pero de pusilánime el sirimiri, nada!!
Un beso enorme
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Simplemente me gusta todo lo que escribes, gracias por ser como eres,
Un beso,
Un beso,








