Viajar
predata: el 20 de Mayo del año pasado escribí este post y casi un año después, justo hoy, aunque es agua de un río que lleva muchas cascadas atronando, me doy cuenta de lo que necesito, ahora mismo, con premura, sin más dilación, vamos, ¡ya! Algo que va con mi más pura esencia y que por desgracia tampoco puedo tener ni hacer, dada mi situación actual... ¡necesito un viaje para recargar las pilas del alma!
Mierda...
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Hace mucho tiempo, escribí en algún pedazo de papel que viajar era el superlativo de vivir. Las veinticuatro horas del día se exprimen, destilan su aroma, se graban en tu interior, de un modo que es difícil conseguir en la rutina diaria. Estamos hablando de viajar, y de viajeros. Coleccionar postales en la memoria, hacer acopio de anécdotas, como un cazador de mariposas que clava sus alfileres en sucedáneos de experiencias, para mostrarlas como trofeos, no es viajar. Son cadáveres que perdieron la capacidad de volar, y viajar es volar, antes, durante y después del viaje. Cambiar de escenario y regresar siendo la misma persona, no es viajar. Mirar por encima del hombro y hasta con cierto paternalismo a las gentes de otras latitudes, y volver a la seguridad ficticia de nuestro mundo, no es viajar. Buscar lo reconocible, lo que es igual en todas partes, para no correr el riesgo de mancharse los pantalones, no es viajar. Darse una vuelta por ahí, aún con la mejor intención, y dejar que los prejuicios de cada uno permanezcan sólidos, no es viajar. Todo eso es, simplemente, hacer turismo, lo cual, hecho con respeto, no es nada malo.
La curiosidad y las puertas abiertas, la humildad y la consciencia de que nada es eterno, el escuchar y el mirar más allá de la superficie, y la audacia de estar dispuesto a cambiar, a encontrar tu lugar en el mundo, incluso aunque ese lugar te espere al lado de tu casa, son el genuino equipaje en las alforjas de sueños del viajero.
John Steinbeck, el autor de “Las uvas de la ira” o “De ratones y hombres”, y Nobel de literatura en 1962, confesaba ese mismo año en las primeras líneas de su libro “Viajes con Charley” (Charley era su perro, compañero de una travesía en autocaravana a través de los Estados Unidos): “Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría ese prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz.”
Pienso en algo que ya salió de mis dedos cuando colgué en esta bitácora “Divagaciones literarias”, un buen trecho más abajo. Y es que hay ocasiones en que el creador bebe de la realidad, para embriagarse con la ficción. Y después de la resaca, regresa a la realidad, a las fuentes, del mismo modo que Steinbeck, cuando quiso palpar las carreteras y contradicciones de su país. Pienso también en el pálpito más poderoso que ha hecho vibrar mi corazón desde mi infancia, en ese que jamás me abandonará. El anhelo de viajar, de ser otros, de habitar esta enorme casa azul. Desde los trece años colgaba grandes mapas en la pared de mi habitación, trazaba rutas, calculaba jornadas de viaje, me convertía en aprendiz de mago con aquellas palabras que resonaban como sortilegios en mi mente, Tombuctú, Himalaya, Patagonia, Zanzíbar, Kamchatka, Alaska... Ahora tengo treinta y dos años, apenas he podido realizar un puñado de esos sueños, pero todos siguen aguardando para ver la luz, un día u otro. Y sé que a cada paso seguiré creciendo, cambiando, puliendo esta basta figura de barro, y también, por supuesto, atesorando las uvas (sin ira) para el mejor de los vinos, la literatura.

Mierda...
Hace mucho tiempo, escribí en algún pedazo de papel que viajar era el superlativo de vivir. Las veinticuatro horas del día se exprimen, destilan su aroma, se graban en tu interior, de un modo que es difícil conseguir en la rutina diaria. Estamos hablando de viajar, y de viajeros. Coleccionar postales en la memoria, hacer acopio de anécdotas, como un cazador de mariposas que clava sus alfileres en sucedáneos de experiencias, para mostrarlas como trofeos, no es viajar. Son cadáveres que perdieron la capacidad de volar, y viajar es volar, antes, durante y después del viaje. Cambiar de escenario y regresar siendo la misma persona, no es viajar. Mirar por encima del hombro y hasta con cierto paternalismo a las gentes de otras latitudes, y volver a la seguridad ficticia de nuestro mundo, no es viajar. Buscar lo reconocible, lo que es igual en todas partes, para no correr el riesgo de mancharse los pantalones, no es viajar. Darse una vuelta por ahí, aún con la mejor intención, y dejar que los prejuicios de cada uno permanezcan sólidos, no es viajar. Todo eso es, simplemente, hacer turismo, lo cual, hecho con respeto, no es nada malo.
La curiosidad y las puertas abiertas, la humildad y la consciencia de que nada es eterno, el escuchar y el mirar más allá de la superficie, y la audacia de estar dispuesto a cambiar, a encontrar tu lugar en el mundo, incluso aunque ese lugar te espere al lado de tu casa, son el genuino equipaje en las alforjas de sueños del viajero.
John Steinbeck, el autor de “Las uvas de la ira” o “De ratones y hombres”, y Nobel de literatura en 1962, confesaba ese mismo año en las primeras líneas de su libro “Viajes con Charley” (Charley era su perro, compañero de una travesía en autocaravana a través de los Estados Unidos): “Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría ese prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz.”
Pienso en algo que ya salió de mis dedos cuando colgué en esta bitácora “Divagaciones literarias”, un buen trecho más abajo. Y es que hay ocasiones en que el creador bebe de la realidad, para embriagarse con la ficción. Y después de la resaca, regresa a la realidad, a las fuentes, del mismo modo que Steinbeck, cuando quiso palpar las carreteras y contradicciones de su país. Pienso también en el pálpito más poderoso que ha hecho vibrar mi corazón desde mi infancia, en ese que jamás me abandonará. El anhelo de viajar, de ser otros, de habitar esta enorme casa azul. Desde los trece años colgaba grandes mapas en la pared de mi habitación, trazaba rutas, calculaba jornadas de viaje, me convertía en aprendiz de mago con aquellas palabras que resonaban como sortilegios en mi mente, Tombuctú, Himalaya, Patagonia, Zanzíbar, Kamchatka, Alaska... Ahora tengo treinta y dos años, apenas he podido realizar un puñado de esos sueños, pero todos siguen aguardando para ver la luz, un día u otro. Y sé que a cada paso seguiré creciendo, cambiando, puliendo esta basta figura de barro, y también, por supuesto, atesorando las uvas (sin ira) para el mejor de los vinos, la literatura.

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pues nada mas de hablar de viajes, ya me puse las pilas para ir en dos semanas a visitar a mi mejor amigo a San Francisco. y tu? me pregunto cual sera tu siguiente viaje? porque para estas alturas es como para que ya lo estes planeando, no?
besos viajeros
besos viajeros
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Nadie ha dicho nunca que los sueños sean fáciles de lograr. La frase de Steinbeck ya la había escuchado, y me había alarmado ya en su día. Quería eso decir que cuanto más mayor me hiciera, más complicados de lograr serían mis sueños? Que los sueños de infancia y de juventud no serían más que sueños e imaginaciones, sin mayor implicación en la vida real?
Sé que por aquel entonces, me negué a creer que a medida que me hiciera mayor (fijate, ya habló la viejita Galatea), mis sueños se quedarían atrapados en las canas que no tenía, y en las arrugas que saldrían por la vida ya vivida. Los sueños forman parte de la vida, y son los que nos impulsan a querer seguir cambiando el mundo, y nuestro propio mundo. Y nunca es tarde, si realmente lo deseas.
Besos Sergi.
Sé que por aquel entonces, me negué a creer que a medida que me hiciera mayor (fijate, ya habló la viejita Galatea), mis sueños se quedarían atrapados en las canas que no tenía, y en las arrugas que saldrían por la vida ya vivida. Los sueños forman parte de la vida, y son los que nos impulsan a querer seguir cambiando el mundo, y nuestro propio mundo. Y nunca es tarde, si realmente lo deseas.
Besos Sergi.
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Querido Sergi:
Aquí yo, La Maga. ¿ Sabes por qué me llaman Maga? Porque tengo el poder de hacerme desaparecer y aparecer cuando preciso. No he visitado tu página debido a mi ausencia, he estado en algún lugar. A veces sucede, necesito ausencia de mí, de el mundo que me rodea. Me asfixio, y , a veces, el aire que respiro me resulta contaminante. He leído tu reflexión sobre los viajes... Estoy de acuerdo contigo. A mi viajar me produce melancolía y hay veces que no regresaría. Porque solo en la distancia se encuentra la verdadera paz. ¿ Qué te parecieron mis textos?
besos
Aquí yo, La Maga. ¿ Sabes por qué me llaman Maga? Porque tengo el poder de hacerme desaparecer y aparecer cuando preciso. No he visitado tu página debido a mi ausencia, he estado en algún lugar. A veces sucede, necesito ausencia de mí, de el mundo que me rodea. Me asfixio, y , a veces, el aire que respiro me resulta contaminante. He leído tu reflexión sobre los viajes... Estoy de acuerdo contigo. A mi viajar me produce melancolía y hay veces que no regresaría. Porque solo en la distancia se encuentra la verdadera paz. ¿ Qué te parecieron mis textos?
besos
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niñooo, simplemente decirte k no comento amenudo pork estoy sin internet, hago lo que puedo por leerte, sigo por aki eh??
besos!
besos!
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Y viajando de nuevo me encuentro con tus Alas volando... no sabes cuanto me alegra tenerte de nuevo en el aire!
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Que bello viajar Sergi, para mi es de los placeres más grandes que existen. Siempre que lo hago llevo un cuaderno, lo llamo "Cuaderno de viajes", y cuando vuelvo, o de vez en vez, lo leo y releo, y lo disfruto mucho.
Deseo que todos tus sueños se tornen realidad.
Un beso.
Deseo que todos tus sueños se tornen realidad.
Un beso.
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Precioso y cierto cuanto dices sobre lo que NO es viajar. He soñado desde siempre viajar, viajar, viajar... no importa a donde ni importa si son 3 dias... el deseo es "viajar". Hace dos años viajé y al volver no fui la misma. Este año viajaré de nuevo y al volver, se que no seré la misma. Suerte Sergi...siempre es bueno cumplir los sueños aunque nos tardemos un poco en llevarlos a cabo.
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Sergi, que interesante es tu relexión sobre los viajes.
Creo que eres muy joven y esos sueños se iran cumpliendo poco a poco.
Yo tengo 53 y quiero empezar ahora viajar fuera de España.Lo triste es que por mi miedo a viajar en avión, nunca he salido fuera. Me he armado de valor y si el día 15 consigo superar el miedo despues de 9 horas a La Habana, abré conseguido algo muy
importante, es un reto que me he puesto, y apartir de ahí podré descubrir otros mundos.
Aunque tu caso sea distinto, no pierdas la esperanza, fijate el tiempo que te falta hasta que tengas mi edad, y yo me considero joven.
Ojala que mi viaje, sea tal como tu lo describes,
Un abrazo.
Creo que eres muy joven y esos sueños se iran cumpliendo poco a poco.
Yo tengo 53 y quiero empezar ahora viajar fuera de España.Lo triste es que por mi miedo a viajar en avión, nunca he salido fuera. Me he armado de valor y si el día 15 consigo superar el miedo despues de 9 horas a La Habana, abré conseguido algo muy
importante, es un reto que me he puesto, y apartir de ahí podré descubrir otros mundos.
Aunque tu caso sea distinto, no pierdas la esperanza, fijate el tiempo que te falta hasta que tengas mi edad, y yo me considero joven.
Ojala que mi viaje, sea tal como tu lo describes,
Un abrazo.
Deja tu huella:
Cada vez disfruto más leyendo tus reflexiones, creo que tienes mucha razón en lo que dices y eso que yo no he salido de España. Pero si creo que hay que salir sin prejuicios, ni pensando que tu cultura es mejor que la que visitas, así no conoces la cultura que visitas. Estoy de acuerdo también con lo que dice Isadora, viajar es como volver a ser niño, a ver todo con ojos nuevos.
Deja tu huella:
Bonito post. Yo creo que lo mejor de viajar es que recuperamos un poco esa sensación infantil de descubrir,de ver todo con ojos nuevos.Y no hay nada mejor que callejear y ver qué te encuentras, perder la guía y el reloj. Suerte con esos sueños...








