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Alas de Albatros
Frases borrosas, emociones, ideas... no quería pero al final me salió un diario.
De mis alas:
"...ses ailes de géant l'empêchent de marcher".
(Charles Baudelaire).


Ahora en Madrid:

"Tú..., sí, tú..., eres bueno".
(Robert de Niro, "Analyze this").


De mí, lo mejor que puedo decir es que sigo teniendo ilusión por la vida y unas insolentes ganas de escribir. Lo peor, que soy contradictorio, es decir, humano.

Mi puerta está abierta en:
Translation:

Many flavours will lose, but you can try to translate the dust of my steps on this website, and have a foggy idea about my writings, if you click above on your flag and then enter my URL there.


El baúl del albatros:

ñ (Shift+click -o botón derecho del ratón- y enlaces en ventana nueva).
Polvo, retales, y retratos en sepia de dos años de "Alas de Albatros".


Puentes a otros lares:
AGENDA


Yo de ti iría, si estás en:
Payasada del mes:
Recomendado de la semana:
ABCD...
Sindicación
 
Hasta siempre, hasta luego.
Desde el 11 de mayo de 2006; NUEVA DIRECCIÓN DEL BLOG:

Alas de Albatros

(versión completa).

Alas de Albatros Redux

(versión abreviada).
(ahora en Blogspot.com).



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Dos años dan para mucho, pero nunca pensé que me traerían tanto. Unos pocos días antes de iniciar mi singladura en este lugar, lo único que venía a mi mente frente a la expresión “cuaderno de bitácora” era la vaga visión de un legajo de papeles húmedos y tinta grumosa en el camarote del capitán de algún galeón victoriano. Ni que decir tiene que “blog” me podía sonar a cualquiera de aquellas onomatopeyas imposibles de los dibujos de Batman.

En aquella primavera asistía a un fructífero taller de cuento literario (y qué mejor fruto que reconocer que como cuentista no tengo duende -si como poeta sólo tengo arranques, me queda intentarlo con la novela, en esa prosa en la que me siento en mejor ropaje, y si tampoco resulta, plantaremos calabazas y saludaremos a los motoristas desde la cuneta-), y un compañero (Jose, gracias por ello, ¿dónde está Wally ahora…?) me explicó por primera vez lo que era una bitácora virtual. Por aquel entonces mi experiencia internauta no pasaba del correo electrónico y algunos foros (aunque esa parte resultó una verdadera tragedia griega, o peor, un culebrón de segunda, pero esa es otra historia). Tener la posibilidad de mostrar algunos de mis trémulos pasos por las letras a desconocidos sugería, por lo menos, una motivación nueva. Siempre albergué ese impulso, siempre acababa abriéndose camino, como raíces que buscan el agua. Aunque fuera inconstante, desesperanzadas las yemas de no hallar más que tierra reseca y sol severo. La sombra del padre puede agostarlo todo. Pero la savia seguía arremolinándose contra la piedra, de vez en cuando. De niño en la revista del colegio, de adolescente en cartas de ¿amor? y en la historia de una prostituta que quería parecerse a Poe (la historia, la chica era más bien mediterránea). De jovencito (aunque este rostro prestado me esconda los años, ya no lo soy tanto) con cartas de amor (este sí) y aullidos con nombre propio a la Luna (¿verdad, Chema?). De algún modo u otro siempre llegaba el momento en que necesitaba expresar algo con la palabra. Hay quien sabe lo que quiere hacer desde pequeño y enfoca todos sus pasos en esa dirección (yo no tuve ni la lucidez ni el guía). Hay quien decide olvidarlo porque ya no sabía caminar. Hay quien supuestamente descubre su vocación en el ecuador de su existencia. Lo más probable es que nada brote de repente, que sólo fuéramos incapaces de intuir la erección vegetal si no hacíamos más que mirar ese suelo de baldosas. Pero las semillas que duermen de antiguo se abren con más fuerza, y el árbol que germina despacio se asienta con mayor firmeza, hasta reventar el enlosado de cualquier prisión. Y mis ramas ya arañaban las ventanas desde dentro cuando mi tronco lucía casi treinta y dos anillos (lo sé porque un leñador descamisado –desamor, vacío, identidad extraviada, qué importa el nombre- me había talado unos meses antes y tuve tiempo de contarlos; lo bueno de que la vida te abra en dos es poder mirar dentro, más allá de la corteza, voluntaria o forzosa, lo malo es si no lo recuerdas bien ni lo usas para crecer mejor).

Un taller de cuentos, no estaba mal para empezar, una vez que había reconocido la vieja voz (sólo por antigua, porque sonaba con el mismo eco del juego solitario y el canto desacomplejado del niño –ese que de mayores sólo nos atrevemos a repetir en la ducha- en los claustros de un colegio de curas). Un paso trae la inercia del siguiente, y, de repente, un “blog”. Y seguir compartiendo mis letras con desconocidos, semana tras semana leyendo mi ejercicio ante las damas y caballeros de una mesa cuadrada, y poco después lanzando botellas descorchadas, sin fiesta ni factura, a un océano virtual… Y resulta que algunas (unas cuantas, por lo visto) han llegado a otras playas, incluso más de una regresó, con el mensaje empapado pero legible. Resulta curioso leer ahora aquella primera entrada del once de mayo de dos mil cuatro.

Dos años dan para mucho, pero nunca pensé que me traerían tanto. Dos años dan para recuperar viejos poemas sin ritmo y para trazar nuevos versos sin miedo. Dan para tener la descortesía (tenías razón, Pablo) de publicar en bruto los ejercicios del taller y también volcar una y otra vez mis impulsos sin corregir una coma. Dan para tener la arrogancia de pensar que ciertas neuras y cuitas puedan llegar a interesarle a alguien y para mostrar la humildad de condenarse y la valentía de desnudarse. Dan para airear parte de una vida sin esconderla en literatura y mostrar parte de una supuesta literatura sin desvestirla de vida. Dan para haber encontrado en una historia real una idea preciosa para una primera novela y para que luego quede todo en agua de borrajas (espero que estéis en ello, Ana). Dan para empezar otra novela, y quemar el manuscrito, y empezarla otra vez, y congelarla hasta que la caldera aprenda a cocer el talento con el oficio. Dan para caer al pozo, para irse, para apagarse, y para regresar después con la voluntad de una sonrisa. Dan para bajarse los pantalones y enseñarla (algún testigo debe quedar, fue de lo más fugaz –e inoportuno-) en un ataque de rabia, un arrebato incontenible de abjurar de la condición humana. Dan para ayudar a alguien que no te lo pidió y para dar más de lo que pidió a quien lo hizo, aunque no siempre hubiera camino de vuelta (¿verdad, Zoe?). Dan para recibir más de lo imaginado de aliados anónimos. Dan para que te lean en antena (gracias, Philo -ese café…-); para revolucionar una universidad canaria con cierta cartografía (María José dixit); para que alguien te avise de que circulan poemas tuyos por la red y un desconocido te regale un ordenador; para que una profesora de literatura escoja un texto tuyo para mostrarlo a sus alumnos (me llegó adentro, Magda); para aliviar alguna soledad, dar voz a quien no supo encontrar las palabras, para defraudar a alguien sin saberlo y para equivocarse, para acertar sin pretenderlo y reconfortarle. Dan para que te fallen y te sorprendan. Dan para deslizar folletos en pasajes escogidos de algunos libros, como ladrón de tiendas que se esconde para dejar algo en vez de llevárselo. Dan para que un “hacker” te sabotee el “blog”; para acumular casi noventa mil visitas (entre dos contadores) y para volver a cerciorarse de que el verdadero arte (no lo digo por mí, sino por algunas joyas que encontré a veces por ahí) acabe siendo cosa de minorías encantadoras y la plebe acuda cual rebaño a los señuelos de siempre. Dan para publicar cartas parecidas (porque nacen de la misma sed) a musas distintas, de toda índole, inolvidables, inmerecidas, inmaculadas, inmarcesibles, impresionantes, imposibles, impasibles, imbéciles. Dan para tomar café con personas con quien jamás te hubieses cruzado en el camino (nunca mejor dicho en algún caso). Dan para que de repente un extraño te haga sentir menos extraño y solo, porque se convierte en repentino espejo o comparte algo contigo, una desazón, un amor por cierto detalle, una manera genuina de mirar el mundo. Dan para colarse un poco en otras vidas mientras se comparte la propia, porque en este tiempo, mientras uno volaba como albatros y aterrizaba como pingüino, habéis sido felices y desdichados, habéis perdido a alguien y habéis tenido hijos, os habéis casado, habéis amado y os han roto la ilusión, habéis enfermado, habéis sanado, habéis reído, habéis crecido, hemos vivido. Dos años dan para mil cosas más, para mucho, pero nunca pensé que me traerían tanto.

Porque de las otras mil que no hablé, hay una que me trajo esta deriva, más preciosa e improbable que cualquier otra. Dos años de “Alas de Albatros” me han traído, sobre todo, un puñado de amigos, el haz, breve y flexible, como de espigas, pero contundente, como martillo de herrero, con que defenderme del vacío cada vez que regrese a pelear conmigo y mellar el hacha del leñador y hasta su risa insolente si aparece de nuevo para segar mi vertical. No tengo que nombraros porque ya sabéis de sobras quiénes sois, unos ya estabais aquí cuando llegué y seguís ardiendo en hogueras fértiles y brillando sobre bosques y acantilados; otros os retirasteis a plena luz y sin alevosía, con batir de alas ligeras, o permanecéis al otro lado del buzón, con la quietud del agua en los estanques; a algunos os animé a dar el primer paso en el camino y otros habéis venido en el último tramo a sumar vuestras notas a esta partitura… Algunos tan lejos en los mapas del mundo, todos tan cerca en el mío.

Llega el momento de cambiar de ruta. Hasta aquí, justo en el día en que se cumplen dos años de la botadura (increíble, "china", te acordaste, eres lo más), la nave hizo lo que pudo. En cabotaje por orillas demasiado conocidas, naufragando en los mismos escollos de siempre, blandiendo las velas contra el horizonte, como sábanas de ausencia, como cartas marcadas que a uno le colaron en la manga, como dagas de infinita eslora. Lo dice la frase que aparece desde no hace mucho (desde que me di cuenta del todo y cambié la que había antes) bajo el título de este espacio, no lo pretendía, pero al final me salió un diario. Porque si por algo se han caracterizado casi todas las entradas de estas alas de albatros, fue, tanto más cuanto más reculemos, por la inmediatez de los impulsos, por la palabra a bocajarro y la emoción (oscura o luminosa según el día) vertida en letras. Habrá quien le encuentre cierto encanto. Habrá a quien le chirríe tan poca literatura y tanta realidad descarnada. Ni lo niego ni lo afirmo, simplemente llegó el momento de cambiar. De dejar la deriva incierta y la letanía de la madera contra las olas.

Hay otros motivos, claro, siempre los hay, problemas logísticos, de creatividad con grilletes, de espacio, de piratería (lo de los comentarios parece que de momento se ha solucionado, aunque, por si acaso, voy a publicar en “El baúl del albatros” esta misma despedida, para tener la seguridad de que podréis dejar vuestro rastro). Pero todo sucede por algo, y si se han amontonado las contrariedades ha sido para llevarme a demoler la pared y buscar aire fresco. No me quejo entonces. Adaptarse es vencer. Una intuición líquida ha ido espesándose como al final de un remolino, hasta hacerse sólida certeza y golpearme en la sien. Despierta, albatros, hay mucho que hacer. Urge deshacerse del capitán, pasar por la quilla al timonel, consumar el motín de un hombre solo y quemar las naves. Hasta aquí “Alas de Albatros” tal y como lo habéis conocido. No se cierra del todo, no se desdice de nada, aquí permanecerá, en letargo (por si acaso, nunca se sabe...) como pecio invadido por el coral, para siempre, o al menos mientras el portal exista, pero seguro que en algún rincón de carne y hueso ya tiene un recuerdo asegurado, y eso me da el salario y el goce necesarios.

Comienza una nueva singladura, esta vez con rumbo, con el gobierno de una motivación lúcida al timón. Aparcaré un poco la brutalidad de la desnudez, pero sin llegar a disfrazarme. Dejaré que la vida siga recorriendo sus cauces y cuando haya crecida, que desborde los diques sin anegar la palabra justa, porque si vengo a vuestra puerta lo haré con la cortesía del oficio y el regalo (eso espero) de cierta literatura. Para todo lo demás ya tengo las calles, las puertas, los amigos, y a esta primavera cómplice que ya desnuda los brazos de ciertas mujeres. Gracias a todos, por todo.



Bienvenidos todos aquellos que decidáis volver a abrir mi puerta (esta que abajo os muestro), y seguir caminando conmigo. Si las nuevas alas me traen la mitad de lo que me dieron las viejas, podré confesar haber sonreído. Pero si algo pretendo con el cambio y la nueva dirección, precisamente, es daros el doble (en calidad, ojalá) a los que me leéis. Gracias especialmente a vosotros por seguir haciéndolo.


Alas de Albatros



(ahora en Blogspot.com).




 
 
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Hola navegando por internet me he encontrado una página sobre cultura en general. UVILCE http://www.uvilce.es esta última era la dirección por si interesa.
 
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Alas de Albatros, una vez más: gracias, gracias por todo. Mi abrazo verdadero, y mi deseo de felicidades para vos, felicidad que apacigue todo dolor.
InSanity
 
 
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Enhorabuena por el blog! Es magnifico :)

Os dejo un video de humor aunque no tenga nada que ver con el tema del blog. Asi hacemos contraste de lo que no es tan poetico:

http://www.youtube.com/watch?v=2Rxpb4F01n8
 
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Un gran blog el tuyo y muy bien trabajado, si tienes un momento y quieres
entrar en el nuestro http://telamamaria.blogspot.com, si ya sabemos suena raro, peró te encontrarás con un blog irreverente, iconoclasta, ecléctico y libertario, en Reus - Catalunya

Gracias por este rato
 
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Respecto al comentario que pusiste en la Ventana de Sonia...Te refresco: pelicula El lado oscuro del corazon, comentario: asi me va, porque busco una mujer con alas...
Mi sugerencia...¿y si buscas una mujer que sepa volar, aunque no tenga alas?
:)))))
 
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Respecto al comentario que pusiste en la Ventana de Sonia...Te refresco: pelicula El lado oscuro del corazon, comentario: asi me va, porque busco una mujer con alas...
Mi sugerencia...¿y si buscas una mujer que sepa volar, aunque no tenga alas?
:)))))
 
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Respecto al comentario que pusiste en la Ventana de Sonia...Te refresco: pelicula El lado oscuro del corazon, comentario: asi me va, porque busco una mujer con alas...
Mi sugerencia...¿y si buscas una mujer que sepa volar, aunque no tenga alas?
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www.pensamientostodoacien.blogspot.com

Pensamientos todo a cien" es un tributo al postmodernismo. Un espacio virtual en el que todo cobra la valía que cada cual le quiera otorgar
 
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Alas de Albatros, las palabras dejan de ser meras palabras cuando dejan huellas; por su veracidad.
Gracias por todo lo que compartiste hasta ahora, y por lo que continuarás compartiendo.
Te deseo una vida felíz.
I.
 
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inmensidades para ti en este viaje....
 
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Me alegra tenerle de vuelta y que nos tenga de vuelta a sus visitantes, devolviéndonos el "libre acceso" a sus escritos y posibilidad de comentarlos.

Bonita historia sobre su nacimiento.

Oleadas de besos.
No