Carta a Eugenia Grandet.
Alas de Albatros
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Porque no tengo ánimos para crear, hoy no, ya regresarán mañana; porque se repiten las fechas; porque se repiten los faroles de la vida en una partida donde tengo las cartas marcadas (y gastadas); porque por mucha luz que uno albergue dentro, sin las letras permanece tras un montón de carne opaca... porque hoy mi padre hubiera cumplido setenta años; y porque mi sed es tan antigua como los valles de la Luna, los acantilados del Algarve, los tepuys del Orinoco o los cedros del Líbano...
Madrid, días después del 11 de Marzo de 2004.
Entro en la habitación y apenas percibo la leve brisa que aventó tu falda, y su aroma, rastros efímeros que han dejado tu marcha... Me duele tanto que te hayas ido. No me has dejado, ni elegiste otro camino, ni me negaste un hueco en tu vida, no, simplemente, te has ido. Y duele tanto, porque si te hubieras ido a alguna parte, yo podría buscarte. Si hubieras emprendido un viaje por un tiempo que pudiera contar en días, semanas, incluso años, sería capaz de esperarte. Si estuvieras en algún lugar yo podría evocarte, con tu sonrisa radiante y tu cálida mirada, con la cicatriz de tu vientre de ámbar, y la expresión de tu rostro, como si nunca te hubiesen herido. Pero no puedo acudir a ti, ni darte nada, ni saborear el regalo de tus manos, porque te has ido del todo. Tu madre me ha dicho que te has muerto. Como si fuera cosa tuya. No, yo digo que te han muerto. Una sirena como tú sólo desaparece si se la traga algo que no sea el océano.
Me van a quedar pendientes para siempre momentos que compartir contigo, que me enseñes a navegar, a disfrutar como tú lo hacías del viento, la vida a bordo y el mar abierto. Me va a acosar siempre la incertidumbre, cuando me pregunte si eras tú mi hogar. Me van a hostigar siempre el miedo a olvidarte, a que se vaya difuminando tu imagen en mi memoria, dibujo de tu piel en un papel mojado de tiempo, y el temor a que desde donde quiera que estés, no puedas notar los latidos de un corazón que pisa fuerte en su estampida. Porque ahora mismo quisiera huir, cobarde, tal vez, pero en mi pleno derecho. Quisiera cambiar mi absurda existencia errática, a lomos de unos sueños con los pies de barro, en el penúltimo repecho de un sendero lleno de baches y campos baldíos, por una sola de las vidas que hace unos días una venganza injusta y cruel cercenaron en esta ciudad, esa ciudad en la que una tarde buscaste mi “melancólica y dulce mirada”, como tú me dijiste una vez.
Al menos te has ido antes de saber de esa barbarie. Me consuela que aún puedas conservar algún resquicio de tu preciosa carita inocente allá donde estés, que puedas haberte ido un poquito menos triste por ello. Qué estupidez, seguramente ahora sabes muchas más cosas que nosotros, y tal vez en tu cielo de playas y veleros hayan aparecido de repente doscientas almas atónitas y doloridas. Si no me cambio por uno de esos hijos o esas madres, es porque no está en mi mano, y también por no dolerle a mis propias madres, que no tienen la culpa de mi vacío. No la tienen, pero debería cambiarme por ti, Eugenia, que eres mejor que yo. La madrugada del jueves te encendí una vela, te hablé, te grabé mi despedida, deseándote paz, anhelando un reencuentro, quién sabe en qué recodo del camino, y al cabo de unas horas me despertaron dos sacudidas en mi ventana, y amanecí ileso pero con el corazón ensangrentado. Traspasé una frontera más del dolor, y me sentí ilegal en este mundo, perdido, sin papeles, solapándose en mi pecho amarguras, por la vida que un cáncer arrancó de tu cuello de gacela, y por las vidas que el odio arrebató a tantos inocentes.
Me cuesta seguir, me parece casi injusto seguir, y aún así, conjuro todos estos nubarrones por uno sólo de los rayos de sol que me regalaste. Me he levantado tantas veces que hacerlo una más ya no me parece una proeza, sino inercia, y estoy tan agotado que dudo de todo. Pero por el más mínimo atisbo de volver a tener la caricia de palabras como las tuyas, de escuchar el canto de la vida en silencios como los tuyos, creo que a pesar de todo tengo que seguir. Me parecería casi traicionarte no seguir, a ti, que ya no puedes elegir. Ahora sólo me falta encontrar soporte en el que apoyar mi brazo para incorporarme, y poder volver a mirarte en otros ojos alguna vez. Dicen que ese puntal está dentro de cada uno, pero ahora no acierto a verlo, aquí está tan oscuro...
Feliz travesía, Eugenia, espero que los vientos depositen esta botella en tu orilla, allá donde estés, y sonrías con esa inmensa luz que posees, para alumbrar estas tinieblas.
Tu amigo Sergi.

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He vuelto. Y me ha gustado reencontrarte, querido Sergi, poeta mío.
:)
:)
Deja tu huella:
Las olas siempre parecen las mismas, pero nunca lo son.
Si hoy no puedes moverte, yo te llevo.
Ante este dolor, sobran palabras, permíteme que te envíe con esta marejada, un mar de abrazos y oleadas de besos.
Si hoy no puedes moverte, yo te llevo.
Ante este dolor, sobran palabras, permíteme que te envíe con esta marejada, un mar de abrazos y oleadas de besos.
Deja tu huella:
Habrá un momento en el que te sentirás un privilegiado por haberla querido; pero de vez en cuando seguirás sintiendo ese mordisco de nostalgia, de tristeza y de rabia por su ausencia. Aunque olvides como era exactamente su rostro, recordarás siempre su espíritu, y en algún momento te sorprenderás pensando y sintiendo lo que ella hubiera pensado y sentido.
Un abrazo, amigo Sergi, que no te servirá de nada ahora.
Un abrazo, amigo Sergi, que no te servirá de nada ahora.
Deja tu huella:
Siempre acabamos levantándonos, y tú también lo harás con ayuda o sin ella. Siempre aprendemos a seguir con los huecos que nos dejan, aquello que se llevan y lo perdemos. ¿Sabes? Cuando se echa de manos a alguien al que se ha amado, no es sólo a ella a quien añoras, sino a ti mismo, a tu propia alma perdida......Todo amor es edipico. Cada vez que amamos encontramos en el encuentro con el otro algo nuestro, tan nuestro que sólo el otro puede traer y despertar, alimentar, recoger, robar....Por eso cada vez que nos enamoramos deberíamos empezar por despedirnos de aqueloo que acabamos de encontrar en el otro y que aún perteneciendonos perderemos.....
Besos.
Besos.
Deja tu huella:
uff cómo te entiendo. sí que está en algún lugar... Eugenia está en tu corazón y en tus bonitos recuerdos. algún día te dolerán menos. ahora estará disfrutando de algún mar precioso, riéndose de los chistes que mi padre le cuenta mientras él pesca tranquilo como hacía a mi lado
Deja tu huella:
Muda. Con los ojos secos. Espero. Busco la fuerza. Cuando llegue.....¿qué sabré hacer con ella? La rebeldía de ayer se acabó. Hoy el agua fluye silenciosa y lenta, sin besar la orilla, quiere irse lejos.Deambulando.
Deja tu huella:
No tengas miedo, no se olvida. Sólo se aprende a recordar sin tristeza.
Aquí ya ha empezado a llover un poco.
Aquí ya ha empezado a llover un poco.







