Antes de irme (II de III).
que casi guiado por la intuición tomó mi libro
percibió ecos de su propia voz en la mía
una persona que se emocionara y al leerme
preguntarse, responderse, replantearse
me hiciera llegar un sincero agradecimiento
una crítica noblemente implacable
un guiño de complicidad
Sentirme en armonía con la vibración que atraviesa mi caja torácica
zarandea la mente para desperezarla
mientras me observa un delfín
fluyendo grácil como fantasma de agua en el agua
mientras sacudo mis patas como desorientado batracio en el aire
nada unos instantes conmigo
como se comparte un trecho del sendero
con un caminante extranjero, sin palabras pero cómplice
que al rato se despide sonriente
la ballena que despierta mi médula de ancestros marinos, libres
al ver su alma limpia en el fondo de sus ojos de ámbar endrino
ser consciente de la grandeza de su delicadeza
mientras mide su descomunal fuerza
al saludarme y despedirse con sus remos de carne y hueso
Mesar con mi tránsito los cabellos de Silvano
caminar bosques boreales, selvas lluviosas
desiertos prístinos, cordilleras olímpicas
patear mensajes en morse en los techos de Vulcano
deambular en playas detenidas en tiempos genesíacos
despojar de secretos los santuarios marinos
zambullirme libérrimo en los dominios de Neptuno
en solitario o en adorable compañía
y entonces expoliar los nimbos de las cabezas de los dioses
forjar con el botín una dorada cimitarra y decapitarlos
con desfachatez nihilista consumar la revuelta
campar a mis anchas por estos jardines feraces
reclamar para el humano su esencia epicúrea
y clavar para siempre en la Tierra su estandarte
aniquilando bajo el extremo de nuestra pica
la espuria injuria del pecado original
Viajar sin la sombra de una fecha de vuelta
apremiante e impuesta oscureciendo el horizonte
gobernar una motocicleta
por serpentinas costeras de asfalto
con las manos de la mujer de mis sueños
aferradas con adherente ternura a mi pecho
Hacer el amor con el alma arrobada
en el fulgor de ese instante
la carne prendida en llamas
bajo la tibieza de una torrencial tormenta de verano
sobre la hierba, sin miedos
sin planes, sin escondites
No necesitar en demasía al poderoso caballero
despojarle de su tratamiento y tutearle
poseer pocas cosas, ser muchas otras
lo mejor que dé de sí este locuelo
inconformista pero sui géneris humilde
Y por encima de todas las cosas...
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