Memoria selectiva y sexo.
Recuerdo aún con dudosa nitidez la última vez que tuve sexo, no sé si por mi aceptable memoria o porque todavía no ha pasado tanto tiempo. Recuerdo sobre todo imágenes, envites sin perdedor ni ganador, entre animales salvajes, cabalgados por el instinto. Pero apenas recuerdo aromas, sabores, tacto de roces en la piel o sonido de pieles rozándose.
Sin embargo, no consigo olvidar la última vez que sentí algo hermoso por alguien. Por una mujer de divinos brazos en los que jamás anidé y de frutales labios en los que nunca sacié mi sed. Es curioso, recuerdo el aroma de su cabello, el roce involuntario de sus dedos en el dorso de mi mano al tomar un vaso, el murmullo de su sonrisa o la luz, la hiriente y hermosa luz de sus ojos.
Muy curioso. El último sexo salvaje se va diluyendo en mi memoria. Porque sólo fue eso. Y el último fogonazo en mi corazón, por una mujer que jamás sintió ese fulgor en el suyo hacia mí, ese, lo tengo vivo, dando coletazos en mis costillas, aunque nunca hayamos dormido abrazados, aunque no haya mordido su lengua, aunque jamás amaneciéramos serenamente desnudos.
Y la vida juega conmigo, porque la actriz secundaria del primer recuerdo se va diluyendo en la nada, y la gran estrella del segundo, sin pretenderlo, sin poder evitarlo, se ha convertido con el tiempo, al menos, en una buena amiga.
No quiero ni imaginar qué habría sucedido si mi dulce y noble amiga hubiese sentido el mismo fogonazo que yo. Qué radiante ardor hubiera hecho entonces antorchas de mis alas.
Sin embargo, no consigo olvidar la última vez que sentí algo hermoso por alguien. Por una mujer de divinos brazos en los que jamás anidé y de frutales labios en los que nunca sacié mi sed. Es curioso, recuerdo el aroma de su cabello, el roce involuntario de sus dedos en el dorso de mi mano al tomar un vaso, el murmullo de su sonrisa o la luz, la hiriente y hermosa luz de sus ojos.
Muy curioso. El último sexo salvaje se va diluyendo en mi memoria. Porque sólo fue eso. Y el último fogonazo en mi corazón, por una mujer que jamás sintió ese fulgor en el suyo hacia mí, ese, lo tengo vivo, dando coletazos en mis costillas, aunque nunca hayamos dormido abrazados, aunque no haya mordido su lengua, aunque jamás amaneciéramos serenamente desnudos.
Y la vida juega conmigo, porque la actriz secundaria del primer recuerdo se va diluyendo en la nada, y la gran estrella del segundo, sin pretenderlo, sin poder evitarlo, se ha convertido con el tiempo, al menos, en una buena amiga.
No quiero ni imaginar qué habría sucedido si mi dulce y noble amiga hubiese sentido el mismo fogonazo que yo. Qué radiante ardor hubiera hecho entonces antorchas de mis alas.
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Lo prometido es deuda...dije que te leería volviendo la vista atrás,puede que para llevarla hacia delante y "conocerte"o comprenderte más y lo estoy haciendo...sólo te comentaré los que me toquen especialmente dentro, (sino con tantos me sangraran los dedos), este me toco, dentro,profundo.
Bellísimo.
Musu...
Bellísimo.
Musu...
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La memoria es selectiva; con el tiempo nos olvidamos de lo malo (salvo que nos empeñemos en no olvidarlo) y nos quedamos con lo bueno. Por eso, las personas rencorosas (se empeñan en no olvidar ofensas, a veces minucias) son unas amargadas.
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Bonitos ojos los tuyos Sergi, dignos de fogonazos de esos que dices en las alas de cualquiera
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"antorchas de mis alas"... me gusta eso
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Fíjate: en el primer párrafo dices "tuve sexo" y en el segundo "sentí algo". ¿No estás hablando de sexualidad y sensualidad?. A veces el sexo nos toca sólo por fuera, no atraviesa ni la primera capa de epidermis. Y aunque puede ser genial, no nos deja mucha huella. Los fogonazos se recuerdan siempre.
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Estoy seguro que el sexo apasionado, salvaje, se da sólo cuando hay una deseo mutuo de igual o parecida potencia, pero esto además no implica nada, sólo deseo. Cuando uno se queda colgado por alguien no se tiene porque haber vivido una sexualidad impresionante, perfectamente puede ser incompleta. Son las cosas del amor. Y al final todos los recuerdos se desvanecen, y quedan mijagas de pequeños detalles, y los menos son los sexuales ya que la sexualidad siempre evoluciona y tapa lo ya vivido. La sexualidad solo se puede valorar en el momento, al igual que el amor, sino puede ser incluso peligroso.
Bufff, no me hagais mucho caso.
Bufff, no me hagais mucho caso.
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A mi me ocurre lo mismo, Bellver. Creo que ahora mismo lo que siento eclipsa cualquier otra experiencia sexual previa, que no han sido pocas. Se han quedado agazapadas en un pequeño rinconcito de mi mente, el que los sentimientos actuales les permiten ocupar.
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No era tu mujer "complementaria" o no erais complementarios o no supisteis serlo, sólo te sirvió de recipiente donde abocar tu semen. Y tú, no querías sólo eso, hubieras preferido tocar el cielo desde vuestras manos entrelazadas. Para uno que piensa, lo otro es frustrante o encuentra el declive tan rápido como subió.
¿he sido muy hermética?
Un abrazo.
¿he sido muy hermética?
Un abrazo.
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El recuerdo ideal: el que encierra ambas sensaciones. En ese momento descubres que estás enamorado. Fogonazos del corazón y del cuerpo unidos hacen crecer las alas. Me voy volando...








