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...Y MÁS COSAS POR HACER
Cuentas viejas, cuentas nuevas y un sinfín de borrones.
Acerca de
Aldara. ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:1. treinta años, 2. aún fumo, 3.aún babeo con George Clooney, 5. aún sueño que me persiguen, siempre que ceno pizza 2. aún me muero de risa con Spongebob Squarepants. COSAS POR HACER: 3. Aprender a contar, 2. Madurar, 1. (vid. anterior) Buscar sitio donde dé sol a efectos de conseguir 2. (si no maduro, al menos me dará color, que parezco la radiografía de una sepia) hits
Sindicación
 
Strawberry Fields Forever


...Piensas que el lugar que ha dado nombre a una canción tan mítica debe de estar infestado de japoneses sacando fotos, y de beatlemaníacos/as como tú, devorando con los ojos hasta el último milímetro cuadrado de cada sitio histórico, de cada lugar que les vio crecer, de cada anéctoda vital que les inspiró un verso, una estrofa, una canción, un título, una....
Una ruina. Llegas al sitio, y es una ruina. Una ruina descuidada, y cerrada con candado.
Strawberry field era (o es, en fin, aunque a ver quién es el chulo que atraviesa la maleza...) el jardín/parque de un colegio, o una residencia para señoritas; una propiedad privada en que John Lennon se colaba de pequeño, porque fue un rebelde toda su vida. Cuando le venía alguien corriendo para echarlo, al grito de "You're trespassing!! We're gonna call the police!" El decía Hey, this is no big crime, nada como para que me cuelguen, nothing to get hung about
Y así siguió, porque a veces ser un rebelde pasa por las pequeñas rebeldías, no las grandes zapatiestas... a veces, Strawberry Fields es cuando robas azucarillos en un Starbucks, o una toalla en un hotel, o cuando batallas por cosas en las que crees y haces demasiado ruido... A veces el placer más grande es que socialmente no les gustas, pero legalmente, no te pueden enchironar.

Nothing to get hung about
Strawberry fields forever.

A John Lennon le decía su tía Mimi (entre otra gente, imagínense, en medio de Liverpool, familia obrera, padres divorciados... ), la mujer que lo crió, que lo de la guitarra estaba muy bien pero no le daría nunca de comer. Al empezar a conocerse el grupo, la tía Mimi se le quejaba de que las fans no dejaban la puerta ni el jardín, que siempre había un alboroto tremendo, y John se la llevó de vacaciones. Al entrar en la casa de vacaciones, lo primero que vió la tía Mimi, sobre la chimenea, fue una placa que ponía "Lo de la guitarra está muy bien, pero nunca te dará de comer". La tía Mimi preguntó qué quería decir aquello, y él respondió "La casa es tuya, te la he comprado con el dinero que he ganado tocando la guitarra, que nunca me iba a dar de comer. Has cuidado de mí toda mi vida, y ahora me toca a mí cuidar de ti".
Eso sí que debió de ser un verdadero paseo por Strawberry Field, tras tremendo salto de valla. Comprarle la casa, cuidar de ella, agradecerle que le hiciera de madre... con el dinero del producto de su propia rebeldía.
Toma ya.

No es pasión de fan. Realmente, hubo momentos este fin de semana de esos de echar la lagrimilla torpe, sobre todo en la última parte del museo, dedicada a John Lennon, a cómo vivió y qué clase de persona fue, con un par de gafas que le pertenecieron presidiendo una de las salas: el mundo a través de los lentes de John Lennon, e Imagine de fondo. Menda con los pelos de gallina, oigan.
Ya ven... Nothing to get hung about, pero quizás sí something to get shot about. Qué final tan violento para alguien que ansiaba la paz con tanto, tanto anhelo.
He visto las casas en que crecieron, el lugar de la archiconocida parada de autobús en la rotonda/plaza al lado de Penny Lane, la barbería, ahora convertida en peluquería unisex (Las cosas en Liverpool no van a la misma velocidad que en Londres. No hay Starbucks! Díganme si no es felicidad...)
Y el Cavern... una sorpresa infinita. Pensé que se habría vuelto uno de esos mausoleos extracaros, imposibles de franquear, sólo para celebridades o gente rica.... qué va. Un pub a un lado de Mathew Street, el club histórico donde los Beatles dieron 292 conciertos, al otro. Geniales ambos. Música brillante, precios asequibles (en el orden de cosas británico, quiero decir), y un ambiente local, distendido, alegre, sencillo, carismático. No sé ni cómo describir la magia que tuvo aquella noche.
En el Cavern no sólo empezaron y tocaron los Beatles, sin embargo. Se montó todo un movimiento musical, the Mersey Beat, con un montón de grupos y artistas ahora de renombre... pero quien quiera más información puede visitar la página del Cavern Club , que yo me he quedado completamente invadida de Beatles por todas partes.
Fui porque tenía la ilusión, aunque sólo fuera, de decir "lo he visto".
He vuelto desbordada; impresionada por la gente de Liverpool, el ambiente obrero-pescador, por las calles, por el carisma de la ciudad y tanta, tanta historia de la música con la que crecí y aprendí inglés. La música que desde más tierna infancia, fue explicando, verso a verso, cada uno de los momentos más inolvidables de mi vida, mis rebeldías de adolescencia, mis tristezas, mis esperanzas, ilusiones, alegrías, pasiones...

Buf... sólo se me ocurre una cosa que les diría si pudiera...

Thank you, guys. Strawberry Fields Forever.
 
The Royal Ascot Birds
Bird: (CREATURE) noun [C]
a creature with feathers and wings, usually able to fly.
Bird: (PERSON) noun [C] UK SLANG a young woman; INFORMAL old bird an older woman.


(Cambridge Dictionary. Cambridge University Press 2007)


Les tengo que explicar algo que me resulta un tanto patético, a la vez que cómico. La prueba más feroz que existe de que soy una contradicción con patas es el hecho vital innegable de que me considero sociata del primer pelo a la última pata... pero no sólo decidí venir a Londres, la antípoda rotunda de todo lo obrero, el antisocialismo por antonomasia, la cuna y sede del dinero en todas sus manifestaciones... sino que encima voy y acabo en Richmond, que como su nombre indica (y de esto no me di cuenta yo, sino el bien advertido informático madrileño, que fue quien me lo hizo cavilar)... como su nombre muy aseñadamente indica, es Mond-o Rich al cien por cien. Vamos, que después de trabajar aquí, en Richmond, durante algunos meses, estoy convencida de que en elgún lugar del mundo debe de haber un barrio llamado Poormond.

Esto viene a cuento. De verdad. por una vez escribo un preámbulo con fines.

Esta semana ha sido (o es, aunque no sabría asegurarlo porque muy orgullosa y obviamente no pertenezco) la Royal Ascot Racecourse, conocida en el mundo entero no tanto por los caballos como por los pájaros. Y si, oigan, por los pájaros.
Yo esto ya lo sabía, por una odiosa costumbre de mi madre de poner el "Corazón corazón" los domingos (para oírlo de fondo, porque nunca lo veíamos mucho)... y sabía la clase de gente que atiende a estos tipos de evento.
Ahora, ver la fauna y la flora del susodicho (evento, no se me pierdan), de vuelta de Berkshire, concentrada en la estación de Richmond, ... eso ya es otra historia. De a estornudo por segundo, porque además he descubierto no sólo que es verdad, que no son películas, que hay gente de esta calaña que llega a pagar 1000 libras (sterling) por un día en la dichosa carrera, sino que soy alérgica a las plumas de los sombreros.
Total, que esta semana Richmond se ha convertido en un aviario de lo más fashion. Loros, cacatúas, guacamayos, de todos los colores, diseños y marcas, pero loros de muy alta alcurnia. Vestidos impecables, fracs, pajaritas, lazos y medias de seda, perfumes prohibidos, tacones con fronteras... El mundo misterioso y añejo que dio significado a la exclusividad.
Bravo por el Reino Unido. Aquí no pasaría de moda ni la Marujita Díaz. Aquí no existe el kitsch (¿Lo he escrito bien? ¿lo he escrito bien?), ni la horterada, ni noción alguna de lo carca. Estoy empezando a sospechar que quizá no son nubes lo que tapa esta extraña isla... sino un agujero negro, de esos que albergan en su seno épocas remotas, pretéritas y, sin duda, perfectas, digamos lo que digamos los que vivimos en el mundo real.
 
Day Tripper
Soy una insensata!
(aclaración: Cómo molo!)

Las tragedias de la Traductora Silvestre van a tener que esperar... porque en uno de esos ataques de conciencia súbita (léase: "Oh dioses, me voy del Reino Unido, realmente me voy, y esta vez no sé si volveré") esta mañana después del primer sorbo del primer café he decidido irme a Liverpool este fin de semana. No me quiero ir de Inglaterra sin haber estado en el Cavern. No señor.
Pasé por Liverpool de vuelta a Londres de Escocia, pero más bien de refilón, apenas vi ni al bombero ni al banquero afeitándose en Penny Lane (de hecho John Lennon no escribió la canción acerca de la calle en sí, sino de una especie de híbrido entre plaza y rotonda cuyo nombre nunca recuerdo, donde está/aba la barbería mítica, y que da a Penny Lane) y un macrosubmarino amarillo ahí plantado en no sé qué calle, lleno de graffitis que aquello daba pena, y no me quedé contenta.
Ya tengo las reservas hechas. Me voy de Day Tripper!!
(más bien de Weekend Tripper)

Las glorias de ser joven e irresponsable, oigan.
De acuerdo: irresponsable. Para qué andarse con ....

Penny Lane is in my ears and in my eyes
There beneath the blue suburban skies...
 
Confesiones de una Traductora Silvestre
Londres, Junio gris -para variar-.

Llegas a la oficina ya hasta las narices del mundo, porque resulta que de todas las líneas de metro que tiene Londres, que las llevan empresas diferentes, a ti te toca la borreguerest inter borreguering.

(No... el latín, el inglés y el español no acaban de disolver bien... Suenan a una especie de zumo de galletas con chorizo)

La oficina está justo en frente de la estación, con lo que se hace harto dificil imaginar cómo puedes tardar casi media hora en llegar a la oficina.
Investigas en voz baja.
Los resultados de la investigación antropológica más absurda de la existencia humana son un tanto dispares -y preocupantes-:
Después de un mes, llegas a la conclusión de que es porque hay mucha gente.
Al segundo mes, piensas que quizá es que vas en contradirección, porque igual es que también caminan por la izquierda y tú a esas horas, para qué negárnoslo a estas alturas, nunca sabes por dónde -no con qué- caminas.
Tras otro mes, tus esfuerzos de autointegración social (i.e., caminar por la izquierda) han sido completamente en vano: resulta que hay ciento y la madre de inmigrantes que, como tú, también caminan por la derecha pero que, al contrario que tú, no presentan ni la más microscópica intención de integrarse en ningún sitio. Bien por ellos, y qué tonta eres.
Al cuarto mes, y después de haber sufrido un total de:
dieciocho mil cuatrocientos noventa y nueve codazos (la mayoría propinados por abuelas, sí señor. Como en Barcelona! Nostalgia),

seiscientos treinta y dos pisotones (en sendos pies, ahorrémonos las subdivisiones, que duele igual uno que el otro),

y novecientas siete miradas asesinas (cuando, llena de morados, decidiste que "When in Rome, do as the Romans do" y te hiciste experta en pisotones y placajes )

... Es entonces cuando llegas a la conclusión de que sí, hay demasiada gente y sí, son de países diferentes y no se aclaran mucho, pero la mezcla, esa sensación de estar en medio de un macrorrebaño de cabras montesas sin pastor, esa angustia de no poder desasirte de los olores corporales de la muchedumbre infesta, esa ansiedad por salir a la calle y fumarte un cigarro porque el tabaco, mal que huela, huele mejor que lo que dejas ahí atrás... eso, a ese nivel, es algo que no has experimentado ni en el subway de Nueva York. Y poner a Nueva York como ejemplo en esto son palabras mayores, sin duda. La conclusión más científica, objetiva y ceñida a la realidad del estudio empírico es que el sistema de transporte público Londinense es una mierda. Una mierda, ladies and gents.

Luego, en la calle, más empujones, más pisotones, y llegas a la puerta del edificio donde se encuentra tu oficina, con medio cigarro aún entre los dedos. Decides esperarte en la puerta a acabártelo, porque tú lo vales, y porque el día va a ser larguito (que en inglés se dice little long).
Entonces se autoproduce la silueta inmaculada de una rubia de esas que las piernas le llegan hasta la barbilla, con el top último grito de la colección primavera de Joseph, unos Marc Jacobs tejanos roídos que le habrán costado más que a ti tu ordenador portátil y unos Manolo Blahnik que la tía sin duda no sería capaz de pedir por escrito. Vamos, que por lo menos debe llevar tantos nombres masculinos encima como su cama... o casi.
Se para delante de ti, que vas con un bolso de la misma colección que los zapatos, "Five Pounds", para que hagan juego, pantalones del mítico y archiconocido TESCO y camiseta H&M, te escanea (bastante más rápido que el Canon de tu escritorio. Esta chica es una maravilla, oigan) y sacude la mano delante de la nariz (ambas las suyas, la mano y la nariz, quiero decir. Y más le vale, claro), con una mueca facial de esas de "qué peste haces".
Y tal como se autoprodujo, se desautoproduce detrás de la puerta de la entrada. La tía esta trabaja en el mismo edificio que tú.
Dioses, debe haber corrido al teléfono a concertar cita con alguna compañía contra plagas, para que vengan a aniquilarte. Cómo se te habrá ocurrido pensar que tú, piojosa de mierda, podías compartir edificio con Barbie Fotocopias
Tú, al cabo de tres o cuatro minutos, aún estás plantada delante de la puerta cual avería urbana irreparable, preguntándote si lo que has visto ha sido de verdad o esos charquillos de alcohol remolones que aún te quedan en la sangre te causan alucinaciones.
No. Los Manolo Blahnik serán alucinantes, pero no alucinados.
Te ríes para tus adentros. Manolos, unos zapatos que se llaman Manolo, el colmo del "cool", vamos...
Escribes nota mental para proyecto empresarial: recaudarás dinero y montarás tu propia empresa de bragas, enchufándole algún nombre de huerta tal que "Paca Garte". Total, para el español que entienden los/as vikingos/as... Te vas a forrar.

Con un indiscutible dolor de cabeza (culpa tuya, nadie te ató y te vació el contenido del Pinot blanco garganta abajo la noche anterior), algún moratón que otro (culpa de la British Dysfunctional Population) y más ganas de llorar que otra cosa (culpa de la rubia subnormal que cree que "Respect" es una colonia de Calvin Klein) entras en el edificio, dispuesta a empezar otro día de trabajo serio y adulto como persona seria y adulta...
... Claro que tú nunca has sido ni seria, ni adulta...
Pero eso ya da para el siguiente post.
 
Volver

... Que no es película ni tango, sino cosas que pasan en muchas vidas humanas. (Y en la mía, humana o no, con una frecuencia de espasmo ocular ).

Para hacer un resumen resumidísimo de itinerarios pasados, hace casi cinco años estaba en Barcelona y decidí venir a Londres. Al cabo de un año era o Londres, o mi salud mental, y volví a Barcelona. Dos años después empecé a planear mi viaje a Australia, que tres años después de eso decidí no hacer. Y vuelta a Londres, donde aún estoy ahora mismo.
... Pero ahora mismo coincide con el hace justo un par de horas que he vuelto a decidir que no me quedo, y tengo un vuelo para volver en Septiembre, cuando Barcelona huele a lápices nuevos, y libretas, y gomas de borrar, y bambas recién estrenadas.
Lo bueno de esta vuelta es que no vuelvo sólo a Barcelona. A mis casi treinta, vuelvo al cole.