Vísperas
El color del mar por la mañana. Azul eléctrico, con las olas acompasadas, pero con extraños movimientos de espuma en horizontal. Todo ello presagiando un septiembre que está ahí.
Para celebrarlo (aunque la supercelebración del otoño será en octubre) esta tarde he quedado con las niñas brujas para tomarnos algo. Hace ya mucho tiempo que no las veo, puede que desde el cumple de M, en adelante llamada la bruja flamenca, allá por julio. Desde entonces A. (la bruja sensata)se ha cambiado de casa y de vida, T,(la bruja morena) ha estado por el monte, E, (en lo sucesivo, la bruja rebelde) anda por ahí y la bruja flamenca. vive, según sus propias palabras en una especie de vacaciones permanentes que rompe de vez en cuando para ir a trabajar. Eso es espíritu vacacional y lo demás tonterías. Además, ha anunciado que hasta que no vuelva de Logroño a donde se irá a celebrar San Mateo, no considera terminado el verano.
También he quedado con Javier para tomarme un café después de la comida y que me cuente sus aventuras berlinesas.
Y si tenemos en cuenta que J. tiene que decidir hoy que hace con el resto de su vida, que mi madre me tuvo ayer al teléfono una hora para discutir acerca de humillados y ofendidos (y no era la novela precisamente) y que mi hija ha firmado hoy un contrato laboral en una tele (y está muy contenta al respecto), tengo el día bastante completo.
No. Hay más: además me he comprado un juguetito. Una memoria USB con reproductor MP3, FM y grabación de voz. Que consiga entenderlo (esos malditos botoncitos polivalentes) será otra historia. Y complicada...
Para celebrarlo (aunque la supercelebración del otoño será en octubre) esta tarde he quedado con las niñas brujas para tomarnos algo. Hace ya mucho tiempo que no las veo, puede que desde el cumple de M, en adelante llamada la bruja flamenca, allá por julio. Desde entonces A. (la bruja sensata)se ha cambiado de casa y de vida, T,(la bruja morena) ha estado por el monte, E, (en lo sucesivo, la bruja rebelde) anda por ahí y la bruja flamenca. vive, según sus propias palabras en una especie de vacaciones permanentes que rompe de vez en cuando para ir a trabajar. Eso es espíritu vacacional y lo demás tonterías. Además, ha anunciado que hasta que no vuelva de Logroño a donde se irá a celebrar San Mateo, no considera terminado el verano.
También he quedado con Javier para tomarme un café después de la comida y que me cuente sus aventuras berlinesas.
Y si tenemos en cuenta que J. tiene que decidir hoy que hace con el resto de su vida, que mi madre me tuvo ayer al teléfono una hora para discutir acerca de humillados y ofendidos (y no era la novela precisamente) y que mi hija ha firmado hoy un contrato laboral en una tele (y está muy contenta al respecto), tengo el día bastante completo.
No. Hay más: además me he comprado un juguetito. Una memoria USB con reproductor MP3, FM y grabación de voz. Que consiga entenderlo (esos malditos botoncitos polivalentes) será otra historia. Y complicada...
Y sin embargo
Lo dice el aire que se respira a primera hora de la mañana. Lo dice esa sensación de frío en las piernas al salir de casa. Lo dice el color del mar, y el olor inconfundible que viene de las olas. Lo dicen los escaparates, los anuncios de la tele, los quioscos llenos de nuevas propuestas fasciculares. Lo dice el día que tarda más en ser, y la noche que llega antes. A gritos lo proclama todo lo que me rodea, y sin embargo estamos en agosto.
Y hay que ver, sin embargo, la cara de septiembre que tiene todo.
Y hay que ver, sin embargo, la cara de septiembre que tiene todo.
Inesperado
Puestos a hacer catálogo de cosas buenas que a una le pasan, hoy tengo que dejar constancia del encuentro ayer con M. Hacía cuatro años, por lo menos que no la veía, y mientras esperaba un taxi, apareció sin más y fue como si nos hubiéramos visto el día anterior. Es una mujer muy especial, muy valiente, muy fuerte y muy positiva. Recuerdo mañanas tomando café en un bar pequeñito que tenía en el paseo de la playa y charlando. Tengo cuadernos que me hizo y tengo sobre todo muchos y buenos recuerdos de ella. Ha sido un placer volver a encontrármela. Y sobre todo es estupendo haberla recuperado (ya está en mi lista del messenger).
Otra cosita buena: los ojos azules, increíbles de I. Su sonrisa entre nerviosa y complacida. La certeza de algunas cosas. Pasa el tiempo, pero hay cosas que permanecen en el fondo y afloran cuando menos se lo espera una.
Otra cosita buena: los ojos azules, increíbles de I. Su sonrisa entre nerviosa y complacida. La certeza de algunas cosas. Pasa el tiempo, pero hay cosas que permanecen en el fondo y afloran cuando menos se lo espera una.
Comienzos y finales
Ayer, mientras escribía en mi moleskine (sí, en la misma) me acordé de un personaje de una novela de Nick Hornby, creo que era en Cómo ser buenos, aunque lo mismo, dada mi escasa memoria (por saturación, por supuesto) a la hora de recordar argumentos y cosas así, lo mismo, digo, estoy equivocada. Bueno, a lo que iba, ese personaje, en un momento determinado menciona el hecho de que tiene un armario repletito de cuadernos a medio escribir. Ni siquiera a medio escribir. Cuadernos comenzados, sin más. Y eso me pasa a mí, y supongo que a mucha gente. Me encantan los cuadernos, es una pasión invencible, cuando veo uno bonito me entran unas ganas locas de ponerme a escribir. Y lo hago. Me pongo a escribir y en casi todos hago la misma reflexión: si seré capaz o no de seguir adelante, de escribir más allá de la página ocho o la diez... Y lo cierto es que no lo consigo, y el cuaderno maravilloso que me había hecho feliz, va a engrosar ese sueño de lo inacabado...
Hombre, tampoco importa demasiado, digo yo. Porque nadie, como en los comienzos de una relación maravillosa que luego se queda en nada, nadie, digo, puede quitarle a una esa sensación de mundo recién pintado, de estrenar la vida, de tener por delante un futuro (de páginas o de besos) que parece interminable.
Y hablando de terminar. Por fin (conste que sólo la leía en el autobús, y conste que son más de setecientas páginas) he terminado de leer "Una mujer difícil", de John Irving. Y no está mal.
Hombre, tampoco importa demasiado, digo yo. Porque nadie, como en los comienzos de una relación maravillosa que luego se queda en nada, nadie, digo, puede quitarle a una esa sensación de mundo recién pintado, de estrenar la vida, de tener por delante un futuro (de páginas o de besos) que parece interminable.
Y hablando de terminar. Por fin (conste que sólo la leía en el autobús, y conste que son más de setecientas páginas) he terminado de leer "Una mujer difícil", de John Irving. Y no está mal.
El sentido
Una de las peores cosas que pueden suceder (bueno, hay muchas otras, dejémoslo en una de las cosas malas que pueden suceder) es que, de pronto, las cosas pierdan el sentido. Quiero decir: que nos dé por preguntarnos algo tan simple como "¿y esto para qué?".
No quiero que me suceda y me da pánico la posibilidad de que sea así.
Hace como un año tuve un atisbo, como una amenaza de que eso podría suceder. Que sin más ni más empiece a preguntarme para qué hago las cosas y no les encuentre ningún sentido. El abismo que se abriría entonces sería tan profundo que la sola constancia de su existencia me produce vértigo ya.
Así que mejor no. Mejor ir inventándose tonterías como muletas invisibles. Mejor encontrarle sentido a los encuentros fortuitos, a las llamadas inesperadas, a los descubrimientos. Mejor ilusionarse con bobadas, disfrutar de "las cosas pequeñas y sencillas" y agarrarse a la creencia de que es posible sentirse felices a ratitos, el tiempo que dura un helado de mora, la alegría de escuchar una canción perdida, o el reencuentro con una vieja amiga.
Lo que sea, con tal de seguir encontrándole sentido a lo que sucede.
No quiero que me suceda y me da pánico la posibilidad de que sea así.
Hace como un año tuve un atisbo, como una amenaza de que eso podría suceder. Que sin más ni más empiece a preguntarme para qué hago las cosas y no les encuentre ningún sentido. El abismo que se abriría entonces sería tan profundo que la sola constancia de su existencia me produce vértigo ya.
Así que mejor no. Mejor ir inventándose tonterías como muletas invisibles. Mejor encontrarle sentido a los encuentros fortuitos, a las llamadas inesperadas, a los descubrimientos. Mejor ilusionarse con bobadas, disfrutar de "las cosas pequeñas y sencillas" y agarrarse a la creencia de que es posible sentirse felices a ratitos, el tiempo que dura un helado de mora, la alegría de escuchar una canción perdida, o el reencuentro con una vieja amiga.
Lo que sea, con tal de seguir encontrándole sentido a lo que sucede.
Jubilarse
Y yo suspirando sin parar ante la posibilidad de jubilarme (y qué lejos lo veo) y otros perpetuándose hasta el último aliento...
Cuando yo era adolescente, o sea, en plena transición, recuerdo haber leído una pintada en la que se decía cómo era la democracia con Fraga. No voy a reproducirla, porque soy una señorita, pero daré como pista que era como hacer algo con una cosa que rima con el apellido del egregio caballero. Entonces se decía aquello y han pasado veinticinco años y ahí sigue, como un dinosaurio superviviente. Habrá quien diga que eso da una muestra de que efectivamente ésa es la democracia previsible si él estaba en ella. No lo sé, a estas alturas, no sólo dudo de todo: a veces incluso me cuesta hasta razonar medianamente.
¿Por qué una persona de 82 años quiere seguir en el poder? ¿Tan fuerte es la adicción? ¿Tan imprescindible se ve? Que alguien me lo explique, por caridad.
Cuando yo era adolescente, o sea, en plena transición, recuerdo haber leído una pintada en la que se decía cómo era la democracia con Fraga. No voy a reproducirla, porque soy una señorita, pero daré como pista que era como hacer algo con una cosa que rima con el apellido del egregio caballero. Entonces se decía aquello y han pasado veinticinco años y ahí sigue, como un dinosaurio superviviente. Habrá quien diga que eso da una muestra de que efectivamente ésa es la democracia previsible si él estaba en ella. No lo sé, a estas alturas, no sólo dudo de todo: a veces incluso me cuesta hasta razonar medianamente.
¿Por qué una persona de 82 años quiere seguir en el poder? ¿Tan fuerte es la adicción? ¿Tan imprescindible se ve? Que alguien me lo explique, por caridad.
Domingo por la tarde
Casi noche ya y la tristeza incierta de la víspera de lunes. Y rebelándome a ella, la enumeración de las cosas buenas: los veintidós años cumplidos ayer de estar con M. y también ayer la boda de Luis Sepúlveda y Carmen, por segunda vez. La primera fue en el año 71, y luego vendría Pinochet y el exilio por Europa y la separación y otras bodas y otros compañeros, y otros hijos, para reencontrarse y volver a estar juntos hace ya varios años, y volver a casarse ahora. Luis escribe bonitas historias, pero también ha conseguido hacer de su vida una novela apasionante.
Más cosas buenas: anoche cenamos con los niños en la pizzería de debajo de nuestra antigua casa y fue estupendo volver a ver a los dueños sinceramente contentos de vernos por allí. Nos reímos mucho con Sergio y su capacidad para las imitaciones diversas, especialmente con las de La hora Chanante y las de Les Luthiers. Voy a echarlo mucho de menos cuando se vaya a Cáceres.
Más cosas buenas: anoche cenamos con los niños en la pizzería de debajo de nuestra antigua casa y fue estupendo volver a ver a los dueños sinceramente contentos de vernos por allí. Nos reímos mucho con Sergio y su capacidad para las imitaciones diversas, especialmente con las de La hora Chanante y las de Les Luthiers. Voy a echarlo mucho de menos cuando se vaya a Cáceres.
La materia de la que están hechos los sueños
Al final resulta que es puro residuo. Si uno se analiza bien, si hace un recuento exhaustivo de lo que le ha sucedido durante el día, qué ha visto, a quién, qué ha oído, qué noticia o qué palabra se le ha colado desde un anuncio de la tele o desde una portada de un libro, acaba encontrando las claves de los sueños más o menos absurdos que nos acompañan, nos atosigan o nos acarician durante la noche.
Lo de esta noche ha sido muy fácil. Ayer, en una conversación con J. (hacía mucho tiempo que no entraba en el café Gregorio) hablamos de la rabia que les da a las ex comprobar que uno rehace su vida (o se enamora simplemente) de alguien impresentable. Es una conversación que también tuve hace tiempo con las niñas brujas, y había, si mal no recuerdo, diversidad de opiniones, más o menos al cincuenta por ciento: "Pues ya que me ha dejado que la que esté con él sea un desastre, mira y que se joda", o al revés" Pues para no dejarme por alguien mejor que yo...". Después, en esa elaboración onírica sobre la que aparentemente al menos no tenemos control, soñé que M. me dejaba por una tía absolutamente desastrosa que le volvía absolutamente chiflado y la ira que me poseía en el sueño no tenía tanto que ver con el hecho de que me dejara, como con el hecho de que lo hiciera por alguien impresentable.
Lo que no sé es cómo me sentiría si hubiera soñado que me dejaba por un auténtico dechado de virtudes. Vamos, aquello de la vieja canción de Mocedades "Si es mejor que yo, podré entonces llorar"...
Qué disquisiciones tan elaboradas... Cómo se nota que hoy es viernes.
Lo de esta noche ha sido muy fácil. Ayer, en una conversación con J. (hacía mucho tiempo que no entraba en el café Gregorio) hablamos de la rabia que les da a las ex comprobar que uno rehace su vida (o se enamora simplemente) de alguien impresentable. Es una conversación que también tuve hace tiempo con las niñas brujas, y había, si mal no recuerdo, diversidad de opiniones, más o menos al cincuenta por ciento: "Pues ya que me ha dejado que la que esté con él sea un desastre, mira y que se joda", o al revés" Pues para no dejarme por alguien mejor que yo...". Después, en esa elaboración onírica sobre la que aparentemente al menos no tenemos control, soñé que M. me dejaba por una tía absolutamente desastrosa que le volvía absolutamente chiflado y la ira que me poseía en el sueño no tenía tanto que ver con el hecho de que me dejara, como con el hecho de que lo hiciera por alguien impresentable.
Lo que no sé es cómo me sentiría si hubiera soñado que me dejaba por un auténtico dechado de virtudes. Vamos, aquello de la vieja canción de Mocedades "Si es mejor que yo, podré entonces llorar"...
Qué disquisiciones tan elaboradas... Cómo se nota que hoy es viernes.
Lo rara que es la memoria
Es un misterio. Quiero decir, eso de que de repente nos acordemos de algo y no podamos quitárnoslo de la cabeza y se convierta en una especie de motivo esencial en nuestra existencia. Un dato remoto, una imagen de hace muchos años, una frase. Pedacitos sueltos de vida que no parecen tener ningún tipo de significación ni de trascendencia, pero que, sin más, ahí están instalados en nuestra memoria como si fueran esenciales y como si el desarrollo de todo lo que nos ocurre se debiera justamente a ellos.
Hace años hice con un grupo de alumnos un ejercicio que dio muy buenos resultados. Era un "me acuerdo..." y cada uno de ellos elaboró una lista de pequeños detalles de su vida, los que aparecían en la memoria sin que parecieran tener ninguna relevancia: el color de un vestido, la regadera de latón en el jardín de la abuela, una salamandra en el camino una noche de lluvia, las lágrimas de una niña en cuarto de egb que rebotaban en la mesa al caerse mientras recibía una regañina, las tapas del libro de lectura, el sabor de un yogur de chocolate tras una verbena de verano. Todo eso que aparentemente no sirve para nada.
Lo digo porque ayer de pronto recordé una serie de la tele de una época realmente pretérita. La serie se llamaba Los Monroes y era del oeste, creo que eran una familia de hermanos que vivían solos y salían indios de vez en cuando. Ayer estaba lavándome el pelo, y al incorporarme y quitarme jabón de los ojos, sentí una extrañísima punzada de miedo. Fue entonces cuando recordé una imagen que ha quedado absurdamente grabada en mi memoria: a la niña pequeña de la serie le estaban lavando el pelo y en ese momento entraban unos indios en la cabaña y ella no podía abrir los ojos porque los tenía llenos de jabón, con lo que el terror se multiplicaba.
Desde luego, con lo bien que me habría venido seguramente, recordar cosas más útiles como las capitales de África, o la tabla periódica.
Hace años hice con un grupo de alumnos un ejercicio que dio muy buenos resultados. Era un "me acuerdo..." y cada uno de ellos elaboró una lista de pequeños detalles de su vida, los que aparecían en la memoria sin que parecieran tener ninguna relevancia: el color de un vestido, la regadera de latón en el jardín de la abuela, una salamandra en el camino una noche de lluvia, las lágrimas de una niña en cuarto de egb que rebotaban en la mesa al caerse mientras recibía una regañina, las tapas del libro de lectura, el sabor de un yogur de chocolate tras una verbena de verano. Todo eso que aparentemente no sirve para nada.
Lo digo porque ayer de pronto recordé una serie de la tele de una época realmente pretérita. La serie se llamaba Los Monroes y era del oeste, creo que eran una familia de hermanos que vivían solos y salían indios de vez en cuando. Ayer estaba lavándome el pelo, y al incorporarme y quitarme jabón de los ojos, sentí una extrañísima punzada de miedo. Fue entonces cuando recordé una imagen que ha quedado absurdamente grabada en mi memoria: a la niña pequeña de la serie le estaban lavando el pelo y en ese momento entraban unos indios en la cabaña y ella no podía abrir los ojos porque los tenía llenos de jabón, con lo que el terror se multiplicaba.
Desde luego, con lo bien que me habría venido seguramente, recordar cosas más útiles como las capitales de África, o la tabla periódica.
Madrugada
Los errores se pagan, y tomarse un café supercargadísimo por la tarde (lo cierto es que me estaba durmiendo literalmente) ha traído como consecuencia que de madrugada tuviera los ojos abiertos como platos. Así que llevo ya varias horas en pie, ante el ordenador, navegando por internet, y sorprendiéndome (no puedo evitarlo) porque el portugués sea el idioma que predomine en Orkut (me he dado una vuelta por allí) y además con muchísima diferencia.
Ahora llueve despacito, el mar está calmado a pesar de los pronósticos y empiezan a iluminarse algunas ventanas. Empiezo a sentir urgencias de material escolar nuevecito, de empezar agendas, de inaugurar horarios. No, no volveré a ser estudiante, pero hay una especie de atavismo con olor a tiza y a baby, a clase recién inaugurada, a libros de texto impecablemente nuevos y recién forrados. A lo mejor todo se reduce a que estamos en plena "Vuelta al cole". Comercialmente hablando, quiero decir.
Ahora llueve despacito, el mar está calmado a pesar de los pronósticos y empiezan a iluminarse algunas ventanas. Empiezo a sentir urgencias de material escolar nuevecito, de empezar agendas, de inaugurar horarios. No, no volveré a ser estudiante, pero hay una especie de atavismo con olor a tiza y a baby, a clase recién inaugurada, a libros de texto impecablemente nuevos y recién forrados. A lo mejor todo se reduce a que estamos en plena "Vuelta al cole". Comercialmente hablando, quiero decir.
Se me olvidaba (o no)
Feliz cumpleaños a quien hoy cumple cuarenta. Si mal no recuerdo.
Llueve
Llueve en esta mañana de vuelta al trabajo tras el puente y todo de pronto se tiñe de una tristeza mansa que contagia los rostros de los viajeros del autobús. Llueve y es agosto y hay, sin embargo, una vez pasada la fiesta del 15 una inevitable sensación de otoño. Todo el verano que venga desde ahora será casi de mentira, como una concesión que los dioses les hacen a quienes tuvieron la idea de coger sus vacaciones más tarde, pero todos sabemos ya que no es así. Que el verano ha terminado y que empiezan a sonar, aunque sean inaudibles todavía, los acordes de "El final del verano" del Dúo Dinámico, y las canciones que en los veranos lejanísimos ya hablaban de otoño aunque siguieran hablando de verano.
Mientras esperaba el autobús, varias chicas sudamericanas, morenas, de caderas anchas y culos impresionantes, caminaban cansinas, posiblemente salían de alguno de los clubs que hay en la calle siguiente. Una de ellas se había puesto una bolsa de plástico en la cabeza, tal vez para evitar el desastre de la humedad en el pelo alisado con esfuerzo. Un hombre de aspecto escuchimizado, cojo y posiblemente bebido se les acercó y habló con ellas. No sé qué les dijo, pero es posible que quisiera acostarse con todas ellas por las carcajadas que soltaron la mayoría y los rostros de fastidio de las demás. Al final se marcharon y lo dejaron allí, con la única compañía de las fantasías que nadie podrá quitarle.
Mientras esperaba el autobús, varias chicas sudamericanas, morenas, de caderas anchas y culos impresionantes, caminaban cansinas, posiblemente salían de alguno de los clubs que hay en la calle siguiente. Una de ellas se había puesto una bolsa de plástico en la cabeza, tal vez para evitar el desastre de la humedad en el pelo alisado con esfuerzo. Un hombre de aspecto escuchimizado, cojo y posiblemente bebido se les acercó y habló con ellas. No sé qué les dijo, pero es posible que quisiera acostarse con todas ellas por las carcajadas que soltaron la mayoría y los rostros de fastidio de las demás. Al final se marcharon y lo dejaron allí, con la única compañía de las fantasías que nadie podrá quitarle.
Fiesta
Se prolonga la fiesta de ayer, con lo que el de hoy parece un día de tregua antes de volver al trabajo, a los días esos que con un poco de suerte terminan teniendo una espuma que es lo único que queda...
Pero da la sensación, aparte del día de fiesta, que todo el mundo está de vacaciones en este momento, y que agosto es un mes de paso, una parada en el tiempo. A los relojes se les caen las manecillas y los que trabajamos tratamos de mantener el equilibrio entre la necesidad de cerrar asuntos y los teléfonos que no responden.
Hoy, sin embargo, también yo participo de esa quietud de agosto. Desde la ventana veo a la gente que pasea por la playa, del mismo modo que ayer vi a miles de personas con las manos unidas en la playa y en el Muro, bailando la Danza Prima. Del mismo modo que la noche anterior el cielo brilló con los fuegos artificiales. El mundo pasa por delante de mi ventana y a veces me pregunto si no debería salir un poco más.
Pero da la sensación, aparte del día de fiesta, que todo el mundo está de vacaciones en este momento, y que agosto es un mes de paso, una parada en el tiempo. A los relojes se les caen las manecillas y los que trabajamos tratamos de mantener el equilibrio entre la necesidad de cerrar asuntos y los teléfonos que no responden.
Hoy, sin embargo, también yo participo de esa quietud de agosto. Desde la ventana veo a la gente que pasea por la playa, del mismo modo que ayer vi a miles de personas con las manos unidas en la playa y en el Muro, bailando la Danza Prima. Del mismo modo que la noche anterior el cielo brilló con los fuegos artificiales. El mundo pasa por delante de mi ventana y a veces me pregunto si no debería salir un poco más.
Autobús
Que la vida está llena de momentos pequeñitos que te hacen sonreír, es algo que defiendo aun a costa de que alguien me acuse de parecer la heroína de un anuncio de compresas...
Pero es cierto. Esos momentos existen.
Ayer, el conductor del autobús en el que volvía a casa tuvo la oportunidad de demostrar su conocimiento del francés (obvio: el idioma) con un par de viajeras (muy guapas además) que le preguntaban por la ubicación del hotel. Ver su cara de satisfacción porque era capaz de hacerlo, me conmovió. Ya sé que no es mucho, pero momentos así, merecen la pena.
Pero es cierto. Esos momentos existen.
Ayer, el conductor del autobús en el que volvía a casa tuvo la oportunidad de demostrar su conocimiento del francés (obvio: el idioma) con un par de viajeras (muy guapas además) que le preguntaban por la ubicación del hotel. Ver su cara de satisfacción porque era capaz de hacerlo, me conmovió. Ya sé que no es mucho, pero momentos así, merecen la pena.
Bomba
Estábamos en una reunión y ha entrado alguien comentando que ha estallado una bomba aquí en Gijón. En el Muro. Y yo vivo en El Muro, frente al mar. Y aunque he pensado que sería un petardo del tipo de los del otro día en el Sella y en Santander, no he podido evitarlo: los míos estaban en casa. O deberían estarlo. Y no, no se habían enterado de nada, y al menos por allí no había movida. La que no estaba en casa era mi hija y como estos días trabaja como reportera en una tele, la llamé para ver si ella sabía algo. Para entonces ya había oído en la radio que la explosión había sido en la zona del Piles . Me cogió el teléfono sin saber nada en absoluto y cuando se lo dije se sorprendió: "¿En el Piles? Pero si estoy en el Rinconín, no hace ni media hora que pasé por ahí". Vamos, que no la pilló de milagro. Porque aunque no haya sido gran cosa (parece que hay un herido leve) supongo que no debe ser muy agradable.
No voy a decir lo que pienso al respecto. Pero las bombas o los petardos, ellos y los otros, y todos los demás, podían ponérselas donde yo les dijera.
No voy a decir lo que pienso al respecto. Pero las bombas o los petardos, ellos y los otros, y todos los demás, podían ponérselas donde yo les dijera.
Añado, sobre Orkut
Eso, que añado que si alguien no lo conoce y tiene interés en conocerlo, estaré encantada en enviarle la invitación (así de selecta es la cosa) correspondiente, aunque me imagino que a estas alturas esto no es novedad para nadie...
Orkut
Hacía tiempo que no entraba en Orkut. Reconozco que al principio me hizo muchísima ilusión y me convertí en una especie de fan de ello. Invité a un montón de amigos (la mayor parte de los cuales pasaron olímpicamente) y navegué mucho curioseando. Pero como parece que la cosa tampoco daba mucho más de sí, dejé de entrar. También es cierto que conocí a gente muy interesante (Santi, por ejemplo), y que encontré a otra gente cuyos blogs yo leía con asiduidad.
La verdad es que luego, como los juguetes que cansan, dejé de entrar y esta mañana me he dado una vuelta por las comunidades y esas cosas y he descubierto que existe una (con 165 miembros, la inmensa mayoría extranjeros) en torno a l@s moleskines...
Supongo que a Orkut le faltan algunas cosas que estarían muy bien: un sistema de mensajería instantánea, por ejemplo. Como están en fase beta, a lo mejor lo consideran para un futuro. De ser así, podría ser una fantástica idea...
La verdad es que luego, como los juguetes que cansan, dejé de entrar y esta mañana me he dado una vuelta por las comunidades y esas cosas y he descubierto que existe una (con 165 miembros, la inmensa mayoría extranjeros) en torno a l@s moleskines...
Supongo que a Orkut le faltan algunas cosas que estarían muy bien: un sistema de mensajería instantánea, por ejemplo. Como están en fase beta, a lo mejor lo consideran para un futuro. De ser así, podría ser una fantástica idea...
Cena
Nunca pensé que invitar a toda mi familia a cenar iba a traerme tantos problemas (y no hablo de la elección y elaboración del menú, sabiamente asesorada por Amanda).
Parece mentira la cantidad de pequeñas tonterías que van enredando las relaciones, los distintos momentos vitales de la gente, lo que es importante y lo que no lo es para cada uno en cada momento de la vida, las dificultades tan terribles...
Y lo estúpido que resulta que eso quede patente en la situación más inesperada.
No puedo evitar la tristeza. El cabreo, la indignación o el enfado sí, porque ejerzo mi voluntad, mi sagrado derecho de elegir enfadarme o no. Pero la tristeza me puede.
Parece mentira la cantidad de pequeñas tonterías que van enredando las relaciones, los distintos momentos vitales de la gente, lo que es importante y lo que no lo es para cada uno en cada momento de la vida, las dificultades tan terribles...
Y lo estúpido que resulta que eso quede patente en la situación más inesperada.
No puedo evitar la tristeza. El cabreo, la indignación o el enfado sí, porque ejerzo mi voluntad, mi sagrado derecho de elegir enfadarme o no. Pero la tristeza me puede.
Y esta noche...
... continuando con el pequeño catálogo de cosas diminutas que van haciendo la vida más feliz, toca Lágrimas de San Lorenzo.
Toda una experiencia si se tiene la precaución de observarlas desde fuera de la ciudad...
Toda una experiencia si se tiene la precaución de observarlas desde fuera de la ciudad...
Arco iris
Esta mañana había un arcoiris sobre la playa. Decir arcoiris es exagerar, porque en realidad se trataba de una mancha con los colores del arcoiris (que yo nunca he sabido discriminar del todo) que pugnaba por colarse entre las nubes.
No voy a decir que eso me haya hecho feliz, porque es excesivo, pero parecía un buen presagio. Por lo menos lo suficiente como para afrontar el día con buen humor.
También porque estoy agradecida y contenta: mi moleskine, las recetas que me ha enviado Amanda, la conversación ayer con T. que está de vacaciones, la llamada de J. por la noche y esa ilusión que me hace que desde septiembre se convierta en mi vecino de puerta.
Si uno va sumando las cosas pequeñas que le pasan en el día, y si tiene la presencia de ánimo suficiente para que ese inventario se imponga a los malos rollitos, al final resulta que la vida no es tan mala cosa...
No voy a decir que eso me haya hecho feliz, porque es excesivo, pero parecía un buen presagio. Por lo menos lo suficiente como para afrontar el día con buen humor.
También porque estoy agradecida y contenta: mi moleskine, las recetas que me ha enviado Amanda, la conversación ayer con T. que está de vacaciones, la llamada de J. por la noche y esa ilusión que me hace que desde septiembre se convierta en mi vecino de puerta.
Si uno va sumando las cosas pequeñas que le pasan en el día, y si tiene la presencia de ánimo suficiente para que ese inventario se imponga a los malos rollitos, al final resulta que la vida no es tan mala cosa...
Ya la tengo!
Ya tengo mi moleskine. Agradezco horrores a C. quien quiera que sea, que me dejó instrucciones precisas para su perfecta localización. Y sí, para todos aquellos interesados: hay moleskines en la FNAC. Aquí concretamente había tres modelos: la pequeñita, la de dibujo y la que yo me compré, que es la notebook large.
Estoy muy muy contenta.
(Hay que ver con qué poca cosa se conforma una a veces...)
Estoy muy muy contenta.
(Hay que ver con qué poca cosa se conforma una a veces...)
Mal rollo nocturno
O más bien de madrugada. Me despertó el timbre, el de la puerta de casa y desde ese estado absurdo del sueño me pregunté quién podía ser, antes incluso de darme cuenta de que eran las seis menos cuarto. Pensé en una tía de M. que es mayor y que vive en el mismo portal. Para cuando llegué a la puerta y miré por la mirilla, no vi a nadie en el descansillo, aunque la luz estaba encendida.
Todavía no había tenido tiempo a volver a la cama, preguntándome incluso si no lo habría soñado, cuando el timbre volvió a sonar. Esta vez desperté a M. (bendito él, que duerme como un tronco) que se levantó y me dijo que no abriera la puerta. Pregunté quién era, naturalmente nadie respondió y a través de la mirilla pude ver a alguien que entraba en el ascensor. Un tío.
Y sí, lo reconozco. Me dio miedo. Porque eran las seis menos diez y aquel tipo estaba delante de mi puerta, y porque no tenía ni la más remota idea. Y porque esta ciudad es la más tranquila del mundo y jamás se me ha ocurrido siquiera cerrar con llave por la noche. Y porque cuando es madrugada los pensamientos son siempre mucho más sombríos, y ahora que hace sol, y que sigo en casa (hoy tengo una reunión en el Botánico, tardaré un rato en ir a trabajar) me dan ganas de reír.
Pero hace unas horas, no. Desde luego.
Todavía no había tenido tiempo a volver a la cama, preguntándome incluso si no lo habría soñado, cuando el timbre volvió a sonar. Esta vez desperté a M. (bendito él, que duerme como un tronco) que se levantó y me dijo que no abriera la puerta. Pregunté quién era, naturalmente nadie respondió y a través de la mirilla pude ver a alguien que entraba en el ascensor. Un tío.
Y sí, lo reconozco. Me dio miedo. Porque eran las seis menos diez y aquel tipo estaba delante de mi puerta, y porque no tenía ni la más remota idea. Y porque esta ciudad es la más tranquila del mundo y jamás se me ha ocurrido siquiera cerrar con llave por la noche. Y porque cuando es madrugada los pensamientos son siempre mucho más sombríos, y ahora que hace sol, y que sigo en casa (hoy tengo una reunión en el Botánico, tardaré un rato en ir a trabajar) me dan ganas de reír.
Pero hace unas horas, no. Desde luego.
Leo Bassi
... y encima va mi hija y se ha comprometido para aparecer "como espontánea" en el espectáculo de esta noche de Leo Bassi. Conociendo el asunto, me temo lo peor. Ya le he dicho que llevara puesta ropa que no valore mucho por si acaso, y también me he asegurado que pese a estar el escenario en el espigón, no hay muchas posibilidades de que la tire al mar...
Había dicho que no iba a enfadarme ¿no?
Había dicho que no iba a enfadarme ¿no?
Elegir
Conversación telefónica con una de mis hermanas que terminó en una especie de partido de tenis acerca de si es posible o no lo es, controlar el enfado. Yo, supongo que en un alarde de chulería, le decía que no pensaba enfadarme ante un "agravio" materno que el año pasado me había enfurecido. Ella me decía que por mi parte era una contradicción, que si el año pasado me había enfadado era lógico que este, ante la misma situación mi madre diera por hecho que yo iba a enfadarme de nuevo. Le dije que el enfado le pertenece a quien lo ejecuta y que está en mí enfadarme o no, y que elijo no enfadarme y santas pascuas. Ella insiste en que el enfado depende de las causas, que hay motivos que justifican el enfado. Y claro, como soy cabezota, me empeciné en que eso no es así... Y ahora me he hecho una especie de apuesta conmigo misma para demostrarme que tengo razón. Así que ya está: por muy rollito new age que suene esto, resulta que no me voy a enfadar. Por nada. Después de todo, pase lo que pase a mi alrededor, yo tengo la facultad de elegir si me enfado o no por ello: y si me enfado, estoy incrementando los perjuicios que suponen esas condiciones objetivas para el enfado. Así que ya. Be happy.
Ciento ochenta mil
Leo en los periódicos que para la próxima edición de Gran Hermano, se han presentado un total de ciento ochenta mil personas. Es decir, que hay casi doscientos mil tíos y tías, dispuestos a hacer de su vida carne de cañón televisivo. Saben que todo lo que hagan, digan o hayan dicho o hecho a lo largo de su vida, será analizado, comentado, aireado, y no les importa. Saben que sus familiares saldrán a la palestra y las vidas de todos ellos serán susceptibles de criticar, comentar, analizar y airear. Saben que las relaciones de amistad/amor/odio que establezcan en la casa también ocuparán horas en la programación de televisión. Que se pelearán y se dirán de todo. Saben también que como el público es exigente y ellos son conscientes de que hay que dar espectáculo, forzarán la maquinaria más y más: amor, sexo, peleas, rollos a dos, a tres, a cuatro, traiciones, desamor, todas las combinaciones posibles, edredoning...
Bueno, pues lo saben y se mueren por ir. A mí Gran Hermano me da por el saco, pero este año juro que me divertiré. Que espero un gran espectáculo. Que no sentiré ninguna compasión de los concursantes asediados por las cámaras. Y que espero que proporcionen abundante carnaza. Entre ciento ochenta mil, qué menos que como mínimo los elegidos sean auténticos profesionales. De lo suyo, pero profesionales.
Bueno, pues lo saben y se mueren por ir. A mí Gran Hermano me da por el saco, pero este año juro que me divertiré. Que espero un gran espectáculo. Que no sentiré ninguna compasión de los concursantes asediados por las cámaras. Y que espero que proporcionen abundante carnaza. Entre ciento ochenta mil, qué menos que como mínimo los elegidos sean auténticos profesionales. De lo suyo, pero profesionales.
Volver al lunes
Volver sin haberse ido.
Este fin de semana he tenido que trabajar el sábado y el domingo, y por tanto esta vuelta de lunes tiene algo de prolongación de una semana interminable. Ya sé que tengo las vacaciones muy recientes, pero el cansancio pesa. Y pesa mucho.
Las horas libres del fin de semana me las pasé viendo cosas de Les Luthiers y volviendo a disfrutar como la primera vez que las vi. Recuerdo un día de 1990, en el teatro de la Universidad Laboral. Fui con H. y salimos de allí con dolor en las mandíbulas de tanto reír. Fue la primera vez que los vi actuar en directo.
El sábado por la tarde vimos también Kamtchaka, que la tenía ahí atrasada desde hace no sé cuánto.
Y hoy vuelve a ser lunes y la semana que queda por delante se extiende sin fin...
Este fin de semana he tenido que trabajar el sábado y el domingo, y por tanto esta vuelta de lunes tiene algo de prolongación de una semana interminable. Ya sé que tengo las vacaciones muy recientes, pero el cansancio pesa. Y pesa mucho.
Las horas libres del fin de semana me las pasé viendo cosas de Les Luthiers y volviendo a disfrutar como la primera vez que las vi. Recuerdo un día de 1990, en el teatro de la Universidad Laboral. Fui con H. y salimos de allí con dolor en las mandíbulas de tanto reír. Fue la primera vez que los vi actuar en directo.
El sábado por la tarde vimos también Kamtchaka, que la tenía ahí atrasada desde hace no sé cuánto.
Y hoy vuelve a ser lunes y la semana que queda por delante se extiende sin fin...
Moleskine
Vivir en provincias es lo que tiene, que no encuentras cosas que deseas en el momento en que las deseas...
¡¡¡¡¡Quiero una moleskine!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡Quiero una moleskine!!!!!!!!!!
Mariposas amarillas
Ayer mismo, en la comida, charlaba con mi chico (mi cari, que diría Amanda) acerca de la invisibilidad hacia la que estoy tornando. Cosas de la edad, imagino. Y no, lejos de angustiarme, o traumatizarme o lo que sea, resulta que a mí hasta me tranquiliza... Claro que dice mi chico que no me equivoque, que no confunda la invisibilidad con la imposibilidad y éste último justamente, es el cartel que según él llevo cogado... No sé. En cualquier caso, que estaba yo muy tranquilita y un mensaje de móvil acerca de mariposas amarillas en bullicio repentino, genera, de pronto una impensable respuesta. Se me hace raro, siempre se me hace raro, pero ocurre así.
Y no está mal.
Y no está mal.
Esos días tontos
... en los que cometes estupideces una tras otra. Da igual que hayas aprendido a lo largo de los años que no tienes otra opción que tú misma, que no hay caballeros andantes que puedan salvarte de tus propios fantasmas, que sólo tú tienes el secreto de estar más o menos bien. Pues da igual. Porque de pronto te encuentras estúpidamente pegada a la necesidad de que alguien te escuche, de que alguien te quiera un poco (a pesar de saber que son muchos los que te quieren, pero qué diablos, parece que hubiera una única persona en el mundo que pudiera querernos, hacernos reír, y mira por dónde, seguramente no lo hace) . Y como ya son muchos años y eres consciente de la debilidad que supone esa sospecha, eso da más rabia todavía y te sientes peor. Muchísimo peor. Con pocas ganas de hacer nada y muchas de ceder a ese abismo de la autocompasión. La mismita que detestas con toda tu alma.
Arggghhhh.
Arggghhhh.
Tempus fugit
Ahí está. Otro tema recurrente, sobado, de inevitable referencia. El paso del tiempo, lo rápido que va todo. Dice T. , que es psicóloga y una de mis mejores amigas, que eso tiene una explicación. Quiero decir, eso de que los veranos cada vez sean más cortos (aquellos de la infancia, interminables...) y los años nos pasen más deprisa. Algo que ver con el deterioro de los neurotransmisores o algo así. Vamos, que percibimos con menos detalle, más en bruto, el paso del tiempo, y de ahí esa sensación de cómoesposiblequevuelvanlosanunciosdenavidadenlatele...
Será eso. Pero de pronto me doy cuenta de que mi hijo más pequeño es un adulto que seguramente me necesita muy poco, y parece que fue ayer cuando lo acunaba, o cuando llevaba un parche en el ojo y se subía en los columpios, o cuando le peinaba los pelos de punta con gomina, o... No sé. Pienso en el post de ayer de g. y me sitúo en el otro lado: me gustaría tanto volver a dormir a mi niño...
(Y todo esto, porque esta mañana he tenido una bronca con él por una tontería doméstica, y de pronto me siento más triste que otro poco)
Será eso. Pero de pronto me doy cuenta de que mi hijo más pequeño es un adulto que seguramente me necesita muy poco, y parece que fue ayer cuando lo acunaba, o cuando llevaba un parche en el ojo y se subía en los columpios, o cuando le peinaba los pelos de punta con gomina, o... No sé. Pienso en el post de ayer de g. y me sitúo en el otro lado: me gustaría tanto volver a dormir a mi niño...
(Y todo esto, porque esta mañana he tenido una bronca con él por una tontería doméstica, y de pronto me siento más triste que otro poco)
Microclima
Desde que empecé a trabajar, ( o sea, desde el lunes) tras las vacaciones, vivo un timpo extraño, al menos climatológicamente hablando. Trabajo en un lugar en el que no hay ventanas y en el que la única referencia de lo que sucede en la calle llega muy de tarde en tarde. Y la temperatura se mantiene en esa atonía, parece ser que estudiada. Así que cuando salgo a la calle, de pronto se me hace raro que estemos a principios de agosto. Y cuando vuelvo a mi casa caminando por el paseo del Muro, me resulta extraño, enfundada en mi traje de chaqueta, ver a la gente tomando el sol en la playa.
Ya sé que no es muy popular, pero a veces me gustaría pensar que es septiembre, o que es octubre y que este tiempo impreciso de verano ajeno, y sobre todo de falta de sincronía, se ha terminado. Porque cada vez que salgo de trabajar, es como si regresara de un país muy muy lejano...
(Vamos mejorando: en los dos años y pico que llevo aquí siempre he tenido la sensación de aterrizar cada mañana en otro planeta... )
Ya sé que no es muy popular, pero a veces me gustaría pensar que es septiembre, o que es octubre y que este tiempo impreciso de verano ajeno, y sobre todo de falta de sincronía, se ha terminado. Porque cada vez que salgo de trabajar, es como si regresara de un país muy muy lejano...
(Vamos mejorando: en los dos años y pico que llevo aquí siempre he tenido la sensación de aterrizar cada mañana en otro planeta... )
... Y leer
También lo de leer tiene su complicación. He sido lectora voraz y he tenido rachas de apenas leer nada. Como el cine, supongo y como otras muchas cosas. Pero siempre he leído, porque incluso esas rachas de apenas nada, no estaban tan vacías como podría parecer: era simplemente que disminuía el ritmo. Y sin embargo, a veces en los últimos tiempos empiezo a tener una sensación que me preocupa. Que es que ya no sé si me merece la pena leer. Ya sé: es una tontería, porque leer es el último de los reductos de libertad que nos queda, uno elige abrir un libro, etcétera etcétera... No me explico bien. Quiero decir que a veces me da miedo plantearme ese tipo de preguntas. Sé que algún psicólogo amigo me diría eso de uy uy uy, que me parece a mí que lo que te pasa es que estás depre... Y no. Tampoco es. Así que hoy me he armado del ánimo suficiente y motivada por Bob, he buscado en mi estantería un libro que lleva durmiendo el sueño de los libros comprados hace tiempo y que no han sido leídos (incluso llevaba el plástico) : Una mujer difícil de John Irving. Y ahora, en una pausa en el trabajo, lo he abierto, he leído las dos primeras páginas y he descubierto que me gusta. Y que seguramente esas tonterías acerca de si merece o no la pena leer (es que no sé, lo confieso, igual lo que me pregunto es si merece o no la pena vivir) no son más que el resultado del cansancio infinito que me gasto...
Esto de escribir
Lo de escribir blogs, quiero decir. Como toda escritura tiene algo de exhibición impúdica y a la vez de intento, no sé si absurdo, de preservar cosas. Por ejemplo. Esto es un diario (si es que se le puede llamar así). Se supone que, afortunadamente, bastante clandestino, porque no creo que sea leído por mucha gente, y además, quienes lo leen puede que ni siquiera me conozcan. Eso me deja el camino libre: podría hablar sin ninguna cortapisa de muchas cosas que pellizcan por dentro: temores, deseos, angustias, esperanzas, mordisquitos del corazón, cosas así. Podría escribir ampliamente acerca de los problemas que me son confiados, de forma que al ponerlo por escrito, me ayudara a comprender mis propias opiniones y de paso me aclarara la solución posible a los temores, angustias etcétera, que les están haciendo daño a mis amigos. Pero luego está la sospecha: ¿y si esto lo lee alguien que me conoce y por tanto puede ponerle nombre y rostro a lo que me ocurre? ¿Y si lo lee alguien que conoce a mis amigos, a los que me cuentan cosas de las que luego yo podría hablar? ¿Es una forma de traición?
Está la bonita solución de utilizar iniciales. Una de mis amigas, en un momento de su vida de mucho bullicio sentimental fue numerando a los digamos pretendientes, y al final teníamos tal lío (es verdad: eran unos cuantos) que no sé qué era peor.
Supongo que los escritores de blogs pasan por estas dudas. El temor de mostrar más de lo que uno quiere, el temor de traicionar.
También podemos hablar del tiempo: de los días nublados y el bochorno de agosto. De la mañana extendiéndose y el mar sin olas apenas. De las calles ajenas. De la luz anaranjada de la tarde.
O de esta extrañísima tristeza.
Está la bonita solución de utilizar iniciales. Una de mis amigas, en un momento de su vida de mucho bullicio sentimental fue numerando a los digamos pretendientes, y al final teníamos tal lío (es verdad: eran unos cuantos) que no sé qué era peor.
Supongo que los escritores de blogs pasan por estas dudas. El temor de mostrar más de lo que uno quiere, el temor de traicionar.
También podemos hablar del tiempo: de los días nublados y el bochorno de agosto. De la mañana extendiéndose y el mar sin olas apenas. De las calles ajenas. De la luz anaranjada de la tarde.
O de esta extrañísima tristeza.
Lunes tormentoso
Vuelta al trabajo bajo una tormenta que amenazaba y no terminaba de descargar. Un lunes oscuro, con presagio de aguacero, como si fuera otoño, de lo más apropiado para una vuelta al trabajo, y supongo que muy triste para los que comienzan sus vacaciones.
Aquí estoy.
Aquí estoy.