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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Mesa desordenada
Hoy mi mesa es un caos. Habitualmente lo es, pero lo de hoy raya en la locura. Tengo un serio problema: soy una desordenada que necesita el orden, lo cual, aunque parezca paradoja no lo es, o sí lo es, pero me crea bastantes problemas, la verdad. No sé por dónde empezar a poner orden, porque el resto del despacho está en una situación totalmente lamentable también y temo que si empiezo, esto se convierta en una lucha titánica contra los papeles, catálogos, cincuenta mil cosas que habría que tirar.
Supongo que existen métodos (una vez incluso me compré un libro que hablaba del arte de organizarse bien o algo así), pero, la verdad, no consigo mantener el orden y empiezo a tener el cerebro en un estado similar...
¿Alguna idea?
 
Manifestación de la Iglesia
Parece ser que en diciembre la Iglesia piensa manifestarse en Madrid. Conociendo los métodos, será sin duda una macromanifestación, muy en la línea de los encuentros con el Papa, con mucha pancarta, y con eslóganes coreados muy armónicamente. No recuerdo (pero es que tengo mala memoria, va a ser eso) haber visto manifestaciones eclesiales contra la guerra de Irak, aunque me consta que muchos practicantes acudían a las muchas que se convocaron entonces. El hecho de que ahora se manifiesten contra la "persecución que sufre la Iglesia por el gobierno socialista" a mí, personalmente, me pone de los nervios. Vale que protesten (allá ellos) contra el aborto, contra los matrimonios de homosexuales, contra cada una de las medidas con las que no están de acuerdo... Pero cuando se habla de persecución (y esa palabra ha aparecido) no puedo evitar sentir que la parte más jacobina de mi sangre se pone en pie de guerra... ¿Puede hablar de persecución una institución que es sostenida económicamente por los mismos por los que dice estar perseguida? Por dios, esto es de locos...
 
Lunes arggghhh
Líos variados: radio en directo con lo que ello supone, el set donde irán las teles todavía sin terminar, la programación de esta Semana de Los Medios (toma ya, rimbombancia) me está volviendo loca, he corregido (es un decir) unas pruebas de imprenta, he comprobado que en un díptico había un error (y lo he hecho a tiempo), he hablado con el de la pirotecnia y empiezo a alucinar pensando en todo el rollo burocrático que me espera por semejante estupidez, he tratado de no leer las noticias para no enfadarme, me pregunto por qué nada sé de J. pero tampoco quiero preguntármelo demasiado: generalmente los amigos dan señales de vida cuando les va mal, lo cual está francamente bien, y yo me alegro, así que seguro que su fin de semana con MJ ha sido perfecto, me esperan dos reuniones, un programa de radio, una cena a la que detesto tener que asistir, varias burocracias, y encima un superjefe anda por aquí...
Así que, tal como están las cosas, me pregunto por qué me extraña tanto que algo me grite por dentro... ¡¡¡quiero chocolate!!!!!!!!!!!
 
Hoy
Hoy tendrías que aparecer, llamar de pronto y sorprenderme, decir que vas a venir a buscarme , que no admites ningún tipo de excusa, que quieres verme y que no puedes esperar ni un minuto más.
Hoy tendrías que venir a sacarme de esta tarde de ojos rojos por la pantalla, y no dejar que diga ni una sola palabra, y pintar las horas siguientes de silencio y de calma.
Tendrías que venir a ponerle tus ojos azules al tonto desasosiego, a mirarme con la cara de niño travieso que todavía tienes, a decirme un par de frases de las que me dejan fuera de combate durante horas.
Estaría bien que vinieras hoy y que detuvieras las agujas del reloj empeñadas en triturar los minutos y mi esperanza.
Pero aunque sé que no vendrás y que la tarde será para ti un trasiego insoportable de actualidades principescas y municipalidades triviales, no puedo evitar pensar que tú y yo estaríamos mucho mejor sentados en unos de esos rincones en los que nunca hemos estado juntos, con el mar a nuestros pies y tantas cosas que callarnos.
 
Eso pasa
Para un puñetero día que una necesita ser secuestrada....
Y ni un mal secuestrador que echarme encima. (Debería quitar lo de encima. Como que suena mal, francamente) Recitifico: Ni un mal secuestrador que echarme a la cara.
 
Afortunada
Lo confieso, me siento afortunada. A lo mejor eso es únicamente una cuestión de actitud y todo está en nuestra voluntad y en nuestra mirada... Pero es cierto. Me siento muy afortunada por más que a veces me queje y hasta patalee... La verdad es que tengo mucha suerte. Lo pensaba anoche, después de un día largo, intenso, casi interminable, mientras cenaba con José Carlos Somoza, con Jaime, con Toté, con María José... Y charlábamos como descosidos y los miraba y pensaba en eso, en la enorme suerte de tener amigos como Toté y como Jaime y como María José, y de poder charlar sobre tipos de narrador con un escritor entre risas y sidra.
No volveré a quejarme en muchos días. Lo prometo.
 
Los amigos
Algún día tendré que elevarle al dios de los ateos alguna oración de agradecimiento por los amigos. Por todos ellos, los que están siempre, los que aparecen de vez en cuando, los que te prestan apoyo cuando menos te lo esperas, los que te hacen feliz con un mensaje inesperado, los que "sabes" en la distancia silenciosa, los que envían flores inesperadamente, los que te encuentras en el messenger cuando no contabas con ellos, los que te confían sus temores, los que aguantan estoicamente tus rollos, los que te dan la razón cuando lo necesitas, los que te siegan la hierba bajo los pies, los que parecen olvidarte a veces y sin embargo ahí están, los que pasan sólo unos minutos por tu vida y su huella queda para siempre, los que vienen a visitarte al trabajo cuando más liada estás y te dan un beso y te dicen cuánto te quieren y se van, los que parecen surgir de la nada y se convierten en imprescindibles, los que son sólo palabras en una pantalla de ordenador y sin embargo ahí están, los que se mantienen años y años, los que rozan la frontera de forma imperceptible y por momentos te mantienen el corazón en vilo, los que jamás te traicionan, los que comparten los mismos proyectos, los que piensan que te equivocas y sin embargo te siguen queriendo, los que siempre están ahí...
 
José Carlos Somoza y La caja de marfil
Mañana tendré aquí a José Carlos Somoza para hablar de su última novela y para firmar ejemplares. Se reunirá con un grupo de lectores y comentaremos "La caja de marfil", la última novela que ha escrito (aunque sospecho que debe estar en plena escritura de la siguiente) y que me leí de tirón hace unos días.
"La caja de marfil" es más breve y, por lo menos aparentemente, más sencilla que, por ejemplo "La dama número trece", su anterior novela. Pero en realidad, son sólo apariencias. Una cosa es que tenga menos páginas, que la trama sea más sencilla, y otra, muy distinta, que sea más simple.
Hay algo en José Carlos Somoza, en lo que escribe, que resulta verdaderamente inquietante. A veces se lo comento, que me produce un cierto temor estar charlando con él, hablando de nuestra común pasión por el chocolate, por ejemplo o de asuntos triviales o más serios, y de pronto recordar las cosas que escribe. Es como si tuviera un lado oscuro, tan oculto detrás de su apacible presencia, de su sonrisa, y de la tranquilidad con la que habla.
Y con "La caja de marfil" hay algo así también. Cierto que desde el principio hay una intriga, un temor: una adolescente que desaparece en un pueblo del sur, luminoso y veraniego. Los presentimientos más sombríos, sin embargo, terminan por quedarse cortos ante la presencia de algo innombrado, algo así como "el mal", que sin terminar de mostrarse, nos abre la rendija de una puerta hacia el más sobrecogedor de los miedos.
Creo que espiaré a José Carlos mañana, mientras comemos juntos, buscando en qué secreto pliegue de su mirada se esconde esa fascinación y ese dominio de lo terrible.
 
García Márquez pirateado
Leer el blog de Gonzalo, me ha recordado algo que leí acerca de la nueva novela de Márquez, que ha sido pirateada y puede ser comprada en los semáforos de Bogotá por mucho menos dinero y encima antes de que haya salido al mercado...

Y la pregunta es... ¿querrá decir algo que mientras aquí se piratean discos en Latinoamérica se pirateen libros?
 
Una de dos
La vida es como es. O sea, esa suma desesperanzada de despertadores sonando, lluvia en forma de ducha, lluvia en forma de lluvia, autobuses urbanos, atascos, gente por la calle, mil horas de trabajo, tertulias en la radio, periódicos cabreados, cabreos periódicos, plazos a cumplir, asuntos pendientes, melancolías, márgenes estrechos para la sonrisa, jornadas inacabables, tareas, compromisos...
La vida es como es y no siempre es posible darle un corte de manga.
Pero también ocurre que puestos en esa situación, existe la posibilidad de engañar a la vida inventándose algo.
A veces incluso funciona, y durante unos días, durante semanas, el engaño se impone. Pintamos las mañanas del color de los ojos de alguien y le ponemos voz a la banda sonora monocorde de las horas.
En esas estoy. En la de elegir si sigo batallando con la maldita rutina o si me invento algo que le ponga a los días el cartelito de recién pintado.
Pero voy a tener que decidirlo pronto, porque hay días que me pregunto si no me estaré aproximando peligrosamente al más peligroso hastío.
 
10.000
Hoy El País cumple 10.000 números, lo que creo que supone unos veintiocho años, desde aquel lejano y extraño 1976. Como todavía me falta la cultura esa del pago por contenidos y demás, que parece que terminará por imponerse, no tengo acceso a la versión electrónica del periódico y bien que lo lamento, porque no hay color con ningún otro periódico, pero la noticia (la buena noticia) es que hoy el acceso es abierto y gratuito, así que es un buen momento para curiosear, porque, aunque no lo he comprobado, supongo que la hemeroteca también estará accesible.

Buena noticia para empezar un lunes, para empezar una semana que se me presenta interminable. Hay lunas pequeñas en el horizonte, jugando al corro, y algunas tienen nombre propio: la recuperación, aunque sea momentánea de algunos amigos, (ayer Luis en el messenger, después de mucho tiempo, o la llamada de Natalia también después de meses) o la conversación con J. o el hecho de que puede que a estas horas, mi hermana tenga ya en sus brazos a mi sobrina. Lunas pequeñas, apoyos para ir tirando y ponerle sonrisas a este lunes que empieza.

 
Dolor que no duele
Esta mañana ha tenido un pequeño sobresalto. De lejos, al doblar una esquina ha visto a alguien que le recordó por un momento cómo había dolido el amor alguna vez. No era él, no podía serlo, pero de lejos, y por algún extraño motivo, se lo recordó. Y de pronto sintió algo extraño, como una vergüenza por haber sufrido tanto, y una de las últimas secuencias de aquella historia volvió a la memoria. Y recordó cómo había dolido encontrar las fotos de la nueva novia de él cubriendo cada rincón del cuarto en el que se habían amado tanto. Y sintió una especie de mezcla entre la amargura y el sonrojo por lo imbécil que había sido durante tanto tiempo. Por aquellas frases intercambiadas entre los dos, en las que el aparente odio y el asco ("Ni aunque fueras el último hombre sobre la tierra me iría a la cama contigo", "Ni aunque tú fueras la última mujer") en realidad, y entonces lo supo y esa certeza la hizo huir despavorida sin decirle adiós siquiera, escondían a duras penas que todavía los dos se morían de deseo.
 
Quejarse
Dice la Bruja Morena, una de mis más queridas amigas y sabia como ella sola, que cada vez que nos quejamos, debería cáersenos un diente. Sé que tiene razón, a pesar de que años atrás la rebeldía me exigía despotricar contra casi todo y considerar que eso de ver el lado positivo de las cosas era asunto de auténticos bobos, de pollyannas de pacotilla. Pues no sé: igual los años me han hecho madurar o convertirme en una boba pollyanna, pero puedo asegurar que me esfuerzo por no quejarme. ¿El método? Variadito: contemplar las olas por la mañana y dejarme acunar por ellas, hacer meditación, respirar hondo, esforzarme por mirar con optimismo... Y sobre todo, el deseo de mantener todos mis dientes en su sitio y contestar que estoy bien cuando me preguntan, en lugar de escarbar (a veces la cosa está bien a la vista, tampoco hacen falta grandes esfuerzos, ya lo sé) y largarle a la persona que amablemente me ha preguntado, un rosario de lamentaciones acerca del tiempo, lo cansada que estoy, la cantidad de trabajo que tengo, las pocas ganas de todo, etcétera, etcétera, etcétera. Porque, qué diablos: si resulta que tengo salud, y una familia adorable, y un montón de amigos que me quieren, y un trabajo... ¿tengo derecho a quejarme?
Pues no. Y que se me caiga un diente si lo hago.
 
Lunes de mentira
El autobús, esta mañana, con mucha menos gente. Una sensación de provisionalidad absoluta, porque muchos han cogido el puente y sólo parece que trabajemos cuatro gatos hoy. El amanecer, como de regalo, precioso. Ese cielo tan oscuro que se tiñe poco a poco de color añil y en el que empiezan a abrirse como pequeños agujeros de claridad... Contemplar el mar cuando amanece es uno de los privilegios que más agradezco. Aunque sea el preludio de un día de trabajo, en el que me crecerán, sin duda alguna, los problemas que esperan agazapados.
 
Quién me mandará...
... a mí leer según qué cosas. Con lo feliz que estaba yo con la práctica de mi zazen por las mañanas (poco tiempo, apenas un cuarto de hora, pero para empezar me vale), y con una visión tan positiva de las cosas que parecía un anuncio de Caser seguros, y tan animada porque hoy viene mi niño a pasar el puente y tan...

Y entonces va y me da por leer a Cristina López Schlichting y se me revuelven las tripas., porque independientemente de lo mucho que la existencia del Gal en su momento nos haya roto a mucha gente de izquierda, ya está bien. Y porque lo que dice esta señora raya, o eso creo en el puro delito. Y me indigna tanto que tengo que hacer un esfuerzo tremendo para tratar de recomponer la armonía con la vida.
Y por pensar que mira, de todo tiene que haber en este mundo.
 
Elegir
A veces tienes que elegir entre las noticias malas, que son muchas y un par de ellas que son buenas. Entre la desgana, la apatía, el cansancio, y la brizna de entusiasmo que se deriva de un encuentro, de una mirada, de la contemplación silenciosa del mar que ruge. Entre las putaditas tontas y las vanidades desmesuradas de quienes te rodean y el atisbo mínimo de bondad que pasa casi desapercibido. Entre los ecos agoreros y la voz apenas audible de la verdad.
Así que te pasas la vida escogiendo, tratando de apartar el grano de la paja, buscando, en definitiva, agujas en un pajar, no sea que tengas que claudicar de esto que es vivir.
 
Dolor de cabeza
Eso. Insoportable.
 
Superada
No es una tontería lo del zen, la verdad. Aunque todavía no me he puesto a ello (eso de hacerlo en casa, con lo que supone en cuanto a posibilidad de interrupciones, ruidos, y demás, no deja de ser verdaderamente complicado) cada vez me hace más falta. O eso o no sé (iba a decir una burrada, pero mejor me callo). Porque es que lo que leo, lo que veo por ahí, lo que... me supera. Sin más.
Siempre he creído que el mundo es del color del cristal etcétera, pero ya me parece excesivo. Según la emisora de radio que escuches, parece que estás viviendo en dos mundos diferentes. Pero MUY diferentes. Y creo que, por salud mental, tal vez debería decidirme a dejar de leer los periódicos, porque ya no es que no entienda nada, es que sólo desde una perspectiva zen (y utilizo la palabra en sentido amplio) es posible afrontar, sin abrirse las venas, lo que se encuentra una a diario...
Esta mañana, por ejemplo, la cartita de Rouco Varela. Necesito con urgencia que alguien me explique qué coño le importa a las jerarquías eclesiásticas que los homosexuales se casen o no. Joder, si no lo van a hacer por la iglesia... ¿No quedamos en que en realidad el matrimonio de Letizia Ortiz (el primer matrimonio) no importaba porque había sido civil?
Lo dicho. A respirar profundamente, porque si no, acabará por darme algo.
 
De vuelta
Casi no tengo ganas de comentar nada acerca del viaje a Cáceres y de la inevitable ausencia que me provoca el cuarto vacío de mi hijo ahora en casa. El está bien, y eso es lo importante, y a mí la penita irá yéndose, aunque sea despacio.
Cáceres es una ciudad preciosa y espero que mi hijo sea muy feliz allí. Me tiene verdaderamente flipada el buen humor de la gente y el buen carácter. Yo suelo presumir de vivir en una ciudad en la que la gente es muy acogedora, pero, por lo que he visto todas las veces que he estado en Cáceres, nos ganan por goleada.
Una imagen, que es una historia, ya en Gijón, de vuelta:
La noche del sábado el helicóptero de Helimer estuvo sobre la playa durante horas, buscando a un surfista que, por lo visto había desaparecido. La imagen del helicóptero iluminando con los potentes focos el agua, era como de película. Y en mí, había una atracción extraña: el pánico a que en una de estas al iluminar, apareciera ante mis ojos un cadáver flotando, y a la vez la imposibilidad de dejar de mirar. Luego supe que, por lo visto, dos surfistas dieron la voz de alarma ante la desaparición de otro de quien ignoraban incluso su nombre. Pero no ha aparecido. Durante horas el helicóptero rastreó toda la playa con la potentísima iluminación, y no hubo forma. Por otro lado no ha sido denunciada la desaparición de nadie, con lo que parece que el surfista que estaba en peligro, seguramente consiguió salir por otro punto de la playa. O no. No deja de ser un misterio.