Taller literario de fin de semana
Me han hecho una propuesta que creo que aceptaré. Se trata de impartir un taller literario en un par de casas rurales próximas entre sí, en el oriente de Asturias durante un fin de semana. Creo que será a principios de marzo y supongo que la inscripción está abierta para todos aquellos que quieran participar. La casa donde se va a llevar a cabo se llama, nada menos que "La casa del tesoro", y lo cierto es que suena la mar de bien...
Y el pasado...
Y llegó el pasado y tenía cara y sonrisa, y el reencuentro fue tan feliz como ni siquiera había llegado a imaginar. Y la conversación fue larga, intensa, y las miradas, y la complicidad y los gestos.
Y me alegro tantísimo de haber vuelto a ver a G. y de las horas compartidas, que en estos momentos en que vuela de vuelta a su ciudad, no puedo evitar sentir una extraña nostalgia. Y también la felicidad un poco tonta de esas historias que siempre están ahí aunque nunca lleguen a estar del todo.
Y me alegro tantísimo de haber vuelto a ver a G. y de las horas compartidas, que en estos momentos en que vuela de vuelta a su ciudad, no puedo evitar sentir una extraña nostalgia. Y también la felicidad un poco tonta de esas historias que siempre están ahí aunque nunca lleguen a estar del todo.
El pasado
El otro día, charlando con Javier, hablábamos de eso justamente. No sé si es una cuestión de ciclos vitales, o yo qué sé qué, pero resulta que llevo una temporada en que el pasado me visita de una forma que empieza a parecerme inusual. No tengo ninguna tentación de nostalgia, en absoluto. Es otra cosa. Últimamente tengo más reencuentros que encuentros propiamente dichos, o casi. Dice Javier que eso es lógico, que la gente que tenemos la suerte de, por trabajo o carácter o circunstancias, o lo que sea, conocer a muchas personas, vamos creando una especie de memoria humana, y como tal, con vida. Y que es fácil que vuelvan a aparecer, no porque vuelvan, sino que, como son muchos, hay más posibilidades de que nos suceda esto a nosotros, pero en realidad es pura proporción.
No sé. Prefiero pensar que eso es así. Prefiero pensar que no es que ahora tenga menos vida que antes, y que los reencuentros son algo, además de muy agradable, prácticamente inevitable.
Hoy voy a tener uno de esos reencuentros y la posibilidad me hace muy feliz. Han pasado seis o siete años desde la última vez que vi a G. y el recuerdo de un paseo una noche de verano, con el ruido de las olas al fondo y el sonido exacto de unas palabras, todavía está extrañamente presente.
(Para los curiosos extremos: jamás tuve "nada" con G.)
No sé. Prefiero pensar que eso es así. Prefiero pensar que no es que ahora tenga menos vida que antes, y que los reencuentros son algo, además de muy agradable, prácticamente inevitable.
Hoy voy a tener uno de esos reencuentros y la posibilidad me hace muy feliz. Han pasado seis o siete años desde la última vez que vi a G. y el recuerdo de un paseo una noche de verano, con el ruido de las olas al fondo y el sonido exacto de unas palabras, todavía está extrañamente presente.
(Para los curiosos extremos: jamás tuve "nada" con G.)
Frío
Hace mucho frío, no me quito la bufanda que me regaló Eva, los niños de Lara están guapísimos, Amanda me ha regalado un trocito de primavera con la foto de la mimosa de su jardín, me he encontrado a Matildes, no consigo instalar una memoria externa (¡¡¡y no sé por qué!!!), hay muchas olas, esta mañana la luna era gigantesca y muy blanca, he hablado un rato con A. (los hombres, tan complicados...) , se me congelan los dedos, hace mucho frío...
Ático, de Gabi Martínez
El domingo terminé de leer Ático, de Gabi Martínez, un novelista catalán a quien tengo la suerte de conocer desde hace años. Dejando aparte la propia envergadura de la novela, lo bien que se curra la estructura (esa mezcla de la peripecia real con el desarrollo del videojuego que el protagonista está programando), lo que me hizo pensar fue justamente su comienzo. La situación de Eduard Montes, su protagonista, que decide encerrarse durante tres meses en un ático sin tener contacto personal con nadie, para dedicarse en exclusiva a programar. Dejando aparte la cuestión de la programación, que obviamente no controlo en absoluto, y supongo que por lo muy agobiada que estoy, de pronto me resultó una fantástica posibilidad ésa de encerrarme en un ático durante tres meses y no ver a nadie... Naturalmente, como el protagonista, mantendría abiertos los canales que suponen la red y la televisión y esas cosas.
Tres meses metida en casa sin salir... Ya sé que parece una barbaridad, pero en estos momentos, a mí lo que me da es muchísima envidia...
Tres meses metida en casa sin salir... Ya sé que parece una barbaridad, pero en estos momentos, a mí lo que me da es muchísima envidia...
Son muchos
Y dan mucho miedo.
Alguien tendrá que dar alguna explicación ante la historia (ay, ese juez, tan lejano, por desgracia) de por qué estamos como estamos, y el asunto de ser patriota o de defender a las víctimas o de lo que sea, es cosa únicamente de un solo partido.
Por dios.
Alguien tendrá que dar alguna explicación ante la historia (ay, ese juez, tan lejano, por desgracia) de por qué estamos como estamos, y el asunto de ser patriota o de defender a las víctimas o de lo que sea, es cosa únicamente de un solo partido.
Por dios.
La galerna
Esa es una de las cosas que me fastidian. Una galerna, la más importante en no sé cuántos años, y me la pierdo. Quiero decir: mientras había unas olas impresionantes, que desde mi ventana me habrían dado como mínimo la posibilidad de hacer unas buenas fotos, yo estaba como una imbécil, en un despacho sin ventanas (y alejado del mar) programando una exposición y peleando con el "artista".
Esa sensación de perderse las cosas...
Ayer comí con Ada. Me descubrió un restaurante que me gustó mucho y compartimos unas horas de mucho hablar y de ponernos al día, porque hacía más de un mes que no quedábamos. Hablar con ella me reafirma en muchas de mis creencias, en la visión de las cosas que los años va perfilando en mí. En la convicción de que no quiero perder ni un minuto de mi vida en nada que no me importe de verdad. Lo hablábamos a propósito de las posibilidades -reales- suyas de obtener una plaza en su trabajo que sin duda alguna haría muy bien. No piensa hacerlo porque no quiere perder ni media hora de su vida en preparar unos temas estúpidos, y sobre todo porque no quiere perder ni energía, ni salud por culpa de las complicaciones que traería la asunción de responsabilidades de ese nuevo puesto.
Definitivamente nos hacemos mayores. Yo tampoco quiero nada de eso. A veces he pensado en la posibilidad -también real- de que de pronto me propusieran asumir más responsabilidades. Por ejemplo, las de mi jefe. Me moriría directamente, y por supuesto diría que no. Yo, que me comía el mundo.
Va a resultar que los años colocan las cosas en su sitio, además de transformar el cuerpo y demostrar lo real que era aquello de la ley de la gravedad.
Esa sensación de perderse las cosas...
Ayer comí con Ada. Me descubrió un restaurante que me gustó mucho y compartimos unas horas de mucho hablar y de ponernos al día, porque hacía más de un mes que no quedábamos. Hablar con ella me reafirma en muchas de mis creencias, en la visión de las cosas que los años va perfilando en mí. En la convicción de que no quiero perder ni un minuto de mi vida en nada que no me importe de verdad. Lo hablábamos a propósito de las posibilidades -reales- suyas de obtener una plaza en su trabajo que sin duda alguna haría muy bien. No piensa hacerlo porque no quiere perder ni media hora de su vida en preparar unos temas estúpidos, y sobre todo porque no quiere perder ni energía, ni salud por culpa de las complicaciones que traería la asunción de responsabilidades de ese nuevo puesto.
Definitivamente nos hacemos mayores. Yo tampoco quiero nada de eso. A veces he pensado en la posibilidad -también real- de que de pronto me propusieran asumir más responsabilidades. Por ejemplo, las de mi jefe. Me moriría directamente, y por supuesto diría que no. Yo, que me comía el mundo.
Va a resultar que los años colocan las cosas en su sitio, además de transformar el cuerpo y demostrar lo real que era aquello de la ley de la gravedad.
Demasiado bonito, claro...
Ya me parecía a mí que había gato encerrado...
Aquí la rectificación
Y por favor, si alguien sabe cuáles son algunos de esos cuarenta métodos para evitar el sida, que lo haga saber, porque salvo que sean como las respuestas del 1 2 3, es decir "En lugar de follar, ver la tele", "En lugar de follar, leer un libro" etc etc... la verdad es que mayormente, no se me ocurren...
Aquí la rectificación
Y por favor, si alguien sabe cuáles son algunos de esos cuarenta métodos para evitar el sida, que lo haga saber, porque salvo que sean como las respuestas del 1 2 3, es decir "En lugar de follar, ver la tele", "En lugar de follar, leer un libro" etc etc... la verdad es que mayormente, no se me ocurren...
Preservativos
Buenas noticias. Que dice la Conferencia Episcopal que lo de los preservativos preservativos "tienen su contexto en una prevención integral y global del sida". Vamos, que ya no debe ser mayormente pecado, aunque se sigue poniendo por delante la cosa de la abstinencia y la fidelidad y eso. Ahora quedan algunas preguntas, una especie de desazón terrible... ¿tendrá algo que ver semejante concesión con el temor ante la inevitable pérdida que se anuncia si disminuyen las aportaciones del estado a la iglesia? Y sobre todo... ¿tendrá esto efecto retroactivo? Es decir, los católicos tendrán que confesarse de los polvos efectuados con preservativo antes de las declaraciones de la conferencia episcopal, o empieza a contar desde hoy?
Los momentos de duda que tienen que estar pasando algunos que yo me sé...
Los momentos de duda que tienen que estar pasando algunos que yo me sé...
Razones
Sin duda las hay. Me refiero a las razones que nos permiten no volver a cerrar los ojos cada mañana, cuando suena el despertador y alguien habla de un fulano que sin darse cuenta se incrustó tal pedazo de tornillo en la cabeza que piensas que, obviamente, sigues soñando. Tiene que haberlas, porque la perspectiva de levantarse, de comprobar que sigues engordando, que odias los trajes de chaqueta que tienes que ponerte (aquellos tiempos, cuando eras una hippy con faldas largas, y vaqueros, y jerseys grandes, y foulards al cuello...), que hoy es el primero de los días que te restan, iguales uno a otro, sin posibilidad de huida. Tiene que haber alguna razón que impida el cierre sistemático de las fronteras de la consciencia. Permanecer ahí, en el calor de las sábanas, viendo el cielo azul oscuro (oscurísimo, casi negro) en la ventana y el mar en el que se reflejan las luces de la Iglesia de san Pedro, y decir no, no me levanto, aquí me quedo.
Tiene que haber razones porque lo que una hace es justo lo que piensa, lo que le pide el cuerpo, lo que cree que no tiene más remedio que hacer... Y un día más en la ducha piensas que has vencido de nuevo. Y ahogas la tentación de pensar, que un día más, te han vencido.
Tiene que haber razones porque lo que una hace es justo lo que piensa, lo que le pide el cuerpo, lo que cree que no tiene más remedio que hacer... Y un día más en la ducha piensas que has vencido de nuevo. Y ahogas la tentación de pensar, que un día más, te han vencido.
Pide un deseo
En la cena de fin de año (que celebramos varios días antes) mi grupo de amigas y yo nos dedicamos a escribir en papelitos deseos y propósitos. El procedimiento fue un poco largo: cada una tenía una cajita en la que fue recogiendo un propósito y un deseo de cada una de las demás, de forma que ahora, todas tenemos deseos y propósitos de las demás en nuestra casa, con la obligación adquirida de concentrarnos en su cumplimiento...
Lo que ocurre es que aunque en aquel momento me limité a formular deseos y a hacer lo mejor que pude mis propósitos, cuando va pasando el tiempo, se me ocurren otras cosas. Tendría que haber pedido otras cosas, tendría que...
Me pregunto si los deseos son revisables. O si se pueden ir añadiendo. O si querer un año sabático desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre es como pedir un imposible... O si eso sólo lo deseo porque sencillamente estoy muy cansada.
Lo que ocurre es que aunque en aquel momento me limité a formular deseos y a hacer lo mejor que pude mis propósitos, cuando va pasando el tiempo, se me ocurren otras cosas. Tendría que haber pedido otras cosas, tendría que...
Me pregunto si los deseos son revisables. O si se pueden ir añadiendo. O si querer un año sabático desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre es como pedir un imposible... O si eso sólo lo deseo porque sencillamente estoy muy cansada.
Descansar
A veces una se olvida de lo buenísimo que es descansar. Del lujo que supone quedarse una tarde en casa y no hacer nada aparte de estar tumbada y dejar que las imágenes de la tele pasen por delante de tus ojos. Ayer me tomé una tarde así, que por otro lado necesitaba como respirar, porque lo de la espalda estaba francamente mal. Bueno, pues he mejorado una barbaridad. Y eso que tuve un montón de llamadas del trabajo con diversos rollitos. Así que hoy me siento mejor y allá voy. A ver qué pasa, pero me juego algo que la espalda va a empeorar. O si no, al tiempo.
Normalidad
Lo sería. Sería una vuelta a la normalidad, al tedio de los días, a los agobios habituales y los temores de siempre, a las tareas pendientes, al aburrimiento de tener que escuchar lo que escucho... Sería todo eso si no fuera porque la espalda me duele tanto (esas puñeteras vértebras) que hasta se me duerme el brazo derecho, y no hago otra cosa que buscar paredes en las que apoyarme buscando alivio inmediato.
Voy a tener que ir al médico.
Voy a tener que ir al médico.
Después
Hoy es el día de después, y lo de hacerse mayor tiene sus inconvenientes. Antes, en un día como hoy, el tiempo se ralentizaba y se perdía en la exploración de posibilidades de todos los regalos. Antes era el día de jugar con todo, de empezar todos los libros que habían traído los reyes, de recoger las cosas. Era también el día de pensar en la vuelta al colegio, de quitar el nacimiento, de retomar la vida después del paréntesis.
Desde hace años recojo el nacimiento y el árbol y toda la parafernalia navideña el mismo día de reyes, por la tarde. Los christmas que se han ido depositando en la entrada, que es una de las cosas que más me gustan, escritos a mano, cargados de buenos deseos, y con los rostros de la gente a la que quiero al otro lado de las palabras. Este año hemos estado rondando los sesenta, que bien mirado, es una barbaridad. Los he guardado todos junto con los adornos del árbol, en una caja. Sé que cuando el año que viene vuelva a subir las cajas del trastero, y empiece la ceremonia de montarlo todo, me encontraré con esos christmas, y volveré a leerlos, y de alguna forma, será como dar el pistoletazo de salida a la navidad.
Desde hace años recojo el nacimiento y el árbol y toda la parafernalia navideña el mismo día de reyes, por la tarde. Los christmas que se han ido depositando en la entrada, que es una de las cosas que más me gustan, escritos a mano, cargados de buenos deseos, y con los rostros de la gente a la que quiero al otro lado de las palabras. Este año hemos estado rondando los sesenta, que bien mirado, es una barbaridad. Los he guardado todos junto con los adornos del árbol, en una caja. Sé que cuando el año que viene vuelva a subir las cajas del trastero, y empiece la ceremonia de montarlo todo, me encontraré con esos christmas, y volveré a leerlos, y de alguna forma, será como dar el pistoletazo de salida a la navidad.
Me pone muy nerviosa
Me ponen muy nerviosa unos carteles que veo con frecuencia en los escaparates de las inmobiliarias. Ya no es que los precios estén por las nubes, que lo están. Eso ya no me altera más de lo normal. Lo que últimamente me preocupa mucho y me llena de siniestros presentimientos, son esos carteles destinados a inmigrantes en los que se les ofrecen hipotecas maravillosas, sin avales, sin casi nada...
No sé, como que me da mal rollo, me asustan las historias de desahucios que seguramente vendrán asociadas...
Alguien ha pintado delante de un banco con letras negras (últimamente no se ven demasiadas pintadas) "Abajo el dinero". No sé si es conmovedor,pero es extraño.
No sé, como que me da mal rollo, me asustan las historias de desahucios que seguramente vendrán asociadas...
Alguien ha pintado delante de un banco con letras negras (últimamente no se ven demasiadas pintadas) "Abajo el dinero". No sé si es conmovedor,pero es extraño.
Lo que no te cuento
Porque es muy difícil explicarte que lo de la otra noche, lo que no te conté, tenía que ver con ese momento mágico en que los labios se aproximan por primera vez, ese momento increíblemente mágico, cuando no sabes si sí o si no, si debes o no debes, pero quieres. Y ese momento mínimo, se extiende en el tiempo y aunque no haya más beso que un hilo de sueño, la sensación cálida y cercana, la inminencia, se posa en los labios y perdura mucho más allá del despertador, de los autobuses, de las horas de trabajo, de la vida.
Primer día
Para ser el primer día del resto de mi vida, esto no se diferencia mucho de lo vivido hasta el momento... Como los cambios nos los inventamos, y las fronteras (no sólo las espaciales, también las que situamos en el tiempo) las ponemos nosotros, al final resulta que nada es tan diferente...
Como todavía estamos a 1 de enero, y aun a riesgo de llegar tarde, feliz año a todos los que siguen pensando que hoy comienza algo. Aunque no sea cierto.
Como todavía estamos a 1 de enero, y aun a riesgo de llegar tarde, feliz año a todos los que siguen pensando que hoy comienza algo. Aunque no sea cierto.