La globalización de la mentira
Me parece que es la única globalización real. Tú miente, una y otra vez. Y repite la mentira y multiplícala.
No. No he visto el dichoso video de la FAES (¿FAchas ESpañoles?). Ni ganas, que una tiene que mantener su salud mental y ya no estoy para cabrearme, pero a la vista de los comentarios y conociendo el percal, no puedo evitar pensarlo. El caso es mentir y amplificar la mentira. Alguien se lo creerá siempre. Lo que ya no puedo entender, aunque hay gente que me asegura que sí, es que quien lo dice, que el emisor de la mentir, realmente se lo cree.
No. No he visto el dichoso video de la FAES (¿FAchas ESpañoles?). Ni ganas, que una tiene que mantener su salud mental y ya no estoy para cabrearme, pero a la vista de los comentarios y conociendo el percal, no puedo evitar pensarlo. El caso es mentir y amplificar la mentira. Alguien se lo creerá siempre. Lo que ya no puedo entender, aunque hay gente que me asegura que sí, es que quien lo dice, que el emisor de la mentir, realmente se lo cree.
Primavera con una esquina rota
Sé que las primaveras son así. Que pese a la explosión fantástica que suponen y la rebelión de la sangre, y todo lo demás, albergan un germen de desconcierto y hasta de tristeza.
Llevo varios días despertándome bastante antes de amanecer (incluso a pesar del manifiesto robo de una hora) con los ojos absolutamente abiertos y la firme convicción de que ya no se me volverán a cerrar por más que el reloj indique poco más de las cuatro de la madrugada.
Y claro, eso tiene lo suyo, porque me da por pensar. Y las sombras de la noche es lo que tienen: que tiñen de pesimismo todo lo que tocan y que por más que trato de ponerle el tono happy happy a todo lo que me cruza por la cabeza, son los pensamientos oscuros los que ganan la batalla al mismo ritmo en que, paradójicamente, el día se la va ganando a la noche.
Sé que es astenia. Digo yo. Eso o que en los últimos tiempos he descuidado algunas de las cosas que me sostienen y que me mantienen. Llevo demasiado tiempo sin ver al resto de las brujas del aquelarre y las echo de menos. Sé que cada una tiene sus propias preocupaciones y sé que la culpa es mía (sí, Eva, ni siquiera te he respondido al sms que me pusiste el otro día). Llevo demasiado tiempo sin quedar a comer con Ada, y sin tener una larga conversación con Javier, de las que me ponen las pilas. Sé que le debo correo a casi todo el mundo y que apenas entro por el messenger, con lo cual hasta el más leve atisbo de comunicación se pierde...
Sé que estoy demasiado cansada.
Y que cada vez me cuesta más leer.
Y que hace siglos que no voy al cine.
Y que el trabajo me convierte en una especie de autómata que deambula del despertador al sueño con un espacio intermedio para el agobio, las ocupaciones, los compromisos, y las tareas pendientes.
Sé que es la esquina rota que tiene la primavera y que seguramente se me pasará.
Pero esta madrugada mientras contaba las gaviotas blancas que cruzaban por el cielo oscuro tras la ventana, la verdad es que tenía algo parecido a la tristeza.
Y, joder, no me da la gana de estar triste.
Llevo varios días despertándome bastante antes de amanecer (incluso a pesar del manifiesto robo de una hora) con los ojos absolutamente abiertos y la firme convicción de que ya no se me volverán a cerrar por más que el reloj indique poco más de las cuatro de la madrugada.
Y claro, eso tiene lo suyo, porque me da por pensar. Y las sombras de la noche es lo que tienen: que tiñen de pesimismo todo lo que tocan y que por más que trato de ponerle el tono happy happy a todo lo que me cruza por la cabeza, son los pensamientos oscuros los que ganan la batalla al mismo ritmo en que, paradójicamente, el día se la va ganando a la noche.
Sé que es astenia. Digo yo. Eso o que en los últimos tiempos he descuidado algunas de las cosas que me sostienen y que me mantienen. Llevo demasiado tiempo sin ver al resto de las brujas del aquelarre y las echo de menos. Sé que cada una tiene sus propias preocupaciones y sé que la culpa es mía (sí, Eva, ni siquiera te he respondido al sms que me pusiste el otro día). Llevo demasiado tiempo sin quedar a comer con Ada, y sin tener una larga conversación con Javier, de las que me ponen las pilas. Sé que le debo correo a casi todo el mundo y que apenas entro por el messenger, con lo cual hasta el más leve atisbo de comunicación se pierde...
Sé que estoy demasiado cansada.
Y que cada vez me cuesta más leer.
Y que hace siglos que no voy al cine.
Y que el trabajo me convierte en una especie de autómata que deambula del despertador al sueño con un espacio intermedio para el agobio, las ocupaciones, los compromisos, y las tareas pendientes.
Sé que es la esquina rota que tiene la primavera y que seguramente se me pasará.
Pero esta madrugada mientras contaba las gaviotas blancas que cruzaban por el cielo oscuro tras la ventana, la verdad es que tenía algo parecido a la tristeza.
Y, joder, no me da la gana de estar triste.
Lo rara que es la vida
Mira tú. Pensar que yo puedo ser una brujita y hechizar...
Pensar que en los días más flojos de esta temporada, en que parece que sobrevivir ya es toda una odisea, en los que es como si me hubieran arrancado mucha de la joie de vivre que tantas veces me ha acompañado, de repente alguien crea que tengo la capacidad de una mirada y como si fuera un chute de infalible bebedizo...
Dios, qué subidón de autoestima...
Pensar que en los días más flojos de esta temporada, en que parece que sobrevivir ya es toda una odisea, en los que es como si me hubieran arrancado mucha de la joie de vivre que tantas veces me ha acompañado, de repente alguien crea que tengo la capacidad de una mirada y como si fuera un chute de infalible bebedizo...
Dios, qué subidón de autoestima...
Mirar al pasado
Tiene que ser cosa de la edad, porque si no, no me lo explico. Supongo que, a medida que pasan los años y acumulamos vida, en el disco duro de nuestro cerebro, se amontonan personas, sensaciones cosas que fueron, las que no y podrían haber sido. Vida. Y resulta que, como siguen ahí aunque no pensemos en ello, que bastante afán tiene cada día (¿no lo decían los evangelios?), resulta que de pronto, en cualquier momento, aparecen. Y el pasado vuelve, a lo mejor por aquello que dijo alguien de que el pasado nunca está donde crees que lo dejaste.
Es cierto que, afortunadamente, al menos en mi caso, ese retorno suele ser dulce, y el único trauma que me crea es eso de pensar pero será posible, por dios, por dios, que hayan pasado más de veinte años. Nada grave.
Lo digo porque a lo tonto, anteayer me encontré con A. Y en este caso, han pasado muchos, muchos años, porque la última vez que lo vi (y no sé si sería la única) yo tenía como catorce años. Y lo recuerdo con su melena rubia, con aquel aire intelectual que me encantaba y aquella especie de indiferencia (yo creía que no del todo) hacia mí explicable, porque qué diablos, él debía de andar por los veinte años, como para hacerle caso a una cría de catorce. Volver a verlo me trajo a ese primer plano de pensamiento un montón de cosas: imágenes de un domingo de verano en el monte, mis padres, mis tíos, los padres de él, mis hermanas, mi amiga Mayka que estaba con nosotros, la admiración a la que yo era tan dada por entonces ante aquellos a los que veía poseedores de conocimiento, de referencias culturales a las que yo no llegaba...
Ahora A. es un tipo que mantiene un atractivo, pero ni de lejos melena rubia. Y sin que eso signifique absolutamente nada, por dios, me ha hecho bastante más caso. Seguramente porque yo también me he hecho adulta. Creo.
Y puestos a reencontrarse con el pasado, aunque ahora ya es presente, ayer un café con JL. Pero de él, porque lo merece, hablaré otro día mucho más largo.
Es cierto que, afortunadamente, al menos en mi caso, ese retorno suele ser dulce, y el único trauma que me crea es eso de pensar pero será posible, por dios, por dios, que hayan pasado más de veinte años. Nada grave.
Lo digo porque a lo tonto, anteayer me encontré con A. Y en este caso, han pasado muchos, muchos años, porque la última vez que lo vi (y no sé si sería la única) yo tenía como catorce años. Y lo recuerdo con su melena rubia, con aquel aire intelectual que me encantaba y aquella especie de indiferencia (yo creía que no del todo) hacia mí explicable, porque qué diablos, él debía de andar por los veinte años, como para hacerle caso a una cría de catorce. Volver a verlo me trajo a ese primer plano de pensamiento un montón de cosas: imágenes de un domingo de verano en el monte, mis padres, mis tíos, los padres de él, mis hermanas, mi amiga Mayka que estaba con nosotros, la admiración a la que yo era tan dada por entonces ante aquellos a los que veía poseedores de conocimiento, de referencias culturales a las que yo no llegaba...
Ahora A. es un tipo que mantiene un atractivo, pero ni de lejos melena rubia. Y sin que eso signifique absolutamente nada, por dios, me ha hecho bastante más caso. Seguramente porque yo también me he hecho adulta. Creo.
Y puestos a reencontrarse con el pasado, aunque ahora ya es presente, ayer un café con JL. Pero de él, porque lo merece, hablaré otro día mucho más largo.
El boca a oreja
Sé que los tiempos están cambiando, y que incluso yo lo estoy haciendo. Que el pensamiento se ve modificado por las cosas que pasan, por los medios que uno utiliza para acceder a la realidad, incluso por la relación que se establece con la ficción. Total, que de un tiempo a esta parte una de mis principales fuentes de información, no la única, claro, es la red. Y gracias a ella, en una versión del antiguo (y aún presente) boca a oreja, me he enterado (ignorante de mí, seguro que todo el mundo lo conocía ya) de la existencia de Josh Rouse. En algún blog, de estos a los que accedes navegando sin demasiado orden ni concierto, leí algo sobre él y el entusiasmo manifestado, me llevó a buscar aunque fuera una canción suya. Y sí, me encanta.
Ayer estuve escuchando un disco nuevo suyo, Nashville, y de paso revisando discos anteriores. Me recuerda mucho a los cantautores de los setenta que me gustan muchísimo: James Taylor, Jackson Browne, incluso Carole King, de quien habla en una preciosa canción titulada 1972, que es su año de nacimiento (el de Josh Rouse, obviamente, que Carole King, ya se sabe, es mucho mayor...)
Así que hoy una recomendación: Las canciones de Josh Rouse. Aquí, tan lejos de la radio fórmula, practicando el boca a oreja.
Ayer estuve escuchando un disco nuevo suyo, Nashville, y de paso revisando discos anteriores. Me recuerda mucho a los cantautores de los setenta que me gustan muchísimo: James Taylor, Jackson Browne, incluso Carole King, de quien habla en una preciosa canción titulada 1972, que es su año de nacimiento (el de Josh Rouse, obviamente, que Carole King, ya se sabe, es mucho mayor...)
Así que hoy una recomendación: Las canciones de Josh Rouse. Aquí, tan lejos de la radio fórmula, practicando el boca a oreja.
Jueves, niño en casa, debate
Nada que ver unas cosas con otras. Era por resumir.
Mi hijo llegó anoche. Muy guapo (of course) muy alto, con el pelo muy largo en una coleta y hasta puede que más delgado. Pero es el de siempre y es estupendo tenerlo en casa, aunque sea por unos días solamente. Hablamos hasta tardísimo y hoy estoy muerta.
Hoy. Que es jueves. Que queda menos, a pesar de que esta semana será interminable, porque el sábado tengo que trabajar tarde incluida. Pero ya hemos llegado al jueves.
Y el debate. Anoche, en Canal Sur. Me declaro fan de Escolar a quien leo a diario y que anoche participó en un debate de Canal Sur (sí, ya sé, estoy muy al norte, pero la tele por cable es lo que tiene) en torno a la piratería. Junto a él también David Bravo, y otras dos personas: el presidente de la Asociación de Internautas, que estuvo mucho mejor que la última vez que lo vi en otro debate, y una dj que creo que se llama Anuchska o algo así. Frente a ellos María del Monte, una tal Merche que creo que canta (juraría que hasta he visto un videoclip suyo o algo) alguien cuyo nombre no recuerdo de una discográfica andaluza, y Pedro Farré de la SGAE. Y el debate en la línea habitual, si no hubiera sido porque el formato es horroroso. Ya sé que era (tal vez) una casualidad, pero cada vez que David o Nacho tenían la palabra (bueno, cada vez no, algunas veces) estaban en posesión de la palabra, el moderador los interrumpía, para que o bien entrara publicidad, o una llamada de teléfono o unas encuestas en la calle o lo que es peor, un espantoso sketch con ninguna gracia de los Morancos. Pero por lo demás, tanto Nacho, como David y como Domingo, estuvieron estupendos.
Como de esto se podría hablar larguísimo y tendido, y cualquier debate de televisión se queda únicamente en la superficie, no voy a caer yo ahora en el error de tratar de decir nada al respecto: sobre todo porque tengo que marcharme corriendo a trabajar y esta mañana me caigo de sueño. ..
Oh cielos. Y acabo de enterarme de que lo de Berlusconi y la retirada de las tropas era sólo "la expresión de un deseo...". Vaya, que entre sus declaraciones anteriores y estas, por el medio ha habido una llamadita... al orden. Qué tropa, señor.
Mi hijo llegó anoche. Muy guapo (of course) muy alto, con el pelo muy largo en una coleta y hasta puede que más delgado. Pero es el de siempre y es estupendo tenerlo en casa, aunque sea por unos días solamente. Hablamos hasta tardísimo y hoy estoy muerta.
Hoy. Que es jueves. Que queda menos, a pesar de que esta semana será interminable, porque el sábado tengo que trabajar tarde incluida. Pero ya hemos llegado al jueves.
Y el debate. Anoche, en Canal Sur. Me declaro fan de Escolar a quien leo a diario y que anoche participó en un debate de Canal Sur (sí, ya sé, estoy muy al norte, pero la tele por cable es lo que tiene) en torno a la piratería. Junto a él también David Bravo, y otras dos personas: el presidente de la Asociación de Internautas, que estuvo mucho mejor que la última vez que lo vi en otro debate, y una dj que creo que se llama Anuchska o algo así. Frente a ellos María del Monte, una tal Merche que creo que canta (juraría que hasta he visto un videoclip suyo o algo) alguien cuyo nombre no recuerdo de una discográfica andaluza, y Pedro Farré de la SGAE. Y el debate en la línea habitual, si no hubiera sido porque el formato es horroroso. Ya sé que era (tal vez) una casualidad, pero cada vez que David o Nacho tenían la palabra (bueno, cada vez no, algunas veces) estaban en posesión de la palabra, el moderador los interrumpía, para que o bien entrara publicidad, o una llamada de teléfono o unas encuestas en la calle o lo que es peor, un espantoso sketch con ninguna gracia de los Morancos. Pero por lo demás, tanto Nacho, como David y como Domingo, estuvieron estupendos.
Como de esto se podría hablar larguísimo y tendido, y cualquier debate de televisión se queda únicamente en la superficie, no voy a caer yo ahora en el error de tratar de decir nada al respecto: sobre todo porque tengo que marcharme corriendo a trabajar y esta mañana me caigo de sueño. ..
Oh cielos. Y acabo de enterarme de que lo de Berlusconi y la retirada de las tropas era sólo "la expresión de un deseo...". Vaya, que entre sus declaraciones anteriores y estas, por el medio ha habido una llamadita... al orden. Qué tropa, señor.
Estamos rodeados
Ayer mi madre fue al médico y le preguntó si eran efectivos o no esos yogures que, dice la publicidad, ayudan a reducir el colesterol. La médico se encogió de hombros y le dijo que no conocía ni los yogures, ni los anuncios, ni sabía a qué se refería. Y yo no me lo puedo ni creer. Pase que haya gente que no ve la televisión (y tampoco, según parece, escucha la radio, ni mira los periódicos), pero aun así sigo sin entenderlo. Si una médico que tiene entre sus pacientes un número elevado, quizá más de la mitad, si tenemos en cuenta las condiciones demográficas de la zona, con problemas de colesterol y no siente la más mínima curiosidad por un asunto así (independientemente de lo útiles que sean o no para bajar los índices de colesterol y que eso de los esteroles vegetales sea como el famoso "ultral" que tenía un detergente) entonces en qué manos estamos.
En qué manos estamos cuando alguien te coloca una caldera nueva en tu casa y unos días más tarde tu vivienda y otras tres plantas del edificio saltan por los aires como sucedió hace una semana en La Felguera.
En qué manos estamos cuando vas a que te pongan ruedas nuevas en el coche y de forma inadvertida te dejan todas las tuercas sin ajustar .
Lo de la chapuza da un miedo que te mueres.
Yo no sé si esto siempre fue así, o si en algún punto, no sé en cuál, se quedó olvidado que cuando haces un trabajo, además de cobrar por él, que bueno estaría, existe algo que se llama hacer las cosas bien.
En qué manos estamos cuando alguien te coloca una caldera nueva en tu casa y unos días más tarde tu vivienda y otras tres plantas del edificio saltan por los aires como sucedió hace una semana en La Felguera.
En qué manos estamos cuando vas a que te pongan ruedas nuevas en el coche y de forma inadvertida te dejan todas las tuercas sin ajustar .
Lo de la chapuza da un miedo que te mueres.
Yo no sé si esto siempre fue así, o si en algún punto, no sé en cuál, se quedó olvidado que cuando haces un trabajo, además de cobrar por él, que bueno estaría, existe algo que se llama hacer las cosas bien.
MItad de semana
Esta noche viene mi hijo. Llevo tanto tiempo sin verlo (desde principios de enero, cielos, una barbaridad) que no me creo que esta noche esté aquí. Es una cosa rara esta de los hijos, especialmente cuando crecen, pero lo único que se me ocurre hoy es que estará aquí y que eso me hace feliz.
Así que este miércoles tonto de mitad de semana, uno de los días más odiosos, que la mayor parte de las semanas no sé cómo engañar para sobrevivir a él, tiene hoy la sonrisa de Sergio a la vuelta de muchas horas, cuando casi sea jueves. Pero esperarlo merece la pena.
Así que este miércoles tonto de mitad de semana, uno de los días más odiosos, que la mayor parte de las semanas no sé cómo engañar para sobrevivir a él, tiene hoy la sonrisa de Sergio a la vuelta de muchas horas, cuando casi sea jueves. Pero esperarlo merece la pena.
Un año
Flores. Flores para los muertos.
Sigo viva
Ya sé que hay alguno que lo duda, pero aquí estoy. Sobreviviendo a todos los desastres de mi ordenador, que se me remontó el otro día y que me ha traído a mal traer durante la última semana. Sobreviviendo al frío polar que se disfraza de sol de mentira durante las horas diurnas pero continúa congelándome las manos como hacía años que no padecía. Sobreviviendo a las interminables horas de trabajo, al cansancio en que parece que me deslizo como en una cuesta abajo bastante insoportable...
Sobreviviendo a mí misma también, porque, la verdad, estos días estoy bastante intratable...
Sobreviviendo a mí misma también, porque, la verdad, estos días estoy bastante intratable...





