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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Pues a mí me gusta
Que Jose Ángel Mañas ha cosechado a lo largo de su trayectoria como escritor un montón de palos por parte de la crítica, no es ninguna novedad, tal vez para compensar otras críticas que lo pusieron por las nubes. Supongo que no se perdona eso de haberse convertido en un escritor de éxito absoluto a los veintidós años, cuando en 1994 consiguió ser finalista en el Premio Nadal, con lo que luego se convertiría en un fenómeno socioliterario indiscutible: "Historias del Kronen". También es cierto que ser tan joven no lo beneficia a uno para que la carrera literaria (y a eso hay que añadir las presiones editoriales, las presiones mediáticas) tenga una cierta regularidad , pero yo quiero proclamar que a mí me gusta Mañas. Y que acabo de leer "Caso Karen", que marca su vuelta a las letras después de tres años de silencio, una novela complicada, que le devuelve al lector la dignidad de que un autor lo considere inteligente, lo suficiente como para confiarle el armazón final de un puzzle constituido por una multitud de voces que van configurando la figura de la protagonista. Y que después de charlar mucho rato con él, creo que es un currante de esto de la escritura, y que se merece tener éxito, y que encima exhibe una tranquilidad alejada de los chismes tan frecuentes en estos mundos. Y que estoy convencida de que seguirá su trayectoria como escritor y lo hará bien. Y que, además, tiene unos bonitos ojos azules.
 
Proyectos y fantasías
Hay días malos, es cierto. No porque sean horribles sino porque son idiotas. Porque el trabajo se acumula, o sale mal, o... Esos días en que si te hubieras quedado en la cama, eso que habrías ganado.
Para días así, la mejor medicina es la fantasía. Imaginar. Buscar válvulas de escape, agujeros por los que escapar del tedio o de la desesperación.
Pensar en lo que te gustaría hacer. En cómo querrías que fuera tu vida si la vida no fuera esta sucesión de despertadores, autobuses, papeles, conversaciones. Si pudieras hacer lo que quieres hacer. Si pudieras pegarle una patada a estos días y sacar del sombrero otros nuevos. Si en lugar de este despacho en el que a veces parece que agonizas, pudieras hacer lo que realmente quieres.
Y el problema suele ser dar una respuesta a qué es lo que quieres realmente. Qué harías si pudieras.
 
Primavera
Parece que sí, que es evidente, a pesar de las lluvias mil de estos días. Mientras esperaba el bus hace un rato, sentada al sol, y con canciones como una de Deluxe que habla de una ciudad donde el invierno es como un convento, me acordé no sé por qué de la lluvia interminable en un viaje por Galicia, empapados por Santiago, la casa de Rosalía de Castro y una hoja de hiedra que cogí para añadir a otra hoja de hiedra que había cogido años antes. Supongo que me acordé de eso porque esta noche soñé con J. Hace tanto tiempo que ni siquiera me acuerdo de él, que ni siquiera roza mi vida, que de vez en cuando esos agujeros que tiene el olvido le permiten colarse en mis sueños y siempre son sueños muy blancos, indoloros, ni siquiera levemente nostálgicos. Luego, cuando durante el día pienso en ello, trato de encontrar claves en los pequeños detalles, pero lo abandono enseguida, porque no le otorgo ninguna importancia. Y eso que ayer estuve viendo una película que tenía atrasada, "No te mueras sin decirme a dónde vas", de Eliseo Subiela, tan extraña como cualquiera de las suyas, y que vete tú a saber si no habrá dejado residuos en mi cerebro para que esta noche J. invadiera alguno de los rincones.
Parece que sí, que es primavera, y la vuelta de Javier desde Málaga alegra particularmente las cosas. Y su proyecto de investigar un rincón desconocido de la historia del siglo pasado, que no ha sido abordado por nadie (y ya es raro) y que cuanto más incidimos en ello más misterioso y sugerente parece, resulta de lo más apasionante.
Parece que sí, que es primavera, y A. me ha dicho que a falta de poder enviármelas le ha dejado unas flores a su buda para mí. Llega, si no el olor, sí la intención. Y vale, y hace sonreír y considerar, que a pesar del lunes (argghghh) es primavera.

 
Aquellos profes
Esta mañana me llamó JL.
Sé que todos tenemos en la memoria un profesor que marcó nuestra existencia y al que recordamos con más o menos cariño. Hay algunas personas que tienen una colección de ellos y seguramente habrá quien recuerde con hastío a toda la clase docente que pasó por sus vidas. Yo tengo varios que han influido en mi vida por razones diversas (la monja que en el colegio se mató a enseñarnos a las niñas que teníamos que pelear por ser independientes económicamente, por ejemplo), pero sin ninguna duda, JL ocupa un lugar de honor absoluto en mi memoria. No sólo porque fuera el fantástico profe de literatura que me enseñó a amar y entender los libros, que me descubrió el placer del texto. También porque fue mucho más allá. Vale, yo estuve muy enamorada de él en el instituto, porque era muy guapo, y todo eso, pero sobre todo, porque en unos años absolutamente decisivos (del 76 al 79) configuró una gran parte de mi pensamiento. Porque nos ponía en clase los discos de Lluís Llach y de José Afonso. Porque nos abría los ojos al cine, y al pensamiento y a la vida. Porque desde la mirada melancólica que siempre parecía tener era mucho más fácil entender la poesía. Porque seguramente yo sería de otra manera si él no hubiera estado en mi vida, y francamente, seguro que peor de lo que soy.
Haberlo recuperado hace poco más de un año, después de un cuarto de siglo, y poder hablar con él, es un lujo del que ni siquiera creo que él sea consciente. Como seguramente no será consciente de cuánto le debe esta mujer que soy y piensa al profe de literatura que se emocionaba leyendo a Jorge Manrique.
 
Alguien que cuide de mí
Anoche, a lo tonto, cayó en mis manos un viejo disco. Creo que fue uno de los últimos, quizá el último que me compré en vinilo, hace unos trece o catorce años, y durante algún tiempo (las circunstancias, lo que son las cosas...) lo escuché mucho, hasta casi saberme de memoria la mayoría de las canciones. El disco "Que me parta un rayo", de Cristina y los Subterráneos, incluía una canción acerca de cuya letra recuerdo haber mantenido interesantes conversaciones con J, en aquel momento. Anoche volví a oírlo y me pregunté cuántos de esos requerimientos siguen siendo importantes para mí ahora mismo. Y lo juro: muchos de ellos, aún siguen vigentes.
" Que en sus brazos me sienta una niña pequeña sonría, le mienta y se trague mis penas. Que sacuda mi cama como un animal y que por la mañanas me dé un poco más. Que no sea muy malo que no sea muy bueno y si me hace regalos que no le cuesten dinero. Alguien que cuide de mí que quiera matarme y se mate por mí. Que no quiero más chulos que no traen un duro ni tíos muy feos con un gran empleo. Que no quiero borrachos ni locos de atar ,ningún mamarracho que me haga llorar. Ni chicos perdidos buscando a mamá ni tipos muy finos que luego te la dan Alguien que cuide de mí que quiera matarme y se mate por mí. Que me lleve a la feria y luego a bailar lo dejaré ver mis medias para que corra detrás. Alguien que cuide de mí que quiera matarme y se mate por mí."
¿Y tú qué quieres?
 
Arggghh
Pues venía yo tan contenta, con los auriculares puestos y escuchando a M Clan a todo volumen,pensando en ese estado extraño en que a veces nos hallamos (a mí me pasa, no sé a los demás) en que de pronto todas las canciones suenan bien (bueno, no , todas no!!!) y parece que dicen cosas y ganas dan de tararearlas para escándalo del resto de viajeros del autobús, y venía tan contenta, repito, pensando en violetas africanas y en otras cosas que no son violetas africanas pero también me ocupan el tiempo y el espacio, y en el sol que andaba tímido abriéndose paso entre las nubes, y en que durante la mañana conseguí librarme de un par de marrones importantes y que podía escribir acerca de lo sencillo que es a veces vivir, y hala, el teléfono y la pésima noticia de que un asunto laboral que me ha costado lo mío ir armando, se me ha venido abajo. Oh, sí, ya lo sé, son cosas que pasan todos los días,pero me da rabia, porque estamos a 19 y ya tenía que tenerlo listo, a punto de entrar en imprenta, y ahora tengo que empezar por el principio otra vez.
Así que, nada, a respirar, a hacer un poco de zen, a pensar que todas las cosas menguan después de cocidas, y que aunque ya no haya sol (míralo tú qué solidario) sigue siendo abril, y ....
Vamos, que nada. Que arrgghhh, pero menos.
 
Violetas africanas
Por fin, después de mil desvelos y de haber perdido casi por completo la confianza, he conseguido que florezcan las violetas africanas.

(A veces me pregunto cómo me las arreglaré para consignar por escrito los asuntos más nimios de mi vida, y hablar de violetas cuando tendría que estar hablando de... O a lo mejor no)
 
Volver al lunes
Vuelvo al lunes (zozobras de ayer aparte) con la energía proporcionada por la cena del sábado en casa de Adriana. Cena de brujas con sabores mexicanos y con la certeza añadida de esa extraña relación que nos une a las cinco y que nos lleva a estar tan próximas y a la vez tan independientes, a reírnos tanto juntas y a mantenernos ahí para las necesidades, sin agobiar nunca, pero presentes siempre. Lo de los conjuros ya es otra cosa, porque, confesaré, a la hora de la verdad pocas brujerías, que yo creo que hasta perdemos facultades, y esta última vez ni siquiera hemos incidido en uno de los temas más trillados, y , si no me equivoco, no fueron mencionados los distintos modelos de calzoncillos, que habitualmente suelen suscitar entretenidas discusiones... Y más bien hablamos de comunicación y de cómo está cambiando este mundo en el que nos movemos, y los conceptos que parecían inamovibles...
La semana que empieza será particularmente complicada para Mar, y sé que las demás estaremos ahí, cruzando los dedos para que el miércoles (mucha, mucha suerte) todo salga bien.
 
Decisiones de domingo
Digamos que no puede ser. Digamos que es imposible (además). Que cuando pase el tiempo (que pasará) en la balanza pesará mucho más el dolor que los momentos buenos. Si además pudiéramos decir que no me importa en absoluto, sería perfecto.
 
El banner


Supongo que éstas (aunque hay muchas otras) son las batallas que nos tocan. Porque lo que está en juego no es sólo si uno va a poder seguir bajándose canciones. Lo que subyace al debate y que raramente se toca, es la dicotomía entre la industria y la cultura y las consecuencias de transformar la una en la otra. Por si hay dudas, aquí, declaraciones de Silvio Rodríguez al respecto. Y digo yo que dónde andan tantos adalides de la libertad (algunos incluso cantan a piratas de los mares como paradigmas de conducta) que callan en esto en lo que todos nos jugamos tanto...
Aunque como hay que ser positiva, lo bueno del asunto va a ser lo bien que nos lo vamos a pasar tanto internauta en la cárcel... Porque vamos a ser muchos, muchos, muchos... ¿Habrá cárceles para tantos?
 
Manifiesto por la liberación de la Cultura
Como soy un desastre y no soy capaz de poner el banner, os invito a que entréis en http://culturalibre.org y firméis el manifiesto por la liberación de la Cultura, que haciendo un elemental copypaste, incluyo a continuación. (Vía Escolar)

MANIFIESTO POR LA LIBERACIÓN DE LA CULTURA
Cultura:


2. f. Conjunto de conocimientos que permite
a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc

(Diccionario de la Real Academia Española . Vigésimo segunda edición, en línea)

Los abajo firmantes

Manifestamos:

Que al calor de los resultados fruto del esfuerzo en la creación de contenidos culturales, existe una floreciente industria de difusión y distribución de dichos contenidos.

Que la extrema vigencia temporal de los denominados "derechos de autor" tal y como están establecidos en la actualidad representan una barrera a la incorporación de la cultura al dominio público, bien común, en una época histórica análoga a la que acompaña la revolución de la imprenta.

Que desde determinadas organizaciones se viene incurriendo en un proceso de demonización de la red de difusión, distribución e intercambio de información más igualitaria jamás concebida, así como en un afán recaudatorio injusto, abusivo y a todas luces excesivo.

Que la mera edición impresa o publicación de cualquier contenido audiovisual disfruta de unos derechos de explotación comercial cuyo plazo de duración, ampliado artificialmente, amenaza el ejercicio del derecho de acceso universal a la cultura.

Que la historia reciente muestra, con ejemplos como los logros obtenidos por el software libre, que el poder creativo, intelectual y cultural de los inmensos colectivos a que dan lugar las redes de telecomunicaciones no puede ser despreciado.

Que el acceso universal a la cultura beneficia tanto al público como a los creadores.

Que nadie posee ni nuestros pensamientos ni nuestras ideas.

Renegamos:

De los argumentos falaces que equiparan la cultura con la explotación comercial, industrial o que la degrada a un mero elemento de consumo.

Reivindicamos:

Que acorde a los tiempos, se garantice el acceso universal y la distribución masiva, de forma libre y gratuita de todos los contenidos culturales propiedad del estado en sus fondos, bibliotecas o almacenes de depósito legal.

Que la sociedad, la industria y los autores busquen un nuevo modelo de relaciones económicas que, en vez de constreñir el uso de las tecnologías de la comunicación, potencie y se aproveche de su desarrollo y multiplique sus beneficios.

Que este nuevo acuerdo entre los autores y el público garantice las recompensas necesarias para incentivar la creación sin impedir la difusión de la cultura.

La limitación temporal de los llamados "derechos de autor" en unos términos más acordes con el derecho de acceso a la cultura reconocido por la Constitución Española y la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La recuperación de las funciones originariamente atribuidas al Ministerio de Cultura en detrimento de la actual actitud de salvaguardia a la industria del entretenimiento.

Exigimos a nuestros representantes y poderes públicos:

Que lleven a cabo las medidas ejecutivas y legislativas necesarias para llevar a la práctica las reivindicaciones arriba expuestas tanto en el ambito nacional, como especialmente en el ámbito de la Unión Europea.

E invitamos a la ciudadanía a que haga suyo este manifiesto.



Las personas u organizaciones que deseen adherirse a este manifiesto lo pueden hacer en Culturalibre.org. Corred la voz.


 
Acantilados y canciones
Ayer, con Lya (que no se llama así, pero yo tampoco me llamo Albanta, y es más, juraría que el Camarada tampoco se llama Bakunin, y a lo mejor hasta resulta que el Oculista no es oftalmólogo, o sí quién sabe), por la tarde, hablando de blogs. Recomiendo el suyo: está empezando pero promete. Lya escribe muy bien y cuando se asoma al acantilado, el vértigo puede sobrevenirle al lector. También animamos a Marta a que hiciera el suyo y ojalá un día de estos, también pueda recomendarlo...

Le he prometido a A. grabarle un disco de canciones fantásticas. Y, claro, parecía un encargo sencillito, pero he empezado a pensar en ello y por dios, qué complicación: cómo hago para resumir en un disco (aunque sea en formato mp3) todas las canciones imprescindibles? Lo pondré más difícil... ¿alguna sugerencia acerca de las canciones que bajo ningún concepto tengo que olvidar? Agradeceré comentarios al respecto, en este miércoles mitad de semana, horrible, dicho sea de paso...
 
"La edad de las bacterias" y "López López"
En esta fase de progresiva derrota frente a lo que antes me apasionaba y ahora me cuesta mucho (y esperemos que se esté tratando de algo absolutamente pasajero, así que trataré de no incidir demasiado en ello) estos días he conseguido sobre ponerme y leer dos libros. Los dos publicados por la editorial Lengua de Trapo y los dos escritos por amigos. Además, los dos son altamente recomendables, y supongo que por eso hablo aquí de ellos.
"La edad de las bacterias", escrito por Manuel García Rubio es una historia de amor apasionado y por tanto bastante destructivo, entre un funcionario de la embajada española en Montevideo y Edurne Ormaechea una enigmática (no podría ser de otro modo) mujer que conducirá al protagonista a una serie de descalabros. Con una trama de espionaje diplomático y, sobre todo, un telón de fondo que actúa con más entidad que el puro paisaje para convertirse también en protagonista, y que tiene que ver con la situación vivida en Uruguay en los primeros años setenta, el movimiento tupamaro, las relaciones con la España de aquellos años, "La edad de las bacterias" es una recomendación verdaderamente apetecible.
Mucho menos solemne, pero fantástica es "López López" de Juan Aparicio Belmonte. Lo confieso: ésta me la he leído esta misma mañana y de un tirón, de la primera página a la 217 que creo que tiene, sin parar. Cuenta una historia de estafadores, de mafias del arte, de loosers, de amores, traiciones, venganzas... Vamos completita. Y con un sentido del humor tan fino, tan sutil... Juan había escrito hace un par de años una novela, publicada en la misma editorial que también recomiendo "Mala suerte". Como aquella, "López López" tiene la extraña cualidad de que terminas de leerla y piensas, qué divertida, pero a medida que van pasando las horas y los días, vas valorando que además de divertida y entretenida son otros los valores que encierra: la perfecta trabazón de la trama, la construcción de los personajes, las sonrisas que encierra entre sus páginas...
Personalmente me siento muy contenta de haber conseguido romper la inercia que (misterios misteriosos) me aleja de los libros en estos últimos tiempos y haber hundido la nariz en este par de historias (y el hecho de que ambos sean amigos míos no modifica en absoluto mi opinión, lo juro) que humildemente recomiendo.
 
Las cosas en su sitio
A veces, de forma inexplicable, una pierde la perspectiva. Por dentro hay algo que tira, que tiene que ver con la parte más emocional, o no sé con qué, pero que se traduce en una especie de pérdida del sentido común, y haces cosas que no, que no deberías. Porque resulta, porque ya lo sabes de otras veces, que se te pasará, y todo lo que hagas en estos días en que no terminas de controlar lo que te pasa, será materia para el arrepentimiento y para esas bonitas frases autoinculpatorias de "serégilipollas..." y otras estupendeces. Y porque no, porque ya estás muy mayor y hay cosas que no.
Pero a pesar de ello, ahí estás. Equivocándote una y otra vez y dejando que la parte más emocional de ti, que resulta tener tantísimo poder, tome las decisiones.
Si es cuestión de tiempo, boba, por dios.
Si en unos días lo verás todo de otro modo.
Si ni siquiera merece la pena. ¿O no habíamos quedado en que teníamos muy muy claro lo que era importante?
Y entonces... ¿por qué te empeñas?
Definitivamente, eres imbécil, albantita.