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Albanta
Las alas del agua, la espuma de los días
Sindicación
 
Testigo musical
Hala , me ha caído. No es que me moleste, pero veremos a ver a quién se lo paso yo que no lo tenga ya...

Testigo recibido de
Manuti

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:
Aproximadamente 17 gigas. He tenido que sumar porque tengo tal desorden, que en fin... En archivos creo que son (insisto, tendría que sumarlos todos) sobre 7000. O por ahí. Y sin que suene como disculpa: por muchos que puedan parecer, no son nada, comparados con los miles de vinilos que hay en casa y los CDS, que nunca he contado pero que son muchísisisisimos... A lo que es la industria discográfica, yo ya le he pagado mi cuota de manutención sobradamente...

Último disco que me compré
No estoy segura. Creo que fue Auterretratos, de Luis Eduardo Aute, o "La vida de alquiler", de Alfredo González.

Canción que estoy escuchando ahora:
La verdad es que estoy escuchando la radio y hay noticias... Pero hace un minuto estaba sonando "Nada de esto fue un error" de Coti Sorokin.

5 canciones (aunque podría poner 100) que escucho un montón o que tienen algún significado para mi
Uf. Difícil. Casi imposible.

1.- Stay. Jackson Browne
2.-Pedro Navaja de Rubén Blades
3.-You've got a friend, Carol King
4.-La belleza, de Aute
5.-Romance en Durango, de Bob Dylan

(Esta lista no significa nada. Hace media hora habría escrito otra cosa diferente)

5 personas a las que les paso el testigo (que no lo vean como una carga):

Sofía
Lya
Natalia
Arantxa
Sibisse

Hala, resuelto... (creo)
 
Joroba de miércoles
Una de mis amigas A (acabo de descubrir que tengo varias con esa inicial, lo cual no deja de ser un lío a la hora de mencionarlas) trabaja en una empresa multinacional con compañeros de distintas nacionalidades, y en una ocasión, mientras estaba en la máquina del café, alguien (creo que norteamericano) le dijo algo a propósito de una joroba, algo así como feliz joroba, o similar, lo que en ella, en un principio suscitó, como mínimo, suspicacia. Luego supo que lo de la joroba era la forma coloquial de llamar al miércoles, como día central de la semana, a partir del cual ya comienza la cuesta abajo.
Así que hoy estamos en plena joroba y hace una mañana estupenda, el Cantábrico se ha vestido de Mediterráneo, y un solecito de primavera refleja en la cristalera del Club de Regatas, distribuyendo los brillos por el agua. Sería un buen día para pasear por la playa, para sentarse a contemplar el cielo o para, de una vez, hacer todas las cosas gratas que una va arrinconando porque, por misteriosas razones existe una extraña culpabilidad que impide que te mimes un poco... Pero como la realidad tiene los brazos más largos, tendré que salir pitando y dedicar un día completito (e interminable) al trabajo, a las tareas (qué absurdas algunas de ellas) que me aguardan, a los marrones que sin duda florecerán con más ahínco primaveral que las margaritas y a todo aquello que constituye esta tarea ardua que es vivir.
Sin embargo, por misteriosas razones, sigo confiando en el hilo invisible que inexplicablemente sigue ahí, uniéndome a la vida. Sé que si consigo seguirlo, existen muchas posibilidades de que este día no esté perdido...
Feliz joroba a todos.
 
Aparecidos y desaparecidos
Sé que si sucede en la vida real es horroroso, por muy literario que pueda parecer. Quiero decir, que una persona de pronto desaparezca, deje todo, se esfume y empiece una nueva vida en un lugar lejano y desconocido, no deja de ser, argumentalmente, interesante. Ahora bien, que eso le ocurra a alguien próximo y querido, cambia mucho.
Conocí hace algunos años a una mujer encantadora, culta, inteligente, capaz... Un día hablando del número de hijos que tenía, me sorprendió diciendo: "No sé si tengo seis o siete hijos". Y ante mi gesto de extrañeza me contó cómo uno de sus hijos había desaparecido cuando contaba veintipocos años. De aquello ya habían pasado más de quince y nunca se había llegado a saber nada. Nada de nada. Ni un rastro de que estuviera vivo, ni la más mínima sospecha de que estuviera muerto. La forma en que contaba cómo lo había visto desaparecer el último día desde la ventana cuando él doblaba la esquina porque salía a dar una vuelta, era estremecedora dentro de la sencillez con que lo hacía. Tiene que ser espantoso.
Todo esto viene a cuento por la aparición del pianista. La historia es tan de película, tan de novela, que a veces uno pierde la perspectiva del drama que seguramente hay detrás, aunque en este caso parece que la historia es justo al revés... Se trata de la historia de ese joven pianista rubio aparecido empapado con ropas oscuras que podrían ser o de un funeral o de un concierto, cerca de una playa, que no dice ni una sola palabra y se limita a tocar un piano (y al parecer lo hace muy bien) resulta absolutamente fascinante. Aunque me imagino que toda esa fascinación literaria no vale la alegría que seguramente se llevará una madre (una madre como mi amiga A.) que por fin sabe dónde está su hijo.
 
Sorpresas
Que la memoria es una cosa extraña es algo que no admite ningún tipo de discusión. Nuestra capacidad para reunir recuerdos, seleccionarlos, desechar algunos de ellos... es tan elástica que a veces es como si nos invéntaramos lo que recordamos.
Esto tiene que ver con algunas cosas, por ejemplo el hecho de que estos días se haya conocido la extravagante historia de ese presidente de la asociación de prisioneros del campo de concentración de Mauthausen que ahora ha confesado que nunca estuvo en un campo de concentración y que por tanto su biografía es absolutamente falsa. Es cierto que se trata de un caso particularmente sangrante, y complicado, porque encima alimenta a esa lamentable especie de negacionistas (hala, estarán contentos, ya tienen carnaza...) empeñados en hacernos creer que todo eso del Holocausto fue una fantasía... , pero dejando al margen lo espectacular del caso, tal vez sea cierto que todos vamos construyendo nuestra historia con los fragmentos que más nos convienen.
Cada navidad paso por la emocionante y flipante experiencia de comer con la familia de mi chico. Son cinco hermanos, ya no viven sus padres, y navidad tras navidad asistimos al espectáculo, que viene a darse en los postres, más o menos, de una especie de terapia grupal. Lo más llamativo del asunto es comprobar que si bien tienen una historia común, cada uno de ellos la ha ido elaborando de tal manera que parece que vivieron infancias que nada tuvieron que ver las unas con las otras... Los recuerdos de las mismas personas, de las mismas situaciones, son tan diferentes, que muchas veces, para un observador externo (y yo intento serlo) resulta prácticamente imposible entender que estén hablando de lo mismo.
Y ya no es una cuestión del color del cristal con que se mira, y eso. No. Es la selección que se hace de las cosas para ir escribiendo con esos fragmentos la biografía propia.
Por eso me ha sorprendido que Z. me haya dicho que A.P se acuerda perfectamente de mí... Yo sí que lo recuerdo, claro, pero en mi caso es mucho más sencillo... Pero me parece tan raro que él me recuerde...
A ver si va a resultar, ejem, que soy inolvidable...
(Es broma de viernes, obviamente)
 
43 cosas
A lo tonto he descubierto 43things, y me gusta mucho. No sé exactamente cómo definirla, podría hablarse de una red social en la que cada persona puede hablar de las 43 cosas que quiere hacer, y encuentra otras personas que desean hacer lo mismo. Pueden hacerse búsquedas por ciudades, por intereses... Utiliza un sistema de tags, muy parecido al de Flickr. Lo mejor es visitarla, claro. Por cierto, aunque está en inglés, hay una parte en español, aunque todavía es muy pequeñita, con muy poca gente . Lo bueno de este tipo de historias (a las que soy muy aficionada, lo confieso) es que ver lo que los demás desean, lo que quieren hacer, sus proyectos, anima a una a tener los suyos.
Hace algún tiempo empecé a hacer una lista de todas las cosas que quería hacer antes de morirme (muy tétrica, sí) y ya llevo como 300...
El simple hecho de plantearlo, a mí personalmente, ya me anima mucho.
Me gustaría conocer las 43 cosas que queréis hacer... Seguro que hay ideas fantásticas entre ellas... (Y si no son 43, y son cinco, pues también vale...)