La consciencia o no
Llevo mucho tiempo constatando una extraña posición entre la gente que conozco y me está dando que pensar. No sé si la consciencia es buena o no lo es, quiero decir: por nada del mundo me gustaría dejar de tener la lucidez que creo que tengo con respecto a determinadas cosas (y cuando digo lucidez me refiero únicamente a no tener los ojos cerrados ante realidades inapelables y, de paso, tratar de analizar mínimamente las cosas) pero a veces me pregunto si no sería mejor ignorar el mundo en que una vive.
El otro día oí decir a una de mis hermanas que a ella le daba igual todo, que había decidido no ver telediarios. Una de mis amigas decía que nada de leer libros tristes, existencialistas ni agónicos: si los escritores tienen sus neuras, que vayan al psiquiatra a que se las resuelva, pero que por qué tenemos los lectores que participar de sus angustias vitales. Si vas por la calle y pones la oreja tratando de cazar conversaciones, compruebas que el verbo que se repite con más frecuencia es el verbo comprar en todas las variables de tiempo verbal posible. Me aterra esa inconsciencia colectiva, y a la vez me pregunto si no es mejor para la salud mental. Al fin y al cabo, ser conscientes de los problemas no nos libra de ellos...
Viene esto a cuento porque a veces tengo la sensación de que en mis conversaciones tiendo a ser ligeramente apocalíptica (¿es posible no serlo viendo lo que se ve?) y empiezo a tener un cierto temor a convertirme en una auténtica incomprendida...
El otro día oí decir a una de mis hermanas que a ella le daba igual todo, que había decidido no ver telediarios. Una de mis amigas decía que nada de leer libros tristes, existencialistas ni agónicos: si los escritores tienen sus neuras, que vayan al psiquiatra a que se las resuelva, pero que por qué tenemos los lectores que participar de sus angustias vitales. Si vas por la calle y pones la oreja tratando de cazar conversaciones, compruebas que el verbo que se repite con más frecuencia es el verbo comprar en todas las variables de tiempo verbal posible. Me aterra esa inconsciencia colectiva, y a la vez me pregunto si no es mejor para la salud mental. Al fin y al cabo, ser conscientes de los problemas no nos libra de ellos...
Viene esto a cuento porque a veces tengo la sensación de que en mis conversaciones tiendo a ser ligeramente apocalíptica (¿es posible no serlo viendo lo que se ve?) y empiezo a tener un cierto temor a convertirme en una auténtica incomprendida...
Leer
En un inusual ataque lector, el viernes fui a la biblioteca municipal que queda justo al lado de mi trabajo y saqué un par de libros. Uno de ellos, porque recordé un comentario del blog de Bob, Lector Ileso, ("La mesa limón", de Julian Barnes) y el otro porque en su momento, hace ya bastante tiempo, había atraído mi atención en la mesa de novedades de la librería, "Un juego de niños" de Donna Tartt.También de forma inusual, y teniendo en cuenta que hoy es lunes por la mañana, resulta que el de Julian Barnes ya lo he terminado y el de Donna Tartt tiene pinta de caer ( a pesar de sus casi setecientas páginas) en los próximos días. Y eso no deja de ser un casi prodigio, porque últimamente mi capacidad y velocidad lectora, incluso mi deseo de leer, estaba ferozmente mermada.
Recomiendo "La mesa limón", aunque los relatos tienen una extraña tristeza, posiblemente inevitable cuando se habla del envejecimiento y la muerte, pues ese y no otro es el tema de los relatos que componen el libro. El título viene porque parece ser que en un bar de Helsinki a principios del siglo pasado, los que se sentaban en "la mesa limón", estaban obligados a hablar de la muerte. Parece ser ,también, que para los chinos el limón simboliza la muerte. En estos relatos hay un elemento que ya me había encontrado en una novela de Martin Amis, "La información", y que en su momento me había resultado particularmente perturbadora: son relatos que llevan implícita la consciencia, la certeza de la mortalidad: somos mortales, aunque nos obstinemos en vivir como si no lo fuéramos, somos vulnerables, envejecemos. Y encima, la vejez que presenta Barnes, se aleja de ese mito consolador que a menudo nos construimos: eso de que la vejez es el momento en que se alcanza la serenidad, la tranquilidad, el sosiego... Pues parece que va a ser que no.
Recomiendo "La mesa limón", aunque los relatos tienen una extraña tristeza, posiblemente inevitable cuando se habla del envejecimiento y la muerte, pues ese y no otro es el tema de los relatos que componen el libro. El título viene porque parece ser que en un bar de Helsinki a principios del siglo pasado, los que se sentaban en "la mesa limón", estaban obligados a hablar de la muerte. Parece ser ,también, que para los chinos el limón simboliza la muerte. En estos relatos hay un elemento que ya me había encontrado en una novela de Martin Amis, "La información", y que en su momento me había resultado particularmente perturbadora: son relatos que llevan implícita la consciencia, la certeza de la mortalidad: somos mortales, aunque nos obstinemos en vivir como si no lo fuéramos, somos vulnerables, envejecemos. Y encima, la vejez que presenta Barnes, se aleja de ese mito consolador que a menudo nos construimos: eso de que la vejez es el momento en que se alcanza la serenidad, la tranquilidad, el sosiego... Pues parece que va a ser que no.
Procrastination
No sé si es que empiezo a necesitar a gritos las vacaciones. No sé si es el cansancio instalado de forma incontestable en todas mis neuronas. No sé si es un caso de vagancia patológica. No lo sé, pero últimamente he descubierto que tengo una tendencia a eso de la procrastination que me da verdadero miedo.
Dice Eva que los manuales al respecto hablan de que para superarlo, uno tiene que empezar justamente por aquella tarea que más desagradable resulta... Pero eso, como todas las técnicas está muy bien en la teoría. La práctica es otra cosa. Y Adriana me recuerda la frase que le decía una monja en el cole cuando era pequeña: "Lo que tú dejes sin hacer, quedará sin hacer eternamente...".
Confío en que unos días de descanso (qué lejanos, por dios) me permitirán liberarme de esta sensación tan asquerosa... Lo único que me consuela (y es un decir, porque nunca he creído en eso del mal de muchos...) es que es algo bastante común. De hecho revolviendo por la red en la página de las 43 cosas he descubierto que el propósito de un total de 2316 personas es en este momento ponerle freno a eso de postergar .
Toté, que es muy sabia, me ha pasado las causas por las que una llega a esta situación. Copio y pego:
1- Escasa o nula motivación.
2- Baja tolerancia a la frustración.
3- Miedo a fracasar, a no conseguir los resultados esperados.
4- Tendencia al perfeccionismo.
5- Refuerzo insuficiente, es decir, poco reconocimiento o escasa recompensa.
6- Agresividad pasiva (ésta es muy buena, je, je)
7- Baja asertividad
8- Sensibilidad coercitiva (cuando se posterga
porque consideramos que se nos exige mucho.)
9- Ausencia de deseo, que puede abarcar varias parcelas de la vida.
En fin. Que de verdad confío en que sea puro cansancio. Y por lo pronto, para combatirlo, voy a ver si consigo cerrar dos o tres cosas de esas verdaderamente odiosas que me están esperando...
Dice Eva que los manuales al respecto hablan de que para superarlo, uno tiene que empezar justamente por aquella tarea que más desagradable resulta... Pero eso, como todas las técnicas está muy bien en la teoría. La práctica es otra cosa. Y Adriana me recuerda la frase que le decía una monja en el cole cuando era pequeña: "Lo que tú dejes sin hacer, quedará sin hacer eternamente...".
Confío en que unos días de descanso (qué lejanos, por dios) me permitirán liberarme de esta sensación tan asquerosa... Lo único que me consuela (y es un decir, porque nunca he creído en eso del mal de muchos...) es que es algo bastante común. De hecho revolviendo por la red en la página de las 43 cosas he descubierto que el propósito de un total de 2316 personas es en este momento ponerle freno a eso de postergar .
Toté, que es muy sabia, me ha pasado las causas por las que una llega a esta situación. Copio y pego:
1- Escasa o nula motivación.
2- Baja tolerancia a la frustración.
3- Miedo a fracasar, a no conseguir los resultados esperados.
4- Tendencia al perfeccionismo.
5- Refuerzo insuficiente, es decir, poco reconocimiento o escasa recompensa.
6- Agresividad pasiva (ésta es muy buena, je, je)
7- Baja asertividad
8- Sensibilidad coercitiva (cuando se posterga
porque consideramos que se nos exige mucho.)
9- Ausencia de deseo, que puede abarcar varias parcelas de la vida.
En fin. Que de verdad confío en que sea puro cansancio. Y por lo pronto, para combatirlo, voy a ver si consigo cerrar dos o tres cosas de esas verdaderamente odiosas que me están esperando...
Diecinueve
Mi niño, el peque, cumple hoy diecinueve años.
En algún sitio leí que en días como estos, a quien hay que felicitar es a las madres, pero realmente, yo me siento verdaderamente feliz ya sin necesidad de más, sólo por el hecho de verlo a él: que ha llegado hasta aquí, que es guapísimo y que -yo diría- es incluso razonablemente feliz...
Feliz cumpleaños, Sergio.
En algún sitio leí que en días como estos, a quien hay que felicitar es a las madres, pero realmente, yo me siento verdaderamente feliz ya sin necesidad de más, sólo por el hecho de verlo a él: que ha llegado hasta aquí, que es guapísimo y que -yo diría- es incluso razonablemente feliz...
Feliz cumpleaños, Sergio.
Reírse por las mañanas
No. No tengo nada personal contra Lucía Extebarría. No me gusta cómo escribe, pero hay miles de escritores que no me gustan. Y no la conozco personalmente aunque nos hayamos saludado en una ocasión, para juzgarla (no me atrevo a juzgar a las personas a las que llevo años conociendo). Y también ocurre que una dice cosas y luego los periodistas le dan su propia interpretación, así que cabe la posibilidad de que se hayan malinterpretado sus palabras, blablablá...
Pero, de verdad... ¿no resulta muy gracioso eso que ha dicho de que si fuera hombre ya estaría en la Real Academia de la Lengua?
Estoy agradecidísima de que me hagan reírme tan temprano, con lo crudo que está todo...
Pero, de verdad... ¿no resulta muy gracioso eso que ha dicho de que si fuera hombre ya estaría en la Real Academia de la Lengua?
Estoy agradecidísima de que me hagan reírme tan temprano, con lo crudo que está todo...
Seguir como si tal cosa
Después del atentado de Londres, un asunto que me ha llamado poderosamente la atención y que hay quien atribuye a la conocida flema británica, es el hecho de la impasibilidad, del "la vida sigue", tan contrapuesto a la situación de shock, conmoción y llanto que se vivió en España después del 11M. Es curioso ver cómo los mismos ingleses que protagonizaron aquellas, yo diría que vergonzantes, escenas ante la muerte de Lady Di, continúan con sus asuntos sin que se produzca esa especie de catarsis colectiva derivada de la expresión también colectiva del dolor.
Recuerdo que Javier, que ha vivido mucho tiempo fuera de España en países muy complicados en su mayoría, y a quien el 11m pilló en Camerún, me decía que le resultaba muy sorprendente esta reacción, la que hizo salir a la calle a millones de personas, la que multiplicaba al infinito las velas en Atocha y las lágrimas, la omnipresencia del dolor en la vida de cada día. En aquella época él me decía ya que a la sociedad occidental más le valía entender que esto era la vida, y que así eran las cosas, y que si no habíamos entendido que esto había cambiado, y que los atentados de esta calaña van a formar parte de nuestro paisaje, mal íbamos...
Me parecía excesivo entonces, lo confieso. Pensé que decía eso porque no había sido testigo de la sinceridad del dolor manifestado, que lo había contemplado desde lejos.
Pero ahora creo que empiezo a entenderlo. Aunque no sé si quiero. No sé si tenemos que acostumbrarnos y dar por bueno que a los riesgos (millones) habituales que van desde atragantarnos con un trozo de filete hasta que se nos caiga encima una maceta cuando vamos por la calle o que nos atropelle un camión, hay que añadir la posibilidad de morir despedazados en un atentado. No sé si quiero dar por real esa posibilidad.
Pero eso de ver que en Londres parece que no ha pasado nada, me inclina a pensar que ésta es la vida que tenemos, y el trozo de historia que nos ha tocado.
Después de todo cada fin de semana mueren treinta y tantas personas en accidentes de tráfico y no pasa absolutamente nada. Ni llantos multitudinarios, ni horas de telediario.
Recuerdo que Javier, que ha vivido mucho tiempo fuera de España en países muy complicados en su mayoría, y a quien el 11m pilló en Camerún, me decía que le resultaba muy sorprendente esta reacción, la que hizo salir a la calle a millones de personas, la que multiplicaba al infinito las velas en Atocha y las lágrimas, la omnipresencia del dolor en la vida de cada día. En aquella época él me decía ya que a la sociedad occidental más le valía entender que esto era la vida, y que así eran las cosas, y que si no habíamos entendido que esto había cambiado, y que los atentados de esta calaña van a formar parte de nuestro paisaje, mal íbamos...
Me parecía excesivo entonces, lo confieso. Pensé que decía eso porque no había sido testigo de la sinceridad del dolor manifestado, que lo había contemplado desde lejos.
Pero ahora creo que empiezo a entenderlo. Aunque no sé si quiero. No sé si tenemos que acostumbrarnos y dar por bueno que a los riesgos (millones) habituales que van desde atragantarnos con un trozo de filete hasta que se nos caiga encima una maceta cuando vamos por la calle o que nos atropelle un camión, hay que añadir la posibilidad de morir despedazados en un atentado. No sé si quiero dar por real esa posibilidad.
Pero eso de ver que en Londres parece que no ha pasado nada, me inclina a pensar que ésta es la vida que tenemos, y el trozo de historia que nos ha tocado.
Después de todo cada fin de semana mueren treinta y tantas personas en accidentes de tráfico y no pasa absolutamente nada. Ni llantos multitudinarios, ni horas de telediario.
Semana Negra
Oh, dios. Compruebo horrorizada que tanto amanda como Zucco esperan que haga una crónica de lo que está siendo la Semana Negra... Y yo, que soy un desastre, no he aparecido por allí en todo el fin de semana...
La Semana Negra ha formado parte de mi vida en estos dieciocho años de existencia (de la semana, no míos... ejem). En una época porque me tocó cubrirla para algunos medios de comunicación, en otra porque estuve en la organización, en los primeros años porque la viví con la fascinación de público... Estos últimos años me corresponde el papel más feo, el de patrocinadora (vaya, quiero decir,q ue trabajo para una de las empresas que colabora en el desarrollo...) y eso ya no mola tanto... Echo de menos la locura de la organización, ese estar con el estómago encogido y a la vez disfrutar tanto las cosas. Echo de menos viajar en el Tren Negro, desde Madrid, que es una cosa verdaderamente divertida. Echo de menos a los amigos que ya no vienen (todo el mundo tiene sus ciclos, y periodistas que durante años cubrieron la información: Paolo, Ricard, Gabriela, Alicia... tienen ahora otros cometidos en sus vidas)
De todos modos, y como crónica del asunto, lo único que puedo decir es que estuve en viernes en la recepción y estuve charlando con viejos semaneros, como Fritz Glockner, o como Pedro Gálvez, o como Alejo, o incorporaciones más recientes como José Angel Mañas, o con amigos que con ser de aquí sólo veo en la Semana como Javier Bauluz, y que estaré algunos días, entre otras cosas porque tengo que presentar un par de libros. Tengo ganas de ver a amigos que vendrán estos días (José Carlos Somoza o Lorenzo SIlva, por ejemplo) y ahora, medio en secreto confesaré, que lo de no aparecer por el recinto en todo el fin de semana tiene bastante que ver con el hecho de que me pueda una extraña nostalgia...
La Semana Negra ha formado parte de mi vida en estos dieciocho años de existencia (de la semana, no míos... ejem). En una época porque me tocó cubrirla para algunos medios de comunicación, en otra porque estuve en la organización, en los primeros años porque la viví con la fascinación de público... Estos últimos años me corresponde el papel más feo, el de patrocinadora (vaya, quiero decir,q ue trabajo para una de las empresas que colabora en el desarrollo...) y eso ya no mola tanto... Echo de menos la locura de la organización, ese estar con el estómago encogido y a la vez disfrutar tanto las cosas. Echo de menos viajar en el Tren Negro, desde Madrid, que es una cosa verdaderamente divertida. Echo de menos a los amigos que ya no vienen (todo el mundo tiene sus ciclos, y periodistas que durante años cubrieron la información: Paolo, Ricard, Gabriela, Alicia... tienen ahora otros cometidos en sus vidas)
De todos modos, y como crónica del asunto, lo único que puedo decir es que estuve en viernes en la recepción y estuve charlando con viejos semaneros, como Fritz Glockner, o como Pedro Gálvez, o como Alejo, o incorporaciones más recientes como José Angel Mañas, o con amigos que con ser de aquí sólo veo en la Semana como Javier Bauluz, y que estaré algunos días, entre otras cosas porque tengo que presentar un par de libros. Tengo ganas de ver a amigos que vendrán estos días (José Carlos Somoza o Lorenzo SIlva, por ejemplo) y ahora, medio en secreto confesaré, que lo de no aparecer por el recinto en todo el fin de semana tiene bastante que ver con el hecho de que me pueda una extraña nostalgia...
No sos vos, soy yo
Ayer vi por fin "No sos vos, soy yo", que por lo que sé ha tenido mucho éxito en Argentina y también lo está teniendo aquí. Reconozco que me gusta el cine argentino en general, y esta comedia sin ser nada del otro mundo me mantuvo pegada y colgada. Contribuye que la banda sonora tenga canciones de Jorge Drexler y de Calamaro, entre otros, que los actores estén muy bien, y el papel de psiquiatra que interpreta Marcos Mundstock , la inconfundible voz de Les Luthiers.
Para empezar el lunes, y para empezar esta semana (qué pereza, por dios) una frase del protagonista que no recuerdo de forma textual pero que en esencia dice algo así: "Creí que no podría superar la angustia, pero la angustia dio paso al dolor, y el dolor dio paso a la tristeza. Y un día descubrí que podía despertarme por la mañana y ya no pensaba en ti". Insisto que no es textual, pero es la idea, y es ese proceso, justamente el paso por esas fases, de lo que va la película.
Para empezar el lunes, y para empezar esta semana (qué pereza, por dios) una frase del protagonista que no recuerdo de forma textual pero que en esencia dice algo así: "Creí que no podría superar la angustia, pero la angustia dio paso al dolor, y el dolor dio paso a la tristeza. Y un día descubrí que podía despertarme por la mañana y ya no pensaba en ti". Insisto que no es textual, pero es la idea, y es ese proceso, justamente el paso por esas fases, de lo que va la película.
Decisiones
Cada vez que uno se para a pensarlo un poco se da cuenta de que la vida es una constante, y a veces agobiante, obligación de tomar decisiones. Desde las más pequeñas y absurdas, hasta las que a veces consideramos que son tan fundamentales que cambiarán del todo nuestra vida. El otro día hablaba con un amigo que tiene que tomar un par de ellas. Bueno, él ni siquiera es del todo consciente de que lo que le pasa (esa desazón, ese somatizar cosas, esa angustia) tiene que ver con la ineludible necesidad de tomar decisiones. Concretamente una de carácter laboral, y otra personal. Y en el fondo, las dos forman parte de lo mismo, están unidas en sus raíces aunque a la vista parezcan ramas de árboles alejados e independientes. Cuando hablábamos de ello, me comentaba sus temores: ¿y si me equivoco? En realidad creo que uno nunca se equivoca, quiero decir, que las cosas suceden, se elige y ya. Y a lo mejor lo que creemos un error no es más que un pequeño desvío, un rodeo para ir donde en realidad terminaremos yendo...
"Tengo la sensación de haberme equivocado en la docena de decisiones importantes que uno toma en la vida", me decía otro amigo hace unos días, y yo, que lo conozco un poquito, sé que no es así, pero él seguramente lo vive como una equivocación. Que su vida sería de otra manera si...
Pero es que es todo tan absurdo a veces.
Hace unos pocos años, una amiga a la que quiero mucho, estaba medio chiflada tratando de decidir si pedía un traslado o seguía en su trabajo. Tenía la sensación (y la angustia) de que eso iba a ser decisivo en su vida. Yo creo que hasta consultó a echadores de cartas, y lo pasaba francamente mal. Y luego uno se encuentra con que lo que te cambia de verdad la vida, no es una decisión que tomas meditando, evaluando, controlando pros y contras... Lo que te cambia la vida, en realidad, son esos dos segundos en los que te distraes en la carretera. Ese medio minuto que tardas en salir de tu casa porque el ascensor está ocupado y que hace que te encuentres en el autobús siguiente al que tomas habitualmente al que será el hombre de tu vida. Esa optativa que cogiste a última hora porque te coincidía el horario y que va a cambiar tu visión de la vida. Y hay tan poca capacidad de control en todo ello...
"Tengo la sensación de haberme equivocado en la docena de decisiones importantes que uno toma en la vida", me decía otro amigo hace unos días, y yo, que lo conozco un poquito, sé que no es así, pero él seguramente lo vive como una equivocación. Que su vida sería de otra manera si...
Pero es que es todo tan absurdo a veces.
Hace unos pocos años, una amiga a la que quiero mucho, estaba medio chiflada tratando de decidir si pedía un traslado o seguía en su trabajo. Tenía la sensación (y la angustia) de que eso iba a ser decisivo en su vida. Yo creo que hasta consultó a echadores de cartas, y lo pasaba francamente mal. Y luego uno se encuentra con que lo que te cambia de verdad la vida, no es una decisión que tomas meditando, evaluando, controlando pros y contras... Lo que te cambia la vida, en realidad, son esos dos segundos en los que te distraes en la carretera. Ese medio minuto que tardas en salir de tu casa porque el ascensor está ocupado y que hace que te encuentres en el autobús siguiente al que tomas habitualmente al que será el hombre de tu vida. Esa optativa que cogiste a última hora porque te coincidía el horario y que va a cambiar tu visión de la vida. Y hay tan poca capacidad de control en todo ello...
La ciudad
Estos días estoy leyendo "La viajera" de Karla Suárez, que no forma parte de los libros previstos para este verano, pero tengo el compromiso de hacer la presentación dentro de unos días, así que lo menos que puedo hacer es léermelo. La protagonista, Circe, viaja por el mundo buscando "su" ciudad, con la teoría, más o menos, de que hay un lugar en el mundo al que pertenecemos, y que no tiene por qué ser necesariamente aquel en el que vivimos, o en el que hemos nacido...
Yo no sé cuál es mi ciudad. Desde hace muchos años sospecho que es ésta en la que vivo desde hace más de veinte , que me acogió sin hacerme preguntas y que jamás me puso ninguna condición. A cambio me ha dado brisa del mar, gente estupenda, tranquilidad, bullicio, lluvia y neblinas. No sé si es ésta mi ciudad, porque tampoco he vivido en otras el tiempo suficiente como para saber si es su aire el que necesitan inexcusablemente mis pulmones. En esta ciudad me han ocurrido sólo cosas buenas, y el latido de sus calles va al compás del de mi corazón sin grandes arritmias. Pero tal vez hay otras. Y queda esa sensación de que quién sabe si no será Roma, o Buenos Aires, o Dublín, o Montevideo, o París, la ciudad a la que de verdad pertenezco... Y la sospecha de que nunca lo comprobaré ( a no ser que me imponga como la protagonista de la novela una vida nómada buscando desesperadamente) no deja de producirme una cierta inquietud.
Yo no sé cuál es mi ciudad. Desde hace muchos años sospecho que es ésta en la que vivo desde hace más de veinte , que me acogió sin hacerme preguntas y que jamás me puso ninguna condición. A cambio me ha dado brisa del mar, gente estupenda, tranquilidad, bullicio, lluvia y neblinas. No sé si es ésta mi ciudad, porque tampoco he vivido en otras el tiempo suficiente como para saber si es su aire el que necesitan inexcusablemente mis pulmones. En esta ciudad me han ocurrido sólo cosas buenas, y el latido de sus calles va al compás del de mi corazón sin grandes arritmias. Pero tal vez hay otras. Y queda esa sensación de que quién sabe si no será Roma, o Buenos Aires, o Dublín, o Montevideo, o París, la ciudad a la que de verdad pertenezco... Y la sospecha de que nunca lo comprobaré ( a no ser que me imponga como la protagonista de la novela una vida nómada buscando desesperadamente) no deja de producirme una cierta inquietud.
Eso de al mal tiempo buena cara
Pues no, ayer no fui capaz de ponerle buena cara a las contrariedades. Hay días así y no está tanto, supongo, en su intrínseca "maldad", como en nuestra capacidad para verlo todo al revés. Es como si por la mañana nos hubiéramos colocado los ojos de forma equivocada y cualquier cosa que se mire se convierta en un problema. Fue un día de esos, y después de encontrarme con la primera en la frente (otra vez vuelvo a tener problemas con las vacaciones hasta el punto que no sé ni cuándo ni cuántas podré tener) y después de ir sumando problemas, pequeñas decepciones, llamadas que tenían que llegar y no llegaron, rollitos laborales que te ponen de mal café, incapacidad para encontrar alguna de esas sonrisas que una guarda en los bolsillos para casos de urgencia...
En definitiva, una patata, compensada, en parte por pequeños grandes detalles, como la llamada de Ane, o Amanda al pie del cañón, encontrarme a mi hijo en casa, un aprobado más de mi hija, que al paso que va hará pleno en junio después de haber trabajado durante todo el año... No mucho más, la verdad.
Pero hoy he dormido y me he propuesto que voy a hacer lo posible por desterrar esta tendencia a lo negativo. Que es cuestión, espero, de colocarse los ojos de mirar en la dirección adecuada. Que todo está dentro de mí, las respuestas y los aciertos.
Así que, buenos días. Hala, que es viernes, y esto va bien.
En definitiva, una patata, compensada, en parte por pequeños grandes detalles, como la llamada de Ane, o Amanda al pie del cañón, encontrarme a mi hijo en casa, un aprobado más de mi hija, que al paso que va hará pleno en junio después de haber trabajado durante todo el año... No mucho más, la verdad.
Pero hoy he dormido y me he propuesto que voy a hacer lo posible por desterrar esta tendencia a lo negativo. Que es cuestión, espero, de colocarse los ojos de mirar en la dirección adecuada. Que todo está dentro de mí, las respuestas y los aciertos.
Así que, buenos días. Hala, que es viernes, y esto va bien.





