En obras
Aunque no hay mucha justificación, lo cierto es que los silencios de estos días se deben, además de las fiestas, al hecho de que en breve estrenaré blog.
Estoy en ello, aunque no soy capaz de prometer que cuando lo haga escribiré largo y bonito...
Estoy en ello, aunque no soy capaz de prometer que cuando lo haga escribiré largo y bonito...
Así estoy yo... sin ti
No. Lo reconozco, tampoco estoy tanto. No sé por qué, pero lo había visto venir desde el principio. Cuando de forma inesperada me llovió el regalo de las entradas para ver a Sabina en el Teatro Jovellanos, lo primero que comenté con una extraña incredulidad, fue eso de, bueno, ya veremos si hay concierto... Tampoco sé muy bien por qué lo dije, pero siempre tuve la sospecha de que no llegaría a haberlo. Tenía entradas para el viernes, y el jueves, los del primer concierto se quedaron a medias. Bueno, tan a medias como que en la sexta canción la voz nunca muy "voz" de Sabina se quedó en nada. Graznido, dijo él, que no le parecía justo cobrar por hacer aquello que estaba haciendo. Que ese concierto se repetiría el sábado... Cuando Rafa nos llamó para contárnoslo, supe que mis sospechas se cumplirían seguro y que no habría conciertos de Sabina. Y acerté, claro. A lo mejor por eso ni siquiera me decepcionó. Tenía interés en este concierto porque algo me decía que es de los últimos. O por lo menos de los últimos tal como estamos acostumbrados. He estado en conciertos suyos en la Plaza de Toros (creo que tres) en el Palacio de los Deportes, con Los Rodríguez, en el Teatro Jovellanos... Pero es como si un ciclo se hubiera cerrado ya. Incluso antes de este último (fallido) concierto. Yo creo que él también lo sabe.
A veces, la muerte
A veces gran amor, que decía Goytisolo, pero a veces, también, la muerte. Aunque sea de una persona de edad, duele. Sobre todo porque era próxima, porque la veía casi cada día, porque contagiaba su espíritu, sus ganas de vivir, su capacidad de ilusionarse por todo, y su creencia de que, a pesar de lo pochito que estaba ya su corazón, iba a vivir eternamente, porque era capaz de tener proyectos, aunque con la boca pequeña dijera con frecuencia que "esto se está acabando". Duele recordar la forma en que la oía trotar por el pasillo (sí, con sus ochenta y muchos años) y gritaba mi nombre: "¡¡Lau, Lau, Lau...!!!" cuando oía los timbrazos que le daba yo cada vez que pasaba a verla, y era con mucha frecuencia, por más que ahora me machaque pensando que tal vez debí visitarla más. Duele pensar en todo lo que ya no me contará, en ese hilo invisible con el pasado que se ha roto definitivamente con su muerte. Me quedaré ya sin hacer gran parte del árbol genealógico de mis hijos, porque aunque pueda anotar nombres y fechas de nacimiento, me quedaré sin conocer anécdotas, pequeñas historias, rasgos que convertían esos nombres en seres reales.
Y sobre todo, me quedo sin ella. Y aunque me sienta relativamente tranquila porque sé que ha vivido mucho y lo ha vivido bien y deja una huella imborrable en los que la conocimos, yo no puedo evitar sentir mucha pena. Y sentir el hueco que acaba de dejarme en el corazón.
Y sobre todo, me quedo sin ella. Y aunque me sienta relativamente tranquila porque sé que ha vivido mucho y lo ha vivido bien y deja una huella imborrable en los que la conocimos, yo no puedo evitar sentir mucha pena. Y sentir el hueco que acaba de dejarme en el corazón.
Enorme suerte, enorme privilegio
Ya he dicho más veces que uno de mis mayores éxitos, de lo que me siento más orgullosa, es además de mi familia, mis amigos. Tengo amigos de lujo, y en un número importante. Si de una persona dicen mucho los amigos que tiene, yo debo considerarme absolutamente privilegiada, porque mis amigos, todos, son fantásticos. No voy a poner nombres, claro, por respeto a ellos, y porque encima alguno lee (me consta) este blog y tampoco es plan de que luego se me pongan tontos... :) , pero es cierto. Cada vez que se me ocurre aquello de dar gracias a la vida, la existencia de los amigos está ahí, entre las primeras cosas de la lista...
Entre todos los amigos hay un grupo muy especial por sus propias características, por la forma en que nos relacionamos y por ellas mismas. Con ellas cené anoche y todavía me duelen las mandíbulas de lo mucho que me hicieron reír. Nunca, ni aunque viva miles de años podré pagarles esas horas que cada cierto tiempo compartimos: su conversación brillantísima, su sentido del humor, su inteligencia. Cada una tan distinta de la otra y todas, sin embargo, tan próximas.
Esta mañana mis especiales gracias por la velada de anoche ("exquisita", o "divina", ellas ya saben por qué) para M. que cada día está más delgada y más guapa, para A. , que combinarsu "exquisita" sensatez con la ironía más mordaz, a E., que a pesar de los pesares (cuánto indocumentado suelto) no es en absoluto insegura, ya quisieran tener sus convicciones los que le dijeron semejante disparate, y para T. que siempre se inventa algo, que siempre nos hace reír (incluidas las espeluznantes cuajadas que esta noche se me han aparecido en mis pesadillas, que lo sepas) y que ayer le dio por decir algo que me ha dado que pensar... "¿Creéis que cuando tengamos ochenta años seguiremos reuniéndonos como ahora?"
Pues sí. Yo creo que sí. Espero que sí. Aunque el tema de conversación por entonces se centre, sobre todo, en lo jodidas que tenemos las lumbares...
Entre todos los amigos hay un grupo muy especial por sus propias características, por la forma en que nos relacionamos y por ellas mismas. Con ellas cené anoche y todavía me duelen las mandíbulas de lo mucho que me hicieron reír. Nunca, ni aunque viva miles de años podré pagarles esas horas que cada cierto tiempo compartimos: su conversación brillantísima, su sentido del humor, su inteligencia. Cada una tan distinta de la otra y todas, sin embargo, tan próximas.
Esta mañana mis especiales gracias por la velada de anoche ("exquisita", o "divina", ellas ya saben por qué) para M. que cada día está más delgada y más guapa, para A. , que combinarsu "exquisita" sensatez con la ironía más mordaz, a E., que a pesar de los pesares (cuánto indocumentado suelto) no es en absoluto insegura, ya quisieran tener sus convicciones los que le dijeron semejante disparate, y para T. que siempre se inventa algo, que siempre nos hace reír (incluidas las espeluznantes cuajadas que esta noche se me han aparecido en mis pesadillas, que lo sepas) y que ayer le dio por decir algo que me ha dado que pensar... "¿Creéis que cuando tengamos ochenta años seguiremos reuniéndonos como ahora?"
Pues sí. Yo creo que sí. Espero que sí. Aunque el tema de conversación por entonces se centre, sobre todo, en lo jodidas que tenemos las lumbares...





